Andrés de Santa María

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El irrenunciable destino de Santa María

La Arenera, 1893
   Oleo sobre lienzo
   0,25 x 0,32
   Sin firma
   Colección particular, Bélgica.Marina, 1894
   Oleo sobre lienzo
   0,50 x 0,60
   Firmado abajo a la derecha: A. de Santa María
   Colección particular, Bogotá.El Mar, 1894
Oleo sobre lienzo
0,32 x 0,39
Sin firma
Colección particular, Bélgica.Las Segadoras, 1895
Oleo sobre lienzo
0,80 x 1, 06
Sin firma
Museo de Arte Moderno, Bogotá.

Texto de: Belisario Betancur
Presidente de la República de Colombia

Andrés de Santa María fue el creador de una obra que lo sitúa en lugar destacado dentro del arte colombiano y de América Latina.

Esta exposición en recinto tan ilustre como el Museo Marmottan, marca un hito en el estudio de Santa María: treinta de sus cuadros pertenecientes a instituciones colombianas así como a coleccionistas privados, se han desplazado, a París; todas hacen parte de un canon que se ha ido configurando a lo largo de los anos mediante el consenso valorativo de diversas generaciones de críticos.

E1 Museo Marmottan va a permitir que se exhiban por vez primera, lienzos desconocidos y pertenecientes a la etapa final de la actividad creadora del artista. Esos cuadros habrán de exhibirse posteriormente en Museo Nacional de Bogotá: los compatriotas de Santa María tendremos, así, ocasión de apreciar ese capítulo inédito de su trabajo, gracias a la generosidad de sus familiares, depositarios de ese tesoro, y a gestión empecinada y patriótica de ese otro gran artista colombiano que es el clavicembalista maestro Rafael Puyana.

El legado de Santa María ha ido cobrando dimensión cada vez más alta: no siempre se le comprendió, ni se le hizo justicia; al autor de los lienzos monumentales sobre la guerra libertadora de Colombia o sobre la vida cotidiana de los humildes en la tierra que lo vio nacer, se le llamó extranjerizante y, como un denuesto, se le calificó de pintor europeo. El gran vigor de su plástica y la violenta tensión de su estilo, fueron ignorados y catalogados desdeñosamente, bajo el rótulo de epígono trivial del impresionismo. Esas facilidades, esas miopías exegéticas se han ido modificando en sentido inverso, y siempre con una percepción más intensa y lúcida de la inmensa valía del pintor bogotano.

Seguramente su peculiaridad y su importancia, así como su complejidad, se acentuarán una vez más a partir de esta exposición parisina.

Hace poco la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá presentó una muestra de tres artistas, que fueron contemporáneos y que divergieron de las normas estéticas consagradas en su momento. Estos tres pintores, excéntricos cada uno a su manera, eran el uruguayo Pedro Figari, el venezolano Armando Reverón y nuestro Santa María.

En esa ocasión escribía la joven crítica e investigadora Ana María Escallón:

"Y fue la comprensión de lo más ajeno, en Europa, donde se les reveló el irrenunciable destino: la expresión de lo más propio ( ... ). Fue su experiencia en Europa la que les abrió los ojos a lo propio. No se distanciaron al alejarse: al volver, en cambio, pudieron ver más de cerca".

Tal fusión dialéctica de dos culturas, esa pertenencia simultánea a la universalidad europea y a la universalidad americana, es el rasgo más apasionante de la excelsa obra de Andrés de Santa María.

 

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