Salmona

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Prólogo

Centro comunal Nueva Santa Fe, Bogotá.

Texto de: Germán Téllez
Arquitecto, Miembro Honorario, AIA

Rogelio Salmona es, en mi opinión, el arquitecto más brillante del siglo veinte en Colombia y en una buena parte de América Latina. Pocos de nuestros colegas se encuentran en la misma categoría de Salmona cuyo trabajo se extiende más allá de los límites geográficos y cronológicos de su tiempo y país. Aunque existen detractores, los admiradores de la obra de Salmona en Colombia son numerosos y provienen de todos los campos. Ricardo Castro, por supuesto, pertenece a este último grupo. Su texto sobre la arquitectura de Salmona es el de un admirador docto y no el de un crítico escéptico. Después de todo, debemos cuidarnos de los hombres que no tienen admiraciones.

En vista de mi larga y calurosa amistad con Castro, existe en mí una gran tentación de considerar sus ideas como temporalmente más importantes que la arquitectura a la que él se refiere. Aunque a través de los años he podido familiarizarme con el trabajo y el pensamiento de Salmona, la perspicacia que aparece en los textos e imágenes de Castro es relativamente nueva para mí.

En su texto, él se esfuerza en agregar maravilla a la realidad de la arquitectura de Salmona, obviamente la virtud principal de este libro. Sus fotografías, por otra parte, son una lectura visual de la realidad, muchas de ellas hermosas y relevantes pero ninguna tan profundamente explícita como sus palabras escritas, lo cual, en cierta forma, es también una virtud.

Existen muchos libros sobre arquitectura llenos de fotografías espectaculares pero con textos insignificantes o sin sentido. Y quizás también muchas fotografías espléndidas que hacen bellos milagros de fraudes arquitectónicos mediocres o intolerables. El texto de Castro demuestra una sensibilidad intelectual y gran seriedad, lo cual constituye un cambio refrescante de la tendencia al uso de clichés intelectuales que se encuentran a menudo en aquellos libros.

Durante las últimas dos décadas, Ricardo Castro ha enfrentado el desafío de ejercer un juicio crítico sobre otras fases y otras generaciones del siglo veinte, incluyendo la de Rogelio Salmona. Castro ha confrontado esa difícil tarea con los instrumentos intelectuales que le han dado sus experiencias académicas, complementados con una perspicacia única. El resultado, visto con una cierta distancia crítica, no es solamente afortunado, en el sentido de satisfacer acertadamente ese desafío histórico, sino también profundamente agradable, maravilloso ocasionalmente, y constantemente real en su desarrollo intelectual.

 

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