Albergues del Libertador en Colombia

Banco de la República

  AnteriorSiguiente  

Hacienda de Japio
Caloto, Cauca.


FachadaFachadaPaisaje

 

Texto: Diego Castrillón Arboleda.

Casa de la hacienda de Japio, en el Municipio de Caloto, correspondiente a la arquitectura de la primera época de la Colonia, Siglo XVII, construída por los Jesuitas, dueños de la estancia que constituía la región. Antes había sido encomienda del Capitán don Lorenzo de Paz Maldonado. Cuando pasó a manos de la familia Arboleda a comienzos del Siglo XVIII fué restaurada, sus techos entejados y dotada de todas las instalaciones adicionales para la explotación de la caña de azúcar y el oro de las minas vecinas de “San Vicente de Quiramays», la más interesante de las cuales fué la arquería en ladrillo cortado del acueducto estilo romano, de casi un kilómetro de longitud. Desafortunadamente la reciente restauración de que se le ha hecho objeto desvirtúa los elementos arquitectónicos auténticos que tanto encanto le daban a la construcción original, tales como el acueducto, las gradas y la decoración interior de la casa, incluyendo el balcón de la biblioteca al que alude el coronel inglés J.C. Hamilton en sus famosos “Viajes”. Lo cual es tanto más lamentable si se tiene en cuenta que esta hacienda está llena de historia y viene a ser en el Sur de Colombia el monumento bolivariano de mayor importancia.

En ella se alojó e instaló su Cuartel General el Libertador durante el Año Nuevo de 1822 como huésped de don José Rafael Arboleda Arroyo, habiendo tenido oportunidad de conocer a don José María Mosquera y Figueroa y algunos de sus hijos, entre los cuales se hallaban el Dr. Joaquín y el joven teniente Tomás Cipriano y otras personalidades payanesas que habían viajado a la hacienda expresamente para entrevistarse con él y recibir sus órdenes. En esta ocasión sentó las bases para el cambio de estrategias y para financiar a costa de ellos la campaña del Perú, que se iniciaba. El 1 de Enero siguió a Cali en donde, entre otras cosas, tuvo la importante entrevista con el Coronel José María Obando (venido del Sur con este propósito); presenció la marcha de los ejércitos enviados a Guayaquil por Buenaventura para reforzar al general Antonio José de Sucre (quien se aprestaba a invadir al Ecuador por la Costa) y designó al Dr. Joaquín Mosquera y a don José Rafael Arboleda para cumplir ante los jefes patriotas del Sur una importante misión diplomática. Aunque Arboleda enfermó en Buenaventura, para poder cumplir no vaciló en someterse a un tratamiento a base de arcénico que le limitó su vida. El Libertador regresó a Japio 7 días después con el fin de permanecer el tiempo necesario para tomardecisiones relacionadas con su desplazamiento a Popayán, buscando establecer así una tenaza militar con el propósito de dividir los poderosos ejércitos españoles de Quito. El 24 de Enero, reanudó su viaje.

Su última visita fué del 18 al 26 de Diciembre de 1829, hundido ya en la adversidad, entre la monarquía que imprudentemente le ofrecían sus amigos y él rechazaba con firmeza (como consta en carta memorable firmada por su Secretario José de Espinar) y la confusión de una república democrática que apenas se vislumbraba. Fué recibido por don José Rafael Arboleda Arroyo y su esposa, doña Matilde Pombo O’Donell, en cuya compañía se trasladó desde Popayán. La última entrevista del Libertador con estos amigos a quienes, al despedirse, obsequió la joya más preciada, su anillo de boda, un pequeño diamante engastado en aro de oro que siempre llevó consigo, en cuyo anverso se hallan inscritos los nombres de Simón Bolívar y María Teresa del Toro. Lo hizo con un retrato suyo, miniatura al acuarela en traje de civil, pintado por Meucci, y una hermosa carta que hoy guardan piadosamente sus descendientes.

 

  AnteriorSiguiente  

Comentarios