El hundimiento de los Partidos Políticos Tradicionales venezolanos: El caso Copei.

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2.3. Nueva pugna generacional.

Ataque al legado herrerista durante campaña presidencial. El peso de las divisiones internas en Copei. Causas de la derrota de Eduardo Fernández en elecciones presidenciales de 1988. Situación de Copei tras derrota de Eduardo Fernández. Posición de Rafael Caldera y justificación del “pase a la reserva”. Reacciones de diversos líderes del partido Copei.

Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela (1974-1979) (1989-1994)Pedro Pablo Aguilar, Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez PazEduardo Fernández acompañado de su esposa María Isabel luego de conocer los resultados de la votación que lo lleva por tercera vez a dirigir al partidRafael Caldera, Oswaldo Álvarez Paz y Abdón Vivas Terán

Introducción

En el transcurso de la campaña presidencial continuaron, inevitablemente, los problemas generacionales. Eduardo Fernández hubo de enfrentar no solo el abandono de Rafael Caldera, sino la carga negativa dejada por el gobierno de Luis Herrera Campíns. En el segundo caso, intentó deslastrarse de éste marcando diferencias, hecho que le ocasionaría la pérdida de más de un voto herrerista.

Copei, en diciembre de 1988, volvió a perder las elecciones frente a Acción Democrática. Las causas fueron diversas. Por un lado, la ausencia de Caldera en la campaña, un comando de campaña ineficiente, infaltables pleitos internos, sombras de corrupción y falta de una fuerte oposición al gobierno del presidente Lusinchi; y por otro, la competencia de un candidato, Carlos Andrés Pérez, que había sido y seguía siendo el favorito del pueblo venezolano. Luego de su derrota, Eduardo Fernández tomó nuevamente las riendas de Copei, pero éste ya era un partido debilitado y con una trascendental división en puertas.

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Nueva pugna generacional. Ataque al legado herrerista durante campaña presidencial. El peso de las divisiones internas en Copei.

Eduardo Fernández hubo de tomar varias decisiones difíciles durante la campaña. A pesar del trauma ocasionado por “la muerte del padre”, se vio enfrentado de nuevo a la necesidad de “liquidar” a alguien más, esta vez intimidado por el comando de campaña del partido opositor Acción Democrática. Este último, con el fin de restarle capacidad de persuasión de las masas como si se tratara de un valor político nuevo, identificó al candidato copeyano con el gobierno del ex presidente Luis Herrera Campíns y con medidas tomadas durante su gobierno, tales como la devaluación del bolívar y el hundimiento de la economía del país. Y Eduardo Fernández no podía asumir ese costo. El gobierno de Herrera Campíns no solo habría sido ineficiente, sino relativamente cercano en el tiempo y se le haría difícil al candidato copeyano escapar de esta acusación. Además, Fernández había sido secretario general del partido durante buena parte del gobierno herrerista. De manera que aceptó la sugerencia de los asesores extranjeros y también agarró el guante de los adecos enfilando las baterías hacia un pasado con el cual no se quería identificar. La televisión fue el medio utilizado para desprenderse de legados indeseables:

Eduardo Fernández decidió ‘romper la estrategia adeca’ y deslastrarse del pasado ‘encarnado por el gobierno de Luis Herrera Campíns’; el mismo que Caldera responsabilizó por su derrota. El Tigre acusó a la ‘pareja’ Pérez-Herrera de ser los culpables del endeudamiento, del despilfarro de la riqueza petrolera, de la devaluación y del alto costo de la vida. (Conversaciones con Alfredo Peña, El Nacional, 22-10-88, D/2 [Información]).

Con esta cuña televisiva, Eduardo Fernández, acusando directamente a sus responsables, buscó diferenciarse de mandatos presidenciales en los cuales no se reconocía. Equiparó a Luis Herrera Campíns con Carlos Andrés Pérez inculpándolos por la mala administración de sus respectivos gobiernos. La intención sería dejar muy en claro que él no pertenecía a esa época pasada de nefastos presidentes.

Con la propaganda mediática, el comando de campaña buscó atraer a un porcentaje de electores indecisos, requeridos por Eduardo Fernández para aventajar a Carlos Andrés Pérez en las encuestas. La reacción de Herrera Campíns no se dejó esperar: “—Yo como buen llanero, siempre recuerdo aquella frase: ‘el que le pega a su familia, se arruina’ ”. (El Nacional, 23-10-88, D/1 [Política]). Y más adelante enfatizó: “(…) esta cuña, cuya calificación reitero de grosera, de falta de respeto y de estúpida, (…)”. (Ídem).

Le ha debido resultar muy hiriente el ataque. En Copei se repetía el dicho: “los asuntos internos se ventilan en casa”, se discutían a puerta cerrada, no los difundían masivamente a través de medios de comunicación. La cuña cayó mal en general al punto de verse obligado el dirigente eduardista, Gustavo Tarre, a especificar las razones:

Debe quedar claro, que nuestra cuña no significa una agresión personal contra Herrera Campíns. (…) La cuña persigue hacer una crítica a cuatro aspectos de su gestión: La inflación, el endeudamiento, la devaluación de la moneda y la pérdida de oportunidad en la inversión de la riqueza petrolera. (El Nacional, 24-10-88, D/2 [Información]).

Quizás el ataque no fuese personal, pero sí crítico de la mala administración de la hacienda pública. Resulta altamente probable que más de un voto herrerista se haya quedado frío después de la cuña.

Durante las contiendas electorales, los comandos de campaña acuden con frecuencia a medidas de impacto inmediato, sin importar el qué ni el cómo, sino la efectividad rápida con tal de subir en las encuestas y no se calibran las repercusiones generadas por tales medidas. En el caso de Eduardo Fernández y su entorno, empezó a suscitarse una creciente pérdida de credibilidad. La cuña contra Herrera Campíns dejó ver el lado inmediatista y aprovechador del político, que utiliza o desecha según las circunstancias, tal como lo confirmaría meses más tarde este comentario del ex presidente Rafael Caldera en la prensa nacional:

(…) uno de los hechos que contribuyó a quitar credibilidad al candidato fue la cuña en la cual se señalaba al gobierno del compañero Herrera como uno de los culpables de la grave situación del país. Digo yo que resta credibilidad porque un año antes, en el Poliedro, a través de la televisión, toda Venezuela vio el gran abrazo y la concomitancia entre el candidato Fernández y el ex presidente Herrera, porque en entrevistas de hace menos de un año reiteró que la historia justificaría al gobierno del presidente Herrera, que había sido indebidamente tratado por la opinión pública, cosa que ha vuelto a decir después de las elecciones. (El Universal, 8-12-88, 1-14).

Algo que ha caracterizado a dirigentes copeyanos es el ataque seguido de arrepentimiento, con la salvedad de que la agresión queda fijada en la historia y en la memoria, mientras que el arrepentimiento se lo lleva el viento. Y por una sencilla razón, el agravio es proporcionalmente más fuerte que la contrición. Cuando Fernández abrazó a Herrera Campíns en el Poliedro lo hizo a conciencia, le estaba solicitando el apoyo pleno del herrerismo. Más tarde lo abandonó porque afectaba negativamente su campaña, y lo reivindicó cuando ya no le importaba. Su credibilidad salió lesionada; estos vaivenes le resultaron contraproducentes, como suele suceder en política.

Caldera también consideró ofensivos los ataques de Eduardo Fernández durante la contienda electoral: “Ese consejo [informe alemán] se adoptó y se hicieron cuñas diciendo que (…) [él] había vencido a dos ex-presidentes, cuando lo sensato después del Poliedro habría sido decir “esto se olvidó, ahora somos uno solo”. (Ídem).

En resumidas cuentas, Eduardo Fernández pagó caro por “pegarle a su familia”.

Causas de la derrota de Eduardo Fernández en elecciones presidenciales de 1988. Situación de Copei tras derrota de Eduardo Fernández.

El 6 de diciembre de 1988 ganó la Presidencia de Venezuela el candidato del partido Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez, es decir, este partido continuaría cinco años más en el poder. Los resultados de las elecciones fueron los siguientes: Carlos Andrés Pérez, 3.589.180 votos; Eduardo Fernández, 2.932.277. (http://www.cne.gob.ve/web/documentos/estadisticas/e006.pdf, [6-11-2011]).

El periodista Alirio Bolívar reseñó ampliamente las causas de la derrota de Eduardo Fernández que mencioné más arriba. La más importante: la ausencia de Caldera en la campaña; asimismo, el no haber destacado en puestos decisivos a ningún representante del Comité Nacional y la carencia de un director de campaña “visible” para la prensa que informara el día a día. Luis Alberto Machado se dejaba ver poco, al igual que Rafael Salvatierra salvo en circunstancias inevitables. Pero, reseñó algo más interesante:

Eduardo Fernández montó dos equipos que funcionaron cada uno por su lado. Ese comando bicéfalo estaba integrado por burócratas impuestos por él y de esa forma incorporó a Machado, Salvatierra, Pérez Olivares, Luis Corona, José Curiel, Freddy Delgado Daló, Salomón Muci y Douglas Dáger.
Al área política le dio poco poder, ya que desconfiaba que en un momento dado los dirigentes pudieran tener estrella propia. Fue así como Pérez Díaz, Dagoberto González, Paciano Padrón, Gustavo Tarre y Leonardo Ferrer fueron relegados y estaban por debajo de los burócratas.

(El Universal, 17-12-88, 1-13).

Luis Alberto Machado y Rafael Salvatierra, los jefes de la campaña, se “dejaban ver poco, salvo en circunstancias inevitables”. (Ídem).

Fernández actuó con bastante astucia al darle poco poder al flanco político. No quería que nadie le hiciera sombra y menos aún estimular el fortalecimiento de dirigente alguno porque pretendía continuar en la secretaría general de Copei en caso de perder las elecciones. Debido a esto, tuvo que pelear y desgastarse en varios frentes simultáneamente desatendiendo lo más importante: ganar las elecciones presidenciales:

El desarrollo de campañas internas por la secretaría general y la candidatura presidencial de 1993 significaban serios obstáculos para los esfuerzos de Fernández, porque Abdón Vivas Terán, José Curiel, Oswaldo Álvarez Paz y Leonardo Ferrer, entre otros, trabajaban en función de sus propios intereses. (Ídem).

Gustavo Tarre, al analizar los tropiezos de la campaña, aclaró:

Copei le propuso un cambio al país, la nueva democracia y el presidente nuevo. Para que estos mensajes calaran en la opinión pública tenían que estar acompañados de una fuerte oposición al presidente Lusinchi, porque el deseo de cambio tenía que ser la consecuencia de un gobierno percibido como malo. Hubo oposición y eso le consta a todo el país, pero, sin embargo, no había homogeneidad en los planteamientos, prevalecían los pleitos internos que distraían los esfuerzos, y había demasiadas críticas al gobierno del partido. (El Universal, 28-1-89, 1-12).

El hecho de que pleitos internos y críticas al gobierno del partido prevalecieran durante la campaña por encima de los verdaderos problemas, demostró una vez más la debilidad de Copei como partido. Cuando más falta hizo la unidad y el apoyo sin restricciones a su candidato, sucedió todo lo contrario.

En la dirigencia copeyana, algunos colaboraron en lo posible o aquello que les dejaron hacer; otros se mantuvieron a media marcha, sin mayor esfuerzo; otros no hicieron nada; otros intentaron destruir; y otros lo lograron.

Retomando el tema sobre el tratamiento al gobierno del Presidente Lusinchi, y ante la pregunta de por qué no se lo había atacado a fondo, Rafael Caldera ofreció una explicación sumamente alarmante:

En muchos lugares a mí me dijeron que dirigentes regionales tenían compañías constructoras a través de testaferros, y lograban contratos en el gobierno y por eso no se hacía una oposición sólida’.
— Y esto —continuó— se lo trasmití a Eduardo en más de una ocasión, diciéndole que era necesario apersonarse de esto. Y en general me contestaba que eso se tenía que arreglar, pero más adelante. Después, incluso, estos rumores me llegaron a un nivel nacional, niveles altos, sobre participación en contratos, en obras, a través de gente amiga que para recibir esos contratos ofrecía beneficios. Esto me fue preocupando terriblemente, me di cuenta de que la imagen de Copei corría el peligro de convertirse en el de una agencia de contratos, de gabelas y de beneficio. (El Nacional, 9-12-88, D/2 [Información]).

Y como si fuera poco:

Hubo incluso un momento en el que Luis Piñerúa Ordaz llegó a sugerir que era interesante conocer la lista de los contratistas del Conjunto Residencial ‘Juan Pablo II’, para saber si entre ellos había algunos allegados a Fernández. El candidato de Copei no respondió y esto se interpretó en sectores internos de la organización como un cierto signo de debilidad. (El Universal, 5-12-88, 1-20).

Me llamó la atención que ésta fuera una de las primeras veces en las que Rafael Caldera hiciese públicamente una denuncia por corrupción en el seno de Copei, involucrando directamente a Eduardo Fernández, quien como secretario general habría debido enfrentar tales denuncias. Caldera inició una campaña sostenida de descrédito hacia Fernández, necesitaría debilitarlo porque le estorbaba. ¿Estaría pensando desde ya en las elecciones presidenciales de 1993?

Durante la campaña presidencial, Eduardo Fernández fue pues acusado de cometer errores dentro de su propio partido tales como: “matar” a dos ex presidentes; relegar a segundo plano a sus compañeros de muchos años y se le señaló por encubrir casos de corrupción. Lo impactante fue que la mayoría de estos ataques provinieron de sus copartidarios, las acusaciones fueron de orden interno. Así mismo, se comentó como una causa adicional de la derrota copeyana, el auto marginamiento de varios de sus altos dirigentes, ante lo cual Oswaldo Álvarez Paz respondió:

— Eso es cómico. Sería la primera vez que se pierde un juego y se quiere echar la culpa a quienes no jugaron.

Si el cuadro interno se descompuso de tal manera que muchos no participaron o tuvieron una participación relativa, eso es responsabilidad de quienes dirigen el partido, que tienen concentrada en sus manos la mayor suma de poder interno que jamás haya tenido dirección política alguna. En mi caso particular, le confieso que no es fácil para un hombre honrado y que carece de una de las ‘virtudes’ —pidió el entrecomillado— normalmente útiles en la política, como es la hipocresía, salir a la calle a darle respaldo emocionado a un candidato que no le gusta y a unos objetivos finales que uno no comparte. (El Nacional, 9-12-88, D/1 [Política, Economía,...]).

En el contexto de la autocrítica realizada por el partido Copei, las más duras a la campaña de Eduardo Fernández provinieron de Oswaldo Álvarez Paz, quien adujo el fracaso a varias razones: 1) a su poca credibilidad; 2) a la pésima estrategia diseñada por el comando de campaña; 3) y a vicios y corruptelas que a su juicio se estarían presentando en el partido. Añadió que un triunfo en 1993 obedecería a cambios en la dirección del partido y de su secretario general. (El Nacional, 7-12-88, D/2 [Política]).

De allí que a Gustavo Tarre Briceño, alto dirigente del sector eduardista, se le encargara explicar las fallas de la campaña ante el Comité Nacional Ampliado de Copei. Entre ellas destacó: 1) una mejor presencia de Acción Democrática en los medios, incluso ventajismo en los canales de televisión estadales; 2) una publicidad desordenada de Copei; ésta fue menos coherente desde el punto de vista temático; 3) la incapacidad de saber transmitir el rechazo al gobierno de Herrera Campíns; 4) la falta de estímulo a campañas regionales, concentrándose en la nacional. Finalmente, señaló el efecto negativo provocado por el pase a la reserva de Caldera y de otros dirigentes del partido (El Universal 28-1-89, 1-12).

Posición de Rafael Caldera y justificación del “pase a la reserva.

Hasta este momento de la investigación he mostrado ampliamente tanto la ambición de Caldera por retornar al poder y volver a ganar la primera magistratura del país, como la de Eduardo Fernández en lograr similar objetivo. Y con ello las derivaciones de este combate político: abandonos, desintereses, deslealtades, acomodos, u otros arreglos más o menos oportunistas. Nada inusual. Destaco sin embargo un desplante fuera de lugar, fuera de su comportamiento acostumbrado y se debió a una declaración de Rafael Caldera. Ante la pregunta del periodista sobre si había sellado las dos tarjetas verdes en el momento de la votación, Caldera respondió: “Lo hice con repugnancia, porque realmente se me había agredido, se me había ofendido, (…)”. (Ricardo Escalante, El Universal, 8-12-88, 1-14).

¿Qué quiso decir Caldera con: “Lo hice con repugnancia”? ¿Le repugnaba Copei? ¿Le repugnaba Eduardo Fernández y su equipo? De cierta forma lo intentó aclarar:

La mejor colaboración que yo presté a la campaña electoral fue cerrar mi boca hasta el día mismo en que terminaron los escrutinios, porque si yo hubiera respondido a las incitaciones que se me hicieron, a las formulaciones irresponsables, el efecto que habría causado hubiera sido negativo. (Ídem).

Quizás se le deba agradecer, en efecto, a Caldera haberse quedado callado durante la campaña. De cualquier manera, el término “repugnancia” es muy fuerte. Tan fuerte como la amargura y frustración que ha debido sufrir Caldera en el Poliedro. Pocas veces se le escuchó, a lo largo de su muy extensa carrera política, hablar de esta forma. En verdad, porque siempre tuvo el partido a su servicio mientras lo necesitó, siempre fue candidato salvo durante los diez años que le impuso la constitución nacional. Es decir, por primera vez en noviembre de 1987 Caldera vivió la experiencia de luchar por la candidatura interna. Hasta entonces, no había sabido lo que era competir y menos aún perder ante un copartidario.

El liderazgo de Rafael Caldera dentro de Copei no solamente se había debido a su dedicación y habilidades políticas sino a su peso intelectual y académico. Era lógico que él pensara que nadie en el partido tenía cómo compararse con él. Su error fue extender esa creencia a la idea de que el partido le pertenecía y que en consecuencia, aún después de cuarenta años, pretendiera seguir manejándolo según sus criterios sin tomar en cuenta los de otros copartidarios. Caldera votó con repugnancia por un candidato copeyano cuando Copei, por primera vez, no le respondió.

Situación del partido Copei tras la derrota de Eduardo Fernández.

El partido Copei quedó muy lastimado tras la derrota de Eduardo Fernández en las elecciones presidenciales de 1988. Cinco años más en la oposición debió generar decepción y apatía en más de uno. Sin embargo, el verdadero problema planteado fue el de la división, esta vez una división real y concreta. Rafael Caldera lo dijo muy claramente en los días previos a la celebración del III Congreso Presidencial Socialcristiano al adelantar que quizás esa fuese su última comparecencia en un evento interno del partido. Y pocos días después de las elecciones presidenciales dejó sentir nuevamente su inquietud. Ante la pregunta del periodista: “¿teme usted la división?”, respondió:

Si se empeñan en imponer con métodos reprochables una determinada aspiración, un determinado consorcio de intereses, veo con mucha preocupación el futuro de Copei. Repito, la situación de Copei es muy grave y creo que nunca ha sido tan grave como en esta ocasión y creo que la perspectiva es en realidad muy preocupante. (Ídem).

Los métodos reprochables a los cuales se refirió Caldera fue el gesto de Eduardo Fernández, quien una vez reconocidos los resultados electorales, propuso de inmediato su candidatura para las siguientes elecciones presidenciales de 1993. Caldera consideró la situación grave y preocupante porque él tendría aspiraciones nuevamente y Eduardo Fernández, picando adelante, no le dejó espacio a ningún otro contendor.

En otra declaración, Rafael Caldera hizo una afirmación bastante curiosa:

— Copei —precisó— está atravesando el momento más difícil de su historia, porque al fin y al cabo como lo dice en un libro sobre el partido Rodolfo José Cárdenas: mientras esté Rafael Caldera no hay división en Copei. Yo he sido un factor permanente para mantener la unidad en el partido, pues siempre traté de que no se me señalara como el jefe de un grupo sino como representante de la totalidad del partido. (El Nacional, 9-12-88, D/2 [Información]).

A lo mejor quiso decir Cárdenas: ‘mientras esté Caldera no hay división en Copei siempre y cuando el partido en pleno lo apoye en cada una de las ocasiones requeridas’. Llegado este momento el comentario resultó poco creíble y Caldera pretendió hacer uso de una cualidad, el de forjador de la unidad, cuando empezaba a demostrar que sus pasos iban, en realidad, en dirección diametralmente opuesta. Caldera nunca apoyó a nadie sino a sí mismo. Oswaldo Álvarez Paz también reconoció el peligro de una división en Copei:

(…) pues considera que el partido no puede continuar cinco años más viviendo en medio de contradicciones espantosas, indefiniciones sumamente graves y tolerando un deterioro de su imagen que ya se ha convertido, a su juicio, en un serio problema de identidad existencial.

(El Nacional, 9-12-88, D/1 [Política, economía,...]).

Probablemente no era tanto las indefiniciones o contradicciones lo que perturbaba a Oswaldo Álvarez Paz, sino más bien observar que tanto Rafael Caldera como Eduardo Fernández, a escasos días de las pasadas elecciones, ya trabajaban en nuevas candidaturas, y que él no entrara en el juego.

Rafael Caldera, en efecto, no perdió un instante. Inició de inmediato una persistente campaña descalificadora en contra de su principal adversario, Eduardo Fernández:

Durante muchos años yo puse en Fernández una confianza ilimitada. Cuando perdió mi confianza me colocó en una situación muy seria, porque yo no podía decirles a los venezolanos ‘tengan confianza en una persona que ha perdido la mía’. (El Universal, 8-12-88, 1-14).

Pero, cabe preguntarse, si el candidato hubiese sido él, Rafael Caldera, ¿habría dudado o desconfiado de Eduardo Fernández? ¿Habría despreciado su apoyo?

Fernández justificó el lanzamiento inesperado de su candidatura presidencial de la siguiente manera:

— ¿Por qué hablé como hablé? Porque tenía que responderle a esos 3 millones de venezolanos. Porque frente a la imagen que se le estaba proyectando al país de que Copei había quedado liquidado y desbaratado, no señores, yo tenía que decirles: estoy en pie de lucha, mañana mismo reasumo la secretaría general del partido y asumo la responsabilidad de conducir a Copei, en estos años de oposición, sirviéndole a Venezuela desde la oposición y para prepararnos para ir al Gobierno en 1993. Este mensaje yo siento que cohesionó, galvanizó al partido y los que estaban preparando mi entierro, (…) se quedaron con los crespos hechos. (El Universal, 19-12-88, 1-15 [Tomado del programa “Impacto”, conducido por Edgardo De Castro]).

Ya él sabía de la fractura de Copei después de las elecciones y, por consiguiente, que no iba a contar ni con el apoyo de Caldera ni con el de varios líderes importantes. Esto lo sabía y le preocupaba:

Nosotros tenemos que presentarle a Venezuela un partido Copei fuerte, coherente, unido y hemos salido del proceso electoral con un Copei fortalecido. De 1978 a 1983 nosotros bajamos electoralmente mucho y con la candidatura presidencial del doctor Caldera en 1983 sacamos escasamente 34 % de los votos. Ahora hemos subido de 34 % a 42 %, hemos tenido un incremento importantísimo. (Ídem).

Eduardo Fernández, realizadas las elecciones, retomó las riendas del partido desde la secretaría general. Mantuvo un gran poder a nivel interno, dominó la estructura, y de ella se sirvió para acometer su mayor ambición política: volver a ganar la candidatura presidencial. Sin embargo, no era el único con ambiciones en el partido:

De Eduardo se podría decir que aún mantiene el aparato organizativo en sus manos. La mayoría de los miembros del Comité Nacional y la casi totalidad de los Comités Regionales están a su favor, lo que le da poder para defender sus posiciones en los enfrentamientos que ocurrirán. Caldera ya ha salido de la reserva. Su meta es la reconquista del partido. Está dispuesto a iniciar contactos con dirigentes a todos los niveles y con la base copeyana. (El Universal, 5-12-88, 1-20).

Caldera fue un gran luchador político, incansable, disciplinado y perseverante, nunca dejó de trabajar por lograr su objetivo: volverse a poner la banda presidencial.

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Notas al pie
(20) En un análisis del “cuñazo” realizado por Joaquín Marta Sosa con base en dos encues- tas, éste concluye que no se logró su cometido, que más bien el ataque al ex presidente Herrera Campíns congeló el ascenso en la popularidad de Eduardo Fernández entre el electorado e incluso le hizo retroceder levemente (0,75 %).
(21) Caldera hace alusión a dirigentes copeyanos que se vieron supuestamente favorecidos con contratos otorgados por el gobierno del Presidente Jaime Lusinchi.
(22) Habría que añadir a las causas de la derrota, el favoritismo con el que contaba Carlos Andrés Pérez entre el electorado como lo revelaban distintos sondeos de opinión. La encuestadora Data Analysys, dirigida entonces por Arístides Torres Galavís, encontró la siguiente intención de voto entre habitantes del Área Metropolitana de Caracas (AMC): febrero 1988: CAP 35 %-EF 16,1 %; junio 1988: CAP 34,7 %-EF16,1 %; septiembre 1988: CAP 29,8 %.EF 21,8 %; noviembre 1988: CAP 37 %-EF 25 %. (“El Gocho [CAP] y el Tigre en la recta final”, Bohemia, No. 1319, 21-11-88). La encuestadora IVAD, por su parte, con muestras de la población nacional, halló los si- guientes resultados de inclinación electoral: enero 1988: CAP 43 %-EF 31 %; junio 1988: CAP 50 %-EF 26 %; noviembre 1988: CAP 50 %-EF 29 %.(Félix Seijas, Investigación Electoral, Caracas, Ediciones del Rectorado-UCV, 2003, p. 237)

 

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