Por nuestros niños

Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia

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Hogares de Bienestar

Texto de: José Granada, María Elisa Pinzón, Alberto Duque López
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

Como bien expresó doña Carolina de Barco, en marzo de 1988 ante la Conferencia de la Liga de Bienestar Infantil realizada en Washington, el programa de Hogares de Bienestar tiene un cubrimiento nacional y un propósito claro de Gobierno para mejorar las condiciones de vida del niño colombiano:
“Aunque la filosofía que sustenta el programa que está llevando a cabo el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es tan antigua como la humanidad misma, es decir, que las madres deben aunar esfuerzos en el cuidado de sus hijos, hasta donde yo sé, es la primera vez que este postulado se lleva a cabo a gran escala y se convierte en proyecto oficial de un Gobierno. El objetivo que nos hemos propuesto es brindar atención y asegurar los requisitos nutricionales a 1 millón 600 mil niños durante los próximos 6 años. Esta cifra constituye la totalidad de la población infantil mal nutrida de Colombia.

El propósito primordial del Programa es brindar alimentos a los niños para asegurar su crecimiento sano y darles posibilidades para convertirse en adultos productivos. Sin embargo, los efectos colaterales dentro de la comunidad han sido evidentes. Creemos que esto hará que se produzca un cambio radical en la vida familiar y comunitaria de Colombia”.

Nutrición para una vida plena

Los niños que asisten a los Hogares de Bienestar todos los días, excepto los fines de semana, se aplica el deber universal de proporcionarles una nutrición adecuada para que alcancen más tarde una vida plena, una nutrición que contenga las proteínas y calorías indispensables para su crecimiento físico y su desarrollo intelectual.

Numerosos estudios han demostrado en el mundo, que muchos de los retardos y dificultades que presentan los niños y adolescentes de las zonas marginadas, se deben a una mala nutrición que comienza en el vientre materno, se prolonga durante los primeros años de vida y hace crisis cuando comienzan a ir a la escuela donde tienen problemas de aprendizaje.

Por eso en los Hogares de Bienestar, la adecuada nutrición avanza paralela al afecto y a la protección que reciben los niños en el Programa.

Sensación de protección

Demás de prevenir y corregir la malnutrición infantil y sus irreversibles efectos en el desarrollo intelectual y físico de los niños, el programa de Hogares de Bienestar se configuró para dar res-puesta a las necesidades de las familias pobres en el cuidado de sus hijos, mientras los padres salen a trabajar. Esta situación es particularmente aguda por la creciente vinculación de la mujer al trabajo para contribuir al ingreso familiar o para sostener a sus hijos, cuando dependen de ella exclusivamente.

Todos los días los niños reciben orientación pedagógica, estímulos, ternura, cuidados y calor de familia que sus padres por distintas razones no pueden suministrarles oportunamente y se sienten protegidos. Protección: esa es la sensación que comparten los niños que deben enfrentar, sin saberlo, las adversas condiciones de la vida.

Este Programa tiene un principio social simple: la necesidad esencial de un niño es la protección, entendida como el afecto y el cuidado que debe recibir en el seno de su familia y de la comunidad que lo rodea. En ese ambiente se propicia su desarrollo integral.

Una idea sencilla e innovadora

Para decirlo de una manera elemental, los Hogares de Bienestar pueden definirse como pequeños centros de cuidado diario que funcionan en uno de los hogares de la vecindad, en donde la dueña de la vivienda, convertida así en madre comunitaria, se encarga de cuidar a 15 niños menores de 7 años.
El Hogar de Bienestar ofrece al niño alimentos, protección y actividades pedagógicas que estimulan su socialización, la formación de su personalidad y su desarrollo intelectual y sicomotriz.

Esta definición, que puede parecer simple, conlleva un complejo proceso de organización, capacitación, coordinación interinstitucional y participación comunitaria que merece ser detallado con mayor precisión.

Proceso de organización

Para organizar un Hogar de Bienestar el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, en coordinación con las autoridades locales y otras instituciones que tengan presencia en el área de estudio, ubica los núcleos de población que por su pobreza muestran mayores necesidades de atención al niño.

Cumplido este paso, los funcionarios del ICBF promueven reuniones con las familias de la comunidad para ilustrarlas sobre el programa y motivar su participación. Con ellas se integra un grupo animador encargado de hacer el diagnóstico de la situación de la niñez en su vecindario y preparar un censo de los menores de 7 años.

El censo informa cuántos niños hay en el barrio, cuántos se quedan acompañados por personas responsables en sus casas, cuántos están adecuadamente atendidos, cuántos quedan solos y sometidos a mayores riesgos de accidentes, violencia, explotación y marginalidad. Este censo determina, igualmente, cuáles niños están desnutridos o en gran riesgo de enfermar.

Entonces se analiza cuántos Hogares de Bienestar se deben montar para atender a los niños que lo necesiten y cuántos menores deben participar en otros programas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Las asociaciones de padres de familia

Ha establecido por parte de las comunidades el número de Hogares de Bienestar que se crearán, se identifican los padres de los niños que asistirán a ellos y se procede a conformar la asociación de padres de familia. Dicha asociación constituye la representación legal de la organización comunitaria y es la responsable de asegurar la buena marcha de los Hogares de Bienestar.

Cada asociación administra entre 15 y 20 Hogares de Bienestar y en cada uno de éstos se conforma una junta de padres de familia para que se vinculen activa y directamente al programa en la atención de sus hijos.

La asociación de padres de familia, con la asesoría del ICBF adopta sus estatutos y gestiona la personería jurídica, que le da la capacidad legal para obrar, contratar y administrar los recursos financieros y físicos de los Hogares de Bienestar que están bajo su responsabilidad. Se forma así un tejido social cuyo resultado es una red de relaciones en torno de la participación comunitaria que garantiza una adecuada, oportuna y democrática administración de los recursos entregados por el Gobierno a la comunidad para la atención de los niños.

Inscripción y selección de madres comunitarias

Simultáneamente, se realiza la inscripción de las personas interesadas en vincularse como madres comunitarias. Los instructores y trabajadores sociales del Instituto realizan talleres de capacitación para que ellas adquieran los conocimientos necesarios en el desempeño de sus responsabilidades. Las aspirantes a madres comunitarias saben que su vinculación será una contribución voluntaria al desarrollo del programa, pues, su labor no constituye un trabajo asalariado en sentido estricto.

Concluido el proceso de capacitación, las asociaciones de padres de familia seleccionan entre las que han asistido y aprovechado la instrucción recibida, el número de madres comunitarias requerido.

La selección se hace tomando en cuenta el buen carácter, la disposición para cuidar a los niños y los antecedentes de conducta de las personas elegi-bles. La Junta Directiva de la asociación las visita en sus viviendas y con todos estos elementos de juicio, toma su decisión.

El paso siguiente es el de inscribir a los niños en el Hogar de Bienestar elegido por sus padres, de manera que éstos tengan plena confianza en la persona que ha de cuidar a sus hijos.

Antes de poner en marcha el Programa, las juntas directivas de las asociaciones de Padres de Familia, los integrantes de los Comités de Apoyo y las demás personas de la comunidad interesadas, reciben orientación e instrucciones sobre aspectos administrativos, contables y de compras, así como sobre las normas que regulan el programa.

Participación de los padres de familia

La Junta de Padres de cada Hogar está conformada por todos los padres de familia de los niños que asisten a éste. Nombran un coordinador de actividades que debe ser diferente a la madre comunitaria, y eligen, anualmente, a los tres representantes a la asamblea de delegados de la asociación de padres de familia.

Esta Junta tiene como una de sus funciones más importantes, velar porque la madre comunitaria trate bien a los niños, haga la vigilancia nutricional a cada uno, ofrezca las orientaciones y cuidados necesarios, no derroche ni escatime los recursos disponibles para el programa, prepare la alimentación de acuerdo con las condiciones nutricionales e higiénicas, así como en la cantidad y variación que se recomiendan, fomente hábitos de salud y comportamiento social y mantenga un buen ambiente de relaciones con la familia de los niños.

Pero además de estar atenta a que los niños reciban lo mejor, también la Junta de Padres participa en las actividades que se requieran para la buena marcha del programa. Define cuándo y cómo cada padre o madre va a ayudar a la madre comunitaria en los quehaceres del hogar y en el cuidado de los niños y vigila que se haga el pago oportuno de las cuotas mensuales que cada familia debe aportar.

La obligación a cargo de las familias, de colaborar y ayudar a la madre comunitaria, es parte del proceso formativo de las mismas familias que se benefician del programa y es una forma de incorporar en su vida cotidiana los patrones de comportamiento que el programa promueve para el desarrollo y las relaciones con los niños.

Entre los adultos, es una forma activa y demostrativa para aprender aspectos de nutrición, salud, higiene y recreación y una manera de expresión solidaria con sus vecinos y la madre comunitaria.

Capacitación y formación permanentes

Para su buen éxito, el programa ha diseñado un sistema de capacitación y formación permanentes, tanto de las madres comunita-rias, como de las juntas directivas y los comités de las asociaciones de Padres de Familia. Este sistema también cubre a los padres de niños usuarios, de manera que se promueva el interés, la responsabilidad y la eficiencia de todos los participantes.

Para el logro de los múltiples objetivos del Programa, la capacitación de las madres comunitarias comprende nociones sobre puericultura, dietética, higiene, aspectos básicos de salud y los fundamentos técnicos del Programa.

Se busca así, que la madre comunitaria sea a la vez un agente educador de la comunidad y una multiplicadora y diseminadora de los conocimientos adquiridos. Las madres aprenden a llevar el control de la talla y peso de los niños según su edad, a tomar precauciones para la prevención de accidentes, a utilizar las sales de rehidratación oral, a elaborar los programas de actividades pedagógicas, a preparar los alimentos en forma higiénica y agradable al paladar de los niños, entre otros muchos temas previstos en el sistema de formación permanente.

Las familias usuarias del programa y la comunidad en general reciben, asimismo, a través de reuniones periódicas, información sobre diversos temas, tales como la importancia de la participación comunitaria, contenidos de salud, nutrición, o en algunos casos, producción de juguetes con materiales de desecho. A este proceso formativo no escapan los funcionarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, quienes reciben, desde el nivel nacional hasta el nivel local, una capacitación continua mediante la conformación de los grupos de estudio y trabajo.

Mejoramiento de la vivienda

Por último, en la medida de lo posible, se otorga un crédito a la madre comunitaria para el mejoramiento de su vivienda, crédito que tiene una cuantía hasta de 6 sa­la­rios mínimos mensuales, aproximadamente US$550. Para este efecto, diversas instituciones que cooperan con el Programa, ayudan en el diagnóstico de la vivienda y en la recomendación de las obras esenciales requeridas, en cuanto a instalaciones sanitarias, mejoramiento de las áreas destinadas a los niños y a la preparación de alimentos.

Dotación y puesta en marcha

La Asociación recibe los aportes económicos del ICBF para la adquisición de la dotación básica y para el funcionamiento. Aquella entrega a cada madre comunitaria, mediante acta, los elementos necesarios para la cocina, las actividades con los niños y la manutención, así como, cada 8 días, los mercados calculados, según las minutas elaboradas por las nutricionistas del ICBF, siguiendo criterios de balance en proteínas, calorías y vitaminas. Las raciones se destinan a los 15 niños, a la madre comunitaria, y a la persona que colabora con ella cada día en el Hogar. Mensualmente la asociación distribuye en cada Hogar material didáctico, un subsidio en dinero para gastos de aseo y combustible y una suma que se le entrega a la madre comunitaria como subvención por dedicarse a cuidar los niños.

Aportes de las familias y trabajo solidario

Para evitar actitudes paternalistas, los Hogares de Bienestar se constituyen sobre la premisa de la colaboración de todos los miembros de la comunidad. Nadie puede dejar de hacer su aporte. Las familias usuarias contribuyen con una modesta suma mensual equivalente a 2 horas de un día de salario mínimo (US$0.75) suma al alcance aun de los más pobres. Asimismo, deben colaborar periódicamente con la madre comunitaria en al atención de los niños.

Son los padres de familia organizados quienes tienen el mayor interés de asegurar para sus hijos lo mejor. Como decía un grupo de padres en asamblea de un municipio en el departamento de Santander: “Somos los padres de familia a quienes nos duele lo que se haga o se deje de hacer por nuestros hijos, luego somos los dolientes, los que tenemos mayor interés de que las cosas se hagan bien”.

Otros miembros de la comunidad trabajan en los cargos de la Junta Directiva, dirigen las reuniones, elaboran las actas, llevan las cuentas, giran los cheques, efectúan las compras, ayudan en tareas culturales y de recreación. En fin, todos participan.

Los procesos descritos ubican a cada protagonista en el papel que debe desempeñar y dispone el escenario para que empiece la labor con los niños.

Financiación

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar aporta los dineros y promueve y asesora el programa. Los aportes financian los costos de operación y son entregadas para su administración las ayudas para el pago de los servicios a las Asociaciones de Padres de Familia. En 1990, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar destina a este objeto más del 50% de sus ingresos, equivalente a 42 mil millones de pesos, cerca de 90 millones de dólares.
El ICBF se financia a su vez, con aportes de las empresas públicas y privadas en una cuantía equivalente al 3% del monto de las nóminas de las entidades aportantes. La Ley 89 de 1988, dispuso que a los Hogares de Bienestar se destine por lo menos un tercio de tales aportes.

Coordinación y cooperación interinstitucional

El programa Hogares de Bienestar, liderado por el ICBF, cuenta con el apoyo activo del Ministerio de Salud para la atención de los niños, tanto en actividades preventivas y en programas de vacunación, como en la prestación de servicios asistenciales en casos de enfermedad. Las Asociaciones de Padres de familia pueden hacerse representar en los comités comunitarios de salud creados por el Gobierno en cada uno de los organismos del Sistema Nacional de Salud, para coordinar su cooperación con los Hogares de Bienestar.

El Ministerio de Educación con sus programas de Vigías de la Salud y de Educación Familiar para el Desarrollo Infantil, PEFADI, el Instituto de Crédito Territorial, el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, la Caja de Crédito Agrario, las autoridades locales, las universidades y muchas otras entidades públicas aportan su concurso a diversos aspectos de las actividades de este programa. Ha sido igualmente constante la vinculación de organismos no gubernamentales, así como de las entidades que integran el sistema de las Naciones Unidas y, en particular, UNICEF, UNESCO y PNUD, las cuales han prestado firme apoyo al programa y han contribuido a su difusión y conocimiento en los foros internacionales. De igual modo, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo han acogido el programa Hogares de Bienestar como uno de los modelos de desarrollo social, de participación comunitaria y de protección de la infancia.

Padres e hijos en un nuevo escenario

Un escritor, con la sensibilidad y la fina percepción del observador por vocación, que recoge de la realidad la materia prima para construir sus imágenes, ha descrito algunas escenas que muestran cómo viven esta experiencia sus principales protagonistas: los niños y sus padres. Este es su relato. “La escena tiene lugar durante un lunes cualquiera, en uno de los Hogares de Bienestar que funciona en cualquiera de las zonas marginadas de Bogotá:

A las 8 de la mañana los niños llegan de la mano de sus padres antes de seguir hacia su trabajo. Los demás pequeños comienzan a jugar, mientras los mayores participan de actividades pedagógicas que ya habían sido programadas con anterioridad, de acuerdo con la observación que a diario hace la madre comunitaria sobre la evolución y desarrollo del niño. Es ella quien organiza las actividades iniciales de la jornada que se extienden durante media hora.
Juegan con recortes de papel, hacen gimnasia, entre las 10 y 10:30 toman su refrigerio, generalmente compuesto por una colada, galletas o pan. Entonces se organiza una actividad al aire libre.

En ocasiones, si no está lloviendo, van al parque o a las zonas cercanas, y la madre comunitaria les orienta sobre una tarea específica y diferente: Un lunes se dedican a identificar objetos; un martes buscan piedras redondas en su medio; al día siguiente, piedras alargadas; el jueves llevan papel y lápiz para pintar todos los árboles que encuentran o al menos los que quepan en una hoja. Alrededor de las 12 regresan al Hogar con el fin de almorzar. Antes de hacerlo, se lavan las manos.

Un almuerzo corriente está compuesto por un plato de avena o de sopa, arvejas o zanahorias, arroz, un huevo o carne y un jugo. Finalizan su almuerzo, se cepillan los dientes y durante una hora hacen todos su siesta.

La tarde la dedican a pintura y a trabajos que desarrollen su autonomía y creatividad. A las 3:30 vuelven a tomar una merienda, y a medida que se aproxima el reencuentro con los padres, los niños participan de una rutina que, en ocasiones encierra variaciones: se lavan las manos, se peinan, se cepillan de nuevo los dientes, arreglan el salón de actividades, se cambian de ropa y están listos porque a partir de las 4:30 o 5 de la tarde los padres desfilarán para recogerlos.

Durante la jornada se hace mucho énfasis en actividades colectivas y participativas tendientes a desarrollar sentimientos de solidaridad, compromiso y responsabilidad.

Las escenas que se comparten en ese momento, después de 8 horas de separación, son muy valoradas por los padres que han tenido jornadas laborales extenuantes. El reencuentro con los pequeños promueve momentos muy significativos. El miño les muestra los dibujos realizados durante el día, les canta una copla que se aprendió y les habla de todas las actividades cumplidas y hasta del pedazo de pollo que compartió con una niña vecina de trenzas largas.

Para esa madre que ha lavado y ha planchado ropa a domicilio, desempeñado distintos oficios, o que ha trabajado en una fábrica; para ese padre que ha trabajado como vendedor ambulante o celador, el gesto del hijo es definitivo. En esa escena cualquier observador entiende la auténtica naturaleza de este programa de Hogares de Bienestar: el problema de muchos niños colombianos que tienen menos de 7 años, además de la malnutrición ha sido la falta de cuidado”.

La escena es verídica y es apenas una de las esperanzadoras situaciones que se viven todos los días en cualquiera de los Hogares de Bienestar que funcionan en territorio colombiano.

 

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