Manglares

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Distribución de los manglares en Colombia

Islote rocoso expuesto al oleaje y carente de manglares, en Bahía Málaga, Pacífico colombiano.
El sustrato es fundamental para el desarrollo de los manglares, tanto que les resulta imposible crecer en costas rocosas expuestas al oleaje o dominadas por acantilados. Un claro ejemplo lo tenemos en la costa del Pacífico colombiano, donde la parte norte que se extiende desde la frontera con Panamá
hasta Cabo Corrientes es muy pobre en manglares por la falta de sustratos adecuados. El gran desarrollo de los manglares del Pacífico se ha visto favorecido por la existencia de un sistema de barras arenosas
?incluso consolidadas y cubiertas de vegetación típicamente terrestre?, el cual actúa como eficiente barrera rompeolas. Comunicados con el mar, 
se extienden detrás los manglares con su intrin-cado sistema de esteros y canales.
Al revés de la costa norte dominada por acantilados, la del sur, que se extiende desde cabo Corrientes hasta el Ecuador, está dominada por amplias llanuras costeras formadas por depósitos aluviales e inundadas periódicamente por agua salada. Esto ha permitido el desarrollo de amplios cinturones de manglar, como los de la zona del parque nacional Sanquianga, el más extenso de Colombia, 
donde los manglares penetran hasta 30 kilómetros tierra adentro.
Las barras arenosas del Pacifico, fuera de proteger al manglar del oleaje, actúan como gigantescas trampas de sedimentos y material detrítico aportado por el manglar. La laguna que se forma entre el manglar y la barra se va colmatando gradualmente con estos materiales, lo cual le permite al manglar colonizar nuevos sustratos y ganarle “tierra” al mar.
En aguas protegidas, como por ejemplo las de Bahía Málaga en el Pacífico colombiano, los manglares se desarrollan a lo largo de la franja cos-tera  erosionada y no requieren de una barra de protección porque la bahía en su conjunto actúa como un gigantesco rompeolas.
En aguas de poca profundidad, como las de los estuarios, las garzas tienen sus cotos 
de caza.
En el Caribe muchos manglares se desarrollan exitosamente en zonas protegidas del oleaje por barreras coralinas, como en la isla de Providencia. 
A su vez, el manglar de Mac Bean protege al arrecife de los sedimentos insulares que las lluvias arrastran. Entre el 
manglar y la barra 
coralina existen extensas praderas de pastos marinos.
En el Pacífico colom-biano, los manglares están generalmente protegidos del oleaje por barras de arena, como la de Cabo Manglares. Detrás de la barra, y en zonas influen-ciadas por mareas y aportes del río Mira, se desarrolla un extenso manglar. 
Tales barras arenosas consolidadas son 
excelentes lugares para los asentamientos humanos, pues allí el hombre puede sembrar plantaciones, como las de coco.En zonas con bajas pre-cipitaciones, especialmente en la Guajira, los manglares se limitan prácticamente a una pequeña franja influenciada por el agua salada como en bahía Portete. Aquí la zonación es ver-daderamente particular, pues la franja influenciada por el agua salada de la bahía está ocupada por un cinturón de mangle rojo. Hacia el interior, la salinidad del suelo va aumentando por la alta 
tasa de evaporación, por lo cual en esta zona tan sólo encontramos mangle
negro. Su tamaño decrece gradualmente a medida 
que la salinidad va aumentando. Detrás del manglar tenemos un gigantesco salitral libre de vegetaciónLos manglares de la costa atlántica tienen normal-mente poco desarrollo, y 
los cinturones se limitan generalmente a estrechas franjas costeras influen-ciadas por la acción de las mareas, las cuales no superan los 60 centíme-
tros  de altura.
Caño de la Guasa, entre 
La Isleta y la isla de La Marina y Caño Ratón, 
entre aquélla e Isla 
Grande, bordeados con cinturones de mangle rojo, en el archipiélago del Rosario.

Texto de: Henry von Prahl

Costa del Pacífico

La costa colombiana del Pacífico se divide en dos grandes zonas fisio geográficas que se diferencian a partir de Cabo Corrientes. Hacia el norte se extiende una costa de acantilados dominada por las estribaciones de la Serranía del Baudó. Esta costa, relativamente alta, es pobre en Manglares por falta de sustratos adecuados, pero, a pesar de esto, hay formaciones de consideración que describiremos en su distribución de norte a sur.

Cerca de la frontera con Panamá se encuentra el manglar de juradó, sin lugar a dudas el más grande de la costa norte. Está protegido del embate directo del mar por una espaciosa barra estabilizada de arena, que corre paralela a la costa y luego es separada de ella por una enorme laguna estuarina que recibe las aguas de los río y las mareas. Al interior el manglar de borde pasa a ser de tipo ribereño y se distribuye sobre las orillas de los ríos juradó, Putumia y Curiche, en ambientes modificados por penetraciones periódicas de las mareas. Estos Manglares limitan con pantanos de agua dulce.

Hacia el sur aparecen pequeños Manglares de borde restringidos a depresiones y bateas receptoras de sedimentos terrestres e influenciadas por las mareas , como los de bahía Cupica, Nabugá, Solano y El Valle, los cuales no alcanzan mayor desarrollo, con excepción del manglar de la ensenada de Utría. Esta es una gigantesca falla geológica con Manglares bien conformados, principalmente en su interior, donde se presentan plataformas de erosión que se han cubierto de sedimentos estabilizados.

Sobre tales plataformas, que limitan con la selva húmeda tropical, se propagan dilatados Manglares de borde regidos por el piñuelo, Pelliciera rhizophorae, el cual requiere de sustratos estables para su desarrollo, como es verificable en las de la Chunga y la Aguara. Hacia los bordes de estas plataformas aparecen algunos caños estuarinos con sustratos blandos, sobre los cuales se forman estrechos bosques de galería de mangle rojo, Rhizophora mangle.

A partir de la ensenada de Utría la costa se caracteriza por la presencia de acantilados rocosos que llegan hasta Punta Jurubidá.

Un poco más al sur se encuentra el manglar de borde de Nuquí, que se extiende como una media luna desde Jurubidá hasta Coquí. Este manglar se desarrolla en una gran batea coluvial en forma de herradura, que se prolonga a lo largo del golfo de Tribugá. Se caracteriza por tener una amplia y extensa barra arenosa que protege al manglar de la impetuosidad del oleaje; barra que es interrumpida en algunos puntos por aperturas de admisión y evacuación, indispensables para el intercambio de agua entre el mar y el estuario.

El manglar se distingue por la compleja red de esteros, canales mareales, pequeñas lagunas bordeadas regularmente por Rhizophora y bosques internos de Avicennia. Estos reciben nutrientes y agua dulce por las escorrentías, los aportes locales de algunas quebradas y del río Coquí. Tal formación limita con la saliente montañosa de Cabo Corrientes en las proximidades de Arusí.

Hacia el sur del cabo, aparece la gran llanura aluvial del Pacífico, ocupada en parte por interminables Manglares y pantanos de agua dulce. El primer manglar de esta llanura costera es el de Virudó, que se extiende hasta la ensenada de Catripe y la bocana del río Purricha.

La zona se caracteriza por tener lagunas internas, largas barras arenosas frontales y playas consolidadas. En casi todo el manglar de este tipo predomina Rhizophora.

Otros Manglares de importancia aparecen en la desembocadura del río Baudó y Docanpadó, con bosques de tipo ribereño en los que prima Rhizophora harrisonii. En las zonas de desembocadura o bocanas se forman grandes barras de arena y bajos.

Más al sur aparecen los Manglares del delta del río San Juan, salvaguardados por barras frontales de arena y playas firmes, especialmente en la zona de Torogomá, Charambirá, Cacahual, Chavica y El Choncho. La distribución de los Manglares es particular porque después de la playa consolidada aparece un cinturón de mangle negro, Avicennnia germinans, el cual crece sobre sustratos areno fangosos, mientras el rojo ocupa los suelos inestables generalmente fangosos, bordeando esteros y caños mareales. Estos continúan a lo largo de los brazos del río en forma de bosques ribereños hasta el límite de máxima penetración de las mareas salobres.

Sobre sustratos de arcilla consolidada, sobre todo en la parte alta del río pero siempre en zonas afectadas por mareas salobres, se pueden ver pequeños bosques de piñuelo y mangle nato, Mora megistosperma.

A partir del río San Juan y su gran delta se interrumpe la llanura costera con la penetración de acantilados de rocas sedimentarias relativamente blandas, los cuales enmarcan la mayor parte de la bahía de Málaga y la costa norte de la bahía de Buenaventura en una formación conocida como el istmo de Pichidó Algunos Manglares de borde se desarrollan sobre plataformas erosionadas a lo largo de la bahía de Málaga. Una de éstas plataformas es el archipiélago de La Plata, que integran numerosas islas erosionadas, con anillos de mangle en la franja intermareal y conos centrales elevados cubiertos de selva. Estos sustratos son relativamente estables, lo cual permite la proliferación del mangle piñuelo, mientras que sobre los bordes externos a lo largo de los esteros se forman cinturones de mangle rojo. Incluso en zonas rocosas pero influenciadas por la acción de las mareas crecen bosques enanos de mangle. Hacia el fondo de la bahía, en especial a lo largo de los esteros Valencia, El Morro y Luisico, aparecen Manglares de tipo ribereño, dominados por mangles rojo y negro, mientras que las zonas elevadas y estabilizadas, correspondientes a antiguas restos de plataformas de abrasión, tienen bosques de piñuelo. Hacia las cabeceras, en zonas inundadas ocasionalmente con agua salobre, aparecen poblaciones bien desarrolladas de mangle nato que llegan a formar bosques homogéneos conocidos como natales.

A lo largo de la costa norte de la bahía de Buenaventura, delineada por acantilados, aparecen Manglares aislados. Estos Manglares de borde se desarrollan en zonas erosionadas y con depresiones, como en Piangua Grande, la Bocana, Isla Cangrejo y el estero de Gamboa. Pero los verdaderamente gigantescos se desarrollan sobre la costa baja del sur, donde desembocan ríos como el Dagua, Limónes y Anchicayá, los cuales arrastran sedimentos y originan amplios planos de lodo. Las zonas inestables están colonizadas por mangle rojo, mientras los sustratos consolidados fango arenosos se caracterizan por tener bosques de mangle negro y blanco. Hacia Punta Soldado se desarrolla una gran barra arenosa que encierra en su interior un complejo sistema de esteros y caños mareales bordeados con Manglares.

Este tipo de formación es preponderante a lo largo de toda la costa sur, donde aparecen Manglares bien conformados y de gran extensión, como los de las bocanas estuarinas de los ríos Cajambre, Yurumanguí, Naya, Micay, Saija, Timbiquí, Guapi e Iscuandé. Todos estos ríos tienen Manglares ribereños y desembocan al mar a través de una red de esteros y caños mareales de evacuación, con anchas barras frontales o playas de arena como las de Candelaria y las lagunas estuarinas. A partir del río Iscuandé y hasta el Patía, se extienden las formaciones más amplias de Manglares de Colombia, influenciadas por los ríos Tapaje, La Tola, Amarales, Satinga y Sanquianga. Esta zona se caracteriza por una gran plataforma aluvial de sedimentación, surcada por infinidad de barras de arena firme, esteros, caños y lagunas mareales, que conforman una suerte de delta interno, donde se presentan Manglares de barra, de batea, de borde, ribereños y en islotes e, incluso, sobre las antiguas barras de arena es posible encontrar remanentes de la selva húmeda tropical tropical. Los bosques de mangle se extienden hasta 35 kilómetros tierra adentro, dependiendo de la penetración máxima de las mareas. El manglar limita en éstas zonas con grandes pantanos de agua dulce, donde se asientan los bosques de virola, sajo, sande y cuángare. Este continúa a lo largo de la costa hasta la zona de Salahonda, en la isla del Gallo y allí se interrumpe por la presencia de acantilados. Los Manglares reinan en gran parte de la costa norte de la ensenada de Tumaco, aunque hay pequeños Manglares en depresiones inundadas con agua salobre, como las de Curay.

La parte interna de la ensenada de Tumaco, protegida de las olas por el Morro y la isla de Tumaco, una antigua barra arenosa estabilizada, conforma un vasto manglar de borde, con bateas internas y múltiples esteros, como el de Aguaclara y las Varas. Los bordes de los esteros están sembrados de mangle rojo, a manera de bosque de galería, mientras que las bateas y zonas elevadas, con sustratos fango arenosos, se caracterizan por tener bosques de Avicennia. Incluso, hay árboles enanos de Rhizophora en las depresiones internas cubiertas con suelos arenosos. Al parecer, estos no retienen los nutrientes que son lavados continuamente por las fuertes lluvias, lo cual hace que tengan poco desarrollo y no sobrepasen los cuatro metros de altura.

De Tumaco hacia el sur aparecen Manglares de borde y de barra, con playas arenosas frontales, como las de Bocagrande, Papayal y G¸inulero; en la desembocadura del río Mira, hacia Cabo Manglares, se forman bosques ribereños, dominados por Rhizophora harrisonii.

Los Manglares se extienden hasta el Ancón de Sardinas y el río Mataje, en los límites con el Ecuador, donde ocupan depresiones inundadas con agua marina y llanuras bajas en sedimentación.

Costa del Caribe

Con sólo 65.000 hectáreas distribuidas de modo irregular a lo largo del litoral, el Caribe colombiano es relativamente pobre en Manglares. Partiendo del límite con Panamá, la franja costera se caracteriza por ser rocosa y de amplias playas inestables expuestas a olas de alta energía que las inhabilitan para el desarrollo de los Manglares.

Estos empiezan a aparecer en el golfo de Urabá alrededor de Bahía Gloria y, específicamente, en el delta y en los planos aluviales del río Atrato, que se encuentran bajo la influencia de las mareas. Son Manglares muy bien desarrollados, semejantes en su estructura a los del Pacífico.

En Punta Arenas, hacia el norte del golfo de Urabá, hay un pequeño manglar protegido por una barra arenosa. A partir de allí la costa empieza a ser dominada de nuevo por acantilados y vastas playas arenosas que bañan incansablemente las olas que empujan los Alisios del norte. Chocan de manera casi frontal con la costa y por esta razón es otra franja de alta energía.

En el delta y el abanico aluvial del río Sínú, lo mismo que en algunas regiones bajas de la bahía de Cispatá y zonas protegidas del golfo de Morrosquillo, vuelven a aparecer Manglares con diferentes grados de desarrollo.

Desde este sector los hay pequeños, aislados en depresiones y coluvios costeros protegidos con excepción de la zona del Dique , como en Cuatro Bocas, donde reaparecen bordeando parte de la bahía de Barbacoas. En Punta Barú, la isla de Tierra Bomba y en la bahía de Cartagena hay Manglares aislados en zonas coluviales. Estos continúan con los de la Ciénaga de la Virgen y la de Mallorquín, los de La Boquilla, Punta Canoas, Punta Piedras y Galerazamba.

Pero los más extensos del Caribe colombiano se inician a partir del gigantesco delta del río Magdalena. Al principio es una pequeña franja en el sector de Las Flores hasta La Playa, para dar posteriormente paso a los enormes Manglares de la isla de Salamanca, con sus múltiples lagunas estuarinas, como La Atascosa y El Torno. La parte frontal de este sistema está protegida del oleaje directo por playas con drenajes al mar, que actúan como barras de protección. Este complejo de Manglares y lagunas costeras se amplía con la Ciénaga Grande de Santa Marta y sus múltiples lagunas y canos correspondientes al plano deltaico oriental del Magdalena. Los Manglares de la Ciénaga tienen buen desarrollo en áreas influenciadas por los aportes de agua dulce y nutrientes de las crecientes periódicas del río.

La zonación del manglar no es homogénea debido a las diferentes condiciones ecológicas que afectan la región. Por ejemplo, sobre la barra de Salamanca, que aisla parcialmente la Ciénaga del mar, aparece un cinturón de Rhizophora mangle, entremezclado con Laguncularia racemosa, bordeando la Ciénaga.

Luego hay una barra arenosa depositada por el mar, con depresiones ocupadas por una formación vegetal correspondiente al monte espinoso subtropical poblado por manchas de píñuelo, Bromelia spp., divi divi, Libidíbia coriaria, trupillo, Prosopis juliflora, y cactus, Melocactus communis. En los playones salinos se encuentran plantas talofitas como Bat's marítima y Sesuvium portulacastrum. Seguidamente a estas depresiones se encuentra una laguna hipersalina influenciada por el mar, donde se desarrolla un manglar monoespecífico achaparrado dominado por Avicennia germinans.

Hacia el caño Clarín se aprecia que Rhizophora mangle se encuentra a lo largo de los bordes bajos e inestables inundados permanentemente, lo mismo que en las bateas fangosas, mientras las zonas elevadas y estabilizadas están ocupadas por Avicennia germinans.

El sector suroccidental de la Ciénaga recibe sedimentos terrígenos arrastrados por ríos, entre ellos el Fundación. El borde bajo e inestable que da a la Ciénaga está colonizado por un cinturón de Rhizophora mangle y las tierras más elevadas se caracterizan por un amplio bosque de Avicennia germinans.

En zonas afectadas directamente por las plumas de sedimentación se observan franjas con árboles muertos de Rhizophora, sofocados probablemente por el taponamiento de las lenticelas con limo.

La distribución a lo largo de la costa se interrumpe en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, aunque aparecen pequeños Manglares aislados en el Parque Tayrona, en las ensenadas de Chengue, Neguange y Cinto, al igual que en la desembocadura de los ríos Buritaca y Don Diego. También se encuentran pequeños bosques en la región de Camarones y en la desembocadura del río Ranchería.

Sobre la árida península de la Guajira los mejor desarrollados se encuentran en las zonas protegidas de las bahías de Portete, Honda, Hondita, Cosinetas y Tucacas. En ellos, el borde influenciado por el agua salada está ocupado por Rhizophora mangle, mientras que la batea hipersalina y parte del salitral externo están colonizados por Avicennia germinans; la altura de estos mangles decrece a medida que se alejan del agua, hasta pasar a formas completamente achaparradas que se encuentran en los salitrales. Después del salitral aparecen formaciones vegetales correspondientes al matorral desértico subtropical, con arbustos de trupillo, Prosopis juliflora, y el cactus cardón, Lemaireocereus griseus. Estas bahías reciben aportes ocasionales de agua dulce con nutrientes terrígenos, pues las precipitaciones no sobrepasan los 250 mm. /año. El territorio insular también tiene Manglares como en isla Fuerte y en los archipiélagos de San Bernardo y del Rosario. En la isla de San Andrés los encontramos en depresiones formadas a lo largo de la costa este, protegidos del embate del mar por la barrera coralina o por barras de arena.

El manglar más grande en la isla de Providencia es el de la bahía de Mac Bean, el cual recibe aportes de agua dulce y nutrientes inorgánicos por escorrentía, que han desarrollado una gran plataforma limosa baja afectada por las mareas. Esta zona baja de caños y pequeñas lagunas está colonizada casi en su totalidad por Rhiophra mangle, en tanto que regiones más elevadas y alejadas del mar, con condiciones hipersalinas, lo están por Avicennia germinans. El manglar está protegido del oleaje directo por la gran barrera coralina y limita con amplias praderas de pastos marinos. En bahía Suroeste también hay un pequeño manglar de batea, protegido del oleaje por una barra de arena que se abre temporalmente al mar.

Comparación de los manglares

A pesar de sus semejanzas, los Manglares del Caribe y del Pacífico colombiano tienen diferencias florísticas notables. Durante el pleistoceno, hace aproximadamente un millón de años, ocurrieron bruscas alteraciones climáticas, en especial, prolongados períodos de sequía y fluctuaciones abruptas en el nivel del mar, el cual bajó hasta 130 metros respecto del nivel actual. Estas condiciones afectaron considerablemente la vegetación del litoral Caribe, mientras que la franja del Pacífico permaneció en condiciones climáticas más o menos estables, por lo que se considera un gran refugio pleistocénico.

Dichas condiciones probablemente favorecieron la existencia de especies diversas de plantas asociadas al manglar, muchas de las cuales son endémicas del Pacífico, es decir, que no se presentan en el Caribe o desaparecieron de esa zona al alterarse las condiciones ambientales. Por ejemplo, en la costa del Caribe no tenemos plantas asociadas al manglar como Ardisia granatensis, Rustia occidentalis, Pavonia rhizophorae y Crenea patentinervis, entre otras.

Tampoco se encuentran mangles como el nato, Mora megistosperma, o el piñuelo, Pelliciera rhizophorae. Recientemente ha sido reportada una pequeña población de Pelliciera en el manglar del Dique, aunque se sospecha que los embriones fueron transportados desde el Pacífico en la cisterna de un barco y liberados en el Caribe con el agua de lastre. Pero lo importante es que el piñuelo existía antes en esta zona, como lo demuestran los granos de polen encontrados en sedimentos anteriores al pleistoceno. Esta especie de mangle demanda sustratos duros de anclaje y, por lo tanto, vive sobre suelos consolidados, alejados del frente marino pero influenciados por las mareas salobres. Es probable que durante las grandes sequías y fluctuaciones del nivel del mar los suelos antes influenciados por el agua salada o salobre, se hayan transformado en salitrales que anularon su sobrevivencia Por otra parte, en zonas con altas precipitaciones y bajas fluctuaciones mareales, los sustratos duros fueron invadidos rápidamente por plantas terrestres agresivas capaces de eliminar del área al piñuelo. Algo similar ocurrió seguramente con el mangle nato.

La poca penetración de las mareas, que normalmente no sobrepasa los 60 centímetros de altura, determina que los Manglares del Caribe se limiten a estrechas franjas inundables, mientras en el Pacífico las mareas superiores a 4 metros de altura han hecho que estas franjas se extiendan tierra adentro si la topografía lo permite. Además, la copiosa oferta de agua dulce con nutrientes inorgánicos condiciona en buena parte el extraordinario desarrollo de los Manglares en esta zona del país, donde existen bosques con árboles de más de 40 metros de altura. Esto ha determinado que exista una mayor productividad en los Manglares del Pacífico y una gran capacidad para exportar detritus orgánico. Este aspecto estipula que en la costa del Caribe la mayor parte de la red trFica dependa del fitoplancton mientras que la del Pacífico se fundamenta en el detritus con bacterias.

Esta es la razón por la cual la fauna de nuestros dos mares ha desarrollado diferentes estrategias de alimentación, predominando los detritívoros en los estuarios del Pacífico y los planctFagos, como las ostras, en el Caribe.

 

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