Espacios Comerciales

Colombia

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Presentación

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Texto de: Benjamín Villegas

Cada ciudad genera su propia cultura urbana; esta es un realidad que salta a la vista. Pero igualmente evidente resulta comprobar cómo ella ha ido creando una genuina segunda cultura, con las nuevas condiciones de vida que nuestro tiempo impone y en donde se mezclan los más heterogéneos elementos. Es algo que se fundamenta sobre un lenguaje común, que a todos los ciudadanos concierne: el comercio, el hecho de comprar y vender. Así ha surgido una suerte de Lingua franca, que ha generado un vertiginoso desarrollo en los últimos años, modificando para el fin de siglo, el rostro severo de las ciudades y el mesurado comportamiento de las gentes. En el comercio convergen los tres tiempos fundamentales del ciudadano de hoy: el de lo doméstico, el del trabajo y el del esparcimiento. Aunque el hecho esencial de comprar y vender es el mismo desde la época del trueque colonial, lo que en nuestra época se ha modificado son las condiciones externas: sus espacios, la identidad de sus productos y su estética.

Los espacios comerciales de nuestro tiempo han generado en torno a esta idea central del consumo, nuevas perspectivas, que han venido a ampliar sus posibilidades utilitarias y estéticas, creando a la vez nuevos hábitos sociales. Si es cierto que estos nuevos espacios dan respuestas concretas relativas a la dinámica de fuerzas económicas y sociales del mercado, su éxito se basa en el hecho fundamental de responder a expectativas emocionales que los compradores pueden satisfacer allí. En ello inciden, significativamente, la calidad arquitectónica, el diseño interior y en general el lenguaje de la estética con sus expresiones de luz, forma y color puestos en función de la comunicación comercial a través de los espacios.

Colombia no es ajena al fenómeno y, con la personalidad que la caracteriza, ha sabido asimilarlo y expresarlo por medio de soluciones originales, hermosas y funcionales en relación con los espacios y los productos que exhibe. Este libro es una prueba de ello, y una afirmación de que, con profesionalismo y buen gusto, el impacto no siempre positivo del comercio en el espacio urbano y la vida contemporánea puede ser acogido con libertad, riqueza y modernidad dentro de una nueva utopía: la de una Babel feliz.

 

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