Albergues del Libertador en Colombia

Banco de la República

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Colegio Pinillos
Mompox, Bolívar.

Corredor

Texto de: Jorge Casas Santamaría.

La hermosa Villa de Mompox, de un rico ambiente solariego, habitada por emprendedores comerciantes fué desde fines del siglo XVIII, no solamente emporio de progreso sino tierra abierta para los aires de la Libertad. Hacia el año de 1794, don Pedro Martínez de Pinillos inicia la construcción de dos plantas en calicanto y con amplios espacios, que con hermosa alquería más tarde darán protección, luz y albergue en sus aulas del Colegio Universidad, a las futuras generaciones forjadoras de la Independencia y de la República de Colombia, y en primer lugar al Padre de la Patria, quien allí reposó muchas horas de las intensas fatigas de lucha.

Era el señor Pinillos rector del egregio plantel, hombre de extrema simpatía por las ideas libertadoras reflejadas en el espíritu de las constituciones del ilustre colegio, que aún las conserva. El famoso educador mantuvo inquebrantable amistad con don Celedonio Gutiérrez de Piñeres, quien dió un apoyo financiero decisivo para la construcción del colegio como cabildante de Mompox en el año de 1801. El ambiente momposino se enriqueció con el establecimiento en esta villa del sabio José Celestino Mútis, y con el descubrimiento que hiciera éste del futuro dibujante de la Expedición Botánica, Salvador Rizo. La Villa de Mompox fué visitada por los sabios Alejandro Humboldt y Jaime Bompland, desde el 25 de abril hasta el 26 de mayo de 1801. Los personajes fueron huéspedes de la señorial “Casa de Gutiérrez de Piñeres». Este acontecimiento dió lugar a eventos culturales de connotada importancia.

Un triste 8 de mayo el Libertador abandona definitivamente a Bogotá, y hacia el 20 del citado mes entra el hombre cansado, desengañado y triste a la ciudad de Mompox. Una abigarrada multitud se congrega en la Plaza Mayor donde en emocionado acto público se le recibió con todos los honores. El Libertador fué conducido bajo palio hasta la iglesia de la Concepción donde el cura vicario “le ofreció el incienso y agua, de salud» para proseguir al descanso.

«Si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria de haber libertado la ciudad de mi nacimiento”, exclamó el Libertador en Caracas, haciendo referencia a los cuatrocientos fieles que lo siguieron bravamente de triunfo en triunfo en esa portentosa odisea.

 

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