Casa de Nariño

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Esta fue, esta es la Casa de Nariño

Texto de Guillermo Hernández de Alba
Cronista de la Ciudad de Bogotá. Decano de la Academia Colombiana de Historia

Dos amigos como pocos, procedentes el uno de Santiago de Compostela en Galicia, don Vicente de Nariño; de Castilla La Vieja el segundo don Antonio de Ayala y Tamayo, hijo, nieto y bisnieto de los respetables archiveros del Rey en Simancas, arriban en 1751 en la plenitud de la vida a esta Santa Fe de Bogotá, nido de águilas, a incorporarse a la alta burocracia como contador oficial real de las cajas del virreinato don Vicente y como tesorero oficial real don Antonio, cargos de la mayor confianza y significación como que les corresponde presidir el llamado Tribunal de la Real Audiencia de Cuentas, segundo en precedencia después de la Real Audiencia Pretorial, del Nuevo Reino de Granada.

El amor les espera en la capital del virreinato para emparentar con linajes ilustres y fundar hogares honor de su estirpe. Mientras pasan áridos años de soledad deciden establecerse en una casa estable, que será definitivamente del primero en contraer matrimonio; el segundo recibirá su parte en numerario. De tal manera el 11 de diciembre de 1754 ante el escribano real José Vélez de Guevara, hacen suya por 5.200 patacones la hermosa "casa alta y baja en la Catedral de esta ciudad y Calle de la Carrera", lindando con otra que hace esquina también perteneciente a los herederos del teniente general don Juan de Cárdenas Barajas, residentes en la villa de Archidona en los reinos de España. La decoran y amueblan con la elegante dignidad que corresponde a su elevada posición. Aquí permanecen los dos amigos hasta el 8 de septiembre de 1758, cuando don Vicente de Nariño contrae matrimonio con doña Catalina Álvarez del Casal, hija del notable jurista, antiguo catedrático en Salamanca donde hace sus estudios, el fiscal de la Real Audiencia doctor Manuel de Bernardo Álvarez y de doña María Josefa del Casa¡, ceremonia presenciada entre otros por don Antonio de Ayala, oficial real; doña Bárbara del Casal, don Andrés Berdugo, oidor decano de la Real Audiencia; don Juan Gil Martínez Malo, alguacil mayor de Corte, y otros personajes registrados en el acta matrimonial por el canónigo doctor José Antonio Isabella. La unión es bendecida por "el Ilustrísimo señor don José Xavier Arauz, mi señor, dignísimo Arzobispo de esta Santa Iglesia Metropolitana".

Días de fiesta ¡esta se suceden en la casa de la Calle de la Carrera, donde vivirá el nuevo hogar por espacio de veintiséis años, felicidad truncada el 12 de julio de 1778 cuando muere el respetable jefe del hogar, don Vicente. En ella nacen los ocho hijos del matrimonio, de los cuales el cuarto, Antonio, llamado así en prenda de afecto por el padrino de todos, el cuasi hermano del padre, don Antonio de Ayala y Tamayo, está llamado a convertirse en el hijo más ilustre de la preciara ciudad virreinal en la que ve la luz.

9 de abril de 1765 es la fecha memorable del nacimiento en esta casa de quien es bautizado cinco días después por fray Ignacio López de la Orden de Nuestro Padre San Agustín, con los nombres de Antonio Amador José, señalado a tan altos destinos. Una sobria placa de mármol que condecora la fachada principal de la antigua mansión nos lo recuerda. Breve epigrafía que registra un apellido, pero que lo dice todo a los buenos patriotas conocedores de las páginas heroicas de la historia patria.

Diecinueve años de la vida de Antonio corren presurosos en la vieja casa colonial Sus amplias estancias lo ven ciñendo la beca roja de los colegiales del Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé. A los dieciséis años lo celebran como abanderado del Batallón de Milicias de Santa Fe de Bogotá, organizado con motivo de la revolución de los comuneros, subtenencia que renuncia al año siguiente para dedicarse a especulaciones comerciales y cuidar de su salud. En 1785 fundaría Antonio su propio elegante hogar en la plazuela de "La Yerba" o de "San Francisco".

El 19 de enero de 1784, doña Catalina Álvarez viuda de Nariño se ve obligada a vender la noble mansión claustreada a la manera severa de la arquitectura árabeandaluza, soportada la fábrica por recias columnas pétreas y adornada la fachada por balcones corridos y ventanas balaustreadas con antepechos de graciosa carpintería mudéjar, protegidos de intemperies por sobradillos asentados sobre fuertes canes de tan agradable apariencia y armonía, como se acostumbran desde los días del conquistador arquitecto Juan de Céspedes, en el siglo XVI.

Felizmente un precioso documento notarial preserva para la posteridad la descripción minuciosa de las salas y estancias; sus colgaduras, cuadros, muebles y elegantes paramentos que distinguen la noble casa de los Nariño y Álvarez. Se trata del testamento de don Vicente de Nariño, otorgado por su esposa el 9 de noviembre de 1778, cuya cláusula séptima dice así:

"7. ltem. Declara que dicho señor defunto le declaró, tocar y pertenecer así los bienes siguientes:

" Primeramente las casas de su morada, altas y bajas, que son bien vistas y conocidas en la colación de esta Catedral y Calle de la Carrera. En la sala principal la colgadura de damasco carmesí, con cuatro pares de cortinas de lo mismo. Item, la colgadura de la cama con sus cortinas en la boca alcoba, colcha y rodapies, todo igual. La cama de barandillas de granadillo con sus cantoneras de bronce, toda dorada. Un sitial de madera dorado, con un crucifijo. Cuatro cornucopias grandes, con sus marcos de cristal. Cuatro láminas romanas, de marcos de ébano y bronceadas. Una araña de cristal. Tres mesas doradas. Seis sillas forradas de damasco carmesí, doradas. Doce cojines de terciopelo rizo carmesí, con su galón de oro, fino mosquetero y sus borlas de hilo de oro iguales. Una alfombra quiteña al igual de la sala y otras dos pequeñas. Diez cristales de a media vara cada uno, de la ventana. En la segunda sala: una colgadura de calamaco amarillo liso. Cinco pares de cortinas de filipichín nácar. Cuatro cornucopias de cristal, medianas. Un espejo de vara y cuarta, con su
marco y copete dorado. Cinco láminas doradas romanas, con sus marcos. Diez y ocho taburetes forrados en perdurable nácar y claveteados de tachuelas doradas y pintados de azul y sus perfiles amarillos. Una mesa igual a los taburetes, dada de azul y perfiles amarillos. Un canapé forrado en calamaco amarillo y claveteado de tachuelas doradas. Dos ventanas de vidriera ordinaria. Sala tercera: una colgadura de zaraza azul y blanca. Tres pares de cortinas de persiana azul y blanca. Cuatro cornucopias con sus marcos dorados. Una lámina romana, con su marco y copete dorado. Cuatro láminas ovaladas con sus cristales, marco y copete dorado. Una araña de cristal. Seis sillas doradas forradas en persiana azul y blanco, claveteadas de tachuelas doradas y doce taburetes iguales de la misma persiana y dorados. Una mesa azul y dorada. Una ventana de vidrieras ordinarias. Sala cuarta: una colgadura de angaripola colorada y blanco y tres pares de cortinas de lo mismo. Cuatro cornucopias de cristal, medianas y dos láminas romanas, con marcos dorados. Un espejo grande de vara y cuarta, con su marco y copete dorado. Una docena de taburetes forrados en damasco carmesí. Una mesa pintada de azul y amarillo. Una ventana de vidrieras ordinarias. Un cuarto pequeño de junto a la alcoba, con una colgadura de angaripola, con dos pares de cortinas de calamaco amarillo y seis taburetes aforrados en calamaco amarillo, con sus tachuelas doradas. Un reloj de campana con su repisa. Una alfombrita de Nápoles. Una ventana de vidrieras ordinarias. Sala quinta: alcoba principal: siete pinturas quiteñas, con sus marcos dorados. Una lámina de Nuestra Señora de Belem, con su cristal y marco dorado. Dos espejos de a vara con sus marcos y copetes dorados. Una papelera inglesa. Doce taburetes de tripe. Una cama de granadillo, con su colgadura de damasco carmesí y cortinas de damasco de la boca alcoba. Cuatro pares de cortinas de filipichín con sus cintas amarillas. Una mesa ordinaria. Una ventana de vidrieras ordinarias. Un biombo pintado. Un cajoncito de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Un sitialito de terciopelo azul con un Santo Cristo y cuatro Agnus. Cuarto de pasadizo: tres pares de cortinas de granilla. Una lámina bordada de Nuestra Señora de la Concepción. Ocho cojines de calamaco amarillo. Una alfombrita. Seis sillas ordinarias. Una mesita de color de ébano. Dos docenas de esteras de chingalé. Doce mesas ordinarias. Cuarto de estudio: una colgadura de listado de estambre y seda. Cuatro pares de cortinas de lo mismo. Una cama de madera dada de mermellón y perfiles dorados con colgadura de sarga imperial colorada. Seis sillas quiteñas. Una mesita con su papelera embutida con sus cantoneras de bronce. Un reloj de campana de sobremesa, mediano. Otra papelera ordinaria. Veinte y cuatro pinturas apaisadas, sin marco. Ocho pinturas con sus marcos de ébano. Seis sillas ordinarias con sus bordaditos amarillos. Seis pares de cortinas de bayeta colorada. Dos de sarga imperial colorada. Dos baúles grandes. Docena y media de países ordinarios. Un Cristo de Indulgencia. Un estante con los libros siguientes:

"Libros místicos en pasta: Mística Ciudad de Dios, en tres tomos. Obras de Santa Teresa de Jesús, en cuatro tomos. Gobernador Cristiano, en un tomo. Engaños y desengaños del amor profano, en dos tomos. Oficio de la Semana Santa, en un tomo. Dos obras del Oficio parvo, la una en tres tomos y la otra en uno. En pergamino, sobre lo mismo: Año Virgíneo, en cuatro tomos, La Corte Santa, en cuatro tomos. Flox Santorum, en dos tomos, Las cartas de San Francisco Xavier, en dos tomos. Misión histórica de Marruecos, en un tomo. Pensamiento o reflexiones cristianas, en un tomo. Confesiones de San Agustín, en un tomo. Villa Castin, en un tomo. Verdades Eternas, un tomo, Cartas de Valero, en un tomo. Noticias de la otra vida, en un tomo. Ejercicio espiritual, en un tomo. Siete tomitos de Devociones. Vida de San Vicente Ferrer, en un tomo. De Doña María de Escobar, en dos tomos. De San Juan Baptista, en u un tomo. Del Rosario de Chiquinquirá Discursos Espirituales, en dos tomos. Libros del Derecho: El cuerpo del Derecho Civil, en dos tomos. Las Decretales, en tres tomos. Viníos, en dos tomos. Dos obras de Meneses, en dos tomos. La Recopilación de Indias, en un tomo. Curia Philipica, en un tomo. Pérez, sobre la Instituta, en un tomo. La Instituta de Justiniano, en un tomo. Libros de Filosofía: Fortunato de Brísia, en cuatro tomos. Tosca, en ocho tomos. Theogratía de Murillo, en cinco tomos. Corsini, en un tomo. Scholapia, en cuatro tomos. Obras de Torres, en catorce tomos. Michielis, et Mulieri opera Omnia, en un tomo. De Generatione, et Corruptione, en un tomo. Libros de Gramática: Dos Calepínos, cada uno, en uno. Tres Concilios, dos encuadernados y el otro sin encuadernar. Tres Epístolas de Cicerón, en tres tomos. Selectas de Cícerón, en un tomo. Dos Ovídios. Quinto Curcío, en tres tomos. Dos San Jerónimos. Virgilio en un tomo. Cicerón de Oficüs, en un tomo, Fábulas de Esopo, en un tomo. Siete Cuadernos de Generosa, de Pretéritos, cuarto y quinto. Dos Ortografías de Mañer. Nepote, en un tomo. Libros de Historia: La del Establecimiento de la Iglesia, en seis tomos. Feijoó, en diez y nueve tomos. Casteltón, en siete tomos. Discursos Políticos, en dos tomos. Historia de Carlos Quinto, en dos tomos. Solís, Historia de México, en un tomo. Origen y Caballería de Santiago, Historia de las aventuras de Don Quijote de la Mancha, en tres tomos. Viaje del Mundo, en un tomo. David perseguído y el Hijo, en cuatro tomos. Quevedo, en un tomo. Notas para el fácil uso, en un tomo. Compendio Histórico, en un tomo. Historia de la Vida del Segundo Pablo, San Francisco de Paula, en un tomo. Sólo Madrid es Corte, en un tomo. El Capuchino Escocés, en un tomo. Vida del Duque de Ripeda, en dos tomos. Historia en pasta: un tomo de Carlos Quinto. Sobrino, Diccionario Española y Francesa, en dos tomos. Historia de Phelipe Segundo, en tres tomos. Historia de Teodosio, el Grande, en dos tomos. Historia de Mauricío Conde Caxe, dos obras, en cada una dos tomos. Diálogo Español, en un tomo. Secretario Español, en un tomo. Historia de España, en diez y seis tomos. Compendio de España, en dos tomos. Monarchia Hebrea, en cuatro tomos. Historia del Cardenal Don Francisco Xímenez, en un tomo. El Arte de bien hablar, en un tomo. Libros de Poesía: Sor Juana Inés de la Cruz, en dos tomos. Autos Sacramentales, en seis tomos. Don Juan de Tarcis, en un tomo. Don Gerardo Lobo, en un tomo. En francés: Dihurnal, en un tomo. Resfoursan sansé. En pasta: Memoy del feveu, en un tomo. Aventuras de Telemaco, en un tomo. Diccionarie Geografique, en un tomo. Letres et Negociatione, en untomo. Elemens valides, en un tomo. Obra alemán en pasta: El Padre Grillfanten, en cuatro tomos. Un librito de Montara caballo. Arte Universal de la Guerra, en un tomo. Chatesismo Histórico, en un tomo. Reglamento del Monte Pío y Militar, duplicado. Otro del Ministerio, en un tomo.

"Ropa de uso: doce vestidos, entre nuevos y viejos. Tres peluquínes. Tres sombreros. Una espada. Dos espadines, uno de plata, otro de cobre. Un juego de hebillas de Tumbago, de zapatos, charnelas y corbatín. Dos relojes de plata de faltriquera. Una botonadura de oro de chaleque. Dos biricúes. Dos sillas de montar, con sus aderezos, estribos, frenos y cabos de plata. Una escribanía salvilla, tintero, salvadera y obleario y campana y sello de plata. Unas espuelas de plata. Cuarto de costura: Tres laminitas de marco dorado y vidrieras. Tres pares de cortinas de granilla. Seis sillas ordinarias. Cuatro bufetes de terciopelo carmesí. Una alfombrita. Una mesita de color de ébano. Una cama de tablas con su pabellón. Dos colchas de seda. Cuarto de los niños: Seis cujas con sus pabellones y ropas de cama correspondientes... Plata labrada: dos bandejas. Seis platones. Dos salvillas. Una bandejita. Dos salseras. Dos cucharones. Cuatro saleros. Una angarilla. Dos jarros. Once candeleros. Cuatro tachuelas. Cuatro vasitos. Nueve platillos de dulce. Veinte y cuatro platos grandes. Veinte y cuatro cucharas y veinte y cuatro tenedores. Diez y seis cuchillos, ¡los, con cabo de plata. Cuatro despabiladeras. Una tachuela grande con su tapa. Dos olleticas con sus talas. Dos bacinícas ......

En la cláusula octava doña Catalina preserva algunos bienes de la exclusiva propiedad de su hijo Antonio, alhajas muy queridas que conserva desde niño el ahora gallardo joven don Antonio: " ... ltem: declara que dicho señor difunto le declaró que a su hijo don Antonio le dio su padrino don Pedro Escobedo las alhajas siguientes: una silla de montar, con estribos y freno de plata, con su aderezo de grana con galón de plata; y las pistolas con las cantoneras de cobre. Una mesita con su cajón. Un baúl de copa. Una laminita de marquito de ébano y vidriera, de San Juan. Una escopeta. Un juego de hebillas de zapatos y charnelas. Un espadincito. Una botonadura de doce botones para chaleque. Dos pares de puño iguales, un rosarito de coco, engastado todo de oro. Un reloj. Un catre con su toldillo y maletón. Y una silla de montar de criado: las que declaró dicho defunto y la señora otorgante declara, ser propias de¡ citado su hijo, sin que en ellas tengan parte los demás sus hermanos, por ser como va referido…

La minuciosa descripción de la casa nos convence, una vez más, de la elegancia, riqueza, y cultura de las casas santafereñas del barrio de La Catedral. De tan refinado ambiente prolongado en su propia casa, el cuarto hijo de don Vicente y doña Catalina, pasa a su hogar constituido en hora feliz con doña Magdalena Ortega y Mesa el 27 de marzo de 1785, al cumplir veinte años. No menos distinguida es la casa de don Antonio y su esposa. La avalora una biblioteca superiora los dos mil volúmenes, de la cual felizmente se conserva el inventario levantado en 1794 e incorporado a los bienes que son secuestrados como a reo de Lesa Majestad.

Es don Antonio Nariño el primero entre nosotros en intuir, concebir y plasmar la imagen luminosa de la patria libre. Primero en dignificar el linaje colombiano, proclamando para todos la doctrina de Los Derechos del Hombre, si aprendida de Francia, presente en el concepto escolástico de la persona humana, en cuanto a imagen y hechura de Dios. Divulga la audaz traducción en momentos en que el despotismo ilustrado acendra su celo por asir de una vez hasta la más leve brizna de libertad no intervenida. El propagador de tales enseñanzas, de cuya elección sucederíase la perdida ineluctable del más poderoso imperio colonial, no las requiere para sí; soberano de sí mismo, en las horas luminosas del disfrute de su abastecida biblioteca aprende a ejercitar la facultad natural que tiene el hombre de obrar libremente. Por nacimiento ocupa la más alta condición social, como lo hemos visto; goza de bienes de fortuna acrecentados desde su juventud con el acicate de la especulación comercial en grande escala; decora su nombre con cargos de significación republicana; ilustran su mente variadas provincias de¡ saber; admirado, querido y de todos respetados el hijo ilustre de don Vicente de Nariño y de la noble señora doña Catalina Álvarez del Casa¡, reúne en sí mismo cuanto la ambición hidalga apetece para alzarse aún a más altas distinciones. Pero un día, en el recinto de su estudio en diálogo silencioso con los filósofos y los políticos de la Ilustración que enfilan en los anaqueles del Tesorero de Diezmos del arzobispado, va surgiendo la idea de la libertad hasta apoderarse de la mente y del corazón de este nuevo caballero del ideal, que ya no se dará reposo ni esquivará los golpes crudelísimos, los inenarrables sacrificios, la tragedia que envuelve su vida desde el instante mismo en que a solas, una mañana dominical de diciembre de 1793, chirrían los tórculos de su "Imprenta Patriótica" para hacer público en idioma de Castilla la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el nuevo código que en diecisiete artículos señala el estatuto de la dignidad humana que, en lo venidero, no podrá impunemente atropellarse.

Pero para la vigencia del mandato requiérense el cambio radical de las instituciones, el poder omnímodo de la monarquía moderado por la Constitución; debidamente separados los órganos del poder público y, en lontananza, como aquel sol naciente que decora el tercer plano del retrato de Nariño que adorna el "Santuario de la filantropía", la esperanza cierta de la libertad, la que alcanzada no se puede vender ni enajenar, ni aun a cambio de todos los tesoros de la tierra, como lo graba Nariño en la pirámide que hace de paladión en la sala de su tertulia secreta. Al triunfo de tan soberano ideal a cuyo amparo surgirá una patria capaz de cautivar la amorosa adhesión de cuantos saben entenderle y siguen iguales caminos de sacrificio y heroísmo, de desprendimiento y abnegación, consagra el hijo primogénito de la libertad su tarea vital. Bien entiende que sus empresas no tendrán sazón, ni hallarán acogida sino en tiempos venideros, que para el que riega la semilla quizá le esté vedado el cosecharla, y que en todo camino ascensional se encuentran el que merece triunfar y el que triunfa. Rota la marcha nada ni nadie le harán retroceder; el sacrificio de sus afectos íntimos, la ruina de los suyos, el martirio inenarrable de su esposa idolatrada, doña Magdalena Ortega y Mesa, en quien toda pesadumbre se da cita; la injusticia y la calumnia harán suya la exclamación del salmista: " Mis enemigos me han perseguido desde mi juventud; estos malvados han descargado sus golpes sobre mis espaldas como sobre un yunque; ellos han prolongado su maldad, prolongando mis tormentos".

Firme ante la adversidad que es su sino, la trama de su vida encadena sucesos fatales que si le impulsan siempre con alas triunfadoras es para derribarlo rudamente, cuando ya le envuelven resplandores de gloria y parece hacer suya la esquiva victoria. Huésped asiduo por veintitrés años de presidios y ergástulos, su propia esclavitud nos alcanza la libertad. Para él es bastante en tan largo cautiverio, al logro de su plenitud espiritual. Con señorío de sí mismo, en su fortaleza interior jamás amenaza la rebeldía, ni la sofocan las vehementes pasiones del cautivo, ni su fe religiosa tambalea, ni es confundido por la desesperanza hasta entregarse rendido, maniatado o turbado el espíritu. Asistido siempre por la fe, la esperanza y la verdadera caridad, incólume y engrandecido reconócenle los suyos de regreso de tantos cautiverios, no empece el cadavérico semblante, ni la fuga aparente de su jovialidad. ¿Quién que tal le ve no encuentra en su semblante ese júbilo interior que da el martirio, esa lumbre sideral del que se sabe ofrenda y piedra consagrada? La lección de su vida es también la fe serena y tranquila de quien adivina, esperando, seguro porvenir.

Como presidente de Cundinamarca en 1812?1814 y vicepresidente de la Gran Colombia en 1821, este Padre de la Patria es permanente sembrador de libertad y organizador desde el Gobierno de la verdadera democracia; fustigador de los débiles, de los cobardes, de los indecisos que tantas veces lo dejan solo; de los ambiciosos y de los aprovechados, de los calumniadores y de los envidiosos.

Afortunada coincidencia la de que el ámbito de su casa paterna, la que habita hasta los diecinueve años de la vida maravillosa de este creador de patria la que personifica, por azar del destino que teje la trama de su vida heróica, se encuentre incorporada en la dilatada área arquitectural de la sede de la presidencia de la República; con la feliz circunstancia de que el espacio social de la casa de los mandatarios se desarrolla en la misma superficie que hasta los primeros años de este siglo ocupa la casa de Nariño. El Salón de Embajadores o Salón Amarillo, tradicional, da la norma arquitectural; es el mismo espacio con las estancias en que se desarrolla la planta hacia occidente, que ocupara la casa que llenos de ilusión y de esperanzas rematan en 1754 dos españoles inolvidables: Vicente de Nariño y Antonio de Ayala y Tamayo, de quien Dios me hizo deudo.

La modesta placa de mármol, impronta gloriosa de la casa por la carrera séptima, antigua Calle de la Carrera o de¡ Correo, es igual, al decir simplemente "Aquí nació Nariño, 9 de abril de 1765", equivale a expresar que en ella nace la patria, nada más ni nada menos.

De sus propietarios doña Catalina y sus hijos, pasa a ser posesión, la desde entonces histórica heredad, de otra dama ilustre, doña Juana Inés Prieto Ricaurte, cuñada del ilustre doctor Camilo Torres, casada con un inteligente funcionario del gobierno colonial, don Francisco Silvestre Sánchez, gobernador de Antioquia a quien se debe una excelente descripción corográfica del Nuevo Reino de Granada.

Por largos años conserva la casa la familia de Silvestre, de cuyas manos pasa en 1821 a las del alcalde y regidor de la ciudad, el prócer don Mariano Tobar y Andrade, cuyo yerno el acaudalado don Cristóbal Umaña Barrero, esposo de doña Jacinta Tobar Gutiérrez, la ocupa con su numerosa familia hacia 1864. De entonces data un curioso grupo familiar fotográfico tomado en el claustro bajo de la histórica propiedad, único testimonio que sugiere la magnitud de la mansión. Sucede en la posesión un eminente médico el doctor Andrés María Pardo, a quien sorprende la muerte en esta casa., Finalmente el 6 de noviembre de 1888, va para un siglo, la adquiere el gobierno de Colombia para instalar en tan dilatado inmueble diferentes despachos oficiales.

En tiempos más cercanos, antes de su destino definitivo de morada de los presidentes, funcionan aquí, como lo recuerda el primer historiador de la casa don Manuel María Tobar y Tobar, "los Ministerios de Guerra y de Gobierno, luego las oficinas de Estadística, de Aseo, Alumbrado y Vigilancia, Auditoria de Guerra, Archivo de los Ministerios, Proveeduría y Corte de Cuentas, y hasta hubo una época, no corta, en que todo el edificio estuvo a disposición del auriga del coche presidencial".

"En el año de 1896 el doctor Manuel Ponce de León, rector entonces de la Facultad de Matemáticas, trasladó ésta allí por el mes de mayo, previas importantes mejoras hechas por orden del Gobierno...".

La secular estructura hasta entonces conservada como en los lejanos tiempos de los Nariño, es definitivamente transformada para convertirla en decorosa residencia presidencial, según planos del arquitecto francés Gastón Lelarge, realizados finalmente por el bogotano don Julián Lombana, el constructor también del nuevo Palacio Municipal que surge del incendio de las célebres "Galerías de Arrubla" ocurrido en el año de 1900. La casa así reformada se conserva incorporada al extenso conjunto actual que, como ya se dijo, constituye la zona social de la bien llamada Casa de Nariño. En su tiempo se la conoce como Palacio de la Carrera por su ubicación en la tercera Calle de la Carrera, hoy carrera séptima entre calles séptima y octava.

El 10 de julio de 1908, el progresista mandatario general Rafael Reyes (18491921), inaugura con actos sociales muy solemnes la nueva sede presidencial Viene el general Reyes despachando como sus antecesores en el Palacio de San Carlos, inaugurado como despacho presidencial por el Libertador Simón Bolívar en el año de 1828, hoy Cancillería de San Carlos. La nueva residencia amoblada con sobrio decoro funciona como sede de la Presidencia hasta el año de 1954 cuando el presidente dictador Gustavo Rojas Pinilla, restaurado el viejo palacio presidencial de San Carlos, determina reanudar la interrumpida serie de los mandatarios que en él ha despachado. Mas es relativamente breve el interregno para regresar los presidentes en 1979 a la antigua Calle de la Carrera, casona sometida en años sucesivos a variados y titubeantes proyectos arquitectónicos con el resultado que hoy celebramos, que juzgarán los entendidos, como conjunto capaz de incorporar dos manzanas enteras que se desarrollan desde la Iglesia de San Agustín en el sur y se extinguen al pie de las elegantes graderías de la fachada sur del Capitolio Nacional, con el que forma una admirable unidad arquitectónica pseudo?neoclásica realizada por estupenda obra de cantería arrancada a las ricas minas de Terreros en el sur de la ciudad, al igual que la columnata y los muros del noble Capitolio.

La casa presidencial, Casa de Nariño, cierra hacia el sur el sector histórico por excelencia de la ciudad. Al norte la fachada posterior de¡ Capitolio marco adecuado para la estatua de Rafael Núñez(1825?1894), de donde se abre hacia el sur la Plazoleta de Nariño con la efigie del Precursor, obra de¡ escultor francés Greber, inaugurada en otro lugar de la ciudad en 1910 con ocasión del primer centenario de la Independencia Nacional. Preside el Precursor la Plaza de Armas, adornada con fuentes y jardines y con dos esculturas, de las cuales la de la izquierda es admirable exponente de la cultura precolombina llamada Agustiniana y la de la derecha, expresión del sentimiento estético actual, es obra del maestro colombiano Edgar Negret. Por el oeste se aproxima a la casa la hermosa torre del Observatorio Astronómico, único testimonio sobreviviente de la magna obra cultura¡ del Sabio José Celestino Mutis (1732?1808), quien ordena construirlo en 1803 para entregarlo tres años más tarde a nuestro Sabio Francisco José de Caldas(1768?1816), encargado de esta rama científica de la Real Expedición Botánica. A manera de telón de fondo al occidente los pétreos muros de la iglesia?museo Santa Clara, levantados en el siglo XVII; el Palacio Echeverri de tan noble estilo francés, obra excelente del arquitecto Gastón Lelarge; calle de por medio la magnífica casa de arquitectura republicana, siglo XIX, sede del Fondo Cultural Cafetero y, finalmente, el hermoso claustro colonial donde funciona el Museo de Artes y Tradiciones Populares. Por el este el moderno edificio del Congreso, la antiguase de del Consejo de Estado y la plazoleta decorada por el monumento en honor de los héroes de la Batalla de Ayacucho(1 824), para cerrar al sur con el hermoso jardín de la Casa de Nariño, frontero a la ya mencionada iglesia colonia¡ de San Agustín, construida en el siglo XVII.

Este libro ideado por el Presidente Betancur como el último aguinaldo de su mandato, expresa el amoroso cuidado puesto por el culto mandatario en el mantenimiento y enriquecimiento discreto de la Casa de Nariño, para hacer de ella, además de un verdadero símbolo republicano de austera elegancia, una galería selecta de arte nacional, que se inicia con el impresionante Cristo pintado por el santafereño Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos en el año de 1697, pasando por Joaquín Gutiérrez, pintor de cámara de los virreyes; por el prócer???artista abanderado de Nariño, José María
Espinosa; por el magnífico Andrés de Santa María, por Ricardo Acevedo Bernal y Ricardo Gómez Campuzano, hasta llegar a los contemporáneos en camino ascendente hacia la conquista de nobilísimas y originales creaciones estéticas de rara belleza, que señalan a Colombia en esta segunda mitad del siglo XX como admirable exponente en las bellas artes, en la pintura y en la escultura americanas.

Guardan los salones que ocupan el ámbito de la antigua casa donde nace Nariño, el eco de otras nobilísimas manifestaciones de la gente colombiana convocada reiteradamente por el Presidente Betancur, que llena de armonías el recinto con recitales poéticos y musicales, alternando con graves convocatorias académicas para evocar la historia grande de la patria, proponer tratados o estudios profundos de la organización constitucional del Estado o para premiar con honrosas condecoraciones ilustres vidas y obras, honor de la estirpe colombiana.

Esta fue, ésta es la Casa de Nariño.

 

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