Historia de la Fotografía en Colombia

Museo de Arte Moderno de Bogotá

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El daguerrotipo en la Nueva Granada

ATRIBUIDO A LA GALERIA DEL
DAGUERROTIPO.
José Joaquín Mosquera. 1848c. Daguerrotipo.
16.1 x 14.6 cm.
Colección Museo Nacional, Bogotá.ANONIMO. Retrato masculino. 1852c. Daguerrotipo. 8.2 x 7.0 cm. Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. 1850c. Daguerrotipo. 8.3 x 7.0 cm. Propiedad particular, BogotáJOHN A. BENNET.  Francisco Javier Zaldúa. 1850c. Daguerrotipo. 14.0 x 11.0 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.ATRIBUIDO A LA GALERIA DEL DAGUERROTIPO. José María Melo. 1850c. Daguerrotipo. 13.6 x 10.5 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.ANONIMO.
Manuel María de castro Uricoechea.
1858C.
Daguerrotipo. 8.2 x 6.8 cm.
Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Joaquín París. 1855c. Daguerrotipo 10.7 X 8.0 cm. Colección Museo 20 de Julio, Bogotá.ANONIMO. Juan y Josefa Sordo. 1855c. Daguerrotipo. 10.8 X 8.3 cm. colección Museo 20 de Julio, Bogotá.ANONIMO. Antonio de Castro Casals. 1858C. Daguerrotipo. 10. 1 x 8.2 cm. Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Enriqueta Pérez. Bogotá. 1848c. Daguerrotipo. S. 1 x 7.0 cm. JOHN A. BENNET. José María Obando. 1850c. Daguerrotipo. 9.8 x 7.9 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.ANONIMO. Simona Arango de Botero. 1860c. Daguerrotipo.
14.0 X 10.2 cm.
Propiedad Félix Tisnés, Bogotá.JOHN A. BENNET. Antonio de Castro Uricoechea. Bogotá. 1850, Daguerrotipo, 10. 1 x 8.6 cm. Propiedad Guillermo Hernández de Alba, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. Bogotá. 1850C. Daguerrotipo. 6.9 X S. 1 cm. Propiedad Mauricio Villaveces, Bogotá.ANONIMO. Juliana Uricoechea de Castro. Bogotá. 180c. 8.0 x 6.7 cm. Daguerrotipo. Propiedad Guillermo Hernández de Alba, Bogotá.ANONIMO.	
José Eustorgio Salgar. Bogotá. 1850c.
Daguerrotipo. 8.3 x 6.8 cm.
Propiedad Jorge Langlais, Bogotá.ANONIMO. José Joaquín Jaramillo Londoño. 1860c. Daguerrotipo. 10.8 x 8.3 cm. Propiedad Félix Tisnés, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. 1852c. Daguerrotipo. 8.3 x 7.0 cm. Propiedad Beatriz de Téllez, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. 1850c. Daguerrotipo. 8.2 x 7.0 cm. Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Alejandro Fraser. 1858c. Daguerrotipo. 8.4 x 7.2 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.JOHN A. BENNET. José María Montoya. Bogotá. 1855c. Daguerrotipo. 13.8 x 10.8 cm. Propiedad Mauricio Villaveces, Bogotá.ANONIMO. Julio Quevedo Arvelo, 1860c. 
Daguerrotipo.
10.7 X 7.7 cm. Propiedad Miguel H. Rozo, Zipaquirá. JOHN A. BENNET. Mariano Ospina Rodríguez. 1848c. Daguerrotipo, 10.0 x 8.0 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.JOHN A. BENNET. Mercedes Manrique de Ibáñez. 1848c. Daguerrotipo. 8.0 x 6.8 cm. Colección Museo 20 de Julio, Bogotá.ANONIMO. Julio Arboleda. 1858c. Daguerrotipo. 8.3 x 6.8 cm. Colección Museo Nacional, Bogotá.JOHN A. BENNET. Retrato masculino. 1855C. Daguerrotipo 7.9 x 6.8 cm. Propiedad particular, Bogotá.THOMAS HELSBY.
Andrés Bello. 1854C.
Daguerrotipo. 10.2 X 7.6 cm.
Colección Museo Nacional, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. 1858c. Daguerrotipo. 10.6 X 51cm.
 Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Retrato masculino. 1858c. Daguerrotipo. 8.3 X 6.9 cm.
 Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Liboria de Ibáñez. 1858C. Daguerrotipo. 8.2 X 7.0. cm.
 Colección Museo 20 de Julio, Bogotá.ANONIMO. Retrato masculino. 1855c. Daguerrotipo. 10.8 X 8.2 cm. Propiedad particular, Bogotá.ANONIMO. Retrato femenino. 1858C. Daguerrotipo. 8.3 X 7.0 cm.
 Colección Museo 20 de Julio, Bogotá.

Texto de: Eduardo Serrano

La Nueva Granada era un país que no alcanzaba los dos millones de habitantes y su capital era apenas una aldea grande cuando, gracias en parte a los pioneros experimentos del Barón Gros y Luis García Hevia, el daguerrotipo empieza a extenderse y a multiplicarse en su territorio.

Es cierto, por ejemplo, que en la década que se inicia en 1840 el país comienza a estructurarse con medidas tan urgentes como la elaboración de una nueva constitución y de un código pena, y con la reforma del sistema monetario que permanecía intacto desde la Gran Colombia. También es cierto que en ese lapso se incrementó la navegación en el Magdalena y se abrieron o acondicionaron algunos caminos y carreteras que facilitaron un poco las comunicaciones entre las distintas províncias y con el exterior. Y no hay duda que hubo en esos años algunos otros signos de progreso, especialmente en Bogotá, en donde se dió comienzo a la construcción de Capitolio Nacional y a la presentación de exposiciones para el fomento de incipientes industrias locales como la siderúrgica de Pacho y como las fábricas de papel, sombreros, vidrio y loza.

No es por ello menos cierto, sin embargo, que a lo largo de decenio el país continuó siendo gobernado por una clase terrateniente y esclavista orientada a proteger sus propios intereses; que la guerra civil (de Los Conventos o de Los Supremos) así como diversas revueltas regionales e intrigas citadinas mantuvieron una inquietud política constante y un estado económico precario; y que Bogotá era entonces una población cuyo provincianismo llamaba vivamente la atención de los cronistas mientras que su mendicidad apabullante les suscitaba deprimentes comentarios1.

Pues bien, a ese país apenas conformándose (que mantiene buena parte de sus estructuras coloniales y en el cual, como hemos visto comienzan a surgir los primeros brotes artísticos románticos) así como a su capital (sin alumbrado público ni cañerías2) y a otras ciudades igualmente provincianas, comienzan a llegar, poco tiempo después que el Barón Gros y García Hevia iniciaran sus ensayos con la cámara, los primeros daguerrotipístas viajeros ciudadanos por lo regular europeos y norteamericanos que recorren SurAm?érica; bien en busca de ingresos económicos mediante una temprana explotación del invento de Daguerre; o bien, sencillamente, en busca de registros, documentos, conocimientos y aventura.

Poco después de difundido el invento de daguerrotipo, por ejemplo, diversas casas editoras europeas, con miras a publicar libros de viajes, enviaron a distintas regiones de viejo y nuevo mundo a jóvenes artistas interesados en documentar sus experiencias por medio de la cámara3. Es posible, por lo tanto, que algunos de ellos hubieran llegado hasta el País y tomado algunas vistas. Y es sabido que varios dibujantes y pintores así como exploradores y escritores que vinieron a mediados de siglo XIX, realizaron u ordenaron tomas fotográficas aún cuando no muchos por el medio daguerriano, cuyo auge que en la Nueva Granada llega a extenderse significativamente no pasa de veinte años.

La mayoría de los daguerrotipistas extranjeros, sin embargo, instala en los centros más poblados y por unos cuantos meses estudios de retrato frecuentados por la clase alta granadina que era la única que podía darse el lujo de invertir diez pesos en un daguerrotipo (como resulta fácil comprender si se tiene en cuenta que aun existía la esclavitud, que una cocinera o costurera devengaba alrededor de un peso mensualmente, que una arroba de azúcar valía un peso y dos reales, y que una casa costaba entre 450 y 1500 pesos en ese entonces4). En dichos centros temporales se fotografiaron por primera vez gobernantes del país como Joaquín Mosquera, José María Obando, Tomás Cipriano de Mosquera y José María Melo entre otros. En ellos se mostraron y vendieron vistas de ciudades y retratos de prohombres extranjeros. Y entre ellos, finalmente, se dió inicio a una agresiva competencia comercial sin mayor antecedente en la historia del país y de la cual queda un buen registro en los avisos imaginativos y por lo regular exagerados que se publicaron en la prensa.

Aún cuando el precio del daguerrotipo se haría más accesible con el tiempo, y aún cuando el descubrimiento se modificaría y perfeccionaría rápidamente, la siguiente descripción, publicada en El Observador de Bogotá apenas unos meses después de revelado el invento por la Academia de Ciencias de Francia, resulta un resumen certero del proceso daguerriano, y por lo tanto, del procedimiento que debieron seguir los primeros daguerrotipistas viajeros que se desempeñaron en la Nueva Granada:

Se toma una lámina de cobre forrada de plata, no simplemente plateada, sino lo que llaman en Francia plaquée. Esta se restrega suavemente en todos las direcciones con aceite de oliva y con polvo muy tenue de piedra pómez. Luego se frota con ácido n'trico dilatado en diez y seis partes de agua. La operación se repite después de haber calentado ligeramente la lámina con la plata para arriba, por medio de un bracero o de una lámpara. Hecho ésto se cierran los ventanas de la pieza, y colocando yodo en una coja se expone la lámina preparada como hemos indicado al vapor de esta sustancia, que a la temperatura ordinaria despide suficiente cantidad de vapor bien entendido que esta vez lo plata es la que debe recibir el vapor. Cuando ya la lámina ha adquirido un tinte dorado, o más bien semejante al del cobre amarillo, lo que sucede al cabo de unos veinte minutos, se fija en el lugar de la cámara oscura en donde se pintan los objetos, y se coloca ésta frente del lugar cuya perspectiva se deseo. Según la estación, la fuerza del sol, etc., se graba el paisaje en más o menos tiempo desde 8 hasta 20 minutos.

Retírase después la lámina que no manifiesta todavía señal de dibujo, y exponiéndola al vapor de mercurio con una inclinación de 45 grados, aparece entonces en todo su perfección la perspectiva con las luces y sus sombras, sin que falte una sola línea de los objetos fijos, por imperceptible que sea a la simple vista.

Se lava entonces la lámina con agua pura caliente, o con una disolución de hiposulfato de soda, y entonces ya queda inalterable a la impresión de la luz. El mercurio, a cuyo vapor se expone la lámina debe calentarse a 65 grados centígrados5.

Poco después en Europa y los Estados Unidos se redujo el tiempo de exposición disminuyendo el tamaño de las placas y empleando químicos más rápidos, lo cual permitió dar principio al retrato fotográfico; y se introdujeron mejoras en las lentes así como prismas que hicieron que la imagen que era directamente positiva pudiera verse en su correcta posición y no invertida lateralmente6. Al respecto cabe recordar que el daguerrotipo de la Calle del Observatorio, realizado en 1842 en Bogotá por el Barón Gros, no sólo tuvo una exposición de apenas 47 segundos, sino que es claro en sus detalles y muestra las montañas en el sentido que les corresponde, lo cual hace muy posible que para ese entonces el Barón trabajara con equipos de reciente importación y que conociera un buen número de las últimas innovaciones técnicas.

Cuenta Helmut Gernsheim en su Historia de la Fotografía que entre los implementos del daguerrotipista viajero figuraban una (o varias) cajas de placas, un tarro con yodo, otro con mercurio, una lámpara o mechero para calentar el mercurio y producir sus vapores, algunos platos, distintos materiales para el pulimento de las placas y varias botellas con diversos químicos. Desde muy temprano, no obstante, se inventó una cámara que podía ser empacada con todos los implementos en una caja de madera que pesaba un total de 35 libras, lo cual, por supuesto, facilitó su desplazamiento, inclusive en estas tierras en donde según los cronistas había numerosos cargueros humanos dispuestos para su transporte7.

El primer daguerrotipista viajero cuya labor quedó registrada en la Nueva Granada fue F. Goni (quien podría ser el mismo Francisco Goñiz que se encontraba trabajando en Caracas algunos meses antes, o el mismo Goñi que figura con artistas e intelectuales granadinos como colaborador del periódico El Duende cuatro años después8). Aún cuando no ha sido posible identificar ninguna de sus obras, se sabe que prefería hacer retratos de más de medio cuerpo, y que los entregaba en las populares cajas de tafilete, las cuales, siendo el primer fotógrafo comercial en nuestro medio, también fue el primero en anunciar y promover en el país9.

Estas cajas o estuches venían por lo regular en tamaños coincidentes con los de las placas (5 X 6.5 CM., 7 X 8.5 CM., 10 X 7.5 CM. Y 1 1.5 x 8.5 CM). Eran de madera cubierta en su exterior por un fino cuero repujado en elaborados diseños que incluían ramos y guirnaldas de flores. En su interior se colocaba el daguerrotipo protegido por un marco metálico dorado con frecuencia ovalado y también con diseños por el vidrio, por un sello de papel, y por otro marco delgado y también dorado que unía los anteriores elementos en su correcta posición. El interior de la tapa se forraba generalmente con un terciopelo monocromo, a veces liso y a veces dibujado, en el cual se encontraba en algunas ocasiones la firma de autor. La presentación de las cajas habría de variar posteriormente algunas incluirían incrustaciones y otros tipos de adornos; y nuevos materiales (entre ellos uno producido con aserrín y laca y con dibujos similares a los del repujado en cuero) remplazarían en parte a los descritos.

En 1846 E. Sage anunciaba en Bogotá un nuevo estudio de daguerrotipia enfatizando que retrataba en colores. Sobre su trabajo aparece la siguiente apreciación en la prensa la cual permite comprender la admiración, todavía un poco ingenua, que el procedimiento despertaba en la Nueva Granada:

Hemos visto varios de los retratos hechos por medio de aparato que posee en esta capital (calle de los Plateros) el Sr., E. Sage, y no podernos menos que recomendar a los habitantes de Bogotá la habilidad de este señor. La semejanza es perfecta, no dejo qué desear, y el auxilio de colorido, que antes no se había logrado, completan la perfección. No dudamos que el Sr. Sage tendrá que ejecutar muchos retratos antes de irse, pues son muchos las personas que apetecen tener su propia imagen o la de personas que le interesan; y aprovecharán la oportunidad de adquirir copias fieles al módico Precio de ocho pesos, y en una caja de gusto10.

Los colores, generalmente tenues, eran aplicados posteriormente con gran cuidado y meticulosidad dada la fragilidad de las superficies. Muchos de los primeros daguerrotipistas como hemos visto y veremos más adelante eran pintores, lo cual contribuyó notablemente a la delicadeza y encanto de estos primeros retratos.

Un año después, en 1847, Federico Martiner, llegado recientemente de Francia y de los Estados Unidos, tiene el gusto de anunciar al público de Bogotá que ha logrado reproducir la imagen completamente a la sombra sin el exclusivo auxilio del sol (lo cual era posible por el descubrimiento de nuevos productos químicos que aceleraban el revelado de las placas). El precio de un daguerrotipo había bajado en ese entonces hasta cuatro pesos, habiendo ya comenzado la competencia publicitaria propia de un oficio cuyos cultores se multiplicaban diariamente. Pudo haber, por ejemplo, algo de competencia desleal en un rumor que Martiner se vió obligado a corregir con la siguiente aclaración:

Algunas personas han publicado inocentemente o para perjudicarme que había vendido mi surtido del daguerrotipo, aviso al público que es entera mente falso y que al contrario sigo con mejor éxito y perfección que nunca11.

Los daguerrotipistas viajeros, desde luego, no se circunscribieron a la capital. En Santa Marta, por ejemplo, trabajó en 1848 Alejandro Lacoinie quien ofrecía retratar en la casa del cliente y quien dió inicio en el país a la lúgubre tradición en buena hora interrumpida de retratar a los difuntos12. Por la misma época, en Cali, Montgomery y Federíco, afirmaban (como lo harían todos en uno u otro momento) que sus obras eran las mejores por su perfección que hasta entonces se hubieran conocido. No obstante, una enfermedad (seguramente de las llamadas tropicales, las cuales se contaban entre los numerosos riesgos que tenían que afrontar los daguerrofipistas viajeros) obligó a los dos últimos caballeros a posponer por un breve lapso la apertura de su estudío.13

En Medellín, por otra parte, se encontraba a la sazón Emilio Herbrüger, ciudadano alemán proveniente de Cuba, México, América central y los Estados Unidos, país este último donde había obtenido un premio como retratista. Herbrüger utilizó el primer anuncio sobre, sus trabajos en daguerrotipo los cuales producía en dimensiones poco comunes para poner a la venta una serie de objetos relacionados con éstos y tambíen para ofrecer sus servicios como profesor y compositor de música:

Los diversos tamaños, desde pequeño para anillo hasta cuadros de dos pies de circunferencia son sacados por tres distintas máquinas, que corresponden con los precios desde cuatro pesos hasta doce en cuadros y cajetas; y diez pesos hasta veinte pesos en alfileres y relicarios dorados y de oro fino, dobles y sueltos.

En su tránsito temporal también enseñará por principios, música en todos sus ramos; a saber. todos los instrumentos de cuerda y viento, sociedades filarmón leas, bandas militares y de concierto y compone música en cualquier forma de armoníal4.

Herbrüger además de ser el primer daguerrotipisla viajero que ofrece retratar grupos (hasta de ocho personas) en una sola planchal5, es también el primero que permanece definitivamente en la Nueva Granada radicándose, después de trabajar también en Bogotá y Cali, en Panamá, en donde su hijo continuaría con su oficio (un hecho que se repite con regularidad en la profesión fotográfica, especialmente en el siglo pasado.

Otros daguerrotipistas concentrados en la especialidad del retrato que llegaron al país por la misma época y sobre cuya labor se ha encontrado algún documento o ejemplo son, Thomas HeIsby? (quien también trabajó en Argentina, México y Chílel6 y de quien se conserva un importante retrato de Andrés Bello en el Museo Nacional de Colombia) y el artista español Rafael Roca, conocido también como miniaturista, No sobra reiterar que cada uno de estos viajeros iba trayendo consigo algo nuevo para incrementar el atractivo de sus trabajos, introduciendo en tal forma en la Nueva Granada, no sólo diversos implementos aledaños a la fotografía, sino principalmente las innovaciones técnicas que se iban produciendo en Europa y Estados Unidos.

Entre los daguerrotipistas viajeros que permanecieron más tiempo en la Nueva Granada se cuenta también, por supuesto, el norteamericano John Armstrong Bennet (se firmaba Juan en América Latina), quien como se vió en el capítulo anterior, fundó en Bogotá la primera Galería de Daguerrotipo realizando una importante labor tanto en la difusión de este medio como en la popularización de retrato. Bennet, además, protagonizó en la capital algunos incidentes de interés histórico, los cuales ilustran sobre el status del fotógrafo en la sociedad granadina, así como sobre el comportamiento de algunas legaciones extranjeras durante las continuas guerras y revueltas que sacudieron al país a mediados de siglo XIX.

Bennet había ya ejercido con éxito la profesión de la daguerrotipia en Mobile (Alabama) y también en Buenos Aires y Montevideo, cuando llegó a Bogotá a comienzos de 1848. Poco tiempo después de su arribo abriría, aparte de la Galería, un almacén de diversos artículos de importación, Y así como otros daguerrotipistas viajeros, con el objetivo de aumentar su clientela habían garantizado el parecido, enfatizado el tamaño de sus placas, ofrecido sus servicios para daguerrotipar a los muertos, etc., Bennet apela al consejo y a la persuasión vía el cariño a parientes y amigos con el mismo fin. Esta estrategia comercial queda establecida desde su primer remitido de prensa en el cual afirma:

¡Oh que no daría yo por una imagen tal de mi amigo! es la exclamación que pierde ahora la mitad de su fuerza, y que ninguno, sino los más culpables pueden emplear, puesto que el precio de estas pinturas no debe ser una barrera para que hasta los más pobres obtengan una prenda tan deseable y consolatorial7.

Más adelante llegaría a afirmar con premeditado pesimismo, que es urgente guardar los retratos de los allegados pues palpamos diariamente la incertidumbre de la vida, y el que hoy brinda salud, mañana puede ser alimento de gusanos18.

Bennet, por otra parte, aprovecha la temprana fama que Estados Unidos adquiere en el campo de la daguerrotipiAl9 para proclamar que sus retratos Son superiores a los que sacan en Europa; y se permite también orientar permanentemente a los clientes sobre la ropa que deben usar para el mejor resultado de sus daguerrotipos:

Se recomienda a las señoras que se vistan con telas pintados oscuras, evitando el blanco o el azul claro; las sedas negras y rasos son preferibles, porque hacen las más ricas pinturas.

A los caballeros se les recomienda una casaca negra, una corbata labrada puesta de modo que no descubra mucho el pecho.

Para los niños vestidos plegados, rayados o labrados. Los rizos añaden mucha belleza a los retratos20.

Herbrüger habría de comentar 0posteriormente sobre estos consejos de Bennet con las siguientes palabras:

En mi establecimiento no se necesita que el traje sea de seda negra, circunstancia que exigen otros artistas, y muy especialmente el de las señoras. El traje color café, el amarillo, el verde, el violeta, el morado, etc., producen un efecto muy hermoso. Los trajes de terciopelo son indisputable mente los que mejor efecto causan en los retratos al daguerrotipo. El traje negro es muy bueno, pero si es de seda lustrosa, resulta que sale el traje blanquecino en las partes en que la luz le da más directamente. Los trajes blancos son los únicos que no son a propósito para esta clase de retratos, pero a los azules o color de rosa, puede con el pincel dárseles su verdadero colorido21.

No hay duda que tanto Bennet como sus colegas disfrutaron de un próspero oficio en la Nueva Granada. Se había iniciado la era de lo que algunos autores califican como daguerromanía; y cada vez un publico más numeroso aunque todavía únicamente de la clase alta económica acudúa gustoso a la galería o al estudio, debidamente trajeado para la ocasión, y con la firme intención de obtener su retrato. No sería extraño, por consiguiente, que esta situación hubiera influido para que Bennet, un comerciante sagaz, encargara a otros fotógrafos de manejo de su establecimiento durante algunos de sus viajes a los Estados Unidos.

Además, se estaba dando entonces comienzo a otra década, la de los años cincuenta, y si bien es cierto que con ella vendrían sangrientas guerras civiles que sumirían en angustiosos lapsos a la capital y a las provincias, también es cierto que una serie de medidas gubernamental les así como una Nueva Constitución (1853) transformarían rápidamente la fisonomía de la República. Se decretaría la libertad de los esclavos, se consolidarían los partidos políticos recién definidos, se sancionaría la separación entre Iglesia y Estado y se otorgaría más poder tanto al Congreso como a las provincias. Al mismo tiempo, el país adecuaría su economía a nuevas circunstancias internacionales dando inicio a la explotación de algunos productos agrícolas y a la importación de artículos manufacturados (como cámaras de daguerrotipo); mientras que una empresa como la Comisión Corográfica de importancia política, científica y artística en la historia colombiana, estimularía la idea de documentar visualmente la vida y territorios del país. En todo ello, la fotografía habria de encontrar un campo propicio para su expansión y desarrollo.

Bennet vendió la Galería del Daguerrotipo al partir, en mayo de 1849, después de cambiar intempestivamente su proyecto de visitar Medellín por un viaje a su país; y se la vendió precisamente a Enrique Price quien, tres años más tarde, se desempeñaría como dibujante de la Comisión Corográfica. Price era un joven comerciante de origen inglés, radicado en Bogotá desde 1841, y quien, además de practicar la pintura, era aficionado a la música, siendo claro que para ese entonces ya había trabajado durante algún tiempo en la daguerrotipia22. Pero su de sempeño en la fotografía como en el caso del artista José Gabriel Tatis quien por esa época también practicó la daguerrotipia en la capital, aun que no por mucho tiempo a juzgar por los comentarios de José María Ibáñez y por sus avisos de prensa23 no se ve reflejada en sus retratos pictóricos los cuales revelan más bien cierta ingenuidad en su aproximación al rostro y a la figura humana.

Price fue dueño y manejó la galería por espacio de nueve meses, hasta enero de 1850 cuando Bennet, quien había regresado, la compró de vuelta refaccionándola para hacer sus salas más cómodas y agradables que anteriormente24. En agosto del mismo año, no obstante, Bennet publicó el siguiente remitido de prensa, el cual deja ver que las cosas, a pesar de su astucia comercial y de la promisoria situación del país, no siempre marchaban como le hubiera gustado:

Hay muchas personas de delicadeza escasa, que se han hecho retratar y han dejado los retratos en mi galería sin pagarlos, y en quienes ningún efecto ha producido la oferta que hice en días pasados por la imprenta de publicar sus nombres y hacer una venduta de sus retratos. Tal vez creen que me hacen un favor figurando en mí galería, pero no quiero disfrutar de él, porque sólo atiendo a que me hacen perder miserablemente el tiempo y gastar en balde mis planchas, cajas y reactivos químicos25.

En 1851, en plena guerra civil la cual se había desatado en parte como reacción contra algunas de las medidas gubernamentales previamente mencionadas26 Bennet volvió a viajar a NorteAm?érica de donde regresó, como de costumbre, al poco tiempo y con nuevos y más avanzados equipos para la galería. Es sólo hasta marzo de 1853, sin embargo, que García Hevia como se vió en el capítulo anterior se hizo cargo de este establecimiento, el cual, en una especie de juego de toma y dame, Bennet recuperaría en 1855 para dejarlo algunos meses más tarde en manos de George C. Crane, quien se desempeñaba como cónsul de Estados Unidos27, posición que también ocuparía Bennet por algún tiempo posteriormente.

Ejercía Bennet tal cargo precisamente, cuando se llevó a cabo el golpe de estado de General José María Melo, comandante del ejército, contra el gobierno constitucional del General José María Obando, el 17 de abril de 1854, hecho que precipita otra feroz guerra civil en la Nueva Granada28. En dicha guerra, la legación americana que entonces estaba presidida por James S. Green, no tendría inconveniente en intervenir cínicamente desde el primer momento, no tanto por ofrecer asilo al Vicepresidente José de Obaldía y por colaborarle en todo tipo de conspiraciones en contra de Melo, sino principalmente por propiciar descaradamente la contrarrevolución, la guerrilla, el armamentismo de las tropas constitucionalistas, el encubrimiento a prestamistas y comerciantes solicitados por la justicia, la ocultación de capitales29 y muchas otras actividades claramente opuestas a los intereses del nuevo gobierno.

Pues bien, es claro que Bennet, quien era un hombre muy apreciado en la Nueva Granada como daguerrotipista y comerciante, no sólo apoyaba sino que participaba en esta extravagante intromisión de la legación americana en los asuntos del país. Así lo confirma el hecho de que el 27 de junio de ese mismo año de 1854 fue él quien se hizo cargo de la legación mientras Green (quien mintió al gobierno diciendo que se iba para Panamá e intentaba engañarlo mandando otra persona en su lugar) se dirigía hacia Ibagué a entrevistarse con los líderes del grupo constitucional lista y firmaba una protesta contra Melo sin importarle su calidad de extranjero y diplomático.

Durante ese corto lapso en el cual Bennet se encarga de la legación, además, el daguerrotipista se vió involucrado directamente en una disputa con las fuerzas de Melo, la cual, de acuerdo con su compatriota Isaac F. Holton, puso en constante peligro su vida hasta la caída del dictador30. El grave incidente, según Gustavo Vargas Martínez, se precipitó de la siguiente manera:

Un súbdito inglés, un señor Logan de quien el gobierno sospechaba corno encubridor de la fuga de varios conspiradores, dueño de la casa de la legación americana, fue capturado por una comisión de milicias democráticas. El señor Bennet, aparentemente más impulsivo que el propio señor Green, se abalanzó sobre el pelotón y les arrebató al señor Logan introduciéndolo al interior de la legación. La tropa miliciana no se resiste más Y dispara contra la legación cerca de diez balazos.

Este carácter impulsivo de Bennet quedó nuevamente al descubierto al exigirle al gobierno no sólo que castigara sino que fusilara a los asaltantes, lo cual, por supuesto, no pasaba de ser una utopía dada la in satisfacción de Melo con la desvergonzada participación de la legación americana en las actividades en su contra. Es posible, no obstante, que dicha solicitud hubiera sido aconsejada por Holton, quien en esos tiempos se encontraba en la Nueva Granada y quien pensaba con diciente arrogancia que la petición debió haber sido respaldada por una flota frente a Cartagena hasta que se hubiera castigado a los sinverg¸enzas. Washington, de todas maneras, había ordenado la vigilancia de las costas granadinas por vapores de guerra al poco tiempo de haberse tomado el General Melo el poder31.

Como era de esperarse, sólo una vez reinstituídos los constitucionalistas en el gobierno, logró Bennet una parcial atención a sus reclamos por parte de los funcionarios granadinos, quienes decidieron arreglar el asunto pagándole al señor Bennet los daños de la puerta y presentándole excusas por el insulto de haberle acribillado su casa32.

Su labor como daguerrotipista fue, por consiguiente, mucho más afortunada que su desempeño como diplomático en la Nueva Granada; y así lo comprendieron sus contemporáneos, entre ellos García Hevia quien, para garantizar su profesionalismo, comparaba con frecuencia su puntualidad con la de Bennet. Así, además, lo corroboran actualmente los daguerrotipos identificados como suyos, los cuales sobresalen por su definición y claridad así como por su invariación, no obstante su inherente fragilidad, ante el paso de los años.

Entre sus daguerrotipos más conocidos figuran los de los presidentes José María Obando, Francisco Javier Zaldúa y Mariano Ospina Rodríguez, los cuales son característicos de sus retratos masculinos, por lo regular simples y directos, de busto o medio cuerpo, un poco ladeada la figura, y cubierta parcialmente la pechera, cerca al rostro, por otra prenda oscura tal como Bennet lo aconsejaba por la prensa. igual sucede con los retratos femeninos en los cuales los rasos y sedas negras son frecuentes de acuerdo con sus recomendaciones, aún cuando en ellos como lo ejemplifica el de Mercedes Manrique de Ibáñez las señoras, que ofrecían el atractivo de más decorativas galas, aparecen sentadas, mostrando al menos medio cuerpo, y en contacto con algunos muebles que generalmente no pueden apreciarse en su totalidad.

El número de retratos que realizó Bennet a lo largo de los diez años que estuvo radicado en Bogotá, debió ser, en conclusión, muy elevado. Tanto su reputación como su permanencia durante largo tiempo en el país indican que las gentes respondieron su llamado a visitar la galería, y que muchos ordenaron su retrato (e incluso el de sus familiares, cuyo posible fallecimiento Bennet recalcaba sin contemplación en los periódicos. Bennet hizo además daguerrotipos de otra índole, entre ellos unas vistas muy celebradas de la Calle de Comercio (hoy carrera séptima) en una de las cuales se documentaba una procesión de Corpus Christi33.

Cuando Bennet regresó a los Estados Unidos, no obstante, el daguerrotipo había empezado a decaer en todo el mundo y nuevas técnicas como el ferrotipo, el ambrotipo (que se expendía en estuches similares a los del daguerrotipo) y la fotografía sobre papel, comenzaban a invadir su territorio. G. Frendentheil, uno de los últimos daguerrotipistas extranjeros que visitaron la Nueva Granada, por ejemplo, ofrecía hacer retratos no sólo sobre placas metálicas sino también sobre vidrio, papel, lienzo y madera34. García Hevia, como lo hemos visto, se acogió igualmente a estas innovaciones. Y poco después de haber partido Bennet, George C. Crane introdujo también algunos de estos nuevos medios en la que fuera hasta esa época la Galería del Daguerrotipo, únicamente35.

Crane, por su parte, dirigió dicha galería en dos ocasiones desde septiembre de 1855 (aproximadamente un año después de incidente diplomático de Bennet), hasta mayo de 1857; y desde octubre de 1858 (cuando la recibió de Antonio Forero, el daguerrotipista que él y Bennet habían dejado a su cargo36), hasta su extinción, antes de iniciarse la década siguiente. Durante esos años Crane viajó con regularidad a Caracas en donde se desempeñó igualmente en la daguerrotipia37. Y como muchos de sus antecesores en este oficio en el país, Crane también comerció con accesorios aledaños al daguerrotipo, entre ellos, medallones, pendientes y sortijas de oro, así como marcos para grupos de hasta ocho personas (de cuya promoción puede deducirse que este tipo de retratos, iniciado en la Nueva Granada por Herbrüger en 1851, era ya bastante popular a finales de la década).

No se ha hallado ningún trabajo firmado por Crane que permita tener algún indicio de su aproximación al retrato u otros temas, lo cual no excluye, por supuesto, que entre los daguerrotipos atribuidos a la Galería figuren algunas de sus obras (así como de las de Antonio Forero cuyo estilo en la daguerrotipia tampoco es reconocible hasta el momento). Su labor, sin embargo, debió ser seria y competente cuando Bennet lo señala como un sujeto muy inteligente en la materia y de cuyo desempeño, no dudo, quedarán satisfechos todos los que lo ocupen38. Crane, por otra parte, envió en 1856 un curioso remitido a la prensa que resulta interesante por sus implicaciones sobre el comportamiento romántico de algunos granadinos en relación con los retratos femeninos:

Como algunos individuos solicitan frecuentemente se les vendan retratos de los que hay en la Galería, se advierte que una de las reglas invariables de establecimiento es no colocar en la Galería ningún retrato sin consentimiento de la persona, ni vender por ningún precio retratos de las señoras y señoritas sin autorización expresa de la familia o individuo de quien dependen39.

El hecho de que tanto el Barón Gros como Bennet, Crane e inclusive Celestino Martínez (de quien se hablará en el próximo capítulo) fueran diplomáticos, hace evidente que las misiones extranjeras, aparte de inmiscuirse en ocasiones descaradamente en la vida de país, colaboraron en diversas formas en el desarrollo de la fotografía en el medio granadino.

Habíamos dicho, sin embargo, que los primeros daguerrotipistas que vinieron al país no fueron únicamente retratistas sino también viajeros interesados en sus costumbres, paisajes, poblaciones y topografía. Algunos, como vimos, pudieron ser enviados por editores europeos con el objeto de ilustrar publicaciones sobre viajes. Otros fueron diplomáticos. Otros pudieron ser turistas, simplemente, sin otras pretensiones que un recuerdo de su visita a SurAm?érica. Y otros, finalmente, fueron caballeros (sólo hasta finales de siglo XIX se encuentran en Colombia mujeres dedicadas a la fotografía) aficionados al invento daguerriano y quienes llegaron al país por razones muy diversas.

Entre estos últimos figura el norteamericano George Crowther, un comerciante que atacó agriamente a Bennet por la prensa (en una disputa sobre los derechos de distribución de las píldoras de doctor B randeth40 quien estuvo residencia en Bogotá a mediados de la década de los cincuenta. Crowther importaba, aparte de drogas y juguetes, los famosos dioramas producidos inicialmente por Daguerre en 1822 (en compañía con el pintor Charles Bouton), los cuales se conocían en el país, aún cuando en versiones posteriores, desde hacia bastante tiempo41.

El diorama consistió originalmente en la presentación de unas pinturas de panoramas y parajes utilizando ciertos efectos lumínicos que incrementaban su realismo. Su gran éxito fue estímulo eficaz para que Daguerre intensificara sus investigaciones hasta conseguir fijar la imagen producida con la cámara oscura. Y el impacto y el asombro que causaron tal vez fueron una influencia también para que Crowther, quien debía conocer perfectamente sus resultados y manejo, se iniciara en la daguerrotipia, la cual, como hemos dicho, ejercitó durante su permanencia en el país.

De Crowther, como de la mayoría de los daguerrotipistas mencionados, no se ha logrado identificar ninguna placa, pero Holton ilustró la narración de su viaje por los Andes con un grabado sacado de un trabajo suyo sobre el Salto de Tequendama, el cual había sido utilizado previamente por Manuel María Paz en la realización de una aguada sobre el mismo tema para la Comisión Corográfica. Tanto el grabado como la lámina indican que el daguerrotipo fue tomado después de descender una buena distancia delante del abismo. En él aparece al fondo la cascada todavía limpia y caudalosa mientras que en primer plano puede verse la vegetación de la región que tan justificada admiración causaba en los viajeros de ese entonces.

La comparación entre las dos versiones de la imagen permite comprobar que los artistas que utilizaban el daguerrotipo como apoyo en sus representaciones, en ocasiones hacían aportes personales para complementar la información que se ofrecía. Tanto el señor con ruana que se acerca como las guacamayas que se parecían sobre la roca en primer plano en la lámina de Paz, son obviamente contribuciones suyas con las cuales añade un comentario sobre la imponencia de la escena y sobre los habitantes y fauna del lugar. En el libro de Holton figura además un grabado sobre la carrera séptima de Bogotá el cual da igualmente la impresión de ser tomado de una fotografía, pero cuyos créditos no aparecen en la publicación.

Si tenemos en cuenta, finalmente, que a partir de mediados de la década de los cuarenta se anunció regularmente en el país la venta de equipos de daguerrotipia, es posible concluír que dicho medio contaba con algunos aficionados granadinos (aún cuando en número muy bajo comparado con los de Europa y NorteAm?érica42). Por otra parte, la enseñanza del oficio, que también se anunciaba por la prensa subrayando el interés que existía por la materia, podía costar entonces entre 75 y 150 pesos43.

Ahora bien, hubo igualmente desde épocas tempranas algunos compatriotas, además de García Hevia, quienes se dedicaron profesionalmente a la daguerrotipia. Su interés en el retrato, en consecuencia, no fue ya como sujetos, sino como realizadores, es decir desde detrás de la cámara, tomando decisiones y manipulando el aparato. En tal sentido también puede decirse que son ellos los primeros granadinos que utilizan el invento para expresar criterios personales. Y por lo tanto, Fermín lsaza, José Gabriel Tatis y Antonio Forero en seguida del célebre pintor, dan inicio realmente a la fotografía con sus posibilidades inherentes de creatividad individual y comunicación social, en el medio colombiano.

Fermín Isaza abrió un estudio de daguerrotipia en Medellín en septiembre de 1848 (es decir, pocos meses después que Bennet hubiera establecido en Bogotá su galería), convirtiéndose con ello en el primer granadino que incursiona en el invento daguerriano comercialmente. Los anuncios en la prensa parecen indicar que Isaza dío comienzo porque Isaza dió comienzo por si solo a su trabajo en esta técnica (lo cual era posible a través de manuales); y que lo hizo en época cercana a la de su iniciación profesional:

Los retratos que se obtienen actualmente por este medio admirable llevan toda la perfección que puede desearse; así lo manifiestan los que ha hecho recientemente el que suscribe que por su excelente calidad han fijado la atención de varias personas. Por consiguiente, estando el que ésto escribe seguro de sus buenos resultados anuncia al público que desde el lunes próximo se hallará expedito para hacer los retratos que se recomienden44.

Isaza, sin embargo, también era pintor y como tal había estado vinculado con la Sociedad de Dibujo y Pintura que presidía García Hevia en Bogotá por esos años. Es más, sólo con un mes de anterioridad a la apertura de su estudio, ambos eran profesores en dicha institución45 lo cual hace muy posible que el bogotano hubiera contagiado su fervor y entusiasmo al antíoqueño, impulsándolo a instalar su estudio en Medellín.

Como pintor, Isaza presentó en una exposición en la mencionada Sociedad un cuadro hermoso al óleo de la Virgen de Belén en el bosque, copiado de una pintura que está en el palacio; y un cuadro pequeño de la Virgen de la Silla copiado de un Velásquez. según el testimonio de uno de los visitantes a la muestra. Como daguerrotipista, recomendaba, igual que Bennet, vestidos oscuros para los retratos. Y como la mayoria de sus colegas, contaba con un surtido extenso de marcos y de cajas de tafilete para la presentación de sus trabajos. Al final de su vida se hallaba radicado en Bogotá en donde ejercía principalmente la pintura 46 . De Antonio Forero, en cambio, sólo se sabe que trabajó en daguerrotipia en Bogotá en la década siguiente, que dirigió por un lapso de siete meses (de marzo a octubre de 1858) la Galería de Daguerrotipo, y que contaba con la aprobación de Bennet y de Crane para desempeñarse en este oficio.

Para concluír, existen en Colombia numerosos daguerrotipos cuyos autores seguramente entre los 19 mencionados no se han, logrado identificar (y que tampoco presentan suficientes muebles, objetos o características como para poderse atribuir), los cuales complementan la visión que ofrecen los daguerrotipos firmados, en cuanto a las metas y objetivos perseguidos por sus cultores en la Nueva Granada. Entre ellos se encuentran piezas de importancia, bien porque conservan el semblante de ilustres personajes en la historia (como Mosquera, Melo y Obando entre los presidentes y como Julio Arboleda, Alejandro Fraser y Joaquín París entre los personajes más distinguidos de ese entonces), bien por la información que ofrecen sobre los textiles, modas y adornos de la época, o bien como reflejo de la idea que tenían de sí mismos los granadinos de clase alta ellas como damas elegantes, discretas, espirituales y virtuosas; ellos como caballeros serios, graves, circunspectos y románticos, a veces vestidos de uniforme, prestos a unirse a las causas defendidas en las múltiples revueltas que acontecían en Bogotá o en las provincias.

La mayoría de estos retratos siguen los mismos lineamientos de los daguerrotipos descritos previamente; es decir, los colores son suaves y controlados (con excepción de dorado de las joyas y de los uniformes el cual sobresale notoriamente), y las poses son descansadas y tranquilas como corresponde con la quietud que demandaban dada su larga exposición (aproximadamente cuatro minutos). Algunas de estas obras son reproducciones de pinturas destacándose entre ellas la de la miniatura del general Santander realizada por José María Espinosa. Otros resultan especialmente atractivos por su nitidez, o por su composición (generalmente central, pero con variaciones en el espacio alrededor de la figura, en el punto de vista de fotógrafo y en el arreglo de los trajes), o sencillamente por los rasgos y presencia de la persona retratada. El daguerrotipo de un joven intelectual aún no identificado, en pose pensativa y como si acabara apenas de suspender la lectura de libro que aparece entreabierto en una de sus manos, es, por otra parte, un temprano y raro indicio de las intenciones de naturalidad y de espontaneidad en la daguerrotipia granadina.

Pero el daguerrotipo estaba destinado a desaparecer ante el empuje de técnicas más prácticas (y más relacionadas con la fotografía que se hace hoy en dia), aún cuando ninguna de ellas produjera resultados tan sugerentes y.misteriosos como esas placas, brillantes como espejos, sobre las cuales las imágenes sólo se ven en positivo y con toda su definición (aunque siempre con la imprecisión de los reflejos) cuando se observan desde el ángulo correcto. Precisamente en relación con ese carácter misterioso del daguerrotipo ha escrito Gabriel García Márquez la inolvidable página que cierra este capítulo, en la cual se ilustra, más certeramente que en cualquier tratado histórico, sobre la reacción de asombro e incredulidad de los granadinos ante sus imágenes y sobre la aproximación romántica, como de quien se ha iniciado en la alquimia o en la magia, de los primeros compatriotas que confrontaron el descubrimiento de Niépce y de Daguerre:

Mientras Macondo celebraba la conquista de los recuerdos, José Arcadio Buendía y Melquíades le sacudieron el polvo a su vieja amistad. El gitano iba dispuesto a quedarse en el pueblo. Había estado en la muerte, en efecto, pero había regresado porque no pudo soportarla soledad. Repudiado por su tribu, desprovisto de toda facultad sobrenatural como castigo por su fidelidad a la vida, decidió refugiarse en aquel rincón del mundo todavía no descubierto por la muerte, dedicado a la explotación de un laboratorio de daguerrotipia. José Arcadio Buendía no había oído hablar nunca de ese invento. Pero cuando se vió a sí mismo y a toda su familia plasmados en una edad eterno sobre una lámina de metal tornasol, se quedó mudo de estupor. De esa época databa el oxidado daguerrotipo en el que apareció José Arcadio Buendía con el pelo erizado y ceniciento, el acartonado cuello de la camisa prendido con un botón de cobre, y una expresión de solemnidad asombrada, y que Ursula describía muerta de risa como un general asustado. En verdad, José Arcadio Buendía estaba asustado la diáfana mañana de diciembre en que le hicieron el daguerrotipo, porque pensaba que la gente se iba gastando poco a poco a medida que su imagen pasaba a las placas metálicas. Por una curiosa in versión de la costumbre, fue Ursula quien le sacó aquella idea de la cabeza, como fue también ella quien olvidó sus antiguos resquemores y decidió que Melquíades se quedara viviendo en la casa, aunque nunca permitió que le hicieran un daguerrotipo porque (según sus propias palabras textuales) no quería quedar para burla de sus nietos. Aquella mañana vistió a los niños con sus ropas mejores, les empolvo la cara y les dió una cucharada de jarabe de tuétano a cada uno para que pudieran permanecer absolutamente inmóviles durante casi dos minutos frente a la aparatosa cámara de Melquíades. En el daguerrotipo familiar, el único que existió jamás, A ureliano apareció vestido de terciopelo negro, entre Amaranta y Rebeca. Tenía la misma languidez y la misma mirado clarividente que había de tener años más tarde frente al pelotón de fusilamiento. Pero aún no había sentido la premonición de su destino. Era un orfebre experto, estimado en toda la ciénaga por el preciosismo de su trabajo. En el taller que compartía con el disparatado laboratorio de Melquíades, apenas si se le oía respirar. Parecía refugiado en otro tiempo, mientras su padre y el gitano interpretaban a gritos las predicciones de Nostradamus, entre un estrépito de frascos y cubetas, y el desastre de los ácidos derramados y el bromuro de plata perdido por los codazos y traspiés que daban a cada instante47.

Notas

  1. Existen varias crNicas sobre Santa Fe, de Bogotá hacia mediados del siglo XIX que hacen hincapié en la miseria (le la ciudad. Autores como. José María Cordovez Monte (Reminiscencias de Santa Fe y Bogotá, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1978, pag. 257). Miguel Samper (La Miseria en Bogotá. Selección de Escritos. Biblioteca Básica Colombiana No. 22. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1977. pags. 22 30). Emiro Kastos (Artículos Escogidos, Bogotá, Biblioteca Banco Popular No. 31, 1972, pags 287) y Salvador Camacho Roldán (Memorias, Bogotá, Editorial Bedout, pags. 98 100) así como algunos articulistas de prensa (La Gaceta Mercantil, Bogotá, enero 12 de 1848; El Tiempo, Bogotá, enero 30 y febrero 27 de 1855) se refieren críticamente a los locos, mendigos, enfermos y prostitutas que invadían las calles de la capital.
  2. La Gaceta Mercantil, Santa Marta, enero 12 de 1848.
  3. La más conocida de estas publicaciones es Excursions Daguerriennes de L.P. Lerebours en la cual aparecen 114 vistas tomadas en Europa, Africa y América, reproducidas de daguerrotipos por el procedimiento de aguatinta. (Newhall, Beaumont. The History of Photography, New York, The Muscum of Modern Art, 1978, pag. 19).
  4. Camacho Roldán, Salvador. op. cit., pag. 100. La Opinión, Cali. marzo 22 de 1849. El Día, Bogotá, enero 26 de 1850.
  5. El Observador, Bogotá, diciembre 22 de 1839.
  6. Pollack, Peter. The Picture History of Photography. New York, Harry N. Abrams Inc. Publishers, primera edición, pags. 52 53.
  7. La Gaceta Mercantil, Santa Marta, enero 12 de 1848.
  8. Guzmán, Franklin y Armando José Sequera, orígenes de la Fotografía en Venezuela, Caracas, Instituto AutNomo? Biblioteca Nacional y Servicios de Bibliotecas, 1978, pags. 56. El Duende, Bogotá, marzo de 1847, pag 111.
  9. El Día, Bogotá, junio 16 de 1843.
  10. El Día, Bogotá, agosto 16 de 1846.
  11. El Día, Bogotá, diciembre 11 de 1847.
  12. La Gaceta Mercantil, Santa Marta, agosto 23 de 1849.
  13. La Opinión, Cali, marzo 22 de 1849.
  14. La Estrella de Occidente, Medellín, julio 22 de 1849.
  15. El Filotémico, Bogotá, junio 1 de 1851.
  16. Wilkin, Lee y Barbara London, The Photograph Collector's Guide. Boston, New York Graphic Society, 1980, pag. 317.
  17. El Día, Bogotá, mayo 15 de 1848.
  18. El Pasatiempo, Bogotá, mayo 12 de 1852.
  19. Varios autores coinciden al afirmar que la daguerrotipia tuvo un temprano auge en los Estados Unidos y que debido a circunstancias tan diversas como los progresos científicos, la profusión de daguerrotipistas y hasta la luminosidad de cielo, las placas allí producidas gozaron de gran aceptación.
  20. El Día, Bogotá, mayo 15 de 1848.
  21. El Filotémico, Bogotá, junio 1 de 1851.
  22. Su experiencia en este medio lo mismo que en la pintura fue subrayada en sus anuncios de prensa y es ostensible en el único daguerrotipo suyo que se conoce, un magnífico autorretrato en el cual aparece acompañado de su colega en la pintura y en la daguerrotipia, el bogotano Luis García Hevia. En el campo de la música Price tuvo también destacadas actuaciones como intérprete de violín y el piano, pero su más importante logro radica en haber promovido la fundación de la primera Sociedad FilarmNica? en la Nueva Granada, en compañía de personas como Andrés de Santa María (padre del pintor), Alejandro Lindig (artista alemán) y Demetrio Paredes (fotógrafo profesional desde 1860).
  23. Según Ibáñez, Tatis trabajó con algún éxito en Bogotá antes que García Hevia, pero no se conoce hasta el momento ningún ejemplo de su obra en esta técnica. En 1853 Tatis anunciaba que las personas que se retrataran en su oficina, podrían obtenera la vez treinta retratos más por dos pesos, en los cuales se garantiza la exactitud en miniatura de cuerpo entero con colores. Tanto su precio como el hecho de que fueran realizados en papel marquilla permite suponer que lo que el artista sorteaba el día último de cada mes entre quienes ocuparan sus servicios eran treinta dibujos suyos y no treinta fotografías. El militar José Gabriel Tatis (oriundo de Sabanalarga y no de Cartagena como se ha dicho repetidamente) aparte de trabajar la miniatura, merece especial reconocimiento por sus retratos y dibujos críticos de los personajes de su época, en los cuales es perfectamente clara una intención política. El Día, Bogotá, mayo 12 de 1849.
  24. El Día, Bogotá, enero 26 de 1850.
  25. El Día, Bogotá, agosto 31 de 1850.
  26. La inminente abolición de la esclavitud y las reformas religiosas decretadas por el Congreso provocaron alzamientos en Pasto, Antioquia, Mariquita, Tunja y Pamplona, los cuales fueron sofocados en poco tiempo. No obstante, en Pasto y Túquerres, focos iniciales de la sublevación, las guerrillas se mantuvieron por cerca de un año. Restablecido el orden público fueron sancionados algunos prelados de la iglesia, entre ellos el Arzobispo de Bogotá Manuel María Mosquera, quien fije condenado al destierro,
  27. Ortega Ricaurte, Carmen. Diccionario de Artistas en Colombia. Bogotá. Plaza & Janes 1979, pag. 108.
  28. El jefe del ejército, General José María Melo, apoyado Por los artesanos y otros sectores populares de la población, derrocó al presidente José María Obando debido a su desacuerdo con la Constitución 1853 recientemente sancionada por el jefe de estado. Los generales Herrán, Herrera, Mosquera y López llegaron a Bogotá con 14.000 hombres y vencieron a Melo y sus seguidores, recuperando el poder constitucional en diciembre de 1854 el cual recayó provisionalmente en el Vicepresidente José de Obaldía.
  29. Vargas Martínez, Gustavo. Colombia 1854 Melo, Los Artesanos y El Socialismo, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1972, pag. 121.
  30. Holton, Isaac F. La Nueva Granada Veinte meses en los Andes. Bogotá, Banco de la República, 1981, pags. 593 y 594.
  31. Vargas Martínez, Gustavo. op. cit., pag. 124.
  32. Holton, Isaac F. loc. cit.
  33. El Aviso, Bogotá, noviembre 9 de 1848.
  34. El Núcleo, Bogotá, febrero de 1858.
  35. El Tiempo, Bogotá, octubre 5 de 1858.
  36. El Tiempo, Bogotá, marzo 30 de 1858.
  37. Guzmán, Franklin y Armando. José Sequera. OP. Cit., pag. 10.
  38. El Tiempo, Bogotá, septiembre 4 de 1855.
  39. El Tiempo, Bogotá, abril 8 de 1854 (suplemento al número 67).
  40. El Tiempo, Bogotá, abril 13 de 1855.
  41. El Tiempo, Bogotá, enero 30 de 1855. El Día, Bogotá, abril 28. mayo 2, 5, 12 y 17 de 1844.
  42. olamente durante 1847 fueron vendidas en París dos mil cámaras de daguerrotipo y medio millón de placas. Nueva York, por otra parte, acogió el invento con gran entusiasmo y en 1850 contaba ya con 77 galerías que proveían el sustento a cerca de mil personas (Pollack, Peter, op. cit., pag. 51 Newhall, Beaumont. The Daguerreotype in America. New York Dover Publications Inc., 1976 pag. 55).
  43. El Tiempo, Bogotá, octubre 1 de 1848. La Gaceta Mercantil, Santa Marta, agosto 23 de 1848.
  44. El Antioqueño constitucional, Medellín, septiembre 24 de 1848.
  45. El Día, Bogotá, agosto 2 de 1848.
  46. Salgado, Cupertino. Directorio General de Bogotá, Año IV, 1893. pag. 837
  47. García Márquez, Gabriel. Cien Años de Soledad, Bogotá, Editorial La oveja Negra, 1978, pags. 4950.

 

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