Por nuestros niños

Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia

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Ante todo los niños

Texto de: José Granada, María Elisa Pinzón, Alberto Duque López
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

Preocupación primordial en la decisión de emprender un plan para erradicar la pobreza ab­so­lu­ta, ha sido la de atender priori­ta­ria­men­te a la niñez, tanto por su mayor vulnerabilidad como por la obligación moral de preservar el futuro de la nación. Esta prioridad ha sido ratificada con insistencia por el Presidente Barco, y así lo hizo de nuevo en el informe al Congreso de la República del 20 de julio de 1989: “Como afirmé anteriormente, la solución de los problemas de los niños ha recibido prelación en lucha contra la pobreza. Es indispensable que los menores de edad reciban la atención necesaria para que en el futuro no sufran las condiciones de pobreza que les tocó vivir a sus padres. Sólo así garantizamos la construcción de una Colombia Nueva”.

La vulnerabilidad infantil

Dentro del cuadro general, ya descrito, de la pobreza que venía afectando al 43% de la po­bla­ción del país, la situación de los niños era es­pe­cial­men­te preocupante, como lo mostraban los in­di­ca­do­res sobre salud y supervivencia, protección y desarrollo.

El número de niños que morían sin alcanzar a cumplir su primer año de vida, para mediados de los años 80 era de 57 por cada 1.000 nacidos vivos. Este promedio nacional involucraba situaciones aún más graves, por cuanto extensas zonas del país, como la Costa Pacífica, buena parte de la Costa Atlántica y las áreas subnormales de las ciudades registraban tasas de mortalidad infantil francamente alarmantes, superiores al 80 por 1.000.

Desde el punto de vista epidemiológico, las tres primeras causas de estas muertes infantiles se encontraban en las complicaciones presentadas durante el embarazo, parto y postparto, las infecciones agudas de las vías respiratorias y la deshidratación provocada por infecciones intestinales.
Este cuadro epidemiológico demostraba la falta de acceso a los servicios básicos de salud y una incidencia excesiva de causas de enfermedad y de muerte claramente evitables.

De acuerdo con el Censo Nacional de Población de 1985, la población menor de 7 años alcanza la cifra de 4.3 millones. De este grupo, alrededor de 2 millones se encontraban en una situación de riesgo de desnutrición y retardo en su desarrollo psíquico-físico. Según el Estudio Nacional de Salud, realizado entre 1977 y 1980, al comparar los indicadores de estatura en relación con la edad, se encontró que el 26% —1 millón 250 mil niños— sufrían, en algún grado, retardo en el crecimiento y el 16% — 750 mil niños— tenían riesgo de presentarlo. En los primeros años de vida, la desnutrición y la falta de afecto pueden tener repercusiones irreversibles en el desarrollo físico y mental de los niños. Por ello, el acceso a una alimentación adecuada constituye un determinante indispensable en la calidad de vida y en el desempeño del futuro ciudadano.

El más alto riesgo de desnutrición se presenta especialmente entre 6 y 24 meses de edad, período en el cual se requiere un adecuado aporte nutricional. Dentro de este período ocurre frecuentemente la finalización de la lactancia materna, y por tanto, su protección contra enfermedades contagiosas. La morbilidad característica en estos grupos sociales, agrava los riesgos de la desnutrición infantil y de los daños irreparables para el desarrollo físico y mental.

Los problemas de malnutrición se combinan con la falta total o parcial de atención que se sufre, particularmente, en las edades de 2 a 6 años. El niño en estas edades es prematuramente considerado como una persona que ya puede defenderse y, por esta razón, permanece más tiempo solo y aun con la responsabilidad de cuidar a sus hermanos menores. De esta manera queda sometido a graves riesgos de accidentalidad y al temprano inicio de la vida callejera.

El Estado ha venido ejecutando, a través del Instituto Colombiano de Bie-nestar Familiar, diferentes programas en las áreas de protección y nutrición. No obstante los esfuerzos hechos a través de las diferentes formas de atención, el resultado de estos programas ha sido reducido frente a la magnitud de las necesidades y, como consecuencia, un gran sector de la población preescolar no tiene aún posibilidades de alcanzar un desarrollo armónico.

Aproximadamente 2 millones de niños, en el grupo de los menores de 5 años, sufren de desnutrición. En 1985, se calculaba que 5 millones de colombia-nos pertenecían a familias que destinaban más del 70% de sus ingresos a comprar alimentos y tenían un consumo de calorías 40% por debajo del mínimo necesario.

A ello se agregan las carencias comprobadas de hierro, vitamina A y yodo y la disminución de la práctica del amamantamiento. El 80% de las madres amamantan a sus hijos hasta los 3 meses, el 53% hasta los 6 meses y el 36% hasta los 12 meses, según estudios realizados en 1986.

Los servicios institucionales de salud, nutrición y protección para los niños del grupo de edades comprendidas entre el nacimiento y los 6 años, llegaban sólo al 10% de esta población en 1985. Para el mismo año, el alcance de la educación primaria era limitado. El 90% de los niños entre los 7 y los 13 años que vivían en las zonas urbanas concurrían a la escuela, en comparación con el 60% en la zonas rurales. Sólo el 60% de los niños de las zonas urbanas y el 20% de las zonas rurales terminaban sus estudios primarios. La inasistencia escolar tenía perfiles muy diferentes según el grado de pobreza: entre los no pobres era de 0.8%, para los pobres absolutos 33% y para los de pobreza crítica alcanzaba el 44%.

Se estima que en las grandes ciudades existían, en 1985 aproximadamente 5 mil gamines en la calle. Otros 20 mil niños se encontraban en situación de alto riesgo o abandono, de los cuales 2.800 eran dados en adopción.

Aunque a la fecha no existen estimaciones de la magnitud de niños meno-res de 12 años vinculados a la fuerza laboral, hay evidencia, desde hace muchos años, del trabajo infantil en las canteras, minas de carbón, chircales, construcción, cosechas de café y algodón, en la venta de mercancías y múltiples combinaciones de oficios para el hogar. Trabajo que es realizado con una baja remuneración, falta de seguridad social y que tiene lugar en horarios inapropiados que les impiden asistir a la escuela.

Toda esta situación anterior, combinada con la incorporación de la mujer a la fuerza laboral y el debilitamiento de los lazos familiares, exigieron y aún exigen soluciones en donde los esfuerzos mancomunados de la comunidad y el Estado, garanticen que esa vulnerabilidad propia de los niños sea protegida por programas sociales apropiados.

Es urgente e indispensable que los niños sobrevivan a todos los peligros que los acechan; que los niños puedan desarrollar al máximo sus potencialidades físicas y psíquicas.

Se enciende una luz

Si se asume con responsabilidad que los sectores más vulnerables de la población son los niños, entonces es preciso concederles prioridad en el orden de las preocupaciones gubernamentales, en la asignación de los recursos y en las capacidades del Estado y de la sociedad adulta para responder oportunamente a sus necesidades.

Dentro del Plan de Lucha contra la Pobreza, esa prioridad se materializó en la continuación y el fortalecimiento del programa SUPERVIVIR, encami-nado a mejorar la salud y evitar la muerte de los niños colombianos, con especial énfasis en el control prenatal; en el cuidado de los problemas respiratorios, en la prevención de la diarrea y el tratamiento oportuno de la deshidratación; en el control del crecimiento y el desarrollo del niño; en la aplicación de todas las vacunas antes de su primer año de vida y en el fomento del juego y el afecto. Asimismo, se amplió e intensificó el programa Escuela Nueva con el fin de ofrecer la primaria completa a los niños campesinos, mediante una enseñanza activa que fortalece la relación entre la escuela y la comunidad y desarrolla, un sistema de promoción flexible acorde con la necesidad de los niños de ayudar a sus familias en las labores agrícolas, especialmente en ciertos períodos del año.

Sin embargo, esto no era suficiente para atacar en sus raíces los problemas más serios del desarrollo infantil. Durante años, los esfuerzos para prevenir y corregir la malnutrición de los niños en edad preescolar, habían logrado avances en beneficio de las familias de ingresos relativamente bajos, pero no habían alcanzado, y menos aún en forma masiva, a las que padecían los efectos de la pobreza crítica.

De la búsqueda de soluciones más eficientes y más simples exploradas a lo largo de las experiencias que había acumulado el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, creado en 1968, especialmente en torno de los centros de atención integral al preescolar u Hogares Infantiles y de las variaciones que en sus modalidades tradicionales se habían introducido, fue surgiendo la idea de integrar a las madres de familia en un esfuerzo común y solidario para atender a sus hijos menores de 7 años.

Nacieron así, por decisión del gobierno del Presidente Barco, los Hogares de Bienestar que en menos de 4 años, de 1987 a 1990, se han convertido en una verdadera revolución para los niños de Colombia.

 

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