Albergues del Libertador en Colombia

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Hacienda de Calibío
Calibío, Cauca.


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Texto: Diego Castrillón Arboleda.

Esta histórica hacienda se halla en las inmediaciones de Popayán y refleja la suntuosidad de la estructura colonial y el poder socio económico que disfrutaba la clase hidalga feudo burguesa que, en las postrimerías de la dominación española, comenzaba a ganar influencia y autonomía. El vasto territorio que formaba su jurisdicción, inicialmente de propiedad del Adelantado don Sebastían de Belalcázar, había venido a la familia Mosquera a través de don Cristóbal 11, a partir de 1625. Terminada en 1780 la construcción del puente sobre el Río Cauca (cuya falta impedía la comunicación normal de esta región con Popayán), el vástago de la línea Mosquera de don José Patricio, don José Marcelino (hermano del Dr. Joaquín (el regente) y de don José María, en un alarde de energía y riqueza inició las obras de la casa, las cuales fueron terminadas en 1801. Son 10.000 metros cuadrados de área construídos en dos plantas, la alta muy suntuosa para residencia de los señores, la baja espaciosa y de acabado rústico para uso de los esclavos, la servidumbre y depósitos o «trojas» para cereales y otros productos venidos de las demás haciendas de lo caliente, entre los cuales se contaban los de exportación, como la quina. En el costado Norte se levanta una capilla, con su espadaña señalando la llanura que sirve de marco al más espectacular paisaje formado por los contrafuertes de la cordillera Central y el volcán Puracé en donde a medio día del 15 de Enero de 1814 se libró la batalla de Calibío, entre los generales Nariño y Sámano. En 1805, a la muerte de don Marcelino Mosquera, el inmueble pasó a manos de su hijo varón, el Dr. José Rafael Mosquera y Hurtado, padre de doña Sofía, casada en 1839 con el poeta soldado Julio Arboleda. Se ha afirmado que en ella Arboleda vendió en 1851 sus esclavos al Perú, episodio que se rodea de anécdotas desapacibles. La verdad es que por este tiempo solo tenía en Calibío los esclavos personales y los de servicios esenciales de la hacienda. La venta de 53 esclavos de sus propiedades de Japio y la Bolsa la había efectuado a raíz de la Revolución de los Supremos, tomados de un grupo que, unido a las fuerzas del general Obando en 1840, había incendiado la casa, incluyendo los archivos y la biblioteca con los originales de su poema Gonzalo de Hoyón. El negocio revistió las condiciones exigidas en la Ley 22 de 1845 y su Decreto reglamentario. Al menos es lo que dicen los documentos. Hoy conserva con veneración este valioso monumento la familia Símmonds.

Dada la situación de esta casa de Calibío, a corta distancia del camino Real que conducía al Norte, en dos ocasiones estuvo en ella el Libertador como huésped de don José Rafael Mosquera. La primera el 30 de Octubre de 1826 cuando regresaba del Sur para ir a Bogotá a afrontar la crisis política que se desencadenaba en el seno del Congreso Grancolombiano de ese año. Fué un almuerzo ofrecido por don José Rafael al cual asistieron las personalidades más sobresalientes de la ciudad amigas del Libertador, durante el cual se diseñaron políticas de comportamiento frente a los llamados «Constitucionalistas» encabezados por el general Santander. La segunda ocasión fué en 1829, el 15 de Diciembre cuando regresó de su campaña del Ecuador de viaje a Bogotá, un año antes de partir a Santa Marta a morir. Marcó una jornada en Calibío a donde lo acompañó una lucida delegación de payaneses. Estuvo festivo en la mesa y, durante la tarde, paseó por los alrededores rememorando las crueldades de los españoles a raíz de la batalla de la Cuchilla del Tambo, como lo narra el prócer Castrillón en sus «memorias».

 

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