Cómprelo

 COP$ 49,000
USD$ 17*
14*
Contenido:

Cartagena de siempre

  Anterior

Presentación

Playa de Bocagrande.San Fernando de Bocachica, Foso de los Tiburones.Minarete de la Tenaza.La muralla, entrada amable. En la Tenaza de Santa Catalina.En la Tenaza de Santa Catalina.Domo y capitel de Santo Domingo.Templo de Santo Domingo.El coche cartagenero.Arco de Cabal sobre la Calle de la Amargura.Calle de los Siete Infantes.La nana.Balcones del Teatro Heredia.Pérsides.La siesta.Torres de San Pedro desde la Gobernación.La torre del Reloj.Carro de raspado.Carro de raspado.El Portal de los Dulces.Casa de la Inquisición.Carrito cerca a la muralla.Portón con mellos.Pregonera de platanitos.En la Calle de los Santos de Piedra.Calle del Camposanto.Musa del Teatro, Plaza de la Merced.Las Bóvedas.Balcón de San Diego. Patio.Patio.Tocado de rulos.El vaso de avena helada.San Diego.Ventana de la Calle de las Damas.Galería del Eco, San Fernando de Bocachica.Zaguán en la Calle de Badillo.Patio del templo de San Pedro Claver.Puerta falsa del templo de San Pedro Claver.Callejón del Estribo.Una calle.Guayabera y sombrero vueltiao.El jinete de la Candelaria.La ropita colgada.Balcones de Santo Domingo.Balcón de una alcoba.Visita desde el balcón.Calle de la Amargura.Los mástiles de San Pedro.En la Ciénaga de la Virgen.Playa de Caracolillo, Bocachica.

Texto de: Benjamín Villegas

Caminar otra vez por Cartagena, sentir otra vez su sal sobre la piel y el dulce aroma del arroz con coco en las esquinas. Más allá de las puestas de sol y de la arena de la playa, inclusive más allá óun poco más al fondoó de las murallas, después de San Felipe de Barajas, de La Popa, debajo de los balcones de San Pedro, junto a las guacamayas de colores y a las palmeras agitadas por la brisa de las 6 de la tarde, al margen de tanta gente, en el pregón de fruta fresca que se lanza en medio del silencio, con cada calle, cada arco, cada templo, en cada casa, cada patio, cada torre con su campana, cada mujer con sus enaguas, cada muchacha con su sonrisa, cada niño con su cocada o su paleta, en todo eso, con todo eso, sobre todo eso, al margen de todo eso brilla la esencia de la ciudad como una lámpara encendida, lanza sus resplandores que vuelven a estar aquí, sobre esta mesa, en este libro, con esta sílaba secreta, junto y justo en estas fotografías, bajo esta sensación tan n'tida que es imposible capturar en una palabra, salvo que ella diga lo que quiera decir, por ejemplo, Cartagena de Indias.

Cartagena le habla a cada uno el lenguaje de las cosas profundas, de las esencias y trasparencias, de los recuerdos, de la maravilla. Alguien estuvo aquí, alguien no estuvo, alguien lo tomó de la mano, en este sitio sintió la piel, la luz, la emoción de estar vivo, alguien atravesó este portal, bordeó esta pared, sintió la humedad de la piedra sobre la palma de las manos, alguien cruzó esta plaza, caminó este paisaje hasta perderse, alguien se sentó por la noche en este tenderete, alguien dejó el cansancio en este gesto, alguien se desdobló hasta encontrarse, hasta darse la mano, hasta mirarse con otros ojos, hasta dejarse abandonado para siempre, aquí en esta sombra, en este mediodía.

En fin, alguna vez Hernán Díaz se inventó a Cartagena y siguió en ese oficio para siempre. Pero a ese invento logró darle el toque maravilloso del auténtico artista. De tal manera que en este vestido de cuadritos, en este gesto, en este sombrero vueltiao, en este beso, en esta pared desconchada, está nuestro propio invento, soy yo, es usted, es el de más allá, son la negra de los marrones y el niñito de las bermudas quienes hacen este sitio, quienes se inventan hoy óse inventarán mañanaó una Cartagena distinta que, misteriosamente, será la misma Cartagena de ayer, Cartagena de tal y Pascual, Cartagena de siempre.

 

  Anterior

Comentarios