Cómprelo

 COP$ 280,000

USD$ 93*
80*

*Los precios en Dólares y Euros son calculados utilizando la Tasa Representativa del Mercado en Colombia de julio 18 de 2017

Este libro está también disponible bajo el modelo Ventas Corporativas.

 

Contenido:

La vida en Colombia

Siguiente  

La vida es así


Parque de Diversiones de Rodeolandia, Bogotá. Toque de Diana en la base militar de Tolemaida. Melgar, Tolima.Salón de Billar en Bolívar, Antioquia.Plaza de Bolívar, Bogotá. Páramo de Berlín, Santander.Terraza e interiores del Centro Histórico de Cartagena, Bolívar.Comparsa infantil en el Carnaval de Barranquilla, Atlántico. La afición musical de los colombianos muchas veces es estimulada desde la infancia a través de la participación en bandas, conjuntos o, simplemente, al permitir la expresión de los ritmos que se llevan en la sangre, en los carnavales y fiestas populares del país.Aparte de su atractivo colonial en el recinto amurallado, Cartagena tiene, en el barrio de Manga, bellas residencias de estilo caribeño como la que habitaba el presidente Rafael Núñez a finales del siglo XIX.Preparación y pintura de “Chiva” o “Bus de Escalera” en Medellín, Antioquia

 

Texto de Benjamín Villegas.

En 1910 Luis Carlos López publicó uno de sus mínimos poemas inolvidables, Emoción Vesperal, que gracias a su epígrafe parece escrito con el único propósito de divulgar en Colombia un nítido verso de Peter Altenberg, el gran poeta vienés de la segunda mitad del siglo XIX lo triste es así.

Lo triste para el Tuerto López es el hecho de que un perfume delicado de flor conviva con un espeso olor de fritanga de cebolla y col. Lo triste es que el melenudo esposo de Dorotea, sin un centavo entre el bolsillo, escriba versos y un editorial. Lo triste es la quietud del fusil que no dice nada mientras el dueño del redil cruza leyendo un misal. Lo triste es la sensación de vacío que deja la luna cuando se va, es la ciudad amurallada donde nacieron Rafael Núñez y Antonia, la pelada, es el peso que oprime el alma, el cansancio, la fatiga, el miedo al futuro, el tedio de un verano que no termina. Pero nada es eterno. De improviso, por el puente del barco, cruza una camarera linda y fachendosa. De manera que aquí tenemos una camarera Caramba Así la cosa es otra cosa.

La vida es así. La vida, que se esconde en la sorpresa del verso final, que se camufla al otro lado de la esquina. Que está en los cortes de tijera de un barbero de pueblo, alegre como un vaso de vino moscatel. La vida que está en la música, en las chicas, en el vermouth, inclusive en las píldoras del doctor Ross, en los zapatos viejos, en la enfermedad de Teresa de Jesús. La vida vive en su desfile de sotanas, de militares y toreros, en el cua cuá de los patos, en Juana, tan hermosa como casquivana, en los chorizos, en eso que llaman W.C., en las 4 p.m., en un pregón de camarones frescos. Y carraspea y se esconde y brota incontenible en cualquier parte, en & y &, en , entre ( ), entre , entre , entre , entre pero invariablemente, más allá de los puntos suspensivos.

Este es el libro de la vida. De la vida en Colombia. Lo pensé en una lectura del Tuerto López, en un viaje a Cali, a caballo en Anapoima, en un vuelo rasante de helicóptero sobre Bogotá y la Sabana, en una madrugada cualquiera después de una noche de insomnio, sobre mi mesa de luz mientras examinaba mil y una y más fotografías, en las carencias de los textos que teorizan y de las obras de arte que sólo tienen relación con la belleza. La vida en este libro emerge de sus propias limitaciones, del hecho de no haber sido idéntico a Un día en la vida de, en el que decenas de fotógrafos se distribuyen por un territorio cualquiera, Burundi, México, Estonia, Formosa, los Estados Unidos, para registrar lo que allí sucede con la velocidad de un informe destinado a satisfacer la voracidad de un grupo de apáticos televidentes. Aquí no. Aquí Jeremy Horner y yo nos dedicamos a pensar más allá de las formas, a entresacar sustancias y contenidos, de manera que los cafés fueran antes que un sitio público el hecho de conversar entre amigos, Tolemaida un lugar donde se construye la paz antes que un campo de entrenamiento del Ejército, Mompox un esquema para llegar a la vida interior antes que la eterna colección de pasos de Semana Santa, y así hasta el infinito, así con los billares y las universidades, con el río Amazonas, con los campos y las labranzas, con las carreteras y caminos.

En este libro habla Colombia, ríe, trabaja, vive y muere Colombia, se lee Colombia, se mira en el espejo, se deja tal cual es, linda y expresiva como las espléndidas muchachas del Tuerto López. Para verla, Jeremy Horner no ha sacado a relucir su antigua condición de viajero inglés del siglo XIX, sino la lúcida mirada de un enamorado que todavía no logra poseer al ser amado. La esencia de ese enamorado es la duda. Su decisión es inconmovible, pero todavía se deja asaltar por la razón, y la razón tiene ojos para ver y oídos para oír y preguntas qué resolver. Antes de entregarse en cuerpo y alma al gozo del amor por un país que recorrió palmo a palmo durante meses, Jeremy Horner reflexiona. No hace concesiones. En estas páginas recoge verdades verdaderas antes que paisajes, trabajos antes que profesiones, razones antes que razonamientos, huesos duros de roer vestidos hermosamente para una fiesta.

Estos son los oficios de la gente, esta es la gente in situ, la gente en su salsa, aquí el obrero trabaja, el transeúnte pasea, la madre alimenta al bebé y lava la ropa, el estudiante estudia, este es un libro lleno de sonidos, de besos, de toses, en sus páginas aterrizan aviones, pasan carromatos, navegan canoas, mugen vacas, conversan vecinas, recuerdan ancianos, sueñan niños. Nuestra vida es así. Nuestra Vida Corrientede todos los días, nuestra vida de carro colectivo, que Rogelio Echavarría describió con mano maestra:

...tan pronto como estamos ya no estamos,
es que la vida es este bus corriendo
que de pronto paró y hemos llegado.

 

Siguiente  

Comentarios