Manolo Valdés

La intemporalidad del arte

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Presentación

El artista en su estudio de Nueva York.
El artista en su estudio de Nueva York.El artista en su estudio de Nueva York.El artista en su estudio de Nueva York.

Texto de: Benjamín Villegas

Manolo Valdés, el pintor valenciano nacido en 1942, es uno de esos artistas que por derecho propio se ha inscrito en la ya nada sorpresiva lista de monstruos españoles de la pintura universal. Su obra hace parte de selectas colecciones, tanto privadas como públicas, y de prestigiosos museos y galerías.

Siguiendo su propio derrotero, y sin parecerse a nadie, Valdés ha construido un mundo inagotable, de fronteras ilimitadas, donde se acogen las más diversas técnicas, las más exóticas materias y las más encontradas tendencias.

Como lo hemos querido establecer en el título de este libro –el primero que se dedica enteramente a su obra y ofrece un vasto panorama de su trabajo–, Valdés representa la intemporalidad del arte, del arte que se mantiene vigente, no importa la época en que se haya producido, porque continúa remitiéndonos a lo perdurable y a lo trascendente, tanto en el contenido como en la forma.

Pintor, escultor, constructor de objetos que escapan a una taxonomía convencional –no obstante su refinada y aguda capacidad de cita y de paráfrasis–, los modos expresivos de Valdés revelan la maestría del oficio, el dominio de la técnica y una sin duda voluptuosa y artesanal pasión por la materia.

Y es tal vez esa vital capacidad re-creativa de la cita y esa exuberante afición por la materia lo que de manera tan singular articula la obra de Valdés a esas corrientes del arte inmarcesible que ya hemos mencionado. En sus palabras, “eso es un poco la historia de la pintura, cómo a partir de otro haces otra cosa, la pintura sale de la propia pintura”.

Ello explica no sólo que la polémica actualidad de su trabajo provenga, por paradójico que suene, del vigoroso enraizamiento de su oficio en la tradición y el pasado, sino que sus trabajos nos planteen, en la mayoría de los casos, secretas exigencias para dejarse desentrañar a fondo. Exigencias vinculadas, desde luego, con un mínimo reconocimiento de su trasfondo referencial.

No obstante, por encima de todo, como anota Tomàs Llorens en el texto que acompaña este libro, “la obra de Manolo Valdés es una creación artística saturada por una aguda conciencia del presente, incluso cuando, inevitablemente, se refiere al pasado”.

Y es al constatar esta afirmación cuando la admiración y el entusiasmo por su trabajo se tornan incontenibles.

Para Villegas Editores la publicación de este volumen, que constituye de hecho un homenaje, como pocos merecido, al artista, es motivo de gran orgullo. No necesariamente por la primicia editorial que representa sino por las insoslayables calidades artísticas y humanas del individuo al que está dedicado.

 

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