Por nuestros niños

Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia

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Nutrición de la Madre y el Niño

Texto de: José Granada, María Elisa Pinzón, Alberto Duque López
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

a nutrición y la protección que ofre- cen los Hogares de Bienestar a los niños de 2 a 7 años se complementa con los programas de apoyo nu­tri­cio­nal destinados a atender a la mujer embarazada, la madre lactante y sus hijos menores de 5 años, programas que han tenido una larga tradición en Colombia. Se iniciaron hace más de 20 años por el Instituto Nacional de Nutrición, el cual, al crearse el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, fue absorbido por este. El apoyo nutricional se combina con el programa materno infantil del Ministerio de Salud que provee el control prenatal, y la atención del parto y del puerperio.

Con estos programas se busca una maternidad sin riesgos y el desarrollo normal del niño en la etapa más crítica de su formación y crecimiento, mediante la lactancia materna y la relación afectiva con la madre.

El desarrollo inicial del niño

Existe un consenso general entre los expertos del cre­ci­mien­to humano sobre la vida prenatal y la primera infancia como etapas críticas y fundamentales en el desarrollo del ser humano.

No solamente el crecimiento físico tiene su máxima velocidad en estos períodos, sino que es precisamente en ellos cuando el organismo infantil y el sistema nervioso central, en particular, tiene su mayor grado de plasticidad, lo cual permite que las condiciones positivas o negativas del ambiente físico, biológico y social tengan las máximas probabilidades de afectar en uno u otro sentido el desarrollo.

Los dos primeros años de vida son determinantes. Lo que allí sucede constituirá una especie de esquema o patrón referencial que matizará el tipo y la calidad de las relaciones, la posibilidad de captar y construir normas y la base para la estructuración de sentimientos, como el afecto, la seguridad y la confianza en sí, que tienen aquí sus raíces.

Cuanto más pequeño es el niño, mayor es su vulnerabilidad. Por eso, la falta de una relación afectiva profunda, continua y estable, la malnutrición, los traumatismos debidos a accidentes y enfermedades virales e infecciosas, pueden causar lesiones irreparables, cuyas manifestaciones aparecen en las distintas esferas de su desarrollo.

Afectos estables

El objetivo más importante del primer año de vida del niño, es el establecimiento de un vínculo afectivo estable centrado en la madre. Para el desarrollo del vínculo afectivo, los estímulos más importantes son: la permanencia del niño con la madre, el contacto piel a piel y visual, el reconocimiento del cuerpo del hijo y las diversas gratificaciones inherentes a la presencia y la comunicación.

En el desenvolvimiento de este vínculo, las situaciones asociadas a la alimentación y al cuidado del niño son las más importantes. La lactancia materna, además de la importancia para la nutrición y maduración biológica del niño, tiene grandes implicaciones a nivel de la consolidación del vínculo afectivo. Por tanto, más que las acciones concretas que conducen a que el niño esté nutrido y cuidado, es la solícita conducta materna la que posibilita el dar y recibir afecto.

Existe un período sensible durante los primeros meses de vida del niño en el cual la disposición biológica y sicológica se encuentra en su punto culminante para lograr la vinculación afectiva hacia la madre y el padre. El estableci-miento, la permanencia y la calidad del núcleo familiar puede ser obstaculizado o distorsionado por condiciones particulares de la madre o el padre y por la realidad social en la cual están ubicados.

Esas rupturas o distorsiones del núcleo afectivo, provocan profundas consecuencias en el desarrollo físico, intelectual y social del niño. Allí se encuentran a menudo las raíces de problemas como la dependencia de la droga y del alcohol, el maltrato hacia sus futuros hijos y la incapacidad para dar y recibir afecto.

Por todo ello resulta de vital importancia proporcionar la permanencia de la madre al lado del niño durante sus primeros 24 meses de vida

Alimentación oportuna

El crecimiento y desarrollo requieren el oportuno suministro de alimentos que aporten al niño los nutrientes indispensables para esta crítica etapa ini­cial de su vida. Cuando no son cubiertos adecuada y oportunamente, se presentan alteraciones en el peso y tamaño del cuerpo, que a su vez son el reflejo del peso y tamaño de sus órganos.

La nutrición inadecuada, si se presenta en las fases iniciales del cre­ci­mien­to, puede modificar el número final de células de un órgano y llegar hasta el punto de ocasionar alteraciones permanentes en su funcionamiento.

En el proceso de desarrollo, cada función hace su aparición cronológica en un período crítico del mismo. Por tanto, cualquier alteración puede limitar la capacidad del cerebro para una función particular. Si las condiciones óptimas no se reunieron en el momento preciso, el cerebro puede presentar deficiencias irreversibles, siendo mayores cuanto a más temprana edad se presente la deficiencia y teniendo aquí en cuenta el período fetal.

La carencia nutricional en los 2 primeros años de vida tiene efectos funcionales más severos que en los años posteriores, y las alteraciones en el crecimiento pueden persistir aun cuando el niño continúe bien alimentado el resto de su vida.

En Colombia, la desnutrición calórico-proteica en los niños con sus repercusiones sobre el crecimiento y desarrollo y los índices de bajo peso al nacer y de desnutrición materna, constituyen problemas de salud pública de la más alta prioridad. Se ha demostrado que cuando la desnutrición es tan grave que requiera la hospitalización de un niño menor de 2 años, ésta puede producir efectos irreversibles sobre el comportamiento futuro.

Otras investigaciones indican efectos análogos cuando la desnutrición grave en la primera infancia, tiene una duración de 4 o más meses.
Colombia, como los demás países de Latinoamérica, presenta una si­tua­ción de salud materno infantil preocupante pese a los significativos avances obtenidos, por cuanto la morbilidad y la mortalidad de estos grupos priori­ta­rios se ve enmarcada aún por enfermedades infecto-contagiosas, problemas nutricionales, afecciones materno perinatales prevenibles y altas tasas de fecundidad, que afectan a los grupos socio-económicos más deprimidos de la población

Respuesta al problema

Esta situación preocupante fue encarada dentro de los Hogares de Bienestar y los programas de apoyo Nutricional y de Protección Materno Infantil.
La protección materno infantil tiene como objetivo propiciar el adecuado desarrollo sicosocial, moral y físico de la población infantil a través de la atención de las mujeres embarazadas, madres en período de lactancia y los niños menores de 5 años, con prioridad en los niños menores de 2 años pertenecientes a familias con necesidades básicas insatisfechas de las áreas urbana, rural e indígena.

Este programa materno infantil propicia el fortalecimiento de la relación afectiva íntima, continua y permanente del niño con sus padres y familia; desarrolla acciones con los niños menores de 5 años, con su familia y con la comunidad y recupera como medio educativo por excelencia a la familia y a la comunidad, parte de la premisa de que la mujer gestante y en período de lactancia requiere de un ambiente de afectividad y adecuadas condiciones de salud y nutrición, para que pueda asumir plenamente su condición de madre.

Dentro de esta concepción de lo prioritario en la formación y desarrollo del futuro ciudadano, se fomenta la lactancia materna para fortalecer la relación afectiva entre madre e hijo y se garantiza su normal desarrollo físico y sicosocial. Paralelamente, se contribuye al mejoramiento del estado nu­tri­cio­nal y de salud del niño, vigilando su crecimiento y desarrollo.

Existe consenso entre planificadores y profesionales de los sectores de salud y educación en el sentido de que los programas de complementación ali-mentaria estimulan las acciones de salud y, por ende, contribuyen a incrementar los niveles de atención prenatal, vacunación, saneamiento am­bien­tal, educación y otros. Las asociaciones de padres de familia y la comunidad entera participan de estos programas cuya cobertura depende completamente del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que atiende con ellos a 400 mil binomios madre-niño cada año.

Programa especial anexo al de Hogares de Bienestar

La cobertura tradicional de este programa se ha agregado ahora el proyecto acordado por los Ministerios de Salud y Agricultura, como parte del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, de encauzar sus recursos a fortalecer, intensificar y focalizar una ampliación del Programa Materno Infantil en las zonas de extrema pobreza en donde funcionan Hogares de Bienestar, a fin de atender más directa y eficazmente a las mujeres embarazadas, a las madres gestantes y, en este Programa Especial, a los niños menores de 2 años con suplementos nutricionales de bienestarina, arroz y aceite. De esta forma, se procura complementar la acción de los Hogares de Bienestar en favor de la población en situación de más alto riesgo nutricional. Esta ampliación permitirá beneficiar a 280 mil mujeres y otros tantos niños menores de 2 años. Cumplidos los 2 años, los niños salen de este programa para ingresar al de Hogares de Bienestar.

 

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