Veinte años del Sena en Colombia

1957-1977

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Palabras de presentación: dos sueños

En la tierra está su esperanza.

Texto de: Gilberto Echeverri Mejía
Director General del SENA

Se ha dicho que conviene que los sueños sean superiores a las posibilidades del hombre, para que exista siempre el acicate de ir en pos de un ideal. Y que, por eso, las grandes realizaciones y los más fascinantes inventos han sido generalmente el producto de un sueño obsesivo. El SENA, orgullo de Colombia y ejemplo para buena parte de América, no es una excepción. Obra representativa del empeño de un pueblo durante un quinto de siglo, puede presentarse al examen de la opinión pública nacional e internacional, porque, como pocos, “ha hecho camino al andar". Sus presentes dimensiones, su magnífica realidad actual, hacen que con frecuencia se olviden la modestia de su origen y su largo y no siempre fácil periplo.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, la humanidad tuvo que readaptarse a otra situación. La industria militar disminuyó su ritmo de producción y la manufacturera replanteó sus metas y se lanzó a la búsqueda de nuevos mercados. Los países pequeños ?atrasados, como se les denominaba? iniciaron era de ajustes para adecuarse a circunstancias diferentes. La conflagración universal dejó aterradora secuela de destrucción y desastre, pero para desarrollar la más formidable maquinaria militar conocida hasta entonces descubrió tecnologías y sistemas que cambiaron las reglas del juego económico a nivel mundial.

Surgieron las Naciones Unidas y a ellas se integró la Organización Internacional del Trabajo. Movido en no escasa proporción por el remordimiento que sigue a toda hecatombe ?fresco su recuerdo y para evitar su repetición ? el mundo inició el diálogo y trató de concertar definiciones justas entre las diferentes fuerzas, en torno a la cuestión laboral y a la paz social. Colombia, aún medio égloga, abrió sus ojos; y mientras luchaba internamente por razones políticas, se adentraba, inconscientemente muchas veces, conscientemente a trechos, en la etapa inicial del desarrollo industrial, comercial y administrativo.

La industria, incipiente, comprobó rápidamente que los recursos humanos calificados eran escasos, y oyó la advertencia de la OIT. “Es necesario capacitar". Rodolfo Martínez Tono, todavía estudiante universitario, se montó en un sueño ?su sueño ? y dio comienzo a su peregrinaje para llevar un mensaje, o ”vender una idea", como se dice en el lenguaje contemporáneo del mercadeo: “Hay que crear una entidad capacitadora, para que el país pueda despegar en el camino del desarrollo". Tocó a innumerables puertas, más la ignorancia de entonces sobre estas inquietudes ?eran los tiempos en que se aprendía a desempeñar un oficio en el propio puesto de trabajo, sin metodología alguna? y el hecho de que nuestra clase dirigente empresarial estaba apenas haciendo su aparición, fueron causa de que no se escuchase su llamado.

Al fin, después de mucho trajinar, llegó hasta Antioquia, y en la Asociación Nacional de Industriales encontró receptividad, mentes abiertas, espíritus conscientes que no solamente lo oyeron sino que sentaron las bases para convertir la idea en realidad: José Gutiérrez Gómez y Diego Tobón Arbeláez, como cabezas de la ANDI, rompieron, con su apoyo y con el respaldo de su prestigio y de su acción, el dique que frenaba la creación de un ente capacitador de nuestra clase laboral.

Pero este valiosísimo espaldarazo, con todo y ser absolutamente necesario, no era suficiente. Por fortuna el Quinto Congreso de la Unión de Trabajadores de Colombia hizo de aquel propósito una de sus banderas, y su plan de lucha a mediano plazo. Líderes obreros como José Rojas, Justiniano Espinosa, José Trinidad Niño, Álvaro Ramírez y Antonio Díaz comprometieron a sus sindicatos para que incluyeran en sus pliegos de peticiones la exigencia de la capacitación obrera y del subsidio familiar. Los nombres de estos dirigentes empresariales y sindicalistas tienen un cupo básico en la historia de nuestra institución y pleno derecho al recuerdo agradecido de sus compatriotas.

Después de un ensayo, fracasado, con el Instituto Nacional de Capacitación Obrera, dependiente del Ministerio de Trabajo, nació el Servicio Nacional de Aprendizaje, por medio del Decreto 118 del 21 de junio de 1957, durante el gobierno de la Junta Militar, con el objetivo de cumplir la política social del gobierno en el ámbito de la promoción y de la formación profesional de nuestros recursos humanos. Concluían, en ese momento, muchos y duros años de gestación y se creaba el marco dentro del cual podría comenzar el período de las realizaciones.

Hombres con mística, que ha sido su principal herramienta de trabajo, tomando metodología y tecnología extranjeras y adaptándolas ?en lo posible y conveniente ? a las peculiaridades del país; investigando situaciones locales; planteando, al principio un mucho intuitivamente, la organización; preguntando aquí, construyendo allá; organizando cursos, levantando centros, articulando programas, ejecutando proyectos, promoviendo unidades operativas, le dieron forma definitiva.

Rodolfo Martínez Tono fue sucedido hace cuatro años en la dirección por Eduardo Gaitán Durán. Y si el primero fue el hombre de la etapa pionera, es de justicia acreditarle al segundo el mérito de la consolidación. A este último le correspondió presidir una nueva entidad, que ya no era la de los primeros balbuceos. Urgida por la necesidad de ajustarse a las políticas sociales del gobierno y forzada a expandirse por todo nuestro territorio, no únicamente para cumplir los objetivos tradicionales previstos sino para llegar a las zonas más marginadas. Todo el potencial acumulado en administración, metodología, tecnología y calidad humana pudo ser vertido hacia las nuevas políticas, y la organización se convirtió en la herramienta para los mejores logros sociales del presente gobierno. Un primer sueño había terminado.

Se inicia ahora otra etapa, de más de 20 años, otro sueño que habrá también que hacer tangible: la concreción de planes basados en una prospectiva de inquietudes y necesidades sentidas de la comunidad.

En el último capítulo de la presente obra, basado en estudio elaborado por Fedesarrollo, se formula una serie de planteamientos trascendentes. Creemos no equivocarnos al afirmar que cuatro de sus más importantes conclusiones orientarán la política de la organización en el futuro.

El ritmo en la aceleración del desarrollo de Colombia, no previsto hace dos décadas, aconseja no abandonar las políticas del que hoy podemos considerar Sena clásico. Por el contrario: exige que los cursos especiales de mano de obra calificada sean más sofisticados. Historia y coyuntura nunca puede divorciarse. La entidad tendrá que ser sistema puente, que tome gente del sector informal y marginado, lo capacite y le facilite su ingreso al más desarrollado tanto en el ramo industrial como en el agropecuario. La carencia de tecnología y las fallas en la productividad exigirán esfuerzo adicional empezado tímidamente; en los tiempos por venir no se podrán eludir el manejo y la aplicación de estos dos elementos.

De gran conveniencia como anota Fedesarrollo, será una política de concertación entre el SENA y las restantes fuerzas a las cuales compete papel. protagónico! en la política social para conseguir algo que hasta el presente no se ha conquistado: trabajar en equipo de gobierno. Nuestra organización sola no se halla en condiciones de ejecutar labor que demanda esfuerzo conjunto. Esta meta es difícil, pero por absolutamente indispensable tendrá que ser posible: es la garantía de éxito en universo crecientemente inter?relacionado.

Obrando en función social, como entidad propiciadora de la creación de empleo, activada por su propia dinámica y gracias al grande empujón recibido en los últimos cuatro años, el Servicio Nacional de Aprendizaje no podrá tardar en llegar también a aquellas zonas donde es más crítico el problema: gamines, población carcelaria, núcleos indígenas y área de servicios. Este último campo, que está recibiendo gran parte de la mano de obra excedente que cada año aflora al mercado del trabajo, requerirá atención decisiva. Si se mira al solo sector transporte, y se ponderan sus implicaciones sobre nuestra economía, se advertirá la magnitud del reto.

Es fácil antever la insustituible, fundamental participación que le cabe en una Colombia que súbitamente se descubre inmersa en el proceso del desarrollo y que paralelamente reduce la rata de crecimiento de su población, de 3.2 % a 2.2 % en los últimos dos lustros. Sus características ?mística, estructura administrativa, imaginación, dinamismo de juventud- son garantía de que sabrá responder a los requerimientos de país en plena evolución, por muchas características muy otro del que estamos acostumbrados a tratar. No podrá lanzarse a importar o a copiar modelo sino, más bien, a atender demanda cuantificada por necesidades específicas. En consecuencia, sin abandonar nunca su preocupación por la capacitación y la promoción social, conviene que sea cada vez más abierto, ajeno a los dogmatismos, en cierto modo humilde, ampliamente receptivo a todo avance tecnológico, para adaptarlo y transferirlo. Tendrá que continuar, en fin, mostrando su utilidad, que es la mejor medida de su grandeza.


El presente libro, que nos corresponde presentar, es de estilo monográfico, eminentemente institucional. Tiene claras finalidades de consulta. Se eliminó al hombre como tal porque eran tantos los que había que enumerar que se temió incurrir en el olvido de muchos que bastante hicieron, y continúan haciendo, por nuestra institución. Su historia, viva desde el punto de vista humano, se encuentra en los testimonios gráficos ilustrativos del texto. A los fundadores, realizadores de sueño que parecía imposible ?y dueños de mérito que nadie podrá desconocer ni nada disminuir? les rendimos, en el de nuestras palabras, el homenaje nacional a que se hicieron acreedores y que queremos que a todos llegue.

 

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