Museos de Bogotá

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Presentación

Texto de: Andrés Pastrana Arango

A juzgar por el número y variedad de museos existentes en Bogotá, nuestra ciudad, podemos afirmarlo, está fuertemente arraigada a la historia. Pocas cosas en la cultura de la ciudades actuales son tan antiguas como la idea de un patrimonio cultural e histórico preservado en los museos.

Una ciudad sin museos es una ?ciudad sin historia y sin sentido histórico. Y una ciudad sin el sentido del pasado difícilmente podrá tener una visión de su futuro. De ahí que los museos al servir de transmisores de las tradiciones, que prolongan y consolidan, afirman toda un cultura y una nacionalidad.

En estos lugares venerables encontramos encerrados en un solo espacio algo del templo antiguo, algo del salón romántico, un poco de la escuela y también del palacio; una suma de encuentros que corren todos por el caudal de la cultura y que habiendo sido puestos a prueba en su contacto con la historia, emergen de ella con su carga testimonial única. Al lado de estos museos están también aquellos que se enfrentan al complejo movimiento de las contemporáneas, los museos de arte moderno en donde ya no es el pasado lo que acogen sino una idea del futuro, en este sentido son monumentos representativos de la sociedad actual. Unos y otros, ligados a tan distintos acontecimientos sociales e históricos cumplen al cabo con la tarea a la cual han sido destinados.

El concepto moderno del museo ha cambiado sus antiguas estructuras: de ser un lugar aislado, penumbroso, depósito de reliquias, como un anticuario, la actual organización le ha dado una nueva vida. Le ha impreso una nueva dinámica derivada de sus propias tareas que hoy consisten en realizar toda una misión didáctica, divulgativa y de investigación en las áreas de su propio interés.

En el curso de realización de este libro ha sido en verdad muy satisfactorio para mí encontrar en la gran mayoría de los museos un vivo impulso de renovación. Lo que quiere decir que sus directores se han venido replanteando sus funciones, para que cumplan con mayor claridad y definición sus tareas. De esta manera se han visto en la obligación de modificar sus planes, de readecuar sus colecciones, de revisar sus guiones para que el Museo se haga por fin un lugar más atractivo y con un interés cuya validez social aún no se había configurado plenamente. Esa actividad social está tan fuertemente vinculada a la fortificación de la identidad de nuestras culturas, a la afirmación de nuestra nacionalidad, al rescate de los valores que nos son propios, a la conciencia de nuestra historia, que lo que debemos reconocer en un Museo es un esfuerzo orientado a motivar en la ciudadanía un mayor interés para palpar en las obras visitadas la fuerza del testimonio, un aspecto determinado de la cultura ya que no son pocos los motivos de reflexión los que ofrecen los museos a sus visitantes. Desde las investigaciones de los antropólogos y arqueólogos hasta los críticos del arte contemporáneo un campo de conocimientos está allí aguardando para impartir sus lecciones. Los muy estimados legados de las culturas precolombinas con sus colecciones de oro y cerámica, los testimonios de la Conquista, las reliquias de la época Colonial, y luego el legado apasionadamente conservado de los tiempos de las guerras de la Independencia, y del nacimiento de la República, también los documentos que dan cuenta de las metamorfosis del poder y la ciudad para alcanzar con el tránsito histórico de nuestro siglo las epifanías del arte moderno, son hechos que conforman cuatro siglos de historia de los cuales somos sus herederos y como tales hemos sabido conservar su testimonio con una transparencia que no admite dudas. Esto ha sido porque el Museo ha estado alerta, en su presencia simultánea, en el pasado y el presente.

No obstante su importancia, la ciudad no había trazado un itinerario ideal a lo largo y a lo ancho de su cultura, como es el que articula la ruta por sus museos. Este libro tiene el privilegio de darle a la ciudad algo que es consubstancial a su desarrollo, como este testimonio de lugares que trazan la continuidad histórica de toda una nacionalidad.

En este libro está presente la voz de cada uno de los directores de los diferentes museos de Bogotá, quienes han expresado lo fundamental acerca de la índole de su institución y a quienes quiero agradecer su colaboración en el libro y destacar la excelente labor que realizan. Hemos querido entregar a la ciudad un catálogo razonado, un registro, un manual, un álbum y cuantas cosas más, alusivas en estas páginas, que con tanta dedicación y cuidado editó Benjamín Villegas y creo que con él estamos dando un nuevo estímulo a nuestros más caros valores cívicos. Un museo no es solamente un lugar cargado de historia y de referencias, es también un lugar en donde la cultura se manifiesta como forma de conocer el pasado, como reflexión social: aquí resultan sus exigencias fundamentales. A la integridad material y artística los museos han dado una proyección de divulgación con que el visitante puede reconocer por medio del objeto todo un contexto de carácter social y cultural.

 

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