Manglares

  AnteriorSiguiente  

El manglar como ecosistema esencial

Las altas precipitaciones de la selva húmeda 
tropical lavan rápidamente los nutrientes remineralizados y por ello la vegetación ha inventado un sinnúmero de estrategias para retener estos elementos antes que se pierdan. Por ejemplo, ha desarrollado raíces superficiales con hongos asociados que les dan el aspecto de churrusco, para aumentar la superficie y garantizar la rápida absorción de los 
nutrientes.
Las altas precipitaciones de la selva húmeda 
tropical lavan rápidamente los nutrientes remineralizados y por ello la vegetación ha inventado un sinnúmero de estrategias para retener estos elementos antes que se pierdan. Por ejemplo, ha desarrollado raíces superficiales con hongos asociados que les dan el aspecto de churrusco, para aumentar la superficie y garantizar la rápida absorción de los 
nutrientes.
En la selva húmeda tropical, ecosistema cerrado, el reciclaje de la materia orgánica es un proceso vital. Cuando las hojas caen al suelo son colonizadas por un ejército de microorganismos, especialmente bacterias y hongos, los cuales inician rápidamente su degradación. Los minerales así liberados son incorporados lo más pronto posible por las plantas y reutilizados
En la selva húmeda tropical, ecosistema cerrado, el reciclaje de la materia orgánica es un proceso vital. Cuando las hojas caen al suelo son colonizadas por un ejército de microorganismos, especialmente bacterias y hongos, los cuales inician rápidamente su degradación. Los minerales así liberados son incorporados lo más pronto posible por las plantas y reutilizados
El material orgánico en descomposición también es aprovechado por otras plantas especializadas, usualmente por hemiepífitas como las aráceas, las cuales se agarran con sus raíces al tronco y trepan por él 
hasta alcanzar la luz, arriba. Pero en el manglar, abajo, toda esta economía no existe, dado que es un ecosistema que importa energía y puede darse el lujo de exportar gran parte de su hojarasca.
El material orgánico en descomposición también es aprovechado por otras plantas especializadas, usualmente por hemiepífitas como las aráceas, las cuales se agarran con sus raíces al tronco y trepan por él 
hasta alcanzar la luz, arriba. Pero en el manglar, abajo, toda esta economía no existe, dado que es un ecosistema que importa energía y puede darse el lujo de exportar gran parte de su hojarasca.
Las hojas de mangle al ser finamente fraccionadas y cubrirse con bacterias sirven de nutriente a infinidad de organismos detritívoros, como a los cangrejos violinistas, Uca vocator, que recogen el material detrítico con sus pequeñas pinzas especializadas en forma de cuchara con cerdas. Del material ingerido retiran la proteína bacteriana y defecan los restos orgánicos, los cuales pueden ser recolonizados por bacterias y servir nuevamente de alimento.Los caracoles, Theodoxus luteofasciatus, atacan las hojas caídas del mangle con sus rádulas. 
De esta manera las fraccionan y aceleran el proceso de degradación. Estos finos materiales pueden ser arrastrados 
con las corrientes fuera del manglar y nutrir a 
miles de hambrientos
organismos.Las finas partículas de detritus, cubiertas con 
una película de bacterias, quedan suspendidas en el medio para ser posteriormente capturadas por un sinnúmero de filtradores, como la ostra negra, Isognomun spp., cirripedios, colonias hidroides, gusanos segmentados 
con penacho, como Sabellastarte magnifica 
y ascidias. Las estrategias de filtración son diferentes, pero todas muy efectivas
Las finas partículas de detritus, cubiertas con 
una película de bacterias, quedan suspendidas en el medio para ser posteriormente capturadas por un sinnúmero de filtradores, como la ostra negra, Isognomun spp., cirripedios, colonias hidroides, gusanos segmentados 
con penacho, como Sabellastarte magnifica 
y ascidias. Las estrategias de filtración son diferentes, pero todas muy efectivas
Los gusanos
segmentados con penacho, Sabellastarte spp., 
página siguiente, tienen tentáculos plumosos sobre la cabeza modificada, con los cuales barren literalmente el agua. Las partículas orgánicas suspendidas que flotan arrastradas por las mareas son atrapadas con ésta especie de “escoba” y llevadas a la boca, localizada sobre la base de los tentáculos.
Los gusanos
segmentados con penacho, Sabellastarte spp., 
página siguiente, tienen tentáculos plumosos sobre la cabeza modificada, con los cuales barren literalmente el agua. Las partículas orgánicas suspendidas que flotan arrastradas por las mareas son atrapadas con ésta especie de “escoba” y llevadas a la boca, localizada sobre la base de los tentáculos.
La importancia ecológica del manglar radica en su capacidad de exportar materia orgánica, y todo este proceso está íntimamente ligado con el agua y las mareas. Con ésta 
llegan los nutrientes al manglar y con ella exporta la materia orgánica sobrante.

Texto de: Henry von Prahl

El reciclaje de nutrientes es fundamental en un ecosistema y, por lo general, este ciclo se inicia con la incorporación de elementos químicos disueltos indispensables para la fabricación de materia orgánica por parte de las plantas. Dichos nutrientes se toman del medio en proporciones definidas; la ausencia o baja presencia de uno de ellos, por ejemplo de nitrógeno o fósforo, puede alterar y limitar el desarrollo y, por consiguiente, la productividad del sistema. Esos elementos son incorporados por las plantas a través de las raíces y almacenados en los tejidos, aunque una porción de estos nutrientes se pierde con la caída de frutos, hojas y por la acción de los herbívoros.

En un bosque tropical el material orgánico desprendido de los árboles es descompuesto casi de inmediato al caer al suelo por infinidad de organismos, tales como bacterias y hongos, lo cual determina que la materia orgánica se remineralice rápidamente y se liberen los elementos esenciales, que son reincorporados por las raíces y almacenados en la planta. Se trata de un ciclo cerrado en el cual los nutrientes se retienen y reciclan una y otra vez sin salir del sistema. Para mantener este reciclaje, se requiere una serie de condiciones y adaptaciones particulares. Así vemos que la mayor parte de los árboles de la selva húmeda tropical se caracteriza por tener una red de raíces superficiales cubiertas con hongos, los cuales incrementan la superficie de absorción y les dan el aspecto de un churrusco para lavar botellas. Con estas raíces las plantas pueden asimilar rápidamente los nutrientes antes que sean lavados por el agua (recordemos que estos bosques se desarrollan en áreas con alta precipitación) y arrastrados a zonas profundas del suelo, donde no pueden ser utilizados por las plantas. Con estos hongos asociados, llamados mico rrlizas,hongos raíces, las plantas reciben rápidamente los nutrientes disueltos de la hojarasca en descomposición, gracias a la humedad y las altas temperaturas de las zonas tropicales. Por otra parte, hay cientos de pequeños animales, insectos, ciempiés y lombrices, encargados de acelerar el proceso de degradar la hojarasca y fraccionarla en pequeñas partículas, las cuales son atacadas por hongos y bacterias hasta ser desintegradas totalmente.

Esta estrategia de desarrollar raíces superficiales da algunos problemas de estabilidad a los árboles y por esto generan raíces expuestas en forma de estribos o contrafuertes, con las cuales aumenta su base construyendo una plataforma de apoyo. Además, los árboles se amarran unos a otros mediante marañas de bejucos, gracias a lo cual el conjunto se apoya entre sí ganando estabilidad.

Pero, al contrario de los ecosistemas cerrados, el manglar depende básicamente de nutrientes que provienen de fuentes externas y, en menor grado, del reciclaje, por lo cual se le considera primordialmente abierto. El manglar importa nutrientes inorgánicos y exporta materia orgánica en forma de hojarasca.

Debido a esto es uno de los ecosistemas más productivos del mundo, a diferencia de la selva, donde las hojas son degradadas prácticamente en el sitio que caen; en el manglar estas son arrastradas por acción de las mareas y las corrientes, lo cual determina que casi no exista descomposición ni remineralización del material orgánico in situ. A causa de ello, el ecosistema depende en gran parte de la importación de nutrientes acarreados por ríos o introducidos por mareas.

Lo fundamental es que a cambio de estos nutrientes inorgánicos el manglar aporta elevadas cantidades de material orgánico al medio 8 a 15 toneladas por hectárea/año , para sostenerla compleja red alimenticia de los sistemas estuarinos y marinos aledaños. Esta fuente energética primaria se da en forma de partículas orgánicas, denominadas detritus, y son originadas por el fraccionamiento y la descomposición de hojas, flores, frutos y ramas del manglar. La liberación de material orgánico es constante durante todo el año y la secuencia de la degradación se inicia con la caída de la hojarasca al medio. Por ejemplo, las hojas que permanecen unos 330 días adheridas al árbol, al desprenderse y caer al agua son atacadas casi de inmediato por hongos, generalmente ficomicetes y bacterias, que entran a la hoja a través de los poros, por los cuales emiten sus proyecciones en forma de raíces capaces de secretar enzimas digestivas. Posteriormente aparecen protozoarios, microcrustáceos y gusanos nemátodos, los cuales se alimentan de los hongos y las bacterias. De ésta manera se inicia la descomposición y progresivamente se va rompiendo el tejido, fraccionándose en unidades más pequeñas. Algunos organismos como camarones y cangrejos, son capaces de alimentarse de estas hojas en degradación, pero no comen la celulosa contenida en ellas sino que se nutren del moco bacteriano y los hongos, capa abundante en proteína. Para lograrlo disponen de un molino en la entrada del estómago que tritura la hoja. Una vez macerado, el conjunto pasa por un filtro de cerdas donde se retira la proteína bacteriana. El resto del material se libera al medio en forma de heces, y es nuevamente colonizado por bacterias, formando un detritus extremadamente rico en proteína y de alto valor nutritivo. Este material también puede ser transportado por las mareas y entrar en sistemas vecinos, como el estuarino, donde miles de animales hambrientos se nutrirán de él.

Las partículas de hojarasca recubiertas con una película bacteriana, y caracterizadas por la alta relación de proteína y azúcares, se constituyen en la base de la organización alimenticia del ecosistema manglar estuario, porque pueden ser consumidas por multitud de detritívoros y filtradores, en especial moluscos y gusanos marinos, los cuales son devorados por organismos bentFagos, como peces, que a su vez serán depredados por carnívoros más grandes entre los cuales está el hombre. En una palabra, se come y se es comido.

Parte de este material fino, suspendido y disuelto en la columna de agua, puede coagularse por fenómenos físicos al penetrar las aguas marinas al estuario, durante las mareas altas conocidas como pujas. Al coagularse se forman conglomerados ricos en proteína, los cuales se precipitan al fondo y se constituyen en nutrientes esenciales para peces y crustáceos.

Otra importante fuente de nutrientes para los habitantes del sistema man glar estero es la liberación de material orgánico disuelto, especialmente aminoácidos y azúcares liberados al medio durante la degradación de la hojarasca del manglar.

Estos productos pueden ser incorporados por difusión o transporte activo gracias a las larvas de invertebrados y otros microorganismos unicelulares, mediante la superficie corporal, sin que deban ingerirlos.

Esto hace que el estuario sea un verdadero caldo de cultivo por la proliferación de los organismos unicelulares, que al incorporar estos nutrientes y multiplicarse constituyen la base energética de los consumidores inferiores. Esta gran oferta de nutrientes en forma de compuestos orgánicos disueltos, partículas finas de detritus cubiertas con película bacteriana, nutrientes disueltos, material coagulado y proliferación de microorganismos unicelulares, hacen del estuario lugar apropiado para el desarrollo de formas larvales, en especial de peces y crustáceos que requieren fuentes de proteína para su evolución. Muchos de ellos son incapaces de cazar a otros animales debido a su fragilidad y el tamaño de sus bocas, pero sí discriminan las diferentes partículas de detritus y conglomerados orgánicos. Por todo esto se considera a los estuarios con cinturones de manglar como rebosantes criaderos naturales donde se ofrece sustento y protección y en los cuales se repite incesantemente el milagro de la vida.

Como es de esperarse, esto tiene implicaciones en el crecimiento de numerosos organismos, sobre todo de las especies que pescamos comercialmente y que, a su vez, son fundamentales en nuestra economía y nuestra dieta. Esto nos obliga a ver al manglar como un aliado, el cual nos entregará lo que tiene si lo tratamos con consideración.

 

  AnteriorSiguiente  

Comentarios