Manglares

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Los Manglares de Colombia, cuna de la civilización

Máscara antropo­-
morfa elaborada en concha
marina, característica del
contexto ritual de la
región Tumaco?La Tolita.
Esta Magnífica pieza
cerámica de representa­-
ción antropozoomorfa,
muestra el relevante papel
cumplido durante los
Desarrollos Regionales
por la figura sagrada del
Jaguar, en la región
pacifica Tumaco?La Tolita.
El hombre?jaguar personi­-
ficó en una sola realidad lo
divino, lo sagrado, lo
terrestre y lo humano. Fue
símbolo del poder y del
conocimiento; eje central
de la organización 
chamanística entre
hombre y naturaleza.Artefacto cerámico con forma de pez, utilizado para rallar especialmente tubérculos y raíces como la yuca, base de la dieta en las tierras bajas tropicales.
Alcarraza de doble vertedera y asa puente, de forma hiperrealista, realizada en cerámica de la región Tumaco?La Tolita.
Representación cerámica de una vivienda en la región Tumaco?La Tolita en el Período Inguapi I. Nótese el ápice cónico 
de la estructura tipo “pagoda ”.
Sello cerámico plano que representa una mano humana con símbolo concéntrico (espiral), en el centro de la palma. Sus características aluden, seguramente, al concepto del “hilo conductor de la vida y al prospecto de su infinita existencia”. Desarrollo Regional Tumaco?La Tolita.
Fragmento pedestal de una vasija cerámica de la región Tumaco?La Tolita 
en la cual se puede observar uno de los 
remates zoomorfos que invoca la figura de un 
gran reptil, característico de la zona estuarina.
Escena ceremonial con figuras antropozoomorfas con compleja y enarbolada indumentaria que hace alusión a un ritual con la figura del sacerdo-
tejaguar. En el evento parti-cipan otros animales sagrados como la serpiente y un aviforme.
Alcarraza cerámica de doble vertedera y asa puente característica de 
los Desarrollos Regionales en la zona de Tumaco. Nótese la “greca?espiral” como elemento decorativo principal. Figura antropomorfa de rasgos hiperrealistas sentada en un dúho tetrápode.
Cerámica con desgrasante de fibra vegetal, recuperada del yacimiento arqueológico de Puerto Hormiga en el depar-tamento de Bolívar. Después de la reciente-mente reportada por Reichel?Dolmatoff para Monsú, ésta es la evidencia cerámica mas antigua de América.Cerámica decorada con incisiones y punteado, pertenecientes al yacimiento de Puerto Hormiga. Hachas bifaciales de hoja cortante elaboradas en concha marina, recuperadas en la isla de Salamanca.Ajuar funerario, recuperado en una tumba de los Concheros en la Ciénaga Grande de Santa Marta (Tasajeras). Está elaborado en cerámica (cuentas y recortes”),
hueso (dijes de falanges y falangetas humanas), caracoles y conchas (dijes y cuentas). Fragmentos de cerámica monocromática con decoración punteada-ungulada de los yacimientos de Salamanca y Lomas de López.Hacha y cuchillo elaborados en concha marina, de la zona del Canal del Dique, en inmediaciones del Caño Lequerica.
Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
elaboradas en cerámica,
página opuesta,
pertenecientes al período
de Desarrollos Regionales
en la zona Tumaco?La
Tolita (Complejos Mataje­-
Inguapi). Nótese la
iconografía de especies de
la fauna estuarina del
Pacífico: saurios, peces,
tortugas, avifauna y
mamíferos.Figurillas zoomorfas
man cturadas en
cerámica que representan
una parte muy singular de 
la fauna silvestre de la
región manglárica
pacífica: felinos,
ave playera  y caracol
gigante.Figurillas zoomorfas
man cturadas en
cerámica que representan
una parte muy singular de 
la fauna silvestre de la
región manglárica
pacífica: felinos,
ave playera  y caracol
gigante.Figurillas zoomorfas
man cturadas en
cerámica que representan
una parte muy singular de 
la fauna silvestre de la
región manglárica
pacífica: felinos,
ave playera  y caracol
gigante.Figurillas zoomorfas
man cturadas en
cerámica que representan
una parte muy singular de 
la fauna silvestre de la
región manglárica
pacífica: felinos,
ave playera  y caracol
gigante.Vasijas de uso doméstico, del período
Tardío. Buchelli.
Vasijas de uso doméstico, del período
Tardío. Buchelli.
Carta geográfica de las costas colombianas realizada por William 
Hack a finales del siglo XVII. Esta incluye la región Pacífica entre Cabo Corrientes en Colombia y río Esmeraldas en Ecuador. 
William Hack, libro de borradores, Harl 4034, Sloane 44, British 
Museum, Londres.Bosque de mangle rojo, Rhizophora mangle, en la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Texto de: Carlos Castaño Uribe
Director de Parques Nacionales Naturales

Para todos es bien conocido que el ecosistema no sólo es una de las unidades naturales más productivas del planeta en términos biológicos sino que, junto con zonas conexas, forma un contexto óptimo para el establecimiento de la vida en cualquiera de sus formas, incluso la humana, una vez se alcanzan los niveles de adaptación necesarios.

Para ecólogos y especialistas afines el manglar evoca el origen y la posibilidad reproductiva de un apreciable porcentaje de las especies de peces del planeta dos terceras partes, para ser precisos , que conjuntamente con otros ecosistemas ubicados en la zona acuática marítima (praderas submarinas y arrecifes coralinos), constituyen la sucesión natural más singular para el nacimiento y desarrollo de la ictiofauna mundial. La doble condición de salacuna alimentación posibilita una alta productividad pesquera y explica también el porqué de su importancia en la evolución cultural del hombre.

Así, pues, el manglar y sus áreas aledañas pueden ser considerados como un enclave geográfico definitivo en la génesis de muchos de los logros sociales e históricos de la humanidad. Este papel protagNico y decisivo del manglar es tan evidente en la historia del hombre que, independientemente del lugar al que nos refiramos dentro de la franja tropical del mundo, esta unidad natural sirvió de base al período transicional conocido como mesolítico o arcaico, que fijó el paso del nomadismo primigenio de las bandas de cazadores y recolectores a la estabilización de las comunidades de hábitos sedentarios.

El período arcaico americano, hoy día ampliamente revaluado, se involucra muy especialmente en estas tierras bajas de ambientes lacustres, pantanosos, ribereños y, al mismo tiempo, de entorno marino, comúnmente conocidos como Manglares. Se caracteriza, desde el punto de vista socio cultural, por haber permitido, siglos atrás, el aprovechamiento selectivo y novedoso de recursos naturales al hombre, permitiéndole, así mismo, nuevas y definitivas fuentes de alimento y, lo más importante, posibilitándole los primeros pasos hacia su sedentarizacíón después de un amplio y prolongado período de trashumancia.

Resulta estimulante indicar que es precisamente nuestro país el lugar donde se demuestra con mayor claridad este proceso adaptativo de sedentarización en una secuencia cronológica continua, con implicaciones sustanciales para el desarrollo cultural en el resto del continente. En efecto, la muy pródiga y abnegada labor científica 5de los esposos Reichel Dolmatoff a lo largo de varias décadas de exploración e investigación arqueológica, señala cómo fueron estas tierras bajas tropicales del Caribe colombiano, las cuales formaron un foco cultural cuyas irradiaciones hacia el norte y hacia el sur dieron origen a las grandes civilizaciones de MesoAm?érica y los Andes centrales (Reichel Dolmatoff, 1985).

Así, por ejemplo, la costa atlántica del país ha develado en entornos naturales de manglar y en sus sistemas relacionados o periféricos la cerámica más antigua del continente, cuya significación cultural no tiene antecedentes para la historia del hombre americano, no sólo por lo temprano del suceso siglo IV a.d. C. , sino por sus implicaciones adaptativas. Colombia desarrolló así, en sus amplias franjas de manglar pacífico y caribeño (442.000 hectáreas), distintos modelos de adaptación cultural que aún hoy siguen vigentes. Empezaron hace mucho tiempo; sus tecnologías fueron al comienzo muy simples y su conocimiento escaso, pero estas áreas hidrFilas, privilegiadas para la obtención de recursos, dieron las bases necesarias para establecer amplias poblaciones que fundamentaron su economía en la pesca y la recolección de moluscos. La experiencia se diversificó y sus logros se optimizaron e irradiaron al continente.

La cultura milenaria de los concheros y los hombres de los desperdicios

Los cazadores trashumantes que habían logrado penetrar por el estrecho de Bering durante la glaciación wisconsiniana, iniciada hace unos ochenta mil años, concluyeron su inesperado y azaroso recorrido ingresando a SurAm?érica. Sus adaptaciones fueron múltiples y exitosas mientras la presencia de bandas de megafauna, objeto de permanente persecusión, así lo permitieron. Drásticos cambios climáticos incidieron en las poblaciones faunísticas y vegetales de tal forma que el hombre se vió en la necesidad de operar radicales modificaciones en la explotación de nuevas alternativas de subsistencia. Vale la pena destacar que el ecosistema manglar es uno de los pocos entornos azonales, o sea, que no está sujeto a contundentes cambios climáticos como otros biomas del globo terráqueo. Algunas poblaciones humanas lograron adaptaciones posteriores, bien especializándose en el modelo de cacería y recolección ya ampliamente conocido o empleando nuevos patrones, como el sugerido por los concheros. Estos yacimientos arqueológicos, presentes tanto en el Pacífico como en el Atlántico colombiano, no son otra cosa que depósitos de conchas y desperdicios orgánicos o culturales que, una vez excavados sistemáticamente, permiten reconstruir los procesos prehistóricos más importantes del país. Pero la identificación de este tipo de yacimientos no sólo se presenta en el territorio nacional, sino también es posible observarlo en todo el continente y en el resto del orbe. Tanto la localización como el modelo de apropiación de recursos hidrobiológicos y terrestres que en ellos se vislumbra, demuestran que éstos se relacionan con el ecosistema manglar, aunque no necesariamente en forma exclusiva. Por lo menos así lo permiten demostrar las evidencias post glaciares del epipaleolítico y mesolítico europeo y asiático.

Sea como sea, en Colombia los concheros se relacionan íntimamente con las extensas zonas de manglar ubicadas en areales algunas veces dispersos desde el Cabo de la Vela hasta el Golfo de Urabá, por el norte, y desde Punta Marzo hasta el río Mira, Por el occidente, con especial determinación a partir de Cabo Corrientes hacia el sur.

Los concheros mayormente documentados a través de investigaciones del Caribe colombiano se ubican en Monsú, Puerto Hormiga, Barú, Ciénaga del Totumo, Ciénaga Grande, Isla de Salamanca, Barlovento, Canapote, Puerto Caimán, Lomas del Trigre, Los Jag¸eyes, y el complejo lacustre de Pajaral, entre otros. La mayoría de ellos representa un grupo tipo de modelos adaptativos particulares del período Preformativo y Formativo Temprano (comienzo de la agricultura sistemática y sedentarización permanente), y evidencian distintos momentos culturales y cronológicos.

El sitio Monsú (período Turbaná), excavado por los esposos Reichel Dolmatoff, se constituye en el más antiguo de los conocidos hasta el momento y el primero donde se observan vestigios cerámicos en el continente. Los más tempranos habitantes del lugar se asentaron motivados por el amplio y variado arsenal de productos disponibles y construyeron grandes viviendas ovaladas para habitación permanente alrededor del siglo IV a. C.

El extenso montículo de Monsú sobre el Canal del Dique en Bolívar, presenta profundas capas de desperdicios que indican, según el parecer de los investigadores referidos, períodos prolongados de ocupación milenaria que muestran diferentes momentos de utilización del yacimiento hasta el período de la Conquista.

Puerto Hormiga, sitio próximo al anterior, es otro de los enclaves importantes. En él se han encontrado vestigios de una cerámica igualmente antigua, pero más reciente que la de Monsú, ubicada alrededor del 3.000 a. C., y cuya característica principal es la de presentar un antiplástico (desgrasante) de fibra vegetal para evitar el resquebrajamiento durante el período de cocción del recipiente. Estos son, por lo general, de paredes delgadas y textura superficial tosca y rugosa.

En otro yacimiento arqueológico reconocido en Canapote por los Reichel se observa la utilización, 1.000 años después, de formas elementales de cerámica relacionadas con Puerto Hormiga y reconocidas como de su misma tradición, influencia que pasará a los siglos posteriores y se utilizará en los concheros del litoral.

En los montículos y concheros del Caribe colombiano se atestigua, así mismo, el inicio de una horticultura incipiente, posiblemente basada en el cultivo de raíces en época temprana. Estos pobladores, asentados encima de sus propios desperdicios de moluscos, almejas y demás bivalvos, dedicaron su tiempo, según la época del año, a la caza menor, la pesca intensiva y la horticultura de yuca, según lo confirman los objetos líticos, las pesas de red, los raspadores y las azadas elaboradas en concha encontradas en Barlovento y otros tantos yacimientos.

Una amplia gama de recursos faunísticos disponibles en el mar, las playas, los Manglares, los bosques ribereños, los esteros, las ciénagas y la selva húmeda, a muy corta distancia unos de otros, permitieron el aprovechamiento de varias decenas de especies de peces, de aves permanentes y migratorias, de grandes mamíferos, como el venado, Odocoileus virginianus, el manatí, Trichechus manatus, y el chig¸iro, Hydrochaeris hydrochaeris, de reptiles como la iguana, Iguana iguana, el caimán, Crocodylus acutus, y tortugas marinas y terrestres, Podocnemys, Caretta caretta, Eretmochelys imbricata, etc., por dar tan sólo algunos ejemplos de los restos encontrados en las capas consecutivas de conchas y basura.

En los concheros tardíos de la isla de Salamanca se observa una disposición dispersa pero numerosa de este tipo de montículos que llegan a tener entre 40 y 150 metros de diámetro y dos o tres de altura. En su mayoría están orientados hacia las ciénagas y muestran una estrecha relación con este gran espejo acuático como lugar preferencial de extracción de recursos. Sobresale la almeja, Pitar circinata, la ostra, Crassostrea rhizophorae, el chip chip, Donax sp., y el caracol, Phila flagellata. La ictiofauna encontrada en los restos orgánicos de los depósitos arqueológicos indican que estos moradores eran ávidos consumidores de la lisa, Mugil spp., la mojarra, Eugerres plumieri y el bagre, Galeichthys bonilla, entre otros.

Las comunidades humanas de Salamanca distinguieron y aprovecharon eficazmente el gran potencial de las aguas lóbregas con fondo barroso, la temperatura tibia de las aguas y su intercambio permanente inducido por los cursos dulces de la Sierra Nevada y del Magdalena. Todo ello permitió un alto contenido de minerales disueltos, abundancia de fitoplancton, crecimiento rápido de los peces y circulación permanente del aire y los alimentos del espejo acuático (Shuterland y Murdy s. f.).

Las excavaciones efectuadas en el lugar permiten inferir la utilización de huesos, aceites, piel y carne de manatí y de otros mamíferos como el capibara o chig¸iro, así como también la utilización de grandes cantidades de moluscos y caracoles.

La cronología de estos sitios de la isla de Salamanca permite ubicarlos entre los 900 d. C., (Cangarú), y finales del siglo XVI (Puerto Caimán). En otros puntos de la Ciénaga Grande se obtuvieron fechas entre el 360 d. C. (Los Jag¸eyes) y el 945 d. C. (Lomas de López), lo cual evidencia lo relictual y tardío de esa usanza que empezó cinco siglos atrás y, en términos prácticos, continúa siendo un modelo válido y apropiado de producción económica para cientos de pescadores palafíticos.

Según Angulo Valdés, quien excavó en este sector de la costa atlántica, los concheros de la ciénaga parecen estar vinculados en su origen a las mismas necesidades que motivaron los actuales establecimientos lacustres o palafíticos de Pajarales, Ciénaga (1978), y los demás sitios conexos al manglar. La forma de muchos de los montículos y concheros que, como ya dijimos pueden ser de gran tamaño y altura, presenta otra serie de paticularidades que permiten inferir complejas interrelaciones simbólicas y conceptuales. Para Reichel Dolmatoff (1985) el área circular de estos yacimientos se divide en dos depresiones o segmentos enfrentados, esquema que en muchas culturas refleja la división de la sociedad en mitades opuestas y complementarias.

Estas depresiones en los extremos de los montículos, como puntos de referencia visual, pueden haber tenido un papel fundamental en la observación calendárica y astronómica, puesto que además de permitir el establecimiento y la predicción de eventos meteorológicos o climáticos, facilitaría conocer el advenimiento de los ciclos reproductivos y patrones migratorios de las especies ícticas de la ciénaga al mar, del mar a la ciénaga o de ésta a los ríos.

Regimén de los señoríos de los estuarios y advenimiento de la cultura de los montículos.

En la llanura costera del Pacífico, a diferencia de lo que ocurre en ciertos sectores del Caribe, las mareas penetran bastante sobre las tierras y su influencia directa e indirecta se deja sentir por varios kilómetros al interior. El manglar, como faja transicional entre la zona acuática, marítima y la selva húmeda de tierra firme, sirve de umbral a otros ecosistemas que, en conjunto, se conocen con el nombre de selva pantanosa, los cuales están constituidos básicamente por asociaciones de natal, caunajal, sajal, guandal y catival. Así pues, todas estas unidades naturales presentan condicíones particularmente atrayentes para el establecimiento humano.

Es un hecho que el desarrollo alcanzado en la zona manglárica del Pacífico colombiano fue mayor y más complejo que en el Atlántico, aunque sin punto de comparación por el momento en cuanto a la importancia de los procesos y las implicaciones geográficas y tecnológicas ocurridas en el Caribe.

No obstante, la adaptación cultural al ecosistema manglar y demás entornos naturales conexos permitió una amplia diferenciación de los modelos de asentamiento. Aquí ha sido posible documentar asentamientos dispersos de pescadores y recolectores como los de Guapi, Sanquianga e Iscuandé; los de agricultores a orillas de los principales cursos ribereños y los asentamientos seminucleados como los de Inguapi.

El esquema cronológico del litoral septentrional Pacífico (Colombia y Ecuador), identifica tres etapas sucesivas conocidas como Epoca Formativa (3.500 a. C. 300 a. C.); Epoca de Desarrollos Regionales (300 a. C. 500 d. C.) y Epoca de Integración (500 d. C. siglo XVI). La primera de ellas identificada con Mataje 1, Inguapi 1, Montealto Antiguo y Pretolita , presenta una serie de rasgos tecnológicos, entre ellos la cerámica que la relaciona con el Formativo Final Chorreroide del Ecuador, es decir, participa de una economía mixta pesca agricultura; un patrón de asentamiento en las cercanías de los ríos, estuarios y playas protegidas del oleaje; un utillaje doméstico compuesto por vasijas y escudillas trípodes, cuencos abiertos, herramientas líticas para la molienda y el corte de alimentos; y, finalmente, una cerámica no utilitaria compuesta especialmentepor figurillas antropomorfas y zoomorfas diferentes del estilo TumacoTolita? (Bouchard, 1986). Se destacan como productos básicos de la dieta los peces, crustáceos, moluscos, especialmente la Anadara tuberculosa, piangua , y la agricultura de tubérculos y maíz. La época de los Desarrollos Regionales, asociada a los períodos Mataje II, Inguapi II, la Tolita Clásico y el Basal, se caracteriza por la continuidad de algunos de los rasgos anteriores y la aparición de otros nuevos como, por ejemplo, los soportes bulbosos y maniformes de ciertas vasijas cerámicas, así como también por la orfebrería y la gran complejidad socio cultural alcanzada. Finalmente, la Epoca de Integración período Buchelli e Imbili trae consigo un cambio fundamental no sólo en los patrones habitacionales sino un posible decaimiento y empobrecimiento conceptual y material. En efecto, durante esta época aparece un novedosa manifestación constructiva irrumpen los montículos artificiales (tolas) que, como en el caso de la costa atlántica, pueden llegar a tener hasta cien metros de diámetro y seis de altura. Los pisos de estos nuevos habitáculos se encuentran en la cumbre de los montículos o tolas, la cerámica cambia por completo a formas más sencillas y poco elaboradas y se evidencia una orfebrería incipiente (Bouchard, 1986).

La secuencia anteriormente referida demuestra varios hechos de gran interés la región Tumaco Tolita, entre el río Verde en el Ecuador y el río Guapi en Colombia, conoció un mismo proceso histórico cultural determinado por épocas, períodos y fases estrechamente ligadas espacialmente hablando. Se observa una disposición notoria a la explotación de recursos del medio acuático (marino estuario ribereño) que durante el Formativo y el Desarrollo Regional se plasma artísticamente en figurillas zoomorfas o fitomorfas de gran significación cultural. Así, por ejemplo, la iconografía del mal llamado estilo Tumaco La Tolita contiene infinidad de figurillas de felinos, aves, peces y demás especies características de estos ecosistemas referidos. Su elaborado realismo indica claramente un simbolismo que evoca permanentemente el concepto de fertilidad.

Durante estas dos épocas no existe evidencia de alteración artificial de los sitios de asentamiento como se hará durante el período tardío de Integración y, por el contrario, se alcanza un alto nivel de complejidad cultural que no se refleja necesariamente en grandes obras públicas o de educación adaptativa.

En algún momento posterior al 500 d. C. las condiciones medio ambientales debieron cambiar; los cacicazgos o señoríos que habían logrado un máximo apogeo declinan o desaparecen abruptamente. Una nueva población étnica irrumpe años después en la zona y empieza a construir montículos artificiales con el fin de aislar sus viviendas de la excesiva humedad.

A diferencia de sus predecesores, invierten parte de su energía no en la elaboración compleja de símbolos y en la parafernalia cultural, sino en el levantamiento de las tolas. Aparentemente, su construcción implicó la preparación del suelo mediante la quema, con el fin de compactar los materiales arcillosos y plásticos del suelo (hiperhidratados), posteriormente se realizó la acumulación indiscriminada de tierra de áreas aledañas hasta conformar las elevaciones circulares en forma de montículos. En la mayoría de éstos aparecen, en consecuencia, innumerables vestigios arqueológicos fragmentados de sus antecesores, ya que la tierra recogida en las áreas periféricas a los montículos constituía el piso habitacional de éstos (Valdés, 1987).

Empero, estas construcciones fueron igualmente abandonadas sin que hasta ahora se tenga noticia del porqué. Lo único que se tiene en claro es que para el siglo XVI los indígenas de la región habían preferido la utilización de casas ', ... coronadas en lo alto de árboles o sobre pilares de madera muy altos, como lo menciona Pascual de Andagoya en sus crNicas al pasar por esta región con el capitán Francisco Pizarro. Es posible, sin embargo, que estas habitaciones palafíticas sean el legado tecnológico y adaptativo de los señores del estuario del Período Formativo y de los Desarrollos Regionales posteriores.

Fuera como fuese, parece indiscutible que tanto las viviendas palafíticas como las ubicadas encima de los montículos tardíos tenían una planta rectangular, a juzgar por las evidencias encontradas en las excavaciones y en las representaciones que de ellas existen en la iconografía cerámica.

La órbita mercantil y los hombres buzos

No menos importante resulta el papel que cumplió el comercio a lo largo de estas épocas en el contexto del litoral Pacífico y, en particular, en la zona manglárica ubicada entre Tumaco, en Colombia, y Tumbes, en el Ecuador.

En cada una de las épocas o períodos referidos la permanencia mercantil estableció una jerarquización social inducida por el comercio y la industrialización de conchas. La demanda de estos elementos se hizo cada vez más notoria y determinante, con una amplia significación social, ritual y económica (Norton, 1986).

La actividad mercantil se fundamentó en dos factores ecológicos La distribución del hábitat de la Spondylus (bivalvo de especiales características para la artesanía y la utilización ceremonial) y el de los bosques de balso, Ochroma spp.

El comercio marítimo y la utilización de balsas para la navegación en este sector se remonta hasta la primera ocupación de la isla de la Plata (período Valdivia III), sobre el año 2.500 a. C.

La evidencia demuestra que hacia el 900 a. C. existía una federación muy desarrollada de puertos mercantiles y de pesca a lo largo de la costa septentrional ecuatoriana y en la frontera con Colombia.

Las balsas hechas en Ochroma recorrían diariamente largas distancias con mercaderías de diferentes tipos, pero en especial con Spondylus princeps y Spondylus,calcifer.

Sus conchas color escarlata y nacarado tenían amplia aceptación desde Argentina hasta México, y estas embarcaciones suplían eficientemente su demanda.

Balsas de vela que cargaban hasta 30 toneladas, como las reportadas por los españoles en el siglo XVI en la frontera colombo ecuatoriana, contaban con una tripulación bien entrenada y conocedora de corrientes y vientos.

Esta liga de mercaderes interconectó el Pacífico y dio un nuevo y especial significado al areal de los Manglares y zonas conexas, de donde extrajeron sus principales materias primas.

Es muy posible que el cartel Spondylus Ochroma se haya visto reforzado por un nuevo elemento, de alguna escasez en la región continental; nos referimos a los basaltos volcánicos de la isla Gorgona en Colombia, con cuya materia prima elaboraron enorme cantidad de pulidores de forma circular bicNcava, cuya distribución rebasa ampliamente el ámbito insular y aparece en múltiples sitios del continente.

Estos discos líticos debieron servir para el pulimento de troncos de Ochroma y conchas de Spondylus. Igualmente se debió utilizar este material pétreo para la confección de pesas de red y pesas de buceo (piedra en forma de torpedo), que permitían a los pescadores de la región incursionar a pulmón libre hasta quince metros de profundidad para recolectar los preciados bivalvos.

Por lo anteriormente referido podemos concluir que las regiones mangláricas del Caribe y del Pacífico jugaron un papel fundamental en el desarrollo de los pueblos y las civilizaciones del continente.

El manglar solo ha garantizado la protección de la línea costera; resguardado el cambio gradual del micro ambiente; asegurado la preparación del suelo continental como invasor nato sobre el mar; determinado la más alta productividad biológica del orbe; constituido una fuente inagotable de fertilizantes naturales y un criadero natural de cientos de especies. Además, permitió consolidar una de las etapas culturales más importantes y decisivas del florecimiento prehispánico de América. Tenido como un lugar malsano, inhóspito, impropio y poco importante de la geografía nacional, sigue asegurando uno de los más altos potenciales pesqueros del país y es el baluarte natural más apreciable que poseemos.

 

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