Débora Arango

Museo de Arte Moderno de Medellín

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La historia entre líneas

SIN TITULO
Acuarela
0.39 x 0.30 m.ADOLESCENCIA
Oleo sobre lienzo
0.95 x 0.72 m.LA HUIDA DEL CONVENTO
Acuarela
0.98 x 0.66 m.BAILARINA EN REPOSO Acuarela
1.29 x 0.50 m.LAS MONJAS Y EL CARDENAL y/o EL RECREO
Oleo sobre lienzo
1.77 x 1.27 m.
LA PRIMERA COMUNION Acuarela
0.29 x 0.23 m.LA MONJA INTELECTUAL Acuarela
0.76 x 0.56 m.HERMANA DE LA CARIDAD Acuarela
0.76 x 0.56 m.LA DOLOROSA
Acuarela
0.38 x 0.28 m.LEVITACION
Acuarela
0.99 x 0.68 m.HERMANAS DE
LA PRESENTACION
Oleo sobre material de fique
0.88 x 1.17 m.LA MUERTE DE UN NIÑO Acuarela
0.29 x 0.23 m.LA DANZA
Acuarela
0.56 x 0.39 m.SIN TITULO
Oleo sobre cartón
0.74 x 0.51 m.
EL CEMENTERIO DE
LA CHUSMA O MI CABEZA Oleo sobre lienzo
1.27 x 0.95 m.

Texto de: Beatriz González

Débora Arango en el Museo de Arte Moderno de Medellín.

Muy oportuna es la presentación de la exposición retrospectiva de Débora Arango en el Museo de Arte Moderno de Medellín, en este tiempo en el que la reflexión histórica parece ser el tema del día, especialmente por los seminarios que se han llevado a cabo, tales como Violencia en Colombia e Historia comparada, en la Universidad Nacional y Diálogos informales de Historia, en el Banco Popular. La obra de Débora Arango permite, al lado de sus valores plásticos, leer entrelíneas el momento histórico.

Los escritores de la época como Fernando González, Cesar Uribe Piedrahíta, Luis Vidales, Ovidio Rincón, Juan Cristóbal Martínez y Laureano Gómez dieron la temperatura de una polémica con visos de excomunión. Se presentó a Débora Arango como una frágil, menuda, audaz y valiente mujer. Sobre su obra se habló de bizarría estética y alguna nota de prensa está encabezada con el anatema del poeta futurista Maiakowsky En defensa del arte libre, bofetada al público. Ella a su vez habló de arte duro y aclaró en Medellín, en la década del cuarenta, que el arte es independiente de la moral. Débora Arango, joven talentosa, descubierta por una monja, comenzó a estudiar guiada por dos maestros que representaban en ese momento las corrientes en que se dividiría el arte antioqueño Eladio Vélez, quien representa una escuela pastoril a la cual un crítico calificó en 1940 de contemplativa estética , y Pedro Nel Gómez quien como dice Juan Fride describe a sus discípulos los valores plásticos que revelan la vida colombiana y que claman desesperadamente por un pintor que les dé forma... llama la atención sobre la luminosidad del valle, de Medellín, sobre los contrastes de su colorido, sobre la rica paleta del paisaje. De Pedro Nel emana una fuerza de convicción, una fe inquebrantable en el noble papel que ha de jugar la pintura americana... (1). Delante de obras de Débora como Meditando la fuga o Braceros de Puerto Berrío, se podría pensar que escogió la corriente de su segundo maestro. Sin embargo, en la elaboración de lo que ella llamó temas duros se perciben unas preocupaciones propias del arte contemplativo como son la calidad de las telas de flores estampadas y el valor del volúmen. Esta última cualidad de su obra la hace predecesora de Fernando Botero. Su pintura no se debe únicamente a la unión de las corrientes antioqueñas de arte sino, como es de suponer, a su condición de mujer. En alguna nota de El Liberal se habla de que ella es un digno exponente del nuevo espíritu femenino antioqueño y de como desde el altiplano capitalino esta valiente mujer desafía a todos los tartufos moralistas. Sin pretender entrar en materia feminista, hay en la mujer una vocación, O mejor, voluntad de escándalo.

No es necesario retroceder hasta Rosalba Carriera, la pintora veneciana de finales del diecisiete; basta con mirar de reojo el siglo XIX para encontrar a Rose Bonheur, quien se viste de hombre para poder pintar los caballos en la feria, a Berthe Morisot, quien impulsó a Manet a limpiar la paleta del color negro, O a Suzanne Valladon, acróbata, modelo de Renoir y Degas , dibujante y grabadora, madre del pintor Utrillo. Dos ejemplos del presente siglo son suficientes Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf, quien desde Bloomsbury Street desquició el ambiente artístico inglés, y Frida Kalho, en México, que decoraba su corset de inválida con flores pintadas y plumas y salpicaba de sangre hasta los marcos mismos de sus escalofriantes autorretratos. Esta reseña explica, en cierta forma, cuadros de Débora como Los Matarifes , que muestra el trabajo de rutina tal como se ejecuta a diario en el Matadero Municipal de Medellín(2), y La Caridad, en el que una gran dama grande por clase y por el tamaño de la acuarela se arrodilla para besar la mano del Obispo. Hay un roce de uñas pintadas, de uñas largas y de miradas de seminaristas que detrás de la escena portan un palio.

Débora Arango encontró en la temática social aliento para su originalidad la vida con toda su fuerza admirable no puede apreciarse jamás entre la hipocresía y el ocultamiento de las altas capas sociales por eso mis temas son duros, acres, casi bárbaros... me emocionan las escenas rudas y violentas(3).

La imposición en el medio artístico de Medellín de una especie de realismo socialista tiene varias causas, algunas se remontan al siglo XIX por el tipo especial de costumbrismo que se dió allí. No obstante las causas próximas se pueden encontrar en un pintor belga, en Pedro Nel Gómez y en Ignacio Gómez Jaramillo. Según Juan Fride, con los empréstitos a largo plazo concedidos por los Estados Unidos se importaron por toneladas victrolas, discos, radios... y asociándose a la corriente general de introducir técnicos extranjeros (de segundo grado, por supuesto) para todos los ramos de la economía, el Instituto de Bellas Artes, trae a la escuela, a un pintor belga, Georges Brasseur... (4). Dos de las obras de este pintor, las cuales pertenecen al Museo Nacional, están fechadas en 1923, o sea que fueron realizadas antes de su llegada a Colombia, y tienen por nombres Transportadores de Carbón y Fábrica de Hierro. Es posible que este pintor Belga haya sido el introductor de la temática en 1927, de la misma manera que el inglés Jack Scott y el alemán Kurt Lahs de la técnica de la acuarela, tan cultivada en las escuelas de Medellín. Pedro Nel, quien había llegado de Italia, representa otro de los caminos para la temática social. Jaime Barrera Parra describe el momento de decisión del pintor, cuando los disturbios de la huelga de empleados del ferrocarril hace 50 años Me voy a la región minera, nos dijo ayer, para ver el mazamorreo, el poema de la batea. Tengo que pintar unos sábalos. Todo eso hay que llevarlo a los muros, unto con los niños del pueblo (5). El viaje a México de Ignacio Gómez Jaramillo en 1936 y su regreso al año siguiente denota que el arte de los muralistas estaba en el aire. Los pintores antioqueños lanzaron en 1944 un manifiesto, con todas las de la ley, en el que se instaura el fresco, se propugna por una pintura independiente de Europa, que tenga un hondo sentido americano desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. Poco tiempo después de haber firmado este manifiesto, Débora Arango viajo a México, para aprender en las fuentes mismas del muralismo. Allá conoció a Orozco, pintor con el que se sentía más afín.

De los artistas antioqueños la obra de Débora resulta la más ajustada a la definición de Rivera El arte debe ser antidecorativo, antiesteticista, antiintelectual, es más, debe ser brutal, humano, con responsabilidad social, elocuente, real, rotundo, universal, lejos de todos los repugnantes esteticismos(6). Los comentarios críticos sobre la pintora antioqueña siempre están en esa tNica, se habla de lo trágico y lo grotesco o de algo que atrae y que repudia.

Es muy lógico que un arte así causara inmediato rechazo en Medellín. A partir de la exposición en el Club Unión en 1939, las condenas se suceden; fue solicitada por la curia para que se comprometiera a no pintar desnudos. Su participación en el llamado Primer Salón Nacional fue mutilada. La invitación cursada por el Ministro de Educación Jorge Eliécer Gaitán para exponer 13 de sus acuarelas en el foyer del teatro Colón, fue nueva causa de escándalo. Por ello recibió el veto de El Siglo y de Laureano Gómez, para quienes la pintura de la señorita Arango era la demostración evidente de la obcenidad y pornografía de la administración Santos Ella es tan sólo una víctima de las influencias Perniciosas y antiestéticas que viene el . ejerciendo el Ministerio de Educación. Más tarde estas acuarelas infames fueron publicadas en la Revista Municipal de Medellín y causaron la confiscación de la edición. Mientras el partido conservador la censuraba, el gobierno liberal la nombraba en las juntas de censura. Las consideraciones de los recientes seminarios de Historia de Colombia permiten acercarse al tema con otra mirada. Ya no se habló de partidos, sino de culturas (Pierre Gilhodes), de subculturas (Gonzalo Sánchez). Ortega diría circunstancia. La cultura liberal y la cultura conservadora; la pintura de Débora Arango ilustra ciertamente estos conceptos. Por ello, tal vez, pinta a Laureano con banda presidencial desfilando como un sapo entre el clero, y el nueve de abril es un arrebato de campanas Ô y fuego; Berta es una gallina empollando sobre la bandera azul; el Frente Nacional es una gran traición de zoológico.

Aunque realizó algunas exposiciones en Europa, a partir de la década del sesenta sus salidas son esporádicas. Se dice que expuso a escondidas donde los jesuítas. Una que otra salida, uno que otro escándalo. Su reclusión fue tal que hasta su nombre desapareció en la segunda edición del Diccionario de Artistas Colombianos de Carmen Ortega.

Encerrada en su casa de Envigado produce cerámicas, óleos, así como antes realizó acuarelas en grandes pliegos que fabricaba uniendo uno tras otro los papeles. Sus dos estudios, las galerías en las que cuelga su obra en ordenadas filas y sus solitarios hallazgos no tienen más espectador que ella misma. Este arte público sin público mereció en el presente año el homenaje al mejor artista antioqueño. Menos mal que el silencio ha sido retribuído con creces.

  • Tomado de la publicación realizada con motivo de la exposición retrospectiva (1937 1984) de la artista. Museo de Arte Moderno de Medellín Biblioteca Luis Angel Arango.

Bibliografía

  1. Fride, Juan El pintor colombiano Carlos Correa. Ediciones Espiral, Colombia, 1945, p. 19.
  2. Débora Arango, máximo exponente femenino de nuestro arte pictórico en Revista Municipal, diciembre de 1942, Medellín, p.13.
  3. Débora Arango o la Bizarría estética, El Colombiano, Medellín, 1940.
  4. Fride, Juan op. cit. p.17.
  5. Barrera Parra, Jaime Prosas, Ediciones Continente, Bogotá, 1969, p. 346.
  6. Hanne Gallo Vuelven los fantasmas. Marta Traba en La Nueva Prensa No. 62, julio de 1962. Bogotá, p. 67.

 

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