Páramos

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Prólogo

Columnea aurantiaca.  Páramo de Chingaza.Castilleja fissifolia.  Páramo de Guasca. Orquídeas.  Páramo de Guasca. Uva Camarona.  Macleania rupestris.  Páramo de Guasca. Orquídea. Odontoglossum sp.
Páramo de Guerrero.Epidendro. Epidendrum sp. Páramo de Guerrero.Masdevallia sp. Páramo de Guasca.

Elleanthus lupulinus. Páramo de Chingaza.Serranía de los Organos. Páramo de Chingaza.Río Frío. Páramo de Chingaza.Cerro del Gorro. Páramo de Chingaza.Laguna Negra. Páramo de Sumapaz.Bromelias. Bosque andino. Páramo de Chingaza.Musgos, líquenes y orquídeas, crecen aquí sobre troncos.
Páramo de Chingaza.
Orthosanthus chimboracensis.
Páramo de Guasca.Orquídea enana.
Páramo de Chingaza.Lathyrus sp. Carupa. 
Páramo de Guerrero.Lirio de páramo. Bomarea sp.
Páramo de Guerrero.Puya. Puya goudotiona.
Páramo de Chingaza.Borrachero. Brugmansio sanguinea.
Páramo de Guargua.Aguadija. Odontoglossum lindenii.
Páramo de Sumapaz.Epidendro. Epidendrum elongatum.
Páramo de Sumapaz.Río Frío. Al fondo el cerro del Gorro. Páramo de Chingaza.Río Frío desemboca en la laguna de Chingaza. Páramo de Chingaza.Páramo de Chingaza.
Digitalis purpurea e Hypericum juniperihun.
Páramo de Chingaza.El Santuario. Páramo de Guerrero.
Páramo de Sumapaz.Páramo de Sumapaz.Páramo de Chingaza.Después de una quema los frailejones se regeneran. Páramo de Guargua.Frailejón. Espeletia grandiflora.
Páramo de Sumapaz.Frailejón. Espeletia barklayana.
Páramo de Guerrero.Frailejón. Espeletia barklayana.
Páramo de Guerrero.
Frailejón. Espeletia grandiflora.
Páramo de Chingaza.Escarabajos. Laguna Verde. Páramo de Guargua.Rana. Eleutherodactylus bogotensis y frailejón. Espeletia grandifolia.
Páramo de Guargua.Polilla de la familia Amatidae sobre un frailejón. Espeletia grandifolia.
Páramo de Guasca.
Páramo de Sumapaz.Líquenes crustáceos y Arcitophyllum muticum. Páramo de Guargua.Sietecueros florecidos. Tibouchina lepidota. El Tablazo.
Páramo de GuerreroBartsia orthocarpiflora.
El Santuario. Páramo de Guerrero.
Genciana. Gentiana corymbosa. Páramo de Chingaza.Reventadera. Vaccinium sp. Páramo de Guerrero.Befaria aestuans. Páramo de Chingaza.Genciana. Gentiana corymbosa. Páramo de Guerrero.Formaciones de roca caliza sedimentaria de origen marino.
Páramo de Chingaza.Formaciones de roca caliza sedimentaria de origen marino.
Páramo de Chingaza.Formaciones de roca caliza sedimentaria de origen marino.
Páramo de Chingaza.Atardecer en Laguna Negra. Páramo de Sumapaz.

Texto de: Álvaro Torres Barreto
Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

¡Páramo! La palabra evoca en nuestra historia las proezas de la guerra de la Independencia. En julio de 1819, cuando Simón Bolívar atravesó el páramo de Pisba, corrió tales riesgos que tras el peligro de la hazaña se dijo que el Libertador “pasó el páramo”. A pesar de esa connotación de riesgo que se le da al páramo, para el biólogo y el naturalista representa un cúmulo de maravillas que asombra aun al profano si tiene la capacidad y la sensibilidad para emocionarse con lo bello y grandioso. Y más aún, si posee amor a la naturaleza acompañado de un poco de curiosidad para escudriñar los prodigios que encierra la fría y aparentemente inhóspita zona de nuestras cordilleras ubicada entre la alta selva andina y las cimas cubiertas de nieves perpetuas, franja que constituye el ecosistema páramo, único en el planeta y exclusivamente Grancolombiano. Solamente en Colombia, Ecuador y Venezuela el páramo adquiere su verdadera dimensión, ya que en Costa Rica, por ejemplo, el pequeño Páramo de la Muerte apenas alcanza los 2.500 metros, pero cuya ubicación septentrional produce un efecto climático comparable al de los 3.000 metros de altitud, que es la propia de los tres países que constituyen la Gran Colombia, altitud que puede considerarse el límite inferior del páramo en la zona más meridional.

El espinazo de la cordillera de los Andes que surge en plena zona ecuatorial sobre la selva húmeda neotropical ?por desdicha hoy muy menguada? conforma el páramo, cuya máxima expresión está en nuestras tres cordilleras y en la Sierra Nevada de Santa Marta, y va desde los 3.000 metros hasta donde el frío de las grandes alturas viste de nieve las cúspides de la orografía suramericana comprendida entre la costa del Caribe y la puna que sustituye al páramo prolongándose hacia el sur.

El paisaje del páramo es imponente en días soleados, y sobrecogedor cuando el cielo encapotado lo oscurece. La pequeñez humana se hace patente cuando se contemplan de cerca las altas cuchillas de rocas ciclópeas de las cuales parten gigantescos escalones que muestran a las claras la magnitud del cataclismo que produjo el levantamiento de los Andes. Desde esas tremendas alturas desciende la montaña en planos abruptamente escarpados o cortados a pico algunas veces y otras en una pendiente que aunque fuerte puede ser relativamente suave o apenas levemente ondulada, pero que de todas maneras van a morir en un valle, en donde el agua se recoge formando pantanos, charcos o lagunas alimentadas por innumerables quebradas y arroyos de aguas cristalinas, y cuyo rumor, en la soledad de esas silenciosas alturas, es algo sobrecogedor. En esos valles hay traicioneros tremedales llamados chupaderos o chucuas, donde el inexperto en esos andurriales puede perecer, pues la superficie, cubierta de una vegetación plana, no permite suponer que debajo del aparente prado haya un profundo y pegajoso lodazal.

El conjunto del páramo está vestido de un verde amarillento, color del pajonal, tachonado a cada paso por las plateadas rosetas de los frailejones que en época de floración ostentan sus macetas amarillas. En las partes bajas del páramo hay manchas oscuras de vegetación arbustiva o macizos de cañuela y chusque, alternando con algunas especies de plantas menos conspicuas. En las faldas o valles donde el viento es cortado por un cerro, lo mismo que en las más acentuadas depresiones, se constituyen microclimas donde la vegetación de arbustos se desarrolla más, destacándose con su tono verdinegro dentro del pálido conjunto del pajonal y los frailejones.
El suelo del páramo está cubierto en casi todas partes por una vegetación tupida, donde predominan la paja y el frailejón acompañados de musgo, cuya capacidad de absorción es enorme. Aquí todo es tierra negra, muy permeable, que hace del suelo una verdadera esponja, convirtiéndolo en m inmenso depósito de agua cuya importancia ecológica es incalculable. Estos suelos son bastante ácidos y tienen un alto contenido de sodio y potasio. Puede decirse que el páramo es la sala de maternidad del sistema hidrográfico de Colombia.

Después de muchos días de neblina, lluvia y cielo cubierto, un día de sol radiante en nuestras alturas andinas es inolvidable, pues ver destacarse esos impresionantes riscos de filo blanco en un cielo cerúleo, dentro del conjunto amarillento del pajonal y los frailejones, constituye un espectáculo que la naturaleza solamente otorga a los amantes del páramo.

El páramo se caracteriza porque las formas de vida, que bullen por todas partes, se han adaptado a una gran altura donde la radiación solar intensa alterna con muchas horas de cielo cubierto, o con espesa neblina que lo envuelve completamente por días enteros.

El clima del páramo es básicamente frío y húmedo, sobre todo por la noche. La temperatura va variando con la altitud, estimándose en medio grado centígrado la baja térmica por cada 100 metros de ascenso. Es notable la diferencia entre la temperatura máxima y la mínima.

En el páramo la precipitación pluvial. tiene grandes variaciones de acuerdo con lugares y años, pero según investigaciones realizadas durante varios años, se ha establecido que esta precipitación oscila entre 700 y 3.000 milímetros anuales en la Cordillera Oriental. Desde luego, hay grandes diferencias en este fenómeno de acuerdo con lugares y años, pues hay páramos relativamente secos y otros muy húmedos, como hay años muy lluviosos y otros con poca precipitación. Lo que sí se ha establecido invariablemente es que la lluvia en los páramos está ligada a la densidad y presencia del bosque andino que se extiende más abajo de la zona paramuna. En la Cordillera Oriental las alturas que se elevan sobre la vertiente que mira al Este, son las más lluviosas. Aunque no hay datos exactos, se sabe que en los páramos de la Cordillera Occidental es donde más llueve, debido a su relativa vecindad con las espesas selvas del Pacífico. La correlación entre las cantidades de lluvia en el páramo y la presencia de la selva indica la imperiosa necesidad de proteger y conservar el alto bosque andino, del cual depende la lluvia que nutre los hontanares de nuestro sistema hidrográfico.

La nubosidad en el páramo es muy alta y durante casi todo el año predominan los cielos cubiertos y frecuentemente la neblina lo envuelve, sobre todo en la época lluviosa, que en la Cordillera Oriental parece estar ligada al régimen estacional de la Orinoquia: lluvias y sequía.

Un fenómeno propio del páramo es la llovizna, que cuando es muy tenue los habitantes de las alturas la llaman «nevada» o «charruza», y en el altiplano es conocida por 11 páramo», lo cual ha originado el verbo «paramar», fenómeno que también se presenta en la Sabana en los meses de junio y julio.
La llovizna en el páramo suele prolongarse durante horas y conserva una alta humedad tanto en el ambiente como en el suelo. Después de algún tiempo el agua comienza a escurrir de las plantas, las rocas y los techos de las casas. En el páramo de Sumapaz, y durante el invierno ?mayo?, puede observarse que la «nevada» cae por cerca de 18 horas continuas.

Los días soleados corresponden en su mayoría a la época de verano, o sea entre diciembre y febrero en la Cordillera Oriental, mientras en la Central y Occidental se presentan de junio a septiembre. La radiación solar en el páramo es alta y aumenta a medida que se asciende. Es considerable aun con nubosidad del 50% y es controlada por la frecuente presencia de la niebla, pero en época de verano la duración de la radiación puede ser hasta de 12 horas diarias. Esta elevada radiación solar, que hace que la luminosidad en el páramo sea altísima, ha generado importantes adaptaciones en las plantas para protegerse de ella, reflejándola, por ejemplo, con las hojas plateadas o casi blancas, vidriosas y brillantes o coloradas de tonos parduscos o rojizos, tan frecuentes en la vegetación del páramo.

Durante las despejadas noches de verano, y especialmente al amanecer, el frío en las alturas paramunas es intenso y la temperatura desciende algunos grados bajo cero, aunque en términos generales el frío nocturno es permanente, por lo cual la vegetación ha desarrollado defensas que la hacen inmune a esas gélidas temperaturas.

El viento dominante en las alturas de la Cordillera Oriental durante la mayor parte del año sopla hacia el Nordeste y es más fuerte en las partes más altas. Aunque no brille el sol, el viento frío quema la piel.

Las plantas que caracterizan nuestra alta cordillera son el frailejón, género Espeletia, dedicado por Mutis al Virrey José de Ezpeleta y Galdeano; la paja, Comalagrostis, que los campesinos llaman güinche; los cardones, Puya, piñuelas y otras bromeliáceas, lo mismo que los chusques y la cañuela en las partes más bajas.

Hay muchas especies de frailejones, pero la más común es la Espeletia grandiflora, y la más grande, que llega a medir hasta 10 y 12 metros de altura, es la Espeletia uribeii. Estas plantas parecen fantasmas de figura monacal para el viajero que marcha por el páramo cuando se le aproxima y las ve destacarse en el blanco sudario de la niebla. Tal vez este sea el origen del nombre frailejón. La forma dominante en las plantas de páramo es la roseta, con las hojas dirigidas hacia arriba para captar y conservar en las axilas suficiente agua para nutrirse.

La flora del páramo, a partir de la Expedición Botánica, ha interesado a los científicos, comenzando por Mutis y sus colaboradores, Humboldt, Bonpland y otros expedicionarios extranjeros que visitaron la Nueva Granada en el siglo pasado, al igual que nuestros grandes botánicos Triana y Cortés. En el presente siglo continuaron esa investigación Dugand, Pérez Arbeláez y Uribe, ya fallecidos, fuera de una pléyade de brillantes científicos colombianos y extranjeros. En los últimos años el interés científico por el páramo ha aumentado no sólo por el aspecto botánico sino en lo referente a todas las formas de vida y en términos generales a su ecología. La vegetación del
páramo fue magistralmente descrita por Sturm y Rangel en 1985, quienes en pocas palabras así la definieron: «Composición: comunidad mixta de tipo ‘frailejón?chuscal’, con estratos arbustivos (30?35% de cobertura)». Esta referencia descriptiva que hacen los dos científicos, citando después las especies ?en términos taxonómicos? corresponde a la cuchilla La Rabona en el páramo de Sumapaz entre los 3.700 y 4.025 metros.

En el páramo son frecuentes las formas vegetales propias de la alta selva andina, que suben hasta los 3.500 metros por los cañones de las quebradas y las vertientes protegidas de los vientos gélidos, hasta formar bosques de un desarrollo extraordinario para las muy especiales condiciones climáticas de estas altitudes paramunas. Dichos bosques están formados por encenillos Weinmannia tomentosa, palmas bobas y muchas otras, además de los arbustos que pueblan las partes más despejadas.

Dentro de las especies arbustivas características del páramo hay que destacar el chite Hypericum bratys, planta que en los páramos de Monserrate, Guadalupe, Cruz Verde y el Verjón, los tradicionales de la antigua Santa Fe, era muy común, pero que hoy es relativamente escasa en las inmediaciones de Bogotá, debido a que hasta hace unos 50 años fue la planta con la cual los «escobitas» de esa época ?y a quienes se les denominaba «barrenderos»? elaboraron unas escobas grandes de ramas frescas para el aseo urbano.

El páramo tiene especies florales bellísimas, sobre todo entre los arbustos propios de dicho ecosistema. Entre todos se destaca el rodamonte, Escallonia myrtilloides, que llega hasta los 3.500 metros y prospera en lugares por debajo de los 2.800 metros. Otro arbusto estrictamente paramuno es el sietecueros rojo, Tibouchina grosa, cuyas flores de color oscuro son muy llamativas. Perteneciente a la familia Melastomotacea, lo mismo que el anterior, el llamado sietecueros chiquito o angelito, Monochaetum myrtoideum, es un arbusto frecuente entre 2.500 y los 3.500 metros, que da flores tan pequeñas como hermosas, lo cual hace inexplicable que este decorativo arbolito sea poco cultivado como planta ornamental. Otra de las especies arbustivas del páramo y de la misma familia de las anteriores es el llamado flor de mayo o morado, Tibouchina mollis.

Uno de los más hermosos y decorativos arbustos de páramo que prospera bien en altitudes menores es el pegapega o pegamosco, Befaria resinosa, cuyas flores en forma de campana alargada y de color rojo cubren en época de floración casi totalmente el arbusto; su nombre vulgar se debe a que, tanto las hojas, como las flores, segregan una resina viscosa. Asimismo, en el páramo se encuentran dos especies características de la Cordillera Oriental, que crecen entre los 2. 100 y los 3.300 metros, que son: la uva de anís, Cavendishia cordifolia, y la uva camarona, Macleania rupestris, plantas cuyos frutos carnosos y dulces son muy agradables, y que últimamente han adquirido popularidad como ornato en los jardines de Bogotá. La llamada chocho o lupino, Lupinus sp., es otra planta paramuna que prefiere lugares relativamente secos, sobre los cuales parece tener una acción fertilizante porque fija sobre el suelo el nitrógeno del aire. Hay varias especies y sus flores pueden ser moradas, rosadas o blancas. El té de Bogotá o palo blanco, Symplocos theiformis, es una de las plantas comunes en el páramo, y se le asocia con las uvas de anís, las uvas camaronas y los encenillos. Otro árbol paramuno interesante es el palo colorado, Polylepis
quadrijuga, llamado así por el color de sus ramas. Actualmente se encuentra en proceso de ex­tinción, por la excelente calidad de su madera, que es utilizada para la el elaboración de postes de cercas. Una de las plantas exclusivamente paramunas es la reventadera, Pernettia prostrata, de la cual se dice que mata por meteorismo agudo y revienta a los caballos o vacunos que la consu­men, creencia de la que científicamente aún no hay fundamento. De las plantas más destacadas en el ambiente del páramo por sus flores moradas, es el árnica, Senecio formosus, de la que tam­bién hay otras especies con hojas blancas y flores amarillas. En las orillas de los arroyos y quebra­das se encuentra un arbusto de pequeñas flores blancas, conocido equivocadamente como “ chilco” por ser muy semejante a esta planta tan común en la Sabana. A este arbolito, Eupatorium tinifolium, al quebrársele sus hojas coriáceas y brillantes, exhala una fragancia muy agradable.

Las bromeliáceas son plantas representativas del páramo. Las de mayor tamaño pertenecen al género Puya, del cual hay varias especies. Entre las bromeliáceas epífitas de menor tamaño, que viven sobre ramas de árboles y arbustos, más conocidas como quiches, hay algunas muy hermosas en el páramo bajo, donde existe gran variedad de ellas.

En los páramos y subpáramos es frecuente encontrar una planta rastrera que según las regiones se denomina “cacho de venado”, “gateadora” o “colchón de pobre” y de la cual hay varias especies. Otras plantas criptógamas, como las “palmas bobas”, familia Cyaheaceae, o helechos arborescentes, son comunes en el páramo. Fuera de estos helechos gigantescos crecen muchas especies de otras familias.

De los musgos puede decirse, al igual que de los líquenes, que el páramo es rico en estas plantas. Los musgos son, dentro de la flora de este ecosistema, de una gran importancia, y los más destacados son los del género Sphagnum, que además de ser los más abundantes, tienen propiedades que los hacen fundamentales desde el punto de vista hídrico, por su enorme capacidad para absorber agua. Por otra parte, asociados con el frailejón y la paja, cubren la mayor parte de la superficie paramuna, siendo el fundamento del páramo como almacenadores de agua. Hay algo que poco se ha divulgado: las propiedades medicinales del Sphagnum en el tratamiento de heridas, pues este musgo tiene efectos cicatrizantes y, al parecer, propiedades antisépticas, que son debidas al sphagnol, sustancia que contiene esta criptógama.

Al hacer referencia a la flora del páramo colombiano es necesario hacer mención del guargüerón o digital, Digitalis purpurea, muy común en los páramos de Bogotá. Esta planta, originaria del centro de Europa, fue introducida al país, no se sabe a ciencia cierta cuándo ni por quién. Lo cierto es que hoy se encuentra muy difundida en las tierras frías del país

La fauna del páramo es variadísima y está constituida, en términos generales, por especies propias de dicho ecosistema, aunque también se encuentran algunos animales del subpáramo y de la alta selva andina. El mayor entre los mamíferos es la danta de páramo, Tapirus roulini, de pelaje relativamente largo, y que lamentablemente está al borde de la extinción, habiendo desaparecido ya de la Cordillera Oriental. Pero el animal más representativo de la fauna paramuna es el
venado blanco, Odocoileus virginianus goudotii, llamado así por su pelaje gris claro, aunque también se le conoce como venado grande para diferenciarlo del «soche», Mazama rufina. Estas dos especies, sobre todo la primera, son dentro de la fauna colombiana las que están en mayor peligro de desaparecer. Otro habitante representativo del páramo es el oso, Tremarctos ornatus, especie endémica de los páramos de Colombia y Venezuela, único en el neotrópico y que al igual que las otras especies mencionadas está en inminente peligro de extinción. El oso es omnívoro, pero su alimento principal es la parte blanca del cardón, Puya, así como de otras bromeliáceas; parece que también come la pulpa del tallo del frailejón, que abre a lo largo. El puma, Felis concolor, puede encontrarse ocasionalmente en el páramo, pero, lo mismo que los otros mamíferos mencionados, es ya una verdadera rareza. El «guache» o «cusumbo», Nasuella olivacea, aún se encuentra con frecuencia en el área de matorral paramuno, y según A. F. Cleef ?1984? ha sido observado en la Sierra Nevada del Cocuy a más de 4.000 metros. El conejo, SyIvilagus? brasiliensis, y el curí, Cavia porcellus anolaimae, son las dos especies herbívoras más comunes en el páramo, pese a la intensa persecución que padecen en los lugares más accesibles de su territorio. El curí no pertenece exclusivamente al páramo, y en los pantanos de la Sabana de Bogotá y del Valle de Ubaté fue muy abundante. El curí no habita por encima de los 3.800 metros, en cambio el conejo se encuentra hasta en los lugares más altos del páramo. Estos dos roedores constituyen el principal alimento del águila real, Geranoaetus melanoleucus, la más grande de las aves que actualmente habitan el páramo, pues el cóndor de los Andes, Vultur gryphus, ya hace mucho que desapareció, siendo contados los ejemplares que aún sobreviven en todo el país.

Además del águila, en el páramo actualmente se encuentran el pato de páramo, Anas flavirrostris, que es relativamente común en las lagunas, y el pato de los torrentes, Merganetta armata, que aunque muy escaso, habita en las quebradas torrentosas. También el zambullidor, Podilymbus podiceos, es otra de las aves acuáticas de las lagunas del páramo. Otra ave exclusivamente paramuna es la caica solitaria o becada, Chubia imperialis, propia de altitudes superiores a los 3.200 metros. También la caica chillona, Gallinago nobilis, es ave de caza común en el páramo, aunque también habita altitudes menores como las de la Sabana de Bogotá. El colibrí es de las aves más frecuentes en el páramo con especies que solamente se encuentran de 3.000 metros para arriba, y según Cleff ?1981? han sido observadas a más de 4.000 metros y es probable que tengan una función polinizadora. Una de las aves más comunes en el páramo es la mirla negra, Turdus fuscater, observada en Chiles y Cumbal hasta 3.600 metros.

En el propio páramo no se hallan serpientes, en cambio sí algunas especies de lagartos. A 3. 100 metros en los cerros orientales de Bogotá, en el páramo seco, es frecuente encontrar un lagarto de collar negro, Leiocephalus trachycephalus. También, y hasta una mayor altitud, existen los Phenacosaurus, llamados camaleones, que suelen habitar entre las hojas de los frailejones; así mismo hay una lagartija pequeña de escamas tersas que dan visos tornasolados, la Proctoporus striatus, bastante común. En el páramo húmedo hay varias especies de ranas que suelen habitar las quebradas y pantanos, entre ellas una arbolícola, pequeña, verde y transparente, que parece de cristal. En el Páramo de Cruz Verde es frecuente una salamandra negra, Oedipus adspersus, que vive entre el musgo y bajo las piedras, en lugares húmedos. En el páramo los insectos son abundantes; sus innumerables especies habitan preferiblemente en las hojas de los
frailejones. Las mariposas son relativamente comunes con colores poco llamativos y de pequeñas dimensiones. Sin embargo, a 3. 100 metros detrás del cerro de la Cruz ?Oriente de Chapinero?, se encuentra una mariposa de color azul intenso. De todas maneras, la riqueza de insectos en el páramo es notable, hallándose, incluso, hormigas. La biota acuática paramuna es increíblemente abundante y variada y, a excepción de la trucha, que es especie exótica introducida y que se encuentra en muchas lagunas y corrientes, no parece que existan más peces. Por falta de estudios previos de la fauna de las aguas pobladas artificialmente de truchas, no puede asegurarse que dicho pez no haya sido el causante del exterminio de invertebrados propios de esas aguas, en las cuales hay una infinidad de habitantes, especialmente gasterópodos y moluscos. En cualquier quebrada, laguna o charco y hasta en el agua depositada en el tallo muerto de un frailejón, el limnólogo encuentra especies desconocidas y con seguridad hasta géneros y familias nuevas.

Aunque parezca extraño, puede afirmarse, con base en el axioma biológico de «sin agua no hay vida», que Bogotá ha vivido del páramo desde su fundación, y que las abundantes y cristalinas aguas que de él bajan, influyeron para que don Gonzalo Jiménez de Quesada eligiera este lugar para levantar los doce ranchos que dieron origen a la hoy gigantesca urbe que acabará ?Si no se toman drásticas medidas urbanísticas? por devorar la Sabana de Bogotá.

Conocida la importancia vital del páramo como depósito de agua y nacimiento de nuestros ríos, es útil señalar cuáles son sus enemigos, porque los tiene, y en aumento, y cuáles los factores que lo deterioran.

Desde luego que la degradación del páramo proviene de la intervención humana sobre él. Y en primer término la constituye el fuego, intencionalmente provocado en la época de verano por los empresarios de rudimentarias ganaderías que incendian el pajonal para renovarlo. Esto causa un grave deterioro tanto a la flora como a la fauna, afectando y destruyendo innumerables formas de vida, desde microorganismos hasta vertebrados.

Otro factor profundamente negativo que especialmente actúa en los páramos de la Pradera en Subachoque, Guargua, en Tausa y cabeceras del río Bogotá en Villapinzón y en general donde nacen los tributarios de este río, es el cultivo de papa. Los agricultores, después de quemar y tumbar el frailejón, drenan el terreno por medio de profundas zanjas antes de ararlo. Esto tiene un efecto mortal sobre los hontanares del sistema hidrográfico de la Sabana de Bogotá, cuyos ríos merman cada día más sus caudales, mientras que las demandas de agua crecen de manera vertiginosa. El páramo debe ser constituido como una reserva hidrológica a nivel nacional, comenzando por el de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomando la altitud de 3.000 metros como la cota donde se inicia la zona protegida, que debe ser inviolable.

La protección integral del páramo es imperativa y cada día su urgencia es mayor si se considera que en el ecosistema paramuno tiene Colombia no solamente el nacimiento de sus ríos sino también un depósito de agua absolutamente incontaminada, y por lo tanto, apta para el consumo humano, sin necesidad de tratamientos costosos, precisamente cuando uno de los más graves problemas de orden sanitario que afronta el país es el de la generalizada contaminación de sus
aguas. El caso de Bogotá es muy elocuente: el páramo permitió, aunque fuera con una costosa inversión, que varios millones de capitalinos miren con tranquilidad hasta más allá del año 2.000 lo relacionado con el suministro suficiente de un agua excelente.

Ojalá que el mensaje de este libro a través de las maravillosas imágenes de las imponentes cuchillas de las serranías andinas y de los páramos de Sumapaz, Chingaza, Guerrero, El Tablazo, Guasca y Siecha, cuya laguna sagrada está ligada a los primeros registros de nuestra historia y nuestra nacionalidad, se traduzca en un sentimiento de consideración y respeto por el ecosistema paramuno, y que la visión de lagunas, ríos y quebradas que allí se originan, sea motivo de reflexión para que no solamente el estamento gubernamental sino también el sector privado asuman conjuntamente la defensa y protección del páramo, que es un patrimonio vital de la nación, con una flora espectacular y una fauna riquísima cada día más amenazadas. La explotación económica del páramo por la agricultura y la ganadería está arruinando un ecosistema que una vez degradado será irrecuperable.

 

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