Ciclovías

Bogotá para el ciudadano

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La ciudad para el ciudadano

Texto de Augusto Ramírez Ocampo
Alcalde de Bogotá

Siempre he creído que el Espacio Público es un bien común inalienable que estructura y conforma la ciudad y hace posible que el ciudadano participe e integre su vida a un empeño común. De la reivindicación del mismo; de su correcta administración, construcción, conservación y cuidado; y, ante todo, de su más amplia e imaginativa utilización se obtiene un mejoramiento sustancial en la calidad de vida de los habitantes. No obstante la trascendencia que tienen estos conceptos, su implementación tradicionalmente ha sido relegada a un segundo plano. Las circunstancias inherentes a nuestra condición de país en vía de desarrollo han erróneamente canalizado la mayor parte de los esfuerzos del Estado a la solución de las llamadas "necesidades prioritarias" o de simple y básica subsistencia.

Por lo general los gobernantes entienden por grandes obras, aquellas que implican una gran inversión y dejan como resultado una serie de elementos físicos más o menos perdurables. Lo que usualmente no piensan es hasta dónde la inversión realizada puede servir complementariamente para mejorar en forma integral la vida de los ciudadanos sin necesidad de emprender nuevos proyectos, esperar muchos años, ni realizar inmensos gastos adicionales. Bogotá, en su infraestructura, no ha sido completamente utilizada ni debidamente mantenida. Cada vez que se habla de planes de renovación urbana yo pienso antes en recuperación, y cuando se discuten nuevos, grandes y costosos proyectos yo busco primero posibilidades de adecuación y de mejor utilización de los existentes.

Por otra parte, durante los últimos años y con, contadas excepciones, la ciudadanía ha carecido de amor, orgullo y solidaridad hacia Bogotá, quizá por una falta de identificación con su ciudad motivada por el crecimiento desmedido
y desordenado de su perímetro urbano; al advenimiento desproporcionado de gentes de todo el país; el abandono de los sitios tradicionales e históricos, y la pérdida de los lugares comunes de encuentro. No obstante, una nueva identidad del bogotano está surgiendo a través de la permanencia y se está comenzando a manifestar con un nuevo y maduro espíritu de respuesta y de amor a la ciudad, para beneficio de la comunidad.

Las ciclovías de Bogotá son una solución urbana que contempla todos estos puntos: reivindica el espacio público; utiliza en forma creativa inmensas obras civiles, hasta ahora de uso exclusivo del automóvil, y recupera para la ciudad su lugar de encuentro y a escala de la Bogotá actual dentro del más sano y alegre concepto de recreación, en una atmósfera contagiosa de seguridad.

Esta solución que reúne, hasta la fecha, en forma armónica cada domingo a medio millón de ciudadanos, sin ningún costo para la ciudadanía ni para la Administración, y que se desarrolla a lo largo de 56 kms. de las mejores vías, sobre 6.000.000 de metros cuadrados de terreno acondicionado cuyo costo de construcción sería equivalente o mayor al de cualquiera de nuestras más grandes obras de ingeniería sanitaria o eléctrica, es definitivamente una manera diferente de dirigir a Bogotá y un reflejo directo de la forma como el Presidente Belisario Betancur está gobernando al país.

No me corresponde a mí describir un fenómeno que está tan completa y bellamente ilustrado en las páginas que suceden este texto. Lo que no puedo dejar de resaltar es que se trata de una manifestación de comportamiento urbano sin precedentes, que refleja el nivel de madurez ciudadana y la forma alegre, abierta y sin ningún rasgo de agresividad cómo el bogotano está aprendiendo a utilizar su ciudad y a vivir en comunidad.

El fenómeno de las ciclovías es tan popularmente positivo y aceptable como gubernamentalmente irreversible. Corresponde, entonces, analizarlo más profundamente; reglamentarlo y protegerlo; producir marcos de referencia en términos de planeación, diseño, financiación, educación y ejecución, y capitalizar su experiencia proyectándolo hasta encontrar soluciones urbanas más serias y permanentes.

Las ciclovías se han desarrollado sobre las vías tradicional y excluyentemente utilizadas por los vehículos automotores y el eje de ellas es la bicicleta. Aunque las ciclovías actuales conllevan todo un complejo conjunto de elementos y de expresiones recreativas, la bicicleta ha sido el símbolo por su número y por su capacidad de movilización. Las ciclovías no son solamente algo equivalente a un parque o a una playa sino que por su capacidad de recorrido permiten realmente el encuentro de los ciudadanos de todos los puntos y el conocimiento e integración reales de los mismos a lo largo de la ciudad.
Es claro que el fenómeno deberá estudiarse, complementarse y desarrollarse. En primer término, se deberá ampliar la cobertura actual de las ciclovías de Bogotá en sus áreas, circuitos y horarios de forma tal que se intercomuniquen todas, se interrelacionen sus parques y se le dé a los ciudadanos por medio de ellas acceso a los importantes eventos comunitarios hasta convertirlas en el principal medio de comunicación dominical de la ciudad. Por otra parte, se deberá estudiarlas seriamente como medio alterno de movilización permanente dentro de la ciudad de forma tal que con muy escasos recursos se acondicionen y reglamenten áreas complementarias de las grandes vías; de las zonas marginales del ferrocarril; de los canales de agua y de ciertas vías en sectores y barrios para la movilización urbana en bicicleta.

Como se tratará en el 1er. Seminario que sobre "Planeación y Diseño de Ciclovías" realizará el Departamento Administrativo de Tránsito y Transportes de Bogotá con el pleno respaldo del Alcalde Mayor de la ciudad por la fecha en que aparezca este libro, y al analizar los problemas de movilización que enfrenta la ciudad y que tendrá que resolver en el futuro; la contaminación del ambiente y el mejor tratamiento del espacio público; las grandes soluciones como el Metro a cuyas estaciones habrá que desplazarse de alguna forma para hacer uso del servicio; los altos costos de los vehículos automotores, de su combustible y del espacio para desplazarlos y almacenarlos, pienso que las ciclovías nos sugieren alternativas nuevas e inmediatas de solución a problemas de movilización urbana por medio de la bicicleta, que ha demostrado ser el vehículo de más bajo costo con mayor eficiencia dentro del mejor comportamiento ecológico y con la mayor aceptación popular ya usado masivamente en países más avanzados que el nuestro con excepcional resultado.

Como ciudadano y como gobernante he deseado siempre que Bogotá sea un ejemplo de planeación efectiva que disminuya la distancia entre el Administrador y el habitante y que produzca en ella soluciones urbanas a escala del individuo. Creo que el verdadero progreso es el armónico; aquel que no desvirtúa sino que respeta las dimensiones, las tradiciones y los valores de las gentes. La actual Administración está consciente de que se requieren las grandes obras de infraestructura y de solución básica para el bienestar general y las está realizando en todos los campos y haciendo frente con éxito a todas las dificultades.

Pero es nuestra preocupación muy especial la solución de las necesidades a escala dentro de amplios marcos generales; de las cosas vitales como la recreación, la movilización, la comunicación y el ambiente urbano para lo cual estamos promoviendo el Acuerdo sobre el Espacio Público que presentará la Administración a la ciudadanía a través del Honorable Concejo de Bogotá y que será el instrumento que le permita contar con la estructura y los recursos necesarios para la implementación y el manejo conveniente de todos estos conceptos.
A manera de ensayo dominical propusimos a los bogotanos una posición activa contra la inseguridad. Y los bogotanos lo aceptaron clamorosamente. Les propusimos salir a las calles para desterrar de ellas a los malhechores. Y se comprobó que con la presencia multitudinaria de gentes de bien, las calles pueden ser lugares tan seguros como los conjuntos cerrados. Y las bicicletas sustitutos eficientes de los autos blindados.

Se comprobó, también, que la diversidad ‑razón de ser de la ciudad- tiene en la calle escenario para reconocerse y aceptarse. Que la ciudad caminada, o vista desde la bicicleta, adquiere otra dimensión y revela a sus ciudadanos el atractivo de sus fachadas, de sus parques, de sus sonidos, atractivos que siempre pasaron inadvertidos, ocultos tras el angustioso tráfico motorizado...

Las ciclovías han transformado a la ciudad. El habitante huraño y agresivo ha cambiado desde su traje dominical hasta su comportamiento para relacionarse con sus conciudadanos. La ciudad fragmentada y hostil desaparece al conjuro de la movilidad y el conocimiento descomplicado, amable y seguro.

Comprendamos que la ciudad debe ser ante todo el hogar del hombre y que ella debe garantizar su realización plena. La infraestructura y la inversión en servicios no son un fin sino el medio para alcanzar la felicidad de la persona humana. Y es con ese objetivo como debe concebirse el gobierno. Por ello hemos resuelto devolverle la ciudad al ciudadano.

Me declaro hondamente satisfecho de que el ejemplo de las ciclovías haya sido seguido en muchas ciudades de Colombia. Sus Alcaldes afirman que en aquellas se produce casi idéntico impacto al excelente resultado de nuestra capital. La tensión desaparece, la cordialidad nace espontáneamente, la agresividad se aminora, la seguridad aumenta, la ciudad cambia y se emplean sus recursos de manera más productiva. Muy pronto usaremos también las calles para escenarios deportivos de microfútbol, baloncesto, voliboll, tenis y patinaje, además de emplearlas para desarrollar los "Mercados de San Alejo" y los mercados móviles populares. Estamos dándole un uso múltiple a esta inmensa inversión pública.

No quisiera terminar sin manifestar mi agradecimiento a las empresas y fundaciones que en forma espontánea promovieron y financiaron la publicación de este libro, cuya introducción me siento muy honrado en escribir por su amable solicitud y sin felicitar a quienes lo realizaron en forma tan excelente. Al verlo, se puede fácilmente concluír que a partir de las ciclovías, Bogotá ya no es la misma.

 

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