Flora de Los Andes

Cien especies del Altiplano Cundi-Boyacense

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Introducción


Persea americana MillerCassia velutina (Britton & Killip) García Barriga & Forero

 

Texto de: Eduardo Plata Rodríguez

Desde los albores mismos de la humanidad el colorido y proligidad de formas que ostenta la vegetación, hubieron de llamar la atención a los primitivos pueblos cazadores y recolectores que experimentaron a través de la percepción sensorial, placer estético ante la vistosidad o aromas de innumerables especies silvestres. Muy seguramente desde entonces se remonta el uso de flores, semillas, etc., como ornamento vinculado al atuendo personal o como dádiva u ofrenda.

Con el advenimiento de la agricultura y de regímenes de vida sedentaria muchas especies se incorporaron al cultivo como fuentes de alimentos o de materias primas, fármacos y otras muchas comenzaron a ser plantadas en las huertas caseras con propósitos de vincular más estrechamente a la vida cotidiana aquellas especies de valor ornamental.

Así pues, el origen de la jardinería es quizá, tan antiguo como la agricultura en general. En la América Precolombina ciertamente existió la jardinería incipiente o desarrollada por lo menos en culturas moderadamente avanzadas y desde luego en las civilizaciones prominentes.

Ciertos testimonios de los cronistas así lo indican y existen constancias del jardín Botánico y Zoológico que los Nahwatl Mexicas o Aztecas habían creado en la antigua Tenochtitian, hoy ciudad de México, y de la cual sobreviven por lo menos algunos árboles seculares tales como, Ahuehuetes o Sabinas (Taxodium mucronaturn) en el actual Parque de Chapultepec.

No conocemos, reseñas, aparte de aquellas plantas cultivadas como fuente de alimento de la composición de los huertos, las eras que existían entre los chibchas o muiscas, pobladores de los Andes de Boyacá y Cundinamarca; aún cuando dentro de ellas hay sobrados indicios de que hubieron de figurar especies tales como los borracheros (Datura spp.). Es posible también que las flores de plantas como las papas (Solanum phureja) y (Solanum tuberosa) ya que para la flor de estas plantas existía una denominación particular.

Desde 1.550 cuando jerónimo de Lebrón trajo a Santa Fé de Bogotá las primeras semillas de plantas cultivadas europeas, junto con casales de vacunos, gallinas, etc., pudieron haberse introducido algunas plantas de valor medicinal u ornamental, incluyendo algunas de manera accidental (semillas entremezcladas con el trigo) tales como el Ababol (Papaver rhoeas), el Digital o el Dedalera (Digitalis purpurea) que persisten hoy como subespontáneas.

Durante la época de la colonia ciertamente buen número de especies ornamentales fueron introducidas desde España y se sabe que Don Jorge Tadeo Lozano Maldonado y De Mendoza trajo de España alrededor de unas cien especies de plantas que fueron cultivadas con esmero en el jardín de la Casa Botánica (Sede de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, en Santa Fe de Bogotá). Ciertamente del periodo Colonial data la introducción de especies de valor ornamental tan apegadas a la idiosincracia española como los Novios (Pelargonium spp.), Los Rosales (Rosa spp.) el Mirto (Solanum pseudocapsicum), los Naranjos (Citrus aurantium) y (Citrus sinensis), las Azucenas (Lilium spp.), Violetas (Viola odorata), Nardo (Nardus stricta), Retamos (Cytissuss spp. y (Spartium junceum), Clavel (Dianthus caryophyllus), etc.

Paulatinamente durante el siglo pasado y en el actual se han venido introduciendo numerosas especies y cultivo de variedades de valor ornamental, tales como los Eucaliptos (Eucalyptus spp.) originarios de Australia; las Acacias (Acacia spp.) de igual origen; el Urapán o fresno (Fraxinus sinencis) originario de China; Alamos (Populus spp.) originario de Europa; plátano de jardín (Ensete vulgaris) originario de Etiopía; Sombrilla de Gitana o paraguas japonés (Euphorbia pulcherrima) originaria de México; Cipreses (Cupressus spp.) de diversas procedencias; Magnolias (Magnolia grandiflora) del oriente de USA; Pinos (Pinus spp.) diversas procedencias; Casuarina (Casuarina equisetifolia) de Australia, para no mencionar sino algunas de las especies de mayor porte, así como de numerosas especies subarbustivas y herbáceas de muy diversa procedencia.

Por otra parte de Colombia se ha introducido y viene introduciéndose a la jardinería mundial considerable número de especies. La introducción y difusión de especies ornamentales exóticas ha tenido ciertamente repercusiones positivas y así en la actualidad gran parte de las exportaciones de flores del país se basan en el cultivo de especies introducidas muy incrementada en los últimos años. Sinembargo en no muy pocas ocasiones un prurito extranjerizante y no excepto de "esnobismo" cuando no basado en la ignorancia de nuestros propios recursos y valores, ha conducido a una práctica demasiado frecuente cual es la de dar exagerada prestancia a las especies exóticas con neto detrimento de las nativas y del paisaje auténtico.

Así especies que fueron orgullo de los solares bogotanos y de haciendas de larga tradición histórica tales como los Nogales (Juglans spp.), el Cedro (Cedrela montana), Caucho (Ficus soatensis) Var. bogotensis, el Roble (Quercus humboldtii) la Palma de Cera (Ceroxylon quindiuense) y los Arrayanes (Myrtaceae), para no mencionar sino unos pocos de los que fueron emblemas de preciadas tradiciones; han venido convirtiéndose en verdaderas rarezas del conocimiento de los abuelos, puesto que por su edad han sucumbido sin ser renovados y hoy indiscriminadamente con la aludida inconciencia "esnobizante" en lugar de ser renovados y fomentados son suplantados, indiscriminada masiva y preferencial mente por unas pocas especies exóticas que luego lleva al empobrecimiento y desnaturalización creciente del paisaje, como una proyección de un colonialismo cultural que no se percibe y conmesura por lo general. A menudo como excusa para ello se aduce nuestra ignorancia acerca de la biología, ecología y muy particularmente los medios de propagación de las especies nativas. Y valga decirlo que el argumento no carece de veracidad (puesto que la indiferencia por los valores auténticos nos ha llevado a ir perdiéndolos paulatinamente de especies nativas de valor ornamental) y como complemento divulgativo necesario, la CAR, proyectó la elaboración y publicación del presente libro, adhiriéndose de manera efectiva a los planteamientos y metas del programa de la Segunda Expedición Botánica.

Las técnicas de propagación para las 100 especies de plantas ornamentales incluídas dentro del presente libro, son a menos que expresamente se anote lo contrario, el resultado de las investigaciones practicadas por los señores José Rafael Peña Segrera, Técnico Forestal y Olimpo Rodríguez Riaño, Viverista, ambos funcionarios de la CAR, en el Vivero de "La Mana" (Municipio de Chía, Vereda de Yerbabuena, Departamento de Cundinamarca), están consagrados en el tema de Propagación y Desarrollo de las especies de la presente publicación.

Cabe destacar además, el hecho de que algunas instituciones tales como el jardín Botánico "José Celestino Mutis" de Bogotá, y la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”, el INDERENA, Secretaría de Obras Públicas del Distrito Especial de Bogotá, así como el Club de jardinería de Bogotá y viveros particulares, han venido por su parte realizando esfuerzos en favor de la difusión de especies vegetales nativas del piso térmico frío y del subpáramo de los Andes de Boyacá y Cundinamarca, así como en cuanto a determinar métodos para su propagación.

Aspectos Geográficos y Ecológicos de Los Andes de Boyacá y Cundinamarca.

El presente libro versa sobre 100 especies vegetales de las cuales 87 son nativas y 13 exóticas o proceden de regiones alejadas del norte de la América del Sur. El presente estudio comprende las regiones conocidas como Sabana de Bogotá y los Valle de Ubaté‑ Chiquinquirá, Valle del Pómeca y Valle del Tundama, incluyendo las montañas que circundan y definen elevaciones desde unos 2.400 hasta 3.800 metros sobre el nivel del mar, de los Andes Orientales de Colombia, que administrativamente pertenecen al Departamento de Boyacá (Valles de Chiquinquirá, Pómeca y Tundama) Departamento de Cundinamarca (Sabana de Bogotá y Valle de Ubaté) y al Distrito Especial de Bogotá.

La orogénesis o levantamiento de esta Cordillera se remonta al Terciario, y a raíz de movimientos orogénicos del Mioceno, considerables tramos de esta Cordillera ya habían adquirido elevaciones significativas aunque parece que a lo sumo habrían alcanzado 2.000 m. de elevación (*)

Durante el Plioceno Medio y Superior se inicia una fase final muy activa del levantamiento de la Cordillera y a comienzos del Pleistoceno, esta fase había culminado. Concomitantes con el levantamiento de la cordillera ocurrieron diversos fenómenos de gran importancia como fueron la aparición de climas fríos, páramos y sectores nevados, lo cual favoreció la dispersión de especies, plantas y animales de tales climas que migraron desde otras regiones Andinas de alta montaña o durante las glaciaciones desde América del Norte y del Centro, así como la oportunidad de que elementos vegetales y animales de menores elevaciones pudiesen ocupar nuevos territorios de mayor altura y climas fríos, todo lo cual provocó procesos muy activos de dispersión natural y de diversificación de nuevas especies ante nuevos ambientes.

La migración o desplazamiento de elementos provenientes de América Central y América del Norte, durante el Plioceno fue favorecida por la constitución del Istmo de Panamá que al menos durante todo el Terciario (unos 60 millones de años) estuvo representado por una conexión libre entre el Océano Pacífico y el actual Mar Caribe.

De manera que la conexión terrestre entre América Central y América del Sur, data de apenas unos 45 millones de años. Esta conexión permitió un flujo recíproco de norte a sur y viceversa de elementos faunísticos y florísticos particularmente en América del Sur.

El levantamiento de la Cordillera Central parece haber sido más temprano, se discute aún la antiguedad del Macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Cordillera Occidental y los Andes de Ecuador, todavía tuvieron episodios orogénicos durante el Pleistoceno y la Cordillera de Mérida o Andes Venezolanos, tuvo su levantamiento más activo, durante el Pleistoceno.

El Pleistoceno se caracterizó por la alternancia de períodos climáticos fríos (con un descenso a nivel mundial de unos (6) grados centígrados de la temperatura media anual) y comparativamente áridos (vastas áreas actualmente con un clima húmedo se aridizaron mareadamente y la selva fue sustituída por sabanas o paisajes semi‑desérticos), el nivel del mar disminuyó hasta unos cien metros o más por debajo, del actual y las áreas montañosas de suficiente altura fueron cubiertas por casquetes de hielo, glaciares y nieves perpetuas, De estos períodos glaciares fríos se conocen cuatro (4) periodos principales en el mundo, de los cuales por lo menos los dos últimos, el Wisconsiniano o Wurmiense y el Riss por lo menos tuvieron enorme influencia de los Andes Colombianos. De estos dos períodos el Riss, parece haber sido el más severo, tanto que el límite inferior de las nieves perpetuas y glaciares descendió hasta unos 3.200 metros (el límite actual inferior de las nieves perpetuas se sitúa en los 4.800 metros) y por lo tanto el límite inferior del páramo revasó los límites de la región bajo estudio, es decir, que por entonces esta región presentaba un paisaje generalizado de páramo cuyo límite inferior desciende hasta unos 1.700 metros y los lagos de las actuales planicies descendieron fuertemente de nivel o tendieron a desecarse por la disminución de la pluviosidad, aún cuando el descenso de la temperatura disminuyó la evapotranspi ración.

Durante el Wisconsiniano el límite de las nieves perpetuas descendió hasta unos 3.600 m. y el del páramo hasta unos 2.000.

Estos periodos glaciares mostraron su mayor descenso de temperatura y pluviosidad, una vez alcanzaron la máxima extensión de los hielos. Los periodos glaciares alternaron con periodos interglaciares comparativamente cálidos (la temperatura a nivel mundial pudo ascender 2 a 4 oC por encima de la actual) y así tanto la precipitación como el nivel del mar se incrementaron con respecto a las actuales debido a la fusión de los casquetes de hielo. En los Andes los casquetes de hielo y nieve perpetua retrocedieron con respecto a los límites altitudinales recientes, el límite superior de los bosques aumentó unos 200‑300 m. por encima del actual; y los lagos de los altiplanos tuvieron mayor volumen de agua, aún cuando la evapotranspiración fue mayor que la de hoy.

La elevación Andina y el enfriamiento durante los periodos glaciales contribuyeron a crear condiciones favorables para la ocupación de nuevas áreas por parte de elementos faunísticos y florísticos provenientes de América del Norte, así por ejemplo el género Myrica invade la Cordillera Oriental hace aproximadamente 2'500.000 de años y Quercus hace 2'000.000 de años.

Durante las fases máximas de los periodos glaciales el paisaje regional puede visualizarse como una vasta área de páramos con lagos en proceso de colmatación en las actuales planicies, cimas cubiertas de nieve y glaciales que a manera de lenguetas descendían localmente hacia las orillas de los lagos y fajas de arenales producto de la erosión glacial situados en la zona de contacto entre las nieves perpetuas y la vegetación del páramo. Durante el Pleistoceno otro rasgo importante lo constituyó la fauna de grandes mamíferos herbívoros tales como: mastodontes de la familia Gomphotheriidae; toxodontes; perezosos gigantes; gliptodontes; macrauquenias, etc. y algunos grandes predadores tales como el "tigre de diente de sable" (Smitodon sp. y quizás osos como Arctodus sp.) Esta fauna al menos en gran parte alcanzó a ser contemporánea con las primeras hordas de pueblos cazadores que arribaron a la región hace 11.500 años o más, hacia fines del Pleistoceno, cuando el clima adquiría las características de un periodo interglacial, que corresponden al periodo actual u Holoceno.

El clima actual de la región se caracteriza por su temperatura media anual que oscila localmente entre unos 7 OC y 15 OC. dependiendo principalmente de la elevación sobre el nivel del mar, puesto que la temperatura tiende a decrecer en 0.6 OC. por cada aumento de 100 m. en la elevación sobre el nivel del mar. La región en general se halla afectada por heladas nocturnas, durante las cuales la temperatura ambiente puede disminuír varios grados bajo cero y se presentan en las planicies, usualmente en noches muy claras y despejadas. El régimen de lluvias característicamente muestra cuatro periódos sucesivos durante el año, un verano que puede extenderse desde diciembre hasta abril, que son meses de transición, un primer "invierno" que se prolonga desde abril hasta junio; un segundo verano o veranillo hacia julio y agosto y un segundo invierno que ocupa los restantes meses del año y alcanza su mayor intensidad hacia octubre. El promedio de lluvia anual en la mayor parte de las planicies se sitúa por debajo de los 1.000 m.m. reduciéndose hasta 500‑600 mm. pero en algunos sectores periféricos de la planicie y en las montañas la precipitación puede exceder considerablemente los 2000 mm.

En las montañas de la periferia es frecuente una alta incidencia de nieblas diurnas o nocturnas que compensan pérdidas de agua debidas a evapotranspiración.

Suelos

En la formación de los suelos de la llamada "Sabana de Bogotá" actuaron cambios drásticos del clima, fenómenos de acumulación de materiales en condiciones lacustres, aportes de cenizas volcánicas procedentes de la Cordillera Central, y desecamiento gradual del gran lago sabanero que de acuerdo a la leyenda indígena perdió sus aguas cuando Bochica o Nemqueteba realizó el acto trascendental de desaguarla y formar la cascada del Tequendama, salvando en esta forma a los indios de las "inundaciones". Los suelos de la parte montañosa que rodean la zona plana o planicie se desarrollaron además de lo mencionado, también por areniscas, arcillas y otros materiales propios de la Cordillera Oriental.

En reciente estudio, elaborado por el Instituto Geográfico "Agustín Codazzi" (1976) sobre los suelos de la Sabana de Bogotá, dividió la Sabana y sus alrededores en familias de suelos para zona plana y zona montañosa. Estas familias fueron de acuerdo a las características comunes e importantes para su utilización y manejo.

Los suelos de la parte plana se agruparon en tres familias, denominadas Río Bogotá, Techo y Tibaitatá. La primera agrupa suelos arcillosos, mal drenados, aptos para ganadería extensiva. La familia Techo, agrupa suelos con una capa arcillosa compactada que limita la penetración radicular, aptos preferemente para trigo y cebada, y los de la familia Tibaitatá, son ricos en materia orgánica, siendo los mejores suelos de la Sabana para la producción intensiva de cultivos y pastos. Adecualido y aplicando prácticas especiales para las familias anteriores, sus suelos presentarían condiciones más favorables en su uso y manejo.

Los suelos de la zona quebrada, se agruparon en tres familias denominadas Cabrera, Bojacá y Monserrate. La primera corresponde a suelos generalmente ricos en materia orgánica con áreas de suelos orgánicos, principalmente en el páramo, en condiciones muy quebradas el uso adecuado es el de conservación de la vegetación natural o revegetación y reforestación. Los suelos de la familia Bojacá, son muy erosionados y tienen una capa arcillosa compactada que limita la penetración de las raíces de las plantas; se recomienda conservar la vegetación natural y emprender campañas de recuperación de suelos integrada con planes de reforestación. La familia Monserrate presenta suelos muy quebrados o escarpados superficiales con afloramientos rocosos para los cuales se recomienda conservar la vegetación natural con el fin de evitar la erosión y mantener la belleza del paisaje.

A esta clasificación de tierras, es necesario tener en cuenta la extensión de los asentamientos humanos, con áreas urbanas que ocupan aproximadamente el 3.5% de la superficie sabanera y el 1.5% restante corresponde a pequeñas lagunas naturales y artificiales distribuídas en toda la región.

Debido al sinnúmero de daños ecológicos que está sufriendo esta riqueza natural, como el relacionado con el avance constante y acelerado de la ciudad de Bogotá; todas las personas y entidades privadas que de una u otra forma, están incidiendo en este atentado ecológico de la mala utilización del recurso suelo, deben emprender una tarea urgente para defender ese gran sistema ecológico de la Sabana de Bogotá y sus alrededores; y colaborar con la en sus programas de protección y utilización racional de los recursos naturales renovables.

Vegetación natural

Para un observador desprevenido el paisaje predominante de las planicies de origen lacustre resulta por demás engañoso, en cuanto a la vegetación y paisaje originales que tradicionalmente han sido consideradas impropiamente como sabanas y de hecho se habla de la "Sabana" de Bogotá

Aunando diversas líneas de información puede intentarse un esquema sinóptico de la vegetación natural de la región, así:

Vegetación lacustre y de pantano de las planicies

Aún en el momento de la conquista persistían vastos sectores de lagunas, vestigios de los antiguos lagos pleistocénicos, que originaron las planicies. Estas lagunas, de poca profundidad ocupaban considerablemente parte del altiplano de Bogotá y de ellos apenas hoy persisten reliquias como la Laguna de Suesca. Aún cuando hasta hace pocos años el río Bogotá presentaba amplias orlas pantanosas. Para dar una idea de la magnitud de estas lagunas, basta citar que todavía a finales del Siglo XVIII, para viajar a la Mesa de Juan Díaz, los viajeros después de cruzar una chucua mediante el puente que sobre esta hizo construír el oidor Aranda, hoy Puente Aranda, era necesario embarcarse en una balsa para atravesar tres leguas de pantanos y lagunas marginales al río; para desembarcar luego cerca de Canoas al sur de la desembocadura del Río Balsillas y tomar el camino real que desde la Hacienda de Fute por el boquerón de Barro Blanco, conduce a la Hacienda de Tena y de allí a la Mesa.

La inmensa mayoría de estos pantanos y lagunas han sido desecados. La vegetación marginal se caracterizó principalmente por juncales de Scirpus californicus y eneales de Typha sp., circundados por bosques de turberas dominados por Alisos (Alnus jorullensis) o Rodamontes (Escallonia myrtilloides) de los cuales apenas si quedan algunas trazas. En los Valles de Ubaté‑Chiquinquirá, existieron condiciones similares pero aún persisten las Lagunas de Cucunubá y Fúquene, ésta última aún cuando considerablemente mermada y degradada todavía es el mayor espejo de agua que existe en los Altiplanos de Boyacá y Cundinamarca. En el Valle de Tundama apenas persisten escasos vestigios del área pantanosa original y en las inundaciones de los termales de Paipa existe un interesante enclave de priantas halófitas con Sporobolus virginianus.

Matorrales, bosques y pastizales de suelos con clay‑pan.

Se caracterizan porque típicamente aparecen en suelos de las series Techo y Bojacá. La cobertura vegetal original parece haber consistido matorrales y bosques bajos más o menos densos interrumpidos localmente por enclaves de pastizales tales como Eragróstis sp., Bauteloua simplex, Andropogon sp., Esporobolus sp. y una criptógama rastrera reviviscente (Selaginella qsellowii) y otras especies herbáceas de pequeño porte como Evolvulus bogotensis, Euphorbia orbiculata, Hypoxis decumbens, Cuphea sp. y varias otras geófitas, caméfitas y rastreras. Dentro del elemento leñoso descollaron el hayuelo (Dodonea viscosa), el dividivi de tierra fría (Caesalpinia spinosa), tunas (Opuntia spp.), gurrubo (Solanum lycioides), jarilla (Stevia lucida) y Eupatorium leivense), velero (Salvia bogotensis), etc. Existen algunas epífitas tales como Tillandsia incarnata y Tillandsia usneoides, líquenes y musgos y en sitios rocosos se agrupan fiques (Fourcrea sp.) y una especie de Agave. Este tipo de comunidades ocupaba sectores de planicie en enclaves de extensión variable e inclusive cerros adyacentes en áreas tales como el extremo sur de la Sabana de Bogotá (entre Tunjuelito y Soacha, y entre Fute y Bogotá) la región de Villa de Leyva, sectores locales en el Valle del Tundama y el Sector Sur del Valle de Ubaté. La mayor parte de estas comunidades se hallan severamente degradas por eliminación de los estratos arbóreos, erosión acelerada en cárcavas, sobre pastoreo, ramoneo y pisoteo de ganado, extracción de arena y piedra arenisca. Algunos de estos sectores fueron dedicados a cultivos de trigo pero hoy han sido abandonados por factores erosivos. Estas comunidades pueden aparecer con variaciones locales, por ejemplo incluyendo dos notables especies de cactáceas (Melocactus sp.) y (Mammillaria bogotensis) en la región de Villa de Leyva, o especies de Baccharis por ejemplo Bacéharis cassineaefolia puede ocupar posición preponderante y en algunos sectores del Valle de Ubaté, el chiripique (Dalea caerulea) puede constituír matorrales densos. Florísticamente estas comunidades tienen un enorme interés científico tanto por su composición como por su origen de relaciones biogeográficas.

Bosque húmedo de las planicies

Exceptuando los sectores pantanosos y de turberas así como los ocupados por las comunidades precedentes, este tipo de bosque ocupaba los suelos negros de las planicies, se trata de comunidades o complejo de comunidades con arbolado de unos 10‑12 m. (posiblemente en condiciones originales el docel excedía considerablemente esta altura) en los cuales se destacaba como especie emergente el cedro (Cedrela montana). Corresponde a bosques muy heterogéneos con elementos tales como palo blanco (llex kunthiana), cerezo (Prunus serotina subsp. capuli), gaque (Clusia sp.), raque (Vallea stipularis), (Verbesina crussifolia), espinos (Durantha mutissi y Xylosma spiculifera), romero (Diplostephium rosmarinifolium), sangregaos (Croton sp.), té de Bogotá (Symplocos theiformis), pegamoscos (Befaria ledifolia), duraznillo (Abatia parviflora), mortiños (Hesperomeles goudotiana y Hesperomeles heterophylla), encenillo (Weinmannia tomentosa), uvas (Cavendishia cordifolia y Macleania rupestris), Gualtheria spp., reventadera (Pernettya prostrata),,Arcytophyllum spp., coralitos (Gomosia granadensis), Gaglusacia buxfolia, Somarea sp., curubos (Passiflora spp.), gulupo (Passiflora pinnatistipula), similax tormentosa, salpichroa tristis, Salvia spp, cucubo (Solanum oblongifolium), moras (Rubus spp.), Citharexylon subflavescens, Viburnum tinoides, aliso (Alnus jorullensis), cordoncillós (Piper artanthe y Piper bogotense), abundantes helechos, musgos y epífitas. Además localmente estos bosques parecen haber incluido palmas de cera

Bosques de las laderas

De acuerdo con la elevación sobre el nivel del mar, la temperatura ambiente, grado de exposición al viento, radiación solar, topografía, pluviosidad, frecuencia de nieblas y características de los suelos, la composición florística y estructura de estos bosques varía notablemente. A juzgar por los actuales remanentes de bosques e información complementaria, parecen haber existido algunos tipos principales de bosques en la región, como: Robledales. Bosques con dominio de robles (Quercus humboldtii) con elevada frecuencia de nieblas. y bosques con dominio de encenillos (Weinmannia tomentosa).

 

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