Casa campesina

Arquitectura vernácula de Colombia

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Presentación

Ubaque, Cundinamarca. Aguadas, Caldas.

Texto de: Benjamín Villegas

Estas casas son la estatura del hombre. Aquí están, en lo más esencial, los elementos, los seres que viven atados a la tierra. En ellas se vuelve al comienzo de los tiempos, donde las habitaciones pertenecen a una razón de ser contra el paisaje. La mayoría están hechas para sobrevivir, son apenas una forma de estar dentro de la economía, casas de pescadores construidas sobre las aguas, de campesinos donde el cultivo de trigo comienza en la puerta del horno que sirve para hacer el pan de cada día, malocas para vivir una intimidad que se prolonga al día siguiente en la caza, en el sembrado, en la recolección de las cosechas, ranchos que se sostienen como un milagro doméstico contra elementos, tierra para hacer adobes y tejados, madera para fabricar puertas y ventanas, empalizadas para marcar el territorio, cimientos para resistir terremotos, durmientes para proteger el sueño de los habitantes.

En este libro Colombia habla en el lenguaje del silencio, las formas que hoy son y mañana permanecen hasta el fin de los tiempos, las rancherías que de repente rompen la monotonía del desierto, las viviendas que se convierten en un engranaje más de la selva y de los ríos milenarios, los palenques a la orilla de cauces que no se sabe dónde comienzan, los domicilios de gentes que hunden sus raíces al otro lado del océano, todo eso y más: los corredores, el taburete en ángulo agudo para tomar el fresco y soñar con lo desconocido, los anchos tablones y columnas y las ventanas verticales, los zócalos como un zuncho entre la tierra y las nubes, las puertas mínimas y los grandes portones, las inmensas paredes sin ventanas, las casas que trepan por la montaña, las que bajan por la ladera, los muros que sirven para encerrar el viento y volverlo doméstico, los patios con oveja y con vaca, los aleros, las calles de un solo muro, los colores inusitados, son una manera de decir, de recuperar la memoria de lo que hemos sido, de lo que queremos ser hacia adelante.

Estas casas vernáculas se construyeron con las pulsiones íntimas de nuestro ser colectivo. Gracias a ellas sabemos que de alguna manera estamos hechos para la poesía y que nuestra expresión tiene mucho que ver con la verdad y con la vida.

 

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