Albergues del Libertador en Colombia

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Palacio de San Carlos
Bogotá, Cundinamarca.


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Texto: Guillermo Hernández de Alba.

A fines del siglo XVI el arcediano don Francisco de Porras Mejía edificó la casa para su residencia. De sus herederos la compró el arzobispo Lobo Guerrero para donarla, en 1605, al Colegio de San Bartolomé por él fundado, instituto que aquí funcionó hasta el año 1770 cuando fue trasladado al antiguo Colegio Máximo de los jesuítas expatriados. Se destinaron entonces sus salones para establecer en ellos la Real Biblioteca pública de Santa Fé, iniciativa feliz del fiscal Moreno y Escandón, patrocinada y llevada a cabo por el virrey Guirior. Aquí deslizáronse los años de laboriosidad del cubano Manuel del Socorro Rodríguez, célebre bibliotecario iniciador del periodismo colombiano, mantenedor de la tertulia Eutropélica y permanente estímulo de los aficionados a las letras en el antiguo Nuevo Reino. En esta casa fué hallado muerto el 3 de junio de 1819, reposando su cadáver sobre una tarima y oprimiendo contra su pecho una rústica cruz.

Trasladada la biblioteca en 1824 al edificio frontero llamado de Las Aulas, adquirió la casa el progresista caballero don Juan Manuel Arrubla quien con artesanos norteamericanos la reformó y paramentó, hasta convertirla en residencia palaciega. Adquiriola entonces el gobierno para despacho de sus presidentes, correspondiendo al Libertador ocuparla como mandatario de Colombia.

Las horas más difíciles y angustiosas que le tocaron vivir al Libertador en la última época de su vida las pasó en este palacio, por cuyos salones y pasillos tal parece al visitante que aún vagara su figura inmortal. En esta histórica mansión la amable loca Manuelita Saénz se convirtió en Libertadora del Libertador.

Cerca de la media noche del 25 de septiembre de 1828 un grupo embozado de conjurados cayó como un rayo sobre el cuerpo de guardia; ascendió presuroso la escalera y guiado por la luna esplendorosa que todo lo invadía, llegó hasta la puerta misma de la recámara donde minutos antes reposara el Libertador en medio de los cuidados amantes de la que, en ese momento, empuñando varonilmente un sable y una pistola, hizo frente al grupo que buscaba al grande hombre. Un instante hacía que éste atendiendo la imperativa indicación de Manuelita, saltando el memorable balcón de la calle del Coliseo, desaparecía entre las sombras e iba a ocultarse en el puente del Carmen, salvando así su vida y a Colombia de la ignominia.
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El Palacio de Son Carlos ha visto pasar lo más grande de Colombia. Cuando hizo las veces de palacio presidencial encerró la grandeza republicana de Francisco de Paula Santander, la modestia de Márquez y de Herrán, el patriotismo de Caycedo, la garra enérgica de Tomás Cipriano de Mosquera, el prestigio, en fin, de cuantos han regido el país; el alma republicana de Murillo Toro, el escéptico dialogar de Núñez y la grandeza intelectual de Miguel Antonio Caro. Fue el general Rafael Reyes el último mandatario que aquí habitó dejando memoria de la fastuosidad de sus maneras. 1.

Los más destacados internacionalistas colombianos contemporáneos desarrollaron aquí su inteligencia y patriótica labor y el protocolo diplomático mantuvo, hasta hace poco, la tradición ceremonial del palacio, ocupado hoy, en forma exageradamente democrática, por las oficinas del ministerio de gobierno.

Este monumento nacional, tan cargado de historia, ha sido restaurado con ocasión de la Conferencia Panamericana.

98El Palacio de San Carlos volvío a ser casa de los Presidentes desde 1953 hasta 1980.

 

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