Richter

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Presentación

Esmalte sobre baldosa cerámica, 1970 c. 34 x 24 cm.Bolívar y Humboldt
Esmalte sobre 
baldosa cerámica
1976
140 x 260 cm.

Texto de: Benjamín Villegas

El caso de Leopoldo Richter es excepcional en el arte colombiano. Alemán de origen, colombiano por vocación y obstinación, cosmopolita por su condición de artista y de científico, Richter fue en verdad distinto a las demás figuras del arte en Colombia. Esta singularidad lo ha alejado tal vez de un supuesto catálogo oficial, marginándolo en algunos aspectos secundarios, pero jamás ha puesto su obra de lado cuando de lo esencial se trata: la fuerza expresiva de las modalidades, el dominio de la técnica, el poder de evocación de las atmósferas, la íntima convicción de su arte.

Fue su época la de la fulgurante renovación del arte colombiano cuando se hizo entonces contemporáneo del arte internacional. Pero, lo curioso es que Richter no se hace moderno a través de la vanguardia, es más bien en el ámbito de lo primitivo y lo salvaje donde busca la expresión de un mundo inmemorial, más allá de la problemática realista o abstraccionista, modificando, a su manera, la tensión entre el arte y lo meramente objetual.

Los motivos esenciales de su pintura son inmateriales. Las selvas lo atraen de manera irremediable y aunque la figura humana y algunas especies animales aparecen con frecuencia, prima su fuerte sentido pictórico, el hechizo dominante del trópico embrujador. Su obra, desde el trazo más simple hasta la composición más compleja, está dominada por la pasión creadora que más que aplicación disciplinada de un oficio es expresión plena de la “voluntad en la naturaleza”.

La variedad de medios empleados es un rasgo básico de su capacidad artística. Se habla aquí de su inquietud constante, de las tentativas, del experimento como método, pero también de la fantasía que rompe el espacio convencional en aras de una realidad acaso mágica, siempre más cerca de la visión que de la reproducción. Para ello, se vale tanto del dibujo, el óleo, la acuarela, la témpera, la crayola, como de la litografía, el grabado, la cerámica y el esmalte. Pero, más allá de su capacidad para manejar las técnicas, están los atajos secretos por donde pasa de una a otra, llevando sus descubrimientos matéricos a otros planos expresivos. Richter hace partícipes a una estética y a un género de las características de otra estética y otros géneros. Producto de esa versatilidad es la caligrafía propia con que escribió uno de los más bellos y evocadores textos pictóricos del arte colombiano.

Con este libro Villegas Editores hace un nuevo aporte a la historia de arte en Colombia, en la misma dirección en que ha orientado su vocación por divulgar aspectos poco conocidos de la cultura del país. Y al exaltar el arte de un pintor, la riqueza propia del país - su naturaleza, sus etnias, sus expresiones- es elevada también a la condición de los valores del espíritu.

 

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