Cien años de arte colombiano

1886 - 1986

Siguiente  

Prólogo

 

Vista parcial de la Exposición del Centenario del Pabellón de Bellas Artes del Parque de la Independencia. 1910.

 

Texto de: Enrique Vargas Ramírez
Presidente Flota Mercante Grancolombiana.

Este de 1986 es un buen año para celebrar aniversarios: hace cien años, de una memorable asamblea, surgió nuestra actual Constitución, retocada hoy pero incólume a lo largo de parciales reformas y azarosos paréntesis. Con ello, y en consonancia con su propio momento histórico, llegaron las corrientes evolutivas y los vientos progresistas que nos empujaron hacia un vórtice de ambiciosos y altos empeños por vigorizar esa entidad, sillar de todo nuestro ordenamiento jurídico.

Fue ese año cuando, no por capricho sino por estar de acuerdo con su instante, se funda la Escuela Nacional de Bellas Artes que inicia la apertura hacia los amplios horizontes que entonces se estaban proponiendo en Europa y surge de su necesidad histórica un hombre, político, militar y artista que parece asumir la responsabilidad, no sólo de su propio destino, sino del derrotero que habría de tomar la plástica en Colombia. No de otro modo se puede mirar, con una óptica ya centenaria, la dimensión de Alberto Urdaneta.

De la estricta academia de comienzos de siglo que produjo una prolifera especialización de retratistas, los pintores siguen, un poco demoradamente, la evolución artística del viejo continente y se sumergen en modalidades, unas románticas y otras tiernamente provincianas. Es éste el período del costumbrismo, de los bodegones y del paisaje. Luego, dando un salto enorme, aparece a mediados del presente siglo, con un trasnocho de varios decenios, el arte abstracto con todos sus pecados y maravillas de donde surgen, ya de un tamaño internacional, brillantes creadores que no sólo siguen los derroteros extranjeros sino que aportan propuestas innovadoras al arte universal. Son ellos quienes rompen los diques del ingenuo nacionalismo y permiten a las generaciones presentes la elección, de entre innumerables maneras de expresión, una estrictamente colombiana que se traduce en una espléndida floración artística de una inesperada latitud, pero aseverando cada obra la identidad cultural de nuestro país.

Al cumplir cuarenta años de existencia la Flota Mercante Grancolombiana (1946‑1986), una empresa que en su labor diaria asoma nuestro país al mundo, patrocina con suma complacencia la edición de este libro, que ofrece un panorama histórico y crítico de lo que este siglo de arte significa en el desenvolvimiento de nuestra cultura.

Es éste un libro objetivo en el cual, una de las máximas autoridades de la historia del arte en Colombia, el maestro Eduardo Serrano, muestra cómo en estos cien años se conjuga el ímpetu de la modernidad y el enraizado sentimiento de la patria. Al presentar esta obra con el placer del catador constante y la satisfacción del patrocinador, como Presidente de la Flota Mercante Grancolombiana, tengo la certeza de brindar al afortunado lector un hermoso y provechoso libro‑museo que es también un aporte positivo a nuestra orgullosa colombianidad.

Finalmente no puedo dejar de agradecer la decidida colaboración del Museo de Arte Moderno y de su directora, doña Gloria para el logro de esta segunda empresa cultural que las dos instituciones emprenden conjuntamente.

 

Siguiente  

Comentarios