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Juan Montoya

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Prefacio

Vestíbulo de un apartamento sobre la Quinta Avenida en Manhattan.Impresionante vestíbulo de un apartamento en Manhattan.“Quise crear algo caprichoso, humorístico y espectacular”, dice Montoya de este vestíbulo singularmente teatral que transformó para el Kips Bay Decorator Show House.Montoya crea dinamismo mediante atrevidas combinaciones de arte y mobiliario. Una monumental escultura de Giacommetti, acompañada de una consola negra con toques dorados, que perteneció a Napoleón Bonaparte, recibe a los visitantes de esta residencia en la Florida. La consola, que originalmente engalanó los aposentos del Emperador en el Palazzo di Bologna, ostenta aún el monograma imperial. Sobre ella, pende un espejo rococó del siglo XVIII.

Texto de: Paige Rense

Cuando hace cerca de veinticinco años fui jurado en un concurso de diseño llamado Hexter Awards, vi el trabajo que Juan Montoya había presentado. Un par de años más tarde, Jaime Ardiles-Arce, uno de nuestros mejores fotógrafos de diseño de interiores, me envió fotografías de un apartamento que Juan había diseñado en las Ritz Towers de Nueva York. En lo que alguna vez había sido el pequeño depósito de un amplio apartamento, él había creado un pied-à-terre que funcionaba en diferentes niveles en un solo espacio. Era nítido, sofisticado y, en un espacio mínimo, escondía además grandes sorpresas, -cualidades que todavía subsisten en el trabajo de Juan.

Esos tempranos años fueron tiempos intensos tanto para el Architectural Digest como para el mundo del diseño y para Juan. “Destruimos con el fin de crear”, dijo Juan en uno de nuestros primeros artículos sobre su trabajo. Juan disfrutaba demoliendo hasta llegar a la forma básica del cuarto para introducir luego, cuidadosamente, obras de arte en esos desnudos espacios.

En las casas y apartamentos que Juan ha diseñado en el transcurso de los años, recuerdo esculturas de Rodin y Louise Nevelson; cuadros de David Hockney y un dibujo en carboncillo de Marisol Escobar; piezas precolombinas, tallas africanas y cerámicas japonesas y chinas. Un artículo del Architectural Digest de 1998 sobre la obra de Juan presentó un penthouse en la Florida decorado exclusivamente con esculturas, acuarelas y óleos de Fernando Botero.

En 1982 anotamos en la revista que Juan había llegado a una nueva etapa en su trabajo; había una “riqueza de fondo” bajo el marco minimalista. Él estaba aprovechando su bagaje internacional. Este hijo de un diplomático colombiano, que había trabajado en París y Milán antes de establecerse en Nueva York, es totalmente cosmopolita en su visión. La revista lo acompañó en un viaje de compras a Marraquex, en donde todos en el souk lo trataban como a un cliente favorito de vieja data. Publicamos una residencia de comienzos del siglo XIX, situada en una zona montañosa de Colombia, que él devolvió a sus raíces. Y, claro está, publicamos su apartamento en Bogotá, lleno de antigüedades del siglo XVIII; su casa de los años treinta en el valle del río Hudson, que decoró como una casa de campo japonesa; y su apartamento, que combina piezas de Herman Miller de 1940 con esculturas del oeste africano y muebles diseñados por él mismo.

“No he cambiado tanto como ustedes piensan”, le dijo Juan al Architectural Digest en 1989. “Ahora buscamos objetos únicos; tal vez en la época del minimalismo buscábamos la salvación en la belleza anónima de la producción en masa. Pero la meta siempre debería ser la misma: la emoción del efecto, el eterno drama entre la escala y la yuxtaposición”.

 

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