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Contenido:

Arrecifes del Caribe

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Presentación


 

Texto de: Benjamín Villegas Jiménez

Ningún descubrimiento más admirable que el del continente americano. Colón navegando hacia las Indias, trás la larga travesía, entra por las antillas al Mar Caribe. Es el primer encuentro en una larga cadena de descubrimientos que van a modificar el mundo y la imagen del mismo. Pisando tierra americana, el conocimiento del orbe se amplía. Los viajes se suceden. Los estudios sobre la flora y la fauna se multiplican. Las observaciones acerca de la vida social de los pobladores de América se cristalizan en extensos volúmenes. Pareciera que la avidez de conocimiento sobre estas tierras soplara con la intensa fuerza de las ciencias nuevas. Sin embargo, cuando los misterios han sido llevados a la luz del día, curiosamente se ha pasado de largo sobre un mundo de inagotable riqueza.

¿Qué sabemos del mar Caribe que no esté relacionado con las pintorescas escenas de conocido colorido tropical? Ahora, cuando nos preparamos para conmemorar los quinientos años del descubrimiento de América, aún no hemos descubierto el mar Caribe

Desde el punto de vista geológico y biológico, ignorado en lo que constituye su más variada riqueza su fauna submarina, el mar Caribe ofrece unas revelaciones fascinantes.

La enorme variedad de especies que conviven en el arrecife, con las múltiples interacciones de los diversos organismos, hace de éste uno de los sistemas más diversos allí se han clasificado cerca de 3.000 especies diferentes.

Si a la variedad agregamos la antig¸edad, descubrimos entonces sus características únicas. A estas especies pertenecen los primeros seres vivos de que se tenga noticia. Las esponjas y los corales iniciaron su desarrollo hace cientos de millones de años. Pero si es cierto que los corales han existido desde un tiempo tan remoto que se cuenta en tantos millones de años, es gracias a las características propias del mar Caribe que sucede un fenómeno señalado de extraordinario la asociación de corales con algas microscópicas prisioneras en el interior de aquéllos desarrollando una relación simbiótica. Este apasionante fenómeno biológico está claramente tratado en este libro. Aquí veremos cómo solo los corales con algas asociadas forman arrecifes que generalmente crecen en aguas que no sobrepasan los 70 metros de profundidad.

En la obra colectiva que es el arrecife tan pronto se construye como se destruye, en un ciclo que se cumple inexorablemente, en función del desarrollo equilibrado de todas las especies. Y es que allí se desarrolla un espectáculo fascinante como pocos ofrece la naturaleza en torno al arrecife de coral vive una variedad de peces, algas, hierbas marinas y seres invertebrados que conforman un rico y vasto conjunto. El orden de intercambio de habilidades, estrategias e intereses es digno de la más alta racionalidad que tributa un gran valor a la vida. En sus múltiples y delicadas interacciones, asociaciones y formas de coevolucionar, son estas comunidades tan complejas que, ante ellas, el hombre se siente maravillado. Pero es sólo el del espectador sorprendido el lugar del hombre frente a este mundo Con certeza el hombre participa de esta riqueza.

En su progreso y en la legítima búsqueda de los medios para una vida mejor, el hombre ha descubierto allí elementos de gran utilidad para su aplicación médica y científica. Al estudiar las características de los productos resultantes de las diversas estrategias que utilizan ciertas especies en su defensa, se han encontrado sustancias eficaces en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, en la síntesis de productos antivirales y en la generación de nuevos antibióticos. También sabemos cómo el arrecife ofrece al hombre una estimable fuente de alimento.

Desde el punto de vista investigativo y científico, o desde aquel que comprende los recursos naturales o bajo el simple interés que ofrece para la recreación, el arrecife caribeño es un hábitat privilegiado sobre la tierra. Pero es delicado, exige la conservación de la armonía que la naturaleza ha establecido como ley inexorable para su supervivencia.

Sabemos que el hombre ha violado una y otra vez esas leyes y el precio que ha de pagar por ello es incalculable. En los últimos 60 años la destrucción ha sido de tal magnitud y tan vertiginosa que la celeridad con que ésta se produce supera la capacidad de conocimiento asimilable que pueda advertir acerca de lo que ya se ha perdido. Influir sobre la conciencia de una acción política y jurídica desplegada en función de la conservación de tan ricos recursos naturales es una necesidad inaplazable. Si la obra de cientos de millones de años desarrollada por la naturaleza en los arrecifes puede verse destruida en unos pocos minutos, basta esta mención para que quede trazado el perfil de la acción catastrófica que el hombre contemporáneo ejerce sobre su propia patria la naturaleza.

Se impone entonces la política de una solidaridad humana sin precedentes frente a un futuro, que es el nuestro y el de nuestros hijos. Es mucho lo que aún podemos hacer para que la naturaleza no encuentre cerrada la puerta que da al futuro. Este libro precisamente quiere llamar a esa puerta.

 

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