El encanto de Bogotá

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Los poetas en el destierro

 

 

Texto de: José Umaña Bernal.

Platón -y perdón por la cita a los humanistas autodidactos, hechos a pulso y a prisa- quería desterrar a los poetas de la República. Bogotá -que no es exactamente una ciudad platónicatambién ha desterrado a sus poetas. A los muertos porque los vivos saben bien dónde afincarse. Es una ciudad sin poetas, ni en mármol, ni en bronce, ni siquiera en piedra humilde. No hay cabezas, ni bustos, ni estatuas, de poetas en Bogotá. Están exillados en los desvanes municipales sin que nadie piense en su repatriación al ámbito ciudadano.

Es un espacio urbano sin poetas. Pero lleno de generales y de políticos, todos con las mismas guerreras y sables M segundo imperio, y las mismas levitas de la restauración. La dulce Francia no sólo nos dio Ios Derechos del Hombre, y el brandy Napoleón, sino también, a través de sus escultores, el vestuario de los héroes y de los demagogos. Es una deuda que no hemos cumplido todavía. Y de todos los uniformes, el mejor es el del general Mosquera, de fabricación extranjera. Y la levita más bien cortada, la del doctor Núñez, de confección nacional. Por eso el general, y el doctor, se vuelven tan democráticamente la espalda. Aun cuando hay más que una cuestión de indumentaria Mosquera era un civil de mal genio y Núñez un militar con tensión arterial laxa.

Pero los poetas estaban en los Jardines de la ciudad. Silva, Isaacs y Pombo, entre los pinos y los rosales de San Diego. Silva en la espléndida cabeza de Lucio Vero, en mármol finísimo, obra maestra de Ramón Barba. Y Jorge Isaacs, en la efigie exacta para el autor de María, con los bigotes de puntas revolucionarias, los mechones en el más puro desorden romántico y los ojos como dos hogueras que iluminaron la tarde de Los Chancos. Y Pombo, en su corro de niños, con las fábulas sobre las rodillas- más el Pombo de Rin Rin que el de La Noche de Diciembre ( Noches como Esta... etc.), pero siempre Pombo. Y, frente a Silva, a Pombo y a Isaacs, la Recoleta de San Diego, todavía con los ladrillos verdosos que pisó el Virrey Solís en su conversión de noctámbulo.

Allí vivían los poetas hasta hace poco. Ahora están desterrados. Salieron con destino desconocido. Nadie sabe a dónde. Y si alguien lo sabe, lo guarda como un secreto de Estado. Muchos creen que hay en Bogotá un campo de concentración para los poetas en mármol. Y que los tres grandes, tal vez los tres más grandes de la poesía colombiana -y sí tal vez- están en un secreto Auschwitz municipal.

 

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