Por nuestros niños

Programas para su Proteccion y Desarrollo en Colombia

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Supervivir

Texto de: José Granada, María Elisa Pinzón, Alberto Duque López
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar

Alguien afirmaba que los años 80 sirvieron para que el mundo en­te­ro, reconociera, por fin, la existencia de los pobres. Habría que agregar: y la existencia de los niños. Y si se trata de los niños que padecen toda clase de carencias en las zonas marginales colombianas, entonces ese reconocimiento ha sido un gesto positivo en medio de su prolongado de­sam­paro.

El gobierno consideró que se debía y se podía erradicar la pobreza. La clasificó y ordenó acciones específicas para combatirla y reducirla. Desarrolló el principio de que el crecimiento económico debe cumplir una función social definida y que el desarrollo social debe ser un factor básico del crecimiento económico.

El nuevo concepto de desarrollo, sin disociar lo económico de lo social, también tiene su manifestación en el Programa de Salud Básica para todos, propiciado por el Plan de Erradicación de la Pobreza dentro del cual se proyecta el programa SUPERVIVIR. Iniciado en 1984 con el apoyo de UNICEF para que los niños no siguieran enfermando y muriendo por causas que podían ser controladas, SUPERVIVIR es la expresión de un compromiso para hacer cumplir el derecho del niño a la salud.

Esa es la base filosófica y práctica de una nueva ética: a los niños hay que reconocerles sus derechos. Por encima de todos los conflictos, el niño debe recibir la asistencia y el amparo que necesita.

Cuando se habla de la violación de los derechos humanos generalmente se buscan las raíces políticas. Pero que un niño se enferme o muera por causas fácilmente controlables, que no vaya a la escuela con un gesto cotidiano de afecto, son situaciones injustas que nunca habían sido consideradas dentro de la violación de los derechos humanos.

Es la vulnerabilidad típica de los niños pobres.

El derecho a la salud

Usa vulnerabilidad debe comprometer y orientar el progreso político, social y económico de todos los países del mundo durante esta década. Es la vulnerabilidad que exige prioridad para la pro­te­c-ción de la vida y el desarrollo normal de la infancia en el orden de las preocupaciones de los gobiernos.

Ese compromiso en favor de la infancia debe mantenerse en la fortuna y en la adversidad, en tiempos normales y en tiempos de urgencia, en tiempos de paz y de guerra, en tiempos de prosperidad y de recesión.

En el pasado, se aceptaban resignadamente la desnutrición y las en­fer­me­da­des cotidianas de los niños porque se veían como inevitables. En la actualidad, esa percepción resulta totalmente anacrónica. Los conocimientos y las tec­no­lo­gías simples, conjugadas con la organización social destinada a hacer posible su aplicación, están sacando la tragedia de la enfermedad y la muerte silenciosa de los niños, de las frías regiones de lo inevitable para situarla en el dominio de lo prevenible.

Ha llegado la hora de que la ética se adecúe a la capacidad para que se produzca un cambio fundamental, capaz de modificar los límites de lo que es aceptable en nuestro tiempo. Un cambio que obligue a poner los actuales conocimientos al servicio de un país, un cambio que defina como inadmisible abstenerse de hacer lo que ahora puede hacerse.

Colombia lo ha hecho. Encaró con un principio de responsabilidad el derecho del niño al disfrute del nivel más alto posible de salud. Y se movilizó con un programa comprensivo dirigido a atacar los principales problemas de salud de los niños y las madres colombianas.

Por la vida del niño

En ese campo de la protección de la salud de los niños, Colombia, dentro del contexto la­ti­noa­me­ri­ca­no, está abanderando actualmente una po­si­ción de avanzada al adoptar una apertura de­ci­si­va e iniciar una política concreta. Ya a mediados de 1984 se había realizado una gigantesca campaña para vacunar 1 millón de niños menores de 5 años. El espectáculo de largas filas de niños esperando en brazos de sus padres para recibir la vacuna, fue un momento muy significativo no sólo en la vida del país, sino el delineamiento de una nueva ruta para las naciones del Tercer Mundo en lo referente a la vacunación masiva de los niños.

Seis meses más tarde comenzaría, con la coordinación del Ministerio de Salud, el programa en favor de la Supervivencia Infantil, que a partir de la adopción del Plan para Erradicar la Pobreza Absoluta, recibe el nombre de SUPERVIVIR y un impulso decidido como parte del Programa de Salud Básica para Todos.

Con SUPERVIVIR, Colombia busca reducir sustancialmente las en­fer­me­da­des y las muertes de los menores de 5 años causadas por las com­pli­ca­cio­nes presentadas en el embarazo, parto y postparto; por las infecciones res­pi­ra­to­rias agudas; por la diarrea; por la desnutrición; por las enfermedades transmisibles prevenibles con vacunas; por los accidentes y por la deprivación sicoafectiva. También se realizan acciones dirigidas a las mujeres en edad fértil y durante el embarazo.

El programa ofrece a los colombianos un complemento innovativo en la concepción de la salud: se concibe como un proceso en el cual influyen el comportamiento de las personas y factores derivados del medio ambiente. Entonces SUPERVIVIR pretende cambios en el comportamiento, al modificar las prácticas, actitudes y conocimientos que afectan negativamente la salud de los niños.

El autocuidado individual, familiar y comunitario, es una de las piedras angulares del programa. A él se llega a través de la educación y de la transfe-rencia de tecnologías sencillas, que unidas a una efectiva oferta de servicios básicos de salud han permitido arrancar de la muerte a aquellos niños que fueron llamados a la vida. Esto, en último término, implica la de­mo­cra­ti­za­ción o la popularización de los conocimientos sobre la salud.

La experiencia adquirida en las jornadas de vacunación, aunada a una gran
voluntad política de preservar la salud infantil ante todo, ha hecho que las estrategias del programa sean cada vez más precisas y permitan llegar en forma directa a aquellos menores que corren altos riesgos de enfermar o morir.

La focalización en los principales problemas de la salud del niño, la utilización de criterios de riesgo, la priorización en los sectores de extrema pobreza, la utilización de medios masivos de comunicación para definir los mensajes educativos, el uso de tecnologías apropiadas accesibles, de bajo costo y fácil aplicación por parte de las comunidades y, finalmente, la amplia participación multisectorial en un frente común por la salud al cual se vinculan entidades gubernamentales, privadas e internacionales, son las estrategias que han hecho de SUPERVIVIR un programa viable y de cobertura nacional. Hoy, después de 5 años de ejecución, puede afirmarse que existe una renovación en la concepción y en la forma de enfrentar los problemas de la salud de los niños.

Un gran ejército de vigías de la salud

La imagen de estudiantes de bachillerato que visitan familias en los sectores más pobres intercambiando información sobre cómo preparar el suero oral para evitar la deshidratación por la diarrea, cómo prevenir los accidentes, el cuándo vacunar a un niño, el peligro de las gripas, la necesidad de jugar y brindar afecto a los niños y la orientación a las mujeres embarazadas para que asistan al control prenatal, es una imagen común y ya conocida por la mayoría de los colombianos. 350 mil vigías de la salud, estudiantes de décimo grado, visitan anualmente 1 millón de familias colombianas. Son estudiantes de todos los planteles de educación secundaria en el país, quienes previamente han recibido capacitación durante 2 años en los grados octavo y noveno, a través de la asignatura de comportamiento y salud.

A este compromiso institucional del Ministerio de Educación de incorporar en el currículo formal de la educación secundaria los temas de supervivencia y desarrollo infantil, se suman otras actividades en la educación básica primaria, en la formación de docentes, en la educación superior y en la educación no formal de adultos. El Ministerio de Educación ha involucrado en toda su estructura una revolución por la supervivencia de la infancia colombiana, con efectos a corto y largo plazo.

Pero el ejército de vigías de la salud es aún más grande: las madres comunitarias de los Hogares de Bienestar del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar reciben capacitación en salud infantil, la cual aplican en sus labores cotidianas con los niños. Cerca de 50 mil madres comunitarias se integran a esa gran red de vigías de la salud.

4 mil promotoras de salud del Ministerio de Salud, capacitadas dentro de la concepción de SUPERVIVIR, visitan las zonas más deprimidas del país en favor de la supervivencia infantil.

10 mil agentes de pastoral de la salud de la Iglesia Católica integran conceptos de salud dentro de sus actividades de catequesis con las comunidades.

1.500 voluntarios de la Cruz Roja, 6 mil jóvenes scouts de Colombia, 5 mil policías, 8 mil grupos familiares del programa Educación Familiar para el desarrollo Infantil y 87 clubes de madres de “Save the Children” se unen a esta gran movilización por la salud de los niños colombianos.

La sola enumeración del total de entidades que participan en SUPERVIVIR es un indicativo del apoyo institucional y de la movilización social que se ha logrado. Cada institución ha asumido desde su propio quehacer el evitar las enfermedades y las muertes de los niños como una labor inaplazable.

Vacunación

Pero la movilización no sólo se da por parte de estudiantes e instituciones para informar y ayudar a los padres sobre la prevención de enfermedades. Se da igual-mente por parte de las comunidades para responder a un llamado cuando de la salud de los niños se trata.

Las jornadas de vacunación, realizadas cada año en Colombia desde 1984, se han extendido en los últimos 4 años para lograr la inmunización contra la polio de más de 3 millones de niños menores de 5 años en cada jornada. Ello ha implicado la movilización de cerca de 8 millones de personas, entre niños, acompañantes, voluntarios y funcionarios institucionales. Esta movilización es, en sí misma, un éxito. Es la creación de una verdadera conciencia sanitaria. El propósito primario de toda esta actividad es la erradicación de la poliomielitis y la vacunación universal para 1990.

La combinación de estrategias como las jornadas de vacunación, la vacunación casa a casa en aquellos lugares donde se presentan casos de polio y el fortalecimiento del programa regular de vacunación en los organismos de salud, hace que el país sea optimista en el cumplimiento de las metas.

Cada día Colombia busca nuevas formas para evitar que los niños se sigan enfermando y muriendo por causas prevenibles con vacunas. Es de destacar la campaña dirigida a los 1.017 alcaldes municipales mediante la cual cada municipalidad recibió una clasificación de “buena, regular o baja”, de acuerdo con la cobertura de vacunación para menores de 1 año. La campaña se orientó a informar, sensibilizar y comprometer a los alcaldes y autoridades municipales en liderar este proceso de vacunación, con el fin de obtener cobertura completa y así dar protección a los niños.

Dentro de esta perspectiva de innovación, el país desarrolló, igualmente, una estrategia dirigida al personal y a los usuarios de los organismos de salud, con el fin de reducir las oportunidades perdidas de vacunación y lograr que todo niño que visita un organismo de salud, así sea para otra consulta, inicie su esquema de vacunación o reciba la dosis que aún le hace falta.

El compromiso nacional por alcanzar altas coberturas de vacunación se ha visto respaldado y apoyado, técnica y financieramente, por agencias internacionales como UNICEF, la Organización Panamericana de la Salud y el Club Rotario Internacional.

La vinculación de los medios de comunicación ha sido un modelo para otros países del mundo. La prensa, la radio y la televisión, por medio del lema “POR LA SALUD DE LOS NIÑOS DE COLOMBIA” han contribuido a movi-lizar millones de personas a los puestos de vacunación.

Colombia comienza la década de los años 90 con coberturas para antipolio del 92%, con vacuna triple —difteria, tos ferina y tétanos— del 98%. Estas cifras, para comienzos de la década de los años 80, eran inferiores al 20%.

En los últimos 4 años se han evitado cerca de 400 mil casos de sarampión, de los cuales se estima que 20 o 30 mil habrían sido fallecimientos; 4 mil de poliomielitis paralítica y 36 mil de tos ferina, entre otras enfermedades prevenibles.

En cuanto a la erradicación de la poliomielitis, Colombia se encuentra en el umbral de lograrla. La evolución de esta enfermedad ha sido muy significativa. En 1981, en una sola ciudad, Barranquilla, se presentaron alrededor de 500 casos y existía subregistro; en el primer semestre de 1989 concurrieron 14 casos en todo el país, con la certeza de que no fueron más, porque se está haciendo una vigilancia epidemiológica y una búsqueda exhaustiva de la parálisis. Desde entonces hasta mayo de 1990 no se ha comprobado caso alguno.

La experiencia adquirida con las jornadas de vacunación ha llevado al país a fortalecer su programa regular de inmunización y a aplicar en forma igualmente innovadora la movilización social y la participación comunitaria para atender otros problemas de salud infantil que hacen parte del programa “SUPERVIVIR”.

Participación comunitaria

Los grandes avances de SUPERVIVIR en los últimos 4 años se ven reforzados con aquella parte, que hasta 1988, aún era débil: la participación comunitaria.

Las perspectivas para la década de los años 90 son muy alentadoras. El Decreto 1216 de 1989, crea los comités de participación comunitaria en salud y la Ley 10 de 1990 amplía y complementa dicha participación. La concertación entre el Estado y la sociedad civil para trabajar y lograr objetivos comunes se vuelve una realidad.

En esta forma, la oportunidad de concertar con los organismos locales de salud la prestación de los servicios preventivos y el tratamiento que las comunidades requieran, sitúa las acciones de SUPERVIVIR en el ámbito de la responsabilidad compartida. La comunidad entra entonces a diagnosticar, planificar, congestionar, vigilar y controlar la calidad de los servicios.

En la comunidad existen más de 4 mil comités de participación comunitaria en todo el país. A ellos se han vinculado alrededor de 65 mil personas que representan a las instituciones, a los gremios, a las autoridades municipales y locales y a las organizaciones cívicas y comunitarias. Su participación en actividades concretas ya ha mostrado resultados: diagnósticos locales, cambios en los horarios para la prestación de servicios y priorización presupuestal, entre otros. Las últimas jornadas de vacunación contaron con la vinculación activa de los comités: vinculación que contribuyó ampliamente a los procesos organizativos de las mismas y a la gran movilización lograda.

El principio de que la comunidad debe asumir un compromiso y una res-ponsabilidad en el desarrollo de los programas sociales es un hecho. El gobier-no ha facilitado los mecanismos necesarios para hacerlo.

Logros concretos

Durante esos 5 primeros años de ejecución, SUPERVIVIR logró una gran movilización en favor de la salud de los niños, una gran coordinación entre programas y una base comunitaria válida para continuar con mayor ímpetu en los años venideros. Asimismo, logró unificar criterios, establecer normas, aunar esfuerzos y difundir mensajes sencillos pero vitales para la vida de los niños.

Para el período 1984-1990 las cifras así lo demuestran:

  • Se redujo la tasa de mortalidad infantil de 57 a 40 por cada 1 mil niños nacidos vivos.
  • La mortalidad de los niños entre 1 y 4 años pasó de 6.5 a 5 por cada 1 mil.
  • La mortalidad materna pasó de 19 por 10 mil nacidos vivos a 10.7 por 10 mil nacidos vivos.
  • Se bajó la mortalidad neonatal de 24 por 1 mil nacidos vivos a 17 por 1 mil nacidos vivos.
  • Se redujeron las muertes de menores de 5 años causadas por la diarrea en un 62%.
  • La mortalidad proporcional debida a la infección respiratoria aguda en los niños menores de 5 años se redujo del 12.8% al 7%.

Las coberturas de vacunación en menores de 1 año se elevaron en porcentajes significativos así:

  • Antipoliomielítica 92%.
  • DPT (Difteria, tétanos y tos ferina) 78%.
  • Antisarampión 73%.
  • Antituberculosa 98%.

Se trabajó para que las mujeres embarazadas tuvieran una clasificación de “riesgo” y una ficha prenatal, y se logró que la mayor parte de éstas, en alto riesgo, tuvieran acceso a cuidado obstétrico durante el período prenatal y el parto. Se calcula que por lo menos 2 millones 200 mil familias fueron incorporadas a programas de educación en salud nutricional. Dentro del programa materno infantil, se prestaron servicios básicos nutricionales a niños con riesgos de desnutrición, alrededor de 1 millón menores de 5 años.

Se elaboró y editó material educativo para la capacitación de los vigías de la salud, permitiéndoles así detectar los riesgos de enfermedades, educar sobre la forma de prevenirlas, informar a los servicios de salud y canalizar hacia ellos los casos de alto riesgo. SUPERVIVIR encarna, en fin, todo lo positivo de un programa de salud con antecedentes capitalizables. Sus realizaciones se han dado y se han multiplicado dentro del más claro concepto de participación comunitaria en salud y de cooperación interinstitucional.
SUPERVIVIR constituye un modelo de prioridad a la atención y protección de la salud infantil, que ilustra el lema “LOS NIÑOS PRIMERO”.

 

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