Botero Dibujos

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Presentación

 Hombre reclinado / 1998 / carboncillo sobre lienzo / 107 x 176 cm.  Mujer / 1989 / lápiz / 50 x 36 cm

Texto de: Benjamín Villegas.

Fernando Botero es conocido universalmente como pintor. Como escultor, los principales museos, galerías y avenidas del mundo han visto sucederse sus exposiciones monumentales en un ambicioso viaje itinerante que las ha hecho tan reconocibles como su pintura. Se trata, sin duda alguna, de una perfecta transposición de las coloridas figuras de Botero a los turgentes bronces oscuros, con la misma singularidad estética y conceptual.

No obstante, hay un aspecto de la obra de Fernando Botero que resulta menos conocido para el gran público: sus dibujos.

¿Botero dibujante? ¡Desde luego! Y un dibujante que, según ha afirmado recientemente, encuentra cada día más interés y mayor gozo en el trabajo del lápiz sobre papel, lo que conducirá probablemente a obras de este género en gran formato.

Para Villegas Editores el interés por rescatar de un lugar inaccesible estos dibujos se relaciona con el hecho de poder revelar plenamente otra faceta del artista colombiano, de situarlo en una nueva perspectiva dentro de su proceso creativo y de proponer una nueva lectura de su carácter.

El mundo boteriano, tan singular, tan propio, tan significativo y a la vez tan variado y a tal punto rico en sus connotaciones, se presta para ello.

El dibujo y el boceto constituyen, en la obra de Fernando Botero, una prueba más de la articulación de un lenguaje artístico con énfasis verídico sobre sus personajes, inmersos dentro de una existencia irrealista, hecha de esos volúmenes que parecerían arrogantes de no ser por la mirada humorística con que han sido plasmados. Inscritos dentro del más acertado retrato, los dibujos de Botero pertenecen a una iconografía nacional, reconocida en la sencilla familiaridad de los personajes, los objetos y las situaciones.

Según Marc Fumaroli en el ensayo que acompaña este libro, Fernando Botero es un pintor “manierista internacional”, pero también un ironista de nuestra época. Y lo demuestra con lucidez tanto al desplegar sus argumentos históricos como desde la perspectiva de la estética.

Enfocados dentro de esta reflexión, los dibujos de Fernando Botero que hoy entregamos son reconocidos en una doble valoración. Como precursores de alguna magnífica obra futura o como dibujos cuyo sentido ulterior se encuentra en el hecho de haberse enamorado de sí mismos –como observa Fumaroli–, para quedarse allí en la sencilla hoja de papel sobre la cual fueron trabajados. En ambos casos se trata de una realización tremendamente segura de sí misma.

 

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