Manglares

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El manglar, ecosistema entre dos mundos.

Los manglares, cuya reproducción ocurre mediante frutos que germinan sobre la planta madre, se diferencian de 
las plantas típicamente terrestres por disponer de una serie de adaptaciones logradas a través de millones de años de selección y coevolución 
con el medio, para vivir sobre sustratos con agua salada, pobres en oxígeno
y generalmente inestables embriones con espolones de anclaje de Pelliciera rhizophorae. Pacífico colombiano.Una de las adaptaciones más impresionantes que tienen algunos mangles, 
es la capacidad para evacuar el exceso de sal a través de las hojas, mediante glándulas especializadas. Esta estrategia, conocida como secretora de sal, es uti-lizada por el mangle 
negro, Avicennia germinans.Mangle bobo, 
Conocarpus erectus.  En estas especies las glándulas de gran tamaño se pueden observar a simple vista.
Otros tienen dos glándulas en el pecíolo, como es el caso del mangle blanco, Laguncularia racemosa.   En estas especies las glándulas de gran tamaño se pueden observar a simple vista.
Para ocupar suelos 
pobres en oxígeno, llamados por ésta característica anaeróbicos,  los mangles han desarrollado adaptaciones muy llamativas. El 
mangle piñuelo, 
Pelliciera rhizophorae,tiene las raíces superficiales cubiertas con miles de poros respiratorios llamados lenticelas, mediante los cuales incorpora aire al árbol.Una estrategia similar es utilizada por el mangle rojo, Rhizophora spp.El mangle negro, Avicennia germinans, prefiere “respirar” mediante raíces especializadas llamadas neumatóforos, que 
emergen del suelo en 
forma de tubos a 
manera de “snorkel”.Los mangles, en contraste con las plantas típicamente terrestres que normalmente se reproducen por semillas, lo hacen mediante embriones perfectamente adaptados 
al medio en el que van a vivir, los cuales germinan sobre la planta madre. El mangle nato, Mora megistosperma, forma 
una gran legumbre con 
una o dos semillas en su interior. Al madurar 
suelta las semillas germinadas, las cuales 
caen al agua para dispersarse por flotación. Para lograrlo han desarrollado una cavidad llena de aire en la cual se encuentra el embrión.El mangle piñuelo, Pelliciera rhizophorae, produce embriones cubiertos con una envol-tura flotante llena de miles de pequeñas cámaras de aire que, al irse llenando con agua durante la flotación, crean tales presiones que la envoltura se abre para dejar libre al embrión, el cual se ancla firmemente al sustrato con una especie de espuela anterior. Inmediatamente emite las raíces y en cuestión de horas abre su primer par de hojas.
El mangle piñuelo, Pelliciera rhizophorae, produce embriones cubiertos con una envol-tura flotante llena de miles de pequeñas cámaras de aire que, al irse llenando con agua durante la flotación, crean tales presiones que la envoltura se abre para dejar libre al embrión, el cual se ancla firmemente al sustrato con una especie de espuela anterior. Inmediatamente emite las raíces y en cuestión de horas abre su primer par de hojas.
Después de la fecundación el mangle rojo, Rhizophora spp.,
empieza a formar largas estructuras en forma de cigarro llamado epicótilos, rodeadas por una capa 
con cámaras de aire, especializada para la flotación, la cual abraza la futura raíz. En el extremo
anterior se forman los primordios foliares correspondientes al primer par de hojas enrrolladas, que quedan libres al desprenderse el embrión 
de la planta madre.
Al flotar, y a medida que
las cámaras de aire se van llenando de agua, los embriones adquieren una posición vertical que les permite anclarse en playones fangosos 
cubiertos con 30 a 60 centímetros de agua.
Después de la fecundación el mangle rojo, Rhizophora spp.,
empieza a formar largas estructuras en forma de cigarro llamado epicótilos, rodeadas por una capa 
con cámaras de aire, especializada para la flotación, la cual abraza la futura raíz. En el extremo
anterior se forman los primordios foliares correspondientes al primer par de hojas enrrolladas, que quedan libres al desprenderse el embrión 
de la planta madre.
Al flotar, y a medida que
las cámaras de aire se van llenando de agua, los embriones adquieren una posición vertical que les permite anclarse en playones fangosos 
cubiertos con 30 a 60 centímetros de agua.
Después de la fecundación el mangle rojo, Rhizophora spp.,
empieza a formar largas estructuras en forma de cigarro llamado epicótilos, rodeadas por una capa 
con cámaras de aire, especializada para la flotación, la cual abraza la futura raíz. En el extremo
anterior se forman los primordios foliares correspondientes al primer par de hojas enrrolladas, que quedan libres al desprenderse el embrión 
de la planta madre.
Al flotar, y a medida que
las cámaras de aire se van llenando de agua, los embriones adquieren una posición vertical que les permite anclarse en playones fangosos 
cubiertos con 30 a 60 centímetros de agua.
Después de la fecundación el mangle rojo, Rhizophora spp.,
empieza a formar largas estructuras en forma de cigarro llamado epicótilos, rodeadas por una capa 
con cámaras de aire, especializada para la flotación, la cual abraza la futura raíz. En el extremo
anterior se forman los primordios foliares correspondientes al primer par de hojas enrrolladas, que quedan libres al desprenderse el embrión 
de la planta madre.
Al flotar, y a medida que
las cámaras de aire se van llenando de agua, los embriones adquieren una posición vertical que les permite anclarse en playones fangosos 
cubiertos con 30 a 60 centímetros de agua.
Después de la fecundación el mangle rojo, Rhizophora spp.,
empieza a formar largas estructuras en forma de cigarro llamado epicótilos, rodeadas por una capa 
con cámaras de aire, especializada para la flotación, la cual abraza la futura raíz. En el extremo
anterior se forman los primordios foliares correspondientes al primer par de hojas enrrolladas, que quedan libres al desprenderse el embrión 
de la planta madre.
Al flotar, y a medida que
las cámaras de aire se van llenando de agua, los embriones adquieren una posición vertical que les permite anclarse en playones fangosos 
cubiertos con 30 a 60 centímetros de agua.
Por ser un ecosistema abierto, la vida del manglar depende en buena parte de los sistemas fluviales que le aportan nutrientes provenientes 
del exterior, como por ejemplo minerales, los cuales son generalmente arrastrados hasta el manglar por las aguas de los ríos, verdaderas arterias de la vida.
Los nutrientes aportados por los ríos y las mareas son incorporados a través de las raíces de los mangles. El mangle rojo, Rhizophora spp., las 
tiene en forma de zancos que le sirven para filtrar agua salada y fijarse sobre suelos extremadamente inestables. Esta última adaptación hace que dicho mangle supere a cualquier otra especie y se encuentre con frecuencia en el frente marino cubriendo zonas con sustratos recién sedimentados, muy inestables.
Los nutrientes aportados por los ríos y las mareas son incorporados a través de las raíces de los mangles. El mangle rojo, Rhizophora spp., las 
tiene en forma de zancos que le sirven para filtrar agua salada y fijarse sobre suelos extremadamente inestables. Esta última adaptación hace que dicho mangle supere a cualquier otra especie y se encuentre con frecuencia en el frente marino cubriendo zonas con sustratos recién sedimentados, muy inestables.
Los nutrientes aportados por los ríos y las mareas son incorporados a través de las raíces de los mangles. El mangle rojo, Rhizophora spp., las 
tiene en forma de zancos que le sirven para filtrar agua salada y fijarse sobre suelos extremadamente inestables. Esta última adaptación hace que dicho mangle supere a cualquier otra especie y se encuentre con frecuencia en el frente marino cubriendo zonas con sustratos recién sedimentados, muy inestables.
Los nutrientes aportados por los ríos y las mareas son incorporados a través de las raíces de los mangles. El mangle rojo, Rhizophora spp., las 
tiene en forma de zancos que le sirven para filtrar agua salada y fijarse sobre suelos extremadamente inestables. Esta última adaptación hace que dicho mangle supere a cualquier otra especie y se encuentre con frecuencia en el frente marino cubriendo zonas con sustratos recién sedimentados, muy inestables.

Texto de: Henry von Prahl

De lejos nos parecen árboles caminando a zancadas sobre el agua con sus raíces como patas de araña, pero al mirarlos mejor vemos que están firmemente afianzados al suelo lo mismo que las plantas terrestres.

Vemos también que no todos los árboles son iguales y podemos apreciar tipos diversos de raíces, formas de troncos, hojas y flores, y especies pertenecientes a distintas familias, pero con características y adaptaciones semejantes, adquiridas para poder vivir en esta franja de transición entre el mar y la tierra, bajo el influjo de las mareas.

Sin lugar a dudas, la más importante de éstas es la tolerancia diferencial a la salinidad, aunque debemos admitir que crecen bien en zonas con agua salobre y dulce, siempre y cuando no tengan que competir con plantas típicamente terrestres. Poseen además mecanismos para vivir en suelos anaeróbicos muy pobres en oxígeno , que permanecen la mayor parte del tiempo encenagados. También pueden hacerlo en terrenos inestables, generalmente fangosos.

Fuera de tales formas de adecuación al medio, logradas por distintas rutas evolutivas, las familias de esta comunidad tienen estrategias semejantes de reproducción, que consisten en liberar frutos embrionados con capacidad de flotar, lo que ocasiona que el agua sea su principal vehículo de diseminación. Para no descomponerse en este medio, el fruto está provisto de sustancias bactericidas, especialmente taninos. A diferencia de la mayor parte de las plantas terrestres, cuyas semillas pueden esperar en estado latente el momento oportuno para nacer, los Manglares producen frutos embrionados que germinan en la planta madre y se pueden fijar al sustrato en forma prácticamente inmediata. Son estrategias muy distintas la de las plantas típicamente terrestres es más bien pasiva, mientras que en los Manglares los frutos embrionados tendrán que anclar cuando encuentren suelos apropiados. La oportunidad es única y no se puede perder tiempo, deben asirse rápidamente, pues de lo contrario las mareas los arrastrarán mar afuera, donde acabarán desperdiciándose.

Para vivir en medios expuestos al agua salada y salobre, los Manglares presentan dos grandes estrategias conocidas. Algunos, los llamados mangles secretores, dejan entrar cierta cantidad de sal por sus raíces y arrojan el exceso de sales al medio a través de glándulas localizadas en las hojas. Esta operación la realizan mediante bombas fisiológicas con un gasto considerable de energía.

Entre los secretores, uno de los más evolucionados es el mangle negro, Avicennia germinans, el cual puede crecer en salinidades hasta de tres veces la del mar. Es el más tolerante, lo cual le permite vivir en medios como en las lagunas salinas del Caribe, donde otros no prosperan. La segunda táctica consiste en no dejar entrar las sales hacia el interior de la planta, mediante la ultra filtración selectiva del agua de mar a través de membranas situadas en las raíces. Esto implica mantener altas diferencias de presiones negativas en el interior del tejido, con el fin de incorporar el agua y tamizar las sales en un proceso exclusivamente físico. Esta estrategia, llamada no secretora, está muy desarrollada en el mangle rojo, Rhizophora mangle, aunque no de modo tan efectivo como en el negro, debido a que sólo resiste salinidades de dos veces la del mar.

En cuanto a la adaptación para ocupar sustratos sin oxígeno, los diferentes mangles han desarrollado estrategias asombrosas. El mangle rojo, por ejemplo, respira mediante orificios llamados lenticelas, que se encuentran sobre las partes aéreas de las raíces. El mangle piñuelo, Pelliciera rhizophorae, tiene lenticelas sobre la superficie externa de sus raíces tabloides y acumula aire en un tejido esponjoso que se encuentra conectado a éstas, de manera que cuando sube el agua por acción de las mareas las lenticelas se cierran y el árbol respira el aire almacenado como si tuviese escafandra o tanques de buceo. Al bajar la marea se abren nuevamente las lenticelas y el árbol respira normalmente, al tiempo que llena su tejido respiratorio vacío. Pero, la estrategia más interesante es la desarrollada por el mangle negro, que posee grandes raíces subsuperficiales de anclaje a unos cuantos centímetros bajo el suelo. De éstas surgen verticalmente tubos esponjosos de unos 30 centímetros de longitud que sobresalen ampliamente del suelo. Pues bien, con estas raíces respiratorias conocidas como neumatForos el mangle negro es capaz de tomar aire de la atmósfera. Una vez ha acumulado aire durante la marea baja, puede subir el agua y cubrirlo, que su tejido esponjoso lo oxigenará por el tiempo necesario.

En otros casos, las raíces sobresalen del agua permanentemente y el mangle respira como a través de un snorke. Una estrategia similar tiene el mangle blanco, Laguncularia racemosa. Estas adaptaciones son admirables y nos muestran los diferentes caminos evolutivos que han tomado los mangles para solucionar el mismo problema.

También es importante la adaptación para ocupar terrenos inestables, lo cual no quiere decir que no puedan vivir sobre fondos firmes como arena y roca coralina. Sin embargo, cabe subrayar aquí diferencias marcadas entre especies. Por ejemplo, el mangle rojo es de todos el mejor dotado para ocupar esta clase de fondos, especialmente planos de lodo, gracias a sus raíces dispuestas en forma de zancos. De este modo logra aumentar considerablemente su superficie de apoyo y se muestra capaz de flotar sobre el fango.

El mangle negro es menos hábil para colonizar estos sustratos; tiene raíces subsuperficiales a manera de estrella, con las cuales se apoya en el fango, aunque también puede desarrollar pequeñas raíces laterales en forma de zancos, al igual que el mangle blanco. Por su parte, el mangle piñuelo y el manglenato, Mora megistosperma, que tienen raíces tabloides a manera de contrafuerte, no están provistos para ocupar basamentos inestables y sólo se desarrollan sobre fondos bien consolidados.

Otro punto notable está relacionado con la reproducción, pues todos los mangles lo hacen por medio de semillas embrionadas flotantes. El mangle rojo produce embriones en forma de cigarro que miden entre 25 y 60 centímetros de longitud. Al desprenderse de la planta madre, al cabo de unos 120 días, caen al agua, donde pueden navegar por más de 6 meses conservando su capacidad de germinar, hasta encontrar tierras adecuadas por ejemplo, un playón lodoso resguardado , donde se fijan mediante pequeñas raíces. El negro y el piñuelo, tienen envolturas con cámaras de aire que cubren la semilla germinada. Estas se van llenando de agua y luego se abrirán para dejar suelta la semilla, la cual arraiga inmediatamente en el sustrato. El nato tiene una estrategia fascinante. La semilla se forma dentro de una gran vaina en forma de riñón, de unos 70 centímetros de longitud. Al abrirse, la semilla cae al agua y puede flotar gracias a que el embrión se encuentra rodeado por una cámara de aire. Después de un tiempo ésta se abre en dos tapas llamadas cotiledones y se va al fondo. En ésta fase el embrión emite su raíz de anclaje para fijarse al suelo. Toda la estrategia de los embriones de mangle consiste en no hundirse para poder ser esparcidos con las corrientes y anclarse al sustrato conveniente, sin tener que pasar por largos procesos de germinación como las plantas terrestres. De otro lado, el embrión ya está perfectamente preadaptado al medio y tiene todas las condiciones para sobrevivir. Debido a que los mangles no han desarrollado frutos llamativos o carnosos, como muchas de las plantas terrestres que dependen de los animales para su dispersión, han creado ingeniosos sistemas de flotación. La combinación de todas éstas estrategias hace que uno u otro manglar predomine en determinadas regiones. Así los sustratos muy inestables son colonizados comúnmente por mangles rojos, mientras que zonas con alta salinidad favorecen la presencia del mangle negro, que dispone de mecanismos para contrarrestarla. A su vez, sustratos estabilizados tienden a ser poblados por el mangle piñuelo o el nato.

 

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