Los Figueroa

Aproximación a su época y a su pintura

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Introducción

 

 

Texto de Benjamín Villegas Jiménez
Villegas Editores

NINGUN capítulo más apasionante en la historia de un país que aquel que habla de los precursores. Colectivamente la Nación crea una expectativa prepara un clima adecuado para la reforma que debe venir en adelante, y espera. Es entonces cuando aparece el precursor, el abanderado, que va a la vanguardia dispuesto a todo, a recibir golpes y porrazos si se trata de un movimiento político, a morir ignorado y en la miseria si tiene que ver con el arte y la cultura. El precursor no es un hombre de su tiempo. Es un iluminado que se equivoca y duda, que no tiene seguridad en su trabajo y que las más de las veces pasa inadvertido porque se le considera un ser extraño, molesto, una piedra en el zapato, un aventurero que juega con la verdad, la seriedad y la responsabilidad de los valores de su tiempo.

Tal es el caso de los Figueroa pero, antes que nada, de Baltasar, el viejo, que de los tres es el de menor calidad técnica y ‑tal vez‑ el de más irregular temperamento artístico. Sin embargo es fácil imaginarlo en su época, una época de guerreros y de urgencias de dominio, con s sus pinceles bajo el brazo y, otra vez quizá, con s u figura de sacristía, a la búsqueda de colore s, de tabla s para pintar, de lienzos y, toda vía peor, de compradores. Los pocos datos que de él se conocen indican que era un nómada, un individuo que iba de la Ceca a la Meca con la necesidad vital de demostrar que en medio de tantos duelos, de tanta sed de oro, era urgente abrir un espacio para el arte, una ventana hacia el ensueño.

Los Figueroa tienen para nosotros una indudable importancia histórica y documental. No fueron, es evidente, los mejores artistas de su época, pero fueron los nuestros, los que están inevitablemente unidos a nuestro acontecer y nuestro origen.

Este volumen, basado en una exhaustiva investigación de Femando Restrepo Uribe, sólo pretende ser una aproximación al tema y, como tal, puede no estar exento de vacíos y de errores. Pero se trata de estudiar el arte en la época de la Colonia que es, todavía, hermético y desconocido. Aparte de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, que forma parte por derecho propio de la historia artística de Latinoamérica, hay otros varios nombres ineludibles que será necesario analizar más adelante para llegar a conformar las bases de un temperamento que nos sea propio, que nos identifique.

Los Figueroa iniciaron entre nosotros una aventura. Para ello se vieron obligados a nadar contra la corriente. No contaron a su alrededor con un coro de aplausos sino con un coro de acreedores exigentes. Pero por encima de todo se afirmaron sobre su vocación. Y demostraron la razón de ser de una sentencia vieja corno los siglos y transparente como el agua: querer es poder. En ese sentido son nuestros precursores. Y en ese sentido, también, es necesario entenderlos y valorarlos. Son los primeros en una larga lista de artistas iluminados. Y no son nada más, pero tampoco nada menos.

 

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