Periodismo gráfico

Círculo de Periodistas de Bogotá

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La vida es un torrente de imágenes


Ángel Vargas.En la carretera que une a Trang Bang, en poder del Vietcong, con Saigón, Vietnam del Sur, llueve fuego de Napalm sobre los civiles que procuran escapar al horror de la guerra.  (Nick Ut, 1972).El general Nguyen Ngoc Loan, jefe de la policía nacional de Vietnam del Sur, ajusticia a un prisionero Vietcong en plena calle.  (Eddie Adams, 1968).Un padre vietnamita sostiene a su hijo, que ha sido quemado con bombas de Napa1m. (Horot Faso, 1964).Cualquier arma se emplea en esta batalla entre negros y blancos frente al edificio de la Alcaldía de Boston.
(Stanley Formar; 1976).Un marinero hindú pide un poco de agua; muchos morirán de sed en esos días en que Japón ha desatado la guerra en aguas del Pacífico. (Frank Noel, 1942).Rebelión en Puerto Cabello, Venezuela; los marineros se toman la base y hay un tiroteo con los civiles. Un soldado muere en brazos de un sacerdote. (Héctor Rondón, 1962).Un edificio se incendia en Boston; el fotografo corre al patio trasero y descubre los esfuerzos inútiles de un bombero por rescatar a una muchacha y una niña. Ambas caen al vacío; la muchacha muere. (Stanley Forman, 1975).Un edificio se incendia en Boston; el fotografo corre al patio trasero y descubre los esfuerzos inútiles de un bombero por rescatar a una muchacha y una niña. Ambas caen al vacío; la muchacha muere. (Stanley Forman, 1975).Guillermo Flórez Pulgarín.Luz de esperanza. Primer Premio Nacional otos carcelarias. (Jaiguer). Estudiantes derechistas en una ciudad de Tahilandia emprenden una jornada de sangre contra lo comunistas; bala, horca, sillas, palos... (Neal Ulevich, 1976).Asesinato del líder socialista japonés Lejiro Asanuma, a manos de un joven de extrema derecha. (Yasushi Nagao, 1960).Días de lluvia en Vietnam. Una escena que simboliza la guerra del Sudeste Asiático. (Toshio Sakai, 1976).Alfonso Angel H.JaiguerDurante al guerra civil en Blangadesh, cuatro prisioneros son torturados por espacio de varias horas y luego muerto s a bayoneta ante cinci mil espectadores.
(Horst Faas y Michael Laurent, 1971).Todas los elementos de una triste historia están reunidos en la escena, ocurrida en un barrio residencial de Minneapolis.
(Ralp Fossum, 1958).

 

Texto de: Juan B. Fernández Renowitzky

Quiero expresar el reconocimiento de EL HERALDO y mi complacencia personal porque se me haya convidado para decir algunas palabras inaugurales de este curso que en buena hora han auspiciado y organizado Intercor y el Círculo de Periodistas de Bogotá sobre el Periodismo Gráfico. Y digo que en buena hora, porque el mundo tiende cada día más torrencialmente a expresarse en imágenes. Los medios de comunicación son los encargados de enfocar esas imágenes, captarlas, difundirlas masivamente y comentarlas. A cada instante. Por eso se ha dicho que el periodismo es la estética de la instantaneidad.

Pero no me atrevo a fatigarlos con divagaciones. Prefiero hacerlo, abusando de su paciencia, con apuntes y casos concretos como los que comenté en un editorial de EL HERALDO, que confío no leyeron o no recuerden ahora.

Barranquilla, martes 5 de enero de 1982.

Nadie olvida la foto de un niño asesinado. La imagen impresa golpea mucho más que la que se desvanece. La fotografía que la gente ve y puede volver a ver cada vez que le provoca, es muy superior a la que desaparece en un instante, definitivamente. Eso explica la gran ventaja de las fotos publicadas en los periódicos, en comparación con las fugaces imágenes que se encienden y se apagan para siempre en la televisión.

El argumento es bien conocido y resulta de fácil captación para todos. Lo expusimos a propósito de la aparente "chiviada" universal que la televisión le propinó a la Prensa cuando el asesinato de Sadat. En un editorial de EL HERALDO de 19 de octubre del año 81 dijimos: "La radio y la televisión le han creado a la gente una nueva y esa sí muy auténtica y urgente necesidad: la de salir a comprar el periódico para leer la noticia de que ya se enteraron por la pequeña pantalla o por el transistor. El diario les brinda en la mañana siguiente una confirmación, una ampliación y una profundización de lo que ya, apresurada y fragmentariamente, sabían. Por eso aumenta incesantemente su circulación".

La revista norteamericana Time repite ahora ese trillado e irrefutable argumento universal. Dice en su edición que tenemos en la mano: Ia televisión, de hecho, ha creado una generación visual que nunca se cansa de ver las imágenes que la impresionan. Los televidentes que se enteran por la noche de un suceso que aparece en la pantalla, quieren volverlo a ver y estudiarlo con toda tranquilidad en el periódico del día siguiente y en la revista del fin de semana. Por eso dice el editor de El Fotógrafo Americano que la televisión va demasiado aprisa. No se aloja en la mente del mismo modo que una imagen quieta, estática. La televisión es como una bofetada en la cara del televidente. Le arde por unos instantes pero después la olvida. En cambio una fotografía en el periódico es como una lectura inconmovible. Se queda para siempre con usted".

Un camarógrafo de la televisión, por ejemplo, firmó la escena del jefe de la policía de Vietnam que disparaba sobre la cabeza del prisionero vietcong. Pero fueron las fotos que publicaron los periódicos, tomadas por Eddie Adams, las que marcaron sensorialmente al público e intensificaron su oposición contra la guerra. La televisión filmó el triste drama de una campaña popular en la cual un hombre blanco usó la bandera norteamericana para golpear a un negro. Pero fue la fotografía publicada por El Heraldo Americano, tomada por Stanley Forman, ganador del Premio Pulitzer, la que levantó la protesta y el rechazo nacional. "Yo tomé la misma escena que Forman pero no logré el mismo impacto", confesó el camarógrafo de la televisión. Y por tomar fotos como esa, 30 reporteros gráficos murieron en Vietnam.

Pero se equivocan los que creen que la Prensa tiene definitivamente ganada esa batalla con la televisión. Por el contrario, se trata de una ardua tarea interminable. Y más que con la televisión, la prensa tiene que competir consigo misma. Como lo hemos dicho un centenar de veces en EL HERALDO, el reto de un buen periódico no es con los demás periódicos, sino con su propio producto cotidiano. Del mismo modo, el buen fotógrafo de prensa no debe compararse con lo que aparece en la televisión sino con lo que él mismo hace todos los días. Es un desafío incesante. En el cual el reportero gráfico tiene que estar muy alerta para captar honestamente las noticias del día, que son obviamente las que se producen a su alrededor, en su propia región. Y debe estar permanentemente inventando la mejor manera de darle al lector no sólo la captación visual sino también, a través de la misma imagen, el sentido de lo que sucede. Para lo cual necesita audacia, intrepidez y sobre todo talento. Comparado con el viejo fotógrafo de pañolón negro que anunciaba en los parques la salida del pajarito, el de hoy se parece más a un guerrillero que, en vez de ametralladora, dispara su cámara Canon. Pero es indispensable que su audacia no se limite a renovar su máquina sino también su mentalidad periodística.

Las fotos de la explosión de un volcán son siempre hermosas. Pero el buen fotógrafo de prensa es el que, además de tomar esa escena, capta la del niño de once años que iba en la parte de atrás de un camión y se asfixió con las cenizas volcánicas. Time cita ese ejemplo y la opinión de varios expertos fotógrafos periodistas. Para demostrar que las nuevas fotografías compiten con las viejas y deben superarlas en impacto visual. Porque el buen reportero gráfico lo que tiene que vencer es la fatiga del ojo del público, ávido siempre de ver cosas nuevas, inusitadas, dramáticas, golpeantes. Hay que tomar fotos y saber ponerlas unas junto a otras ‑yuxtaponerlas‑ en una secuencia dramática como las de los refugiados de cambodia, que la gente quiere no sólo ver sino volver a ver varias veces. Esa es la buena foto periodística, la que dura y perdura. Por eso dice Gerald Clarke en su excelente artículo de Time que "En la guerra y en la paz, los fotógrafos de prensa están grabando la vida y la muerte, la alegría y la tristeza. La historia tiene ahora no sólo oídos sino también ojos".

"Con las actuales cámaras electrónicas, que enfocan automáticamente y gradúan ellas mismas la luz necesaria, cualquier persona puede retratar escenas de acción: Un incendio, una multitud furiosa o el estallido de una planta de gas". Pero a menudo faltan el coraje, el esfuerzo, el sentido de la oportunidad y el detalle. Y sobre todo faltan la vocación, la inventiva y el talento para hacerlo bien en cada caso. Los fotógrafos del mundo entero están luchando para superar esas dificultades y ejercer cada día mejor su riesgosa y prodigiosa profesión. Que está ahora a distancias siderales de la época en que sólo se retrataban las escenas de matrimonio, primera comunión...

"Menos mal que esa tarea de mártires y de héroes les toca a los fotógrafos y no a los directores de periódicos", podemos concluir con alguna ironía los directores de los periódicos colombianos. En los cuales tenemos que ponernos pronto al día en este grave e ineludible compromiso de nuestra profesión con la historia, como hay que hacerlo en cualquier rincón del planeta. Entre estos diarios colombianos, y gracias a fotógrafos que son cada día mejores, EL HERALDO está contento y orgulloso de haber comenzado en 1981 a caminar, superándose a sí mismo y mediante el uso adecuado del offset, en esa nueva vía maravillosa de decirlo todo por medio de imágenes. Avíspense, amigos fotógrafos!

Pero es un error creer que sólo la realidad visual o sensorial puede expresarse mediante imágenes. También en las ideas deben buscar ese conducto regular para comunicarse con el público. Nada manifiesta mejor el concepto que se tenga de la miseria, o de la necesidad de erradicarla, que una foto impactante sobre los niños esqueléticos que mueren por falta de alimentos en Africa o en nuestros tugurios.

Y aquí, en las bocacalles barranquilleras, los paralíticos que se abalanzan en sillas de ruedas sobre los carros que esperan la luz verde del semáforo, para implorarles una limosna, son una imagen autóctona pero no menos impactante de la pobreza de nuestro subdesarrollo. Ningún fotógrafo los ha retratado hasta el momento.

Ya Aldous Huxiey explicaba cómo la buena literatura consiste en expresar ideas originales y auténticas con las mejores imágenes. La anécdota, la narración, el relato, el cuento, la novela no son sino las imágenes vividas y transmitidas por la sensibilidad y la inteligencia de cada autor.

La razón de ello es que lo abstracto no puede expresarse directamente en imágenes. Lo abstracto no es fotografiable. Sólo lo concreto puede serio. Pero lo abstracto ‑las llamadas ideas generales tienen que buscar la manera de mostrarse también en imágenes concretas para que puedan comunicarse al público. Por eso el filósofo antioqueño Fernando González decía que las ideas abstractas son muchachas castas, puras y provocativas y para que cumplan su misión en la vida hay que lograr que se dejen seducir por la literatura y que sean fecundas en imágenes, que es la única manera de que a la gente le entren las cosas y las ideas por los ojos. Los escritores deben mantenerse en ese perpetuo y fértil ejercicio de su grande o pequeño poder de seducción.

No me salgo del territorio profesional periodístico. Este sí es y debe seguir siendo el reino absoluto de las imágenes. Es decir, de las fotografías. Todo lo que ocurre aquí o en Hiroshima puede ser dicho inmejorablemente con fotografías. Pero hay que aprender a decirlo en la forma más adecuada y oportuna.

No puedo concebir el nuevo periodismo sin las fotografías nuevas. Es lo que más ostensiblemente puede diferenciarlo del periodismo antiguo y obsoleto.

A propósito: la mujer desfigurada por la bomba de Hiroshima es ahora una imagen mundial que está tan de moda como Margarita Duras, la autora de Hiroshima monamour, que acaba de ganarse un premio literario francés. De ahí que, como periodista, sea doloroso ver cómo se malgastan circunstancias noticiosas por no publicar a tiempo la fotografía de ellas. Un redactor que crea que su misión sobre la tierra consiste en escribir unas cuartillas, o en cortarlas del télex, para llevarlas religiosamente a la pantallista sin ser capaz siquiera de agregarle, de su propia cosecha, la fotografía del muerto cuando estaba vivo o de la catástrofe después de producida, no es para mí un buen redactor. Ni creo que tampoco para ningún otro lector de periódicos. Lo que hace vibrar la prosa es la corriente eléctrica de las imágenes: las que ella contiene y las que la ilustran fotográficamente. Sobre todo la prosa de prisa que es el título del libro del poeta cubano y la mejor definición que he encontrado de la que debe escribirse en los periódicos.

A esa prosa maratónica, con camiseta de campeón de carreras y máquina de retratar lista a disparar a cada instante, dedicaría yo, como imagen suprema del periodismo universal, este curso de arte fotográfico con que el Círculo de Periodistas de Bogotá y la Asociación Carbocol premian a todos los periodistas del país y que declaro inaugurado en medio del ambiente de esta reunión social tan agradable y estimulante.

 

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