Casa Moderna

Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana

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El espacio y la forma

El trabajo de los muros y techos define en principio la forma del espacio doméstico. Pero es la elaboración de las superficies y volœmenes interiores la que le otorga un carácter particular y œnico. La textura y el color contribuyen a disponer aquello que hará de fondo y aquello que se destacará como forma para crear la imagen total de la arquitectura de la casa. / Bogotá, D.C.  Arquitecto, Rafael Obregón.
 ¿La primera casa moderna? Tal vez no. Pero sí una obra maestra de la primera arquitectura doméstica concebida en términos modernos en el país: claridad y firmeza en el manejo de los volúmenes, cada uno segœn su contenido funcional, manejo diestro de la geometría, clara intención de contraste con la naturaleza circundante y un control maestro de todos los detalles de la arquitectura.  Arbeláez, Cundinamarca.  Arquitecto, Vicente Nasi.
 ¿La primera casa moderna? Tal vez no. Pero sí una obra maestra de la primera arquitectura doméstica concebida en términos modernos en el país: claridad y firmeza en el manejo de los volúmenes, cada uno segœn su contenido funcional, manejo diestro de la geometría, clara intención de contraste con la naturaleza circundante y un control maestro de todos los detalles de la arquitectura.  Arbeláez, Cundinamarca.  Arquitecto, Vicente Nasi. Un contraste deliberado se establece entre el exterior de la casa, con la fuerte textura del ladrillo a la vista, y las tersas superficies blancas del interior. Finas líneas de madera resaltan 
los bordes de las jambas y de las barandas. Se crea también un juego contrapuntístico entre el volumen esculpido de la escalera, la curva de la baranda superior, la diagonal de la baranda inferior y la ortogonalidad de las aperturas. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez,  Guillermo Avendaño. Aun cuando por definición toda vivienda contiene un espacio interior, raras veces éste se propone como problema de diseño. En esta casa se elabora un conjunto de direcciones visuales, de relaciones directas e indirectas, de juegos de niveles y alturas, todo ello apoyado en el manejo de muros y de vanos. El cielo raso se proyecta como uno de los principales elementos que dan forma al espacio de la casa. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez,  Guillermo Avendaño. Aun cuando por definición toda vivienda contiene un espacio interior, raras veces éste se propone como problema de diseño. En esta casa se elabora un conjunto de direcciones visuales, de relaciones directas e indirectas, de juegos de niveles y alturas, todo ello apoyado en el manejo de muros y de vanos. El cielo raso se proyecta como uno de los principales elementos que dan forma al espacio de la casa. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez,  Guillermo Avendaño. El volumen exterior de la casa es casi hermético. Su geometría define los rasgos principales del espacio interior cuyo tratamiento es austero y sugestivo al mismo tiempo. La idea de continuidad se manifiesta en la disolución de las aristas, en el empalme entre superficies, en la curvatura del cielo raso y también en la secuencia de visuales entre diferentes lugares de la casa. / Bogotá, D.C. Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño.
 El volumen exterior de la casa es casi hermético. Su geometría define los rasgos principales del espacio interior cuyo tratamiento es austero y sugestivo al mismo tiempo. La idea de continuidad se manifiesta en la disolución de las aristas, en el empalme entre superficies, en la curvatura del cielo raso y también en la secuencia de visuales entre diferentes lugares de la casa. / Bogotá, D.C. Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. El volumen exterior de la casa es casi hermético. Su geometría define los rasgos principales del espacio interior cuyo tratamiento es austero y sugestivo al mismo tiempo. La idea de continuidad se manifiesta en la disolución de las aristas, en el empalme entre superficies, en la curvatura del cielo raso y también en la secuencia de visuales entre diferentes lugares de la casa. / Bogotá, D.C. Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. La comunicación entre los recintos no es sólo problema de acceso o comunicación, es también un problema estético. El umbral abierto en el muro obra a la manera de un marco que encuadra una vista interior. Se aprecia el juego contrastante de distintas geometrías y el fuerte sentido de direccionalidad que ellas imprimen al espacio de la casa./ Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. La arquitectura interior de la casa podría definirse como "el juego sabio y magnífico de los muros bajo la luz". Cada uno de los muros que interactúan en este espacio tiene una forma y un carácter diferente. Uno de ellos se rompe para ser baranda y mueble a la vez. Otro se abre para dar paso al recinto adyacente. Un tercero, completamente cerrado, hace las veces de fondo./ Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. La forma del espacio es la configuración de un vacío. Hacer evidente esa forma, como en esta casa, se logra gracias a la claridad en la definición de cada uno de los elementos del límite: los muros, los pisos y la cubierta. Vista como abstracción, la casa se entiende como una composición de líneas rectas y curvas, de planos sólidos y transparentes, de texturas distintas y de sutiles cambios de coloración. La luz circunstancial resalta la composición 
lineal de una baranda. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Guillermo Bermœdez Umaña. El manejo consciente de los valores formales de cada componente del espacio interno de la casa permite crear planos definidos, intencionalmente proporcionados, que no son fruto del azar. El monocromatismo y la neutralidad del blanco, color favorito en la arquitectura doméstica de los años 60, sólo se altera con la coloración oscura del piso. Cada superficie está trabajada 
en la forma más perfecta posible. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Guillermo Bermœdez Umaña. El estudio de la escala de los espacios conduce a la introducción de alteraciones y contrastes en forma y altura, sin perder de vista lo que podr’a llamarse la "proporción exacta de lo doméstico". La presencia, algo insólita, de las pulidas vigas de madera en el espacio del salón sugiere una memoria de lo ancestral. La ventana introduce el jardín al recinto, lo hace partícipe de la vida interior de la casa. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Guillermo Bermœdez Umaña. Se evidencia en forma precisa la diferenciación conceptual entre el exterior como una masa esculpida y el interior como un vacío moldeado a voluntad. Hay reciprocidad en el trabajo de los volœmenes exteriores y el trabajo de las superficies de paredes y techo en el interior. Por obra y gracia de su sobriedad y de la ausencia de color, este interior se percibe como un ejercicio de pura abstracción. / Funza, Cundinamarca. Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. Se evidencia en forma precisa la diferenciación conceptual entre el exterior como una masa esculpida y el interior como un vacío moldeado a voluntad. Hay reciprocidad en el trabajo de los volœmenes exteriores y el trabajo de las superficies de paredes y techo en el interior. Por obra y gracia de su sobriedad y de la ausencia de color, este interior se percibe como un ejercicio de pura abstracción. / Funza, Cundinamarca. Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. Las líneas de la cubierta dan origen al juego de superficies que se cortan en varias direcciones. El monocromatismo suaviza esas intersecciones mientras que la luz contradice ese efecto y crea los contrastes que dan identidad individual a cada plano. El cilindro añade un elemento diferente a la geometría rectilínea del conjunto. / Funza, Cundinamarca.  Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. Las líneas de la cubierta dan origen al juego de superficies que se cortan en varias direcciones. El monocromatismo suaviza esas intersecciones mientras que la luz contradice ese efecto y crea los contrastes que dan identidad individual a cada plano. El cilindro añade un elemento diferente a la geometría rectilínea del conjunto. / Funza, Cundinamarca.  Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. El aumento de la escala del espacio le da mayor protagonismo y disminuye la importancia del amoblamiento. La partición casi simétrica del plano de fondo en dos mitades, una transparente y otra sólida, determina el sentido y el car‡cter de dos zonas. El cielo raso, trabajado en forma de un complejo ensamble de superficies, orienta la espacialidad hacia el gran ventanal que mira al jardín. / Medellín, Antioquia. Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña.
 Existe una relación evidente entre la proporción alargada de la ventana y la horizontal lejana del borde del lago.  El plano transparente se llena con la textura del paisaje y la conduce al interior. La pendiente inclinada de la cubierta y la menor altura en la ventana dirigen la mirada hacia esa franja y la conducen a la lejanía. El efecto es poético. / Paipa, Boyacá.  Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. Las ventanas son muros transparentes que cierran y abren al mismo tiempo el espacio interior hacia el paisaje. La chimenea irrumpe con fuerza determinando ámbitos diferentes sin separarlos del todo. El elaborado trabajo del cielo raso en madera sigue las formas de la casa tanto en la planta como en la volumetría.  Bogotá, D.C.
Arquitecto, Rafael Obregón.- Las ventanas son muros transparentes que cierran y abren al mismo tiempo el espacio interior hacia el paisaje. La chimenea irrumpe con fuerza determinando ámbitos diferentes sin separarlos del todo. El elaborado trabajo del cielo raso en madera sigue las formas de la casa tanto en la planta como en la volumetría.  Bogotá, D.C.
Arquitecto, Rafael Obregón. La arquitectura blanca del interior de la casa, la amplitud de los espacios, los juegos de alturas y la presencia dominante del cielo raso son característicos de una corriente de arquitectura de la casa bogota.  En ella hay algo de abstracción de la tradición colonial y, en especial, de su espíritu de austeridad.  Bogotá, D. C. Arquitecto Rafael Obregón. La arquitectura blanca del interior de la casa, la amplitud de los espacios, los juegos de alturas y la presencia dominante del cielo raso son característicos de una corriente de arquitectura de la casa bogota.  En ella hay algo de abstracción de la tradición colonial y, en especial, de su espíritu de austeridad.  Bogotá, D. C. Arquitecto Rafael Obregón. La casa moderna en clima cálido se libera de la exigencia de corrimientos permanentes y se propone como una gran cubierta que sombrea espacios libremente integrados con un exterior marcado sólo por la protección que ella ofrece.  El agua de la piscina, inmediata a la casa, es una réplica a escala doméstica del agua del paisaje marino.  La idea es de transparencia, frescura y liviandad.  Cartagena, Bolívar.  Arquitecto, Rafael Obregón. La casa moderna en clima cálido se libera de la exigencia de corrimientos permanentes y se propone como una gran cubierta que sombrea espacios libremente integrados con un exterior marcado sólo por la protección que ella ofrece.  El agua de la piscina, inmediata a la casa, es una réplica a escala doméstica del agua del paisaje marino.  La idea es de transparencia, frescura y liviandad.  Cartagena, Bolívar.  Arquitecto, Rafael Obregón. El cobertizo tradicional de la Costa del Caribe ha tenido como función principal, desde tiempos pretéritos, la de brindar sombra y frescura. Esa misma intención se aplica aquí, en lenguaje moderno, para obtener los mismos resultados. / Barú, Bolívar. Arquitecto, Rafael Obregón. Los planos cerrados de este volumen se combinan en una composición abstracta, rigurosamente moderna, como una señal de orden en medio de la asimetría y exuberancia de la vegetación tropical.  / Barú, Bolívar.  Arquitecto, Rafael Obregón. Un velero es una casa flotante. Sus formas externas obedecen a los principios de la navegación y el arquitecto hace uso de ellas para formar espacios de permanencia y de actividad. La cubierta como terraza es la "sala" abierta de la embarcación cuya belleza exterior enuncia su agilidad 
y ligereza. El término de "arquitectura naval" sugiere la idea de las grandes embarcaciones. Aquí se propone una "arquitectura para el mar".  Mar Caribe.
 Un velero es una casa flotante. Sus formas externas obedecen a los principios de la navegación y el arquitecto hace uso de ellas para formar espacios de permanencia y de actividad. La cubierta como terraza es la "sala" abierta de la embarcación cuya belleza exterior enuncia su agilidad 
y ligereza. El término de "arquitectura naval" sugiere la idea de las grandes embarcaciones. Aquí se propone una "arquitectura para el mar".  Mar Caribe. El espacio interior del velero es un conjunto de aciertos de diseño. La necesidad de integrar actividades en el pequeño espacio interno de la nave exige un manejo exacto de las dimensiones de los elementos, dando a cada uno de ellos una función específica para facilitar la presencia de las personas y su movilidad.  / Mar Caribe. Arquitecto, Rafael Obregón. El espacio interior del velero es un conjunto de aciertos de diseño. La necesidad de integrar actividades en el pequeño espacio interno de la nave exige un manejo exacto de las dimensiones de los elementos, dando a cada uno de ellos una función específica para facilitar la presencia de las personas y su movilidad.  / Mar Caribe. Arquitecto, Rafael Obregón.  Las blancas masas y formas de los volúmenes contrastan con lo agreste del paisaje. La memoria de la arquitectura del Mediterráneo, evidente en este caso, acentúa el contrapunto entre las formas, colores y texturas de la casa y las rocas tras las cuales parece querer ocultarse. El balcón, apoyado en una de las rocas, es una mínima incursión de la geometría. / Santa Marta, Magdalena. Arquitecto, José María Obregón.  Las blancas masas y formas de los volúmenes contrastan con lo agreste del paisaje. La memoria de la arquitectura del Mediterráneo, evidente en este caso, acentúa el contrapunto entre las formas, colores y texturas de la casa y las rocas tras las cuales parece querer ocultarse. El balcón, apoyado en una de las rocas, es una mínima incursión de la geometría. / Santa Marta, Magdalena. Arquitecto, José María Obregón. Las dos caras del espacio muestran un tratamiento diferente. Hacia el frente las líneas verticales rítmicamente dispuestas de las ventanas y de la chimenea enfatizan su altura. Hacia el fondo, las superficies cerradas de los muros forman cavidades que se yuxtaponen y cuyo uso y amoblamiento provee texturas y colores diferentes. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Enrique Triana Uribe.  Escala, proporciones, formas y texturas, todo aquello que hace parte de la arquitectura de la casa, está trabajado aquí de manera especial. El arquitecto se expresa a través de intenciones de cantidad y calidad. El manejo de cada material se une al interés por destacar la forma de cada parte, desde la curvatura de la bóveda hasta el sentido escultórico de la chimenea.  / Bogotá, D.C.  Arquitecto, Roberto Rodríguez Silva. Escala, proporciones, formas y texturas, todo aquello que hace parte de la arquitectura de la casa, está trabajado aquí de manera especial. El arquitecto se expresa a través de intenciones de cantidad y calidad. El manejo de cada material se une al interés por destacar la forma de cada parte, desde la curvatura de la bóveda hasta el sentido escultórico de la chimenea.  / Bogotá, D.C.  Arquitecto, Roberto Rodríguez Silva. El tratamiento rústico de algunas superficies del interior de la casa hizo parte de las exploraciones de texturas que se asociaron a la concepción de la casa moderna en Colombia. La geometrización de la mampostería de piedra indica una intención de borrar la referencia a la mampostería convencional.  / Bogotá, D.C. Arquitecto, Alberto Manrique Convers.
 El artesonado del cielo raso de la biblioteca es una clara invocación al pasado colonial y propone un contraste con las líneas y superficies modernas del resto de la casa. La textura y el colorido del artesonado rematan la concepción general del espacio con sus dos franjas horizontales claramente definidas. / Bogotá, D.C.  Arquitecto, Francisco Pizano de Brigard. Un pequeño patio inserto en la mitad de la casa provee vista, iluminación y transparencia que permite ver otros recintos. Su espacio reducido favorece un estudio cuidadoso de aperturas y cerramientos.  En el interior, el juego con las líneas oblicuas de las barandas y el cielo raso mediatiza la ortogonalidad generadora de toda la casa. / Bogotá, D.C. Arquitecta, Cecilia Cifuentes de Caro. Los colores terrosos de las paredes armonizan con los de la madera y suavizan el impacto visual de los contrastes. El empleo del blanco en los marcos de puertas y ventanas obra en sentido contrario.  La intención de integrar espacios, evidente en el tratamiento interior de esta casa, hace del vestíbulo literalmente un "lugar común". Bogotá, D.C. Arquitecto, Mauricio Samper. Los colores terrosos de las paredes armonizan con los de la madera y suavizan el impacto visual de los contrastes. El empleo del blanco en los marcos de puertas y ventanas obra en sentido contrario.  La intención de integrar espacios, evidente en el tratamiento interior de esta casa, hace del vestíbulo literalmente un "lugar común". Bogotá, D.C. Arquitecto, Mauricio Samper. La integración entre los dos pisos de la casa se logra, de manera bastante contundente, mediante el empleo de rampas. El espacio interior de la casa queda determinado por esas diagonales que invitan al recorrido real, menos directo y eficiente pero más rico en sensaciones que el de una escalera. / Manizales, Caldas. Arquitecto, Robert Vélez. La tensión diagonal del vacío, enfatizada por las diagonales de las rampas, es neutralizada visualmente por el trabajo de los cielos rasos con la retícula en madera que separa paños blancos y que atrae visualmente la atención. La madera domina el conjunto y lo hace sentir más amable. / Manizales, Caldas. Arquitecto, Robert Vélez. La casa es concebida como un ejercicio abstracto en el que elementos tan convencionales como unos escalones se incorporan como simples sucesiones de planos horizontales y verticales. Las texturas lisas o rugosas de los planos, su transparencia u opacidad, lo pulido y lo rústico se trabajan para darles identidad particular. La magnífica vista está presente en todas partes. / Cali, Valle del Cauca.  Arquitectos, Manuel Lago, Jaime Sáenz. La casa es concebida como un ejercicio abstracto en el que elementos tan convencionales como unos escalones se incorporan como simples sucesiones de planos horizontales y verticales. Las texturas lisas o rugosas de los planos, su transparencia u opacidad, lo pulido y lo rústico se trabajan para darles identidad particular. La magnífica vista está presente en todas partes. / Cali, Valle del Cauca.  Arquitectos, Manuel Lago, Jaime Sáenz. La separación entre la cubierta abovedada y las particiones interiores de los espacios, pensada en función del clima, favorece las cualidades ambientales de la casa. La simplificación del planteamiento arquitectónico se enriquece con el trabajo de los materiales. La sensación de libertad se respira "literalmente" en todos los espacios. / Cali, Valle del Cauca. Arquitecto, Jaime Errazuriz. La separación entre la cubierta abovedada y las particiones interiores de los espacios, pensada en función del clima, favorece las cualidades ambientales de la casa. La simplificación del planteamiento arquitectónico se enriquece con el trabajo de los materiales. La sensación de libertad se respira "literalmente" en todos los espacios. / Cali, Valle del Cauca. Arquitecto, Jaime Errazuriz. Un contraste deliberado se establece entre el exterior de la casa, con la fuerte textura del ladrillo a la vista, y las tersas superficies blancas del interior. Finas líneas de madera resaltan  los bordes de las jambas y de las barandas. Se crea también un juego contrapuntístico entre el volumen esculpido de la escalera, la curva de la baranda superior, la diagonal de la baranda inferior y la ortogonalidad de las aperturas./ Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. El volumen exterior de la casa es casi hermético. Su geometría define los rasgos principales del espacio interior cuyo tratamiento es austero y sugestivo al mismo tiempo. La idea de continuidad se manifiesta en la disolución de las aristas, en el empalme entre superficies, en la curvatura del cielo raso y también en la secuencia de visuales entre diferentes lugares de la casa. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño.
 Un vano, técnicamente hablando, es cualquier abertura que se hace en un muro. En términos estéticos un vano es una presencia de carácter poético que convierte un espacio y unas figuras en el tema de un cuadro. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Martínez, Guillermo Avendaño. La forma del espacio es la configuración de un vac’o. Hacer evidente esa forma, como en esta casa, se logra gracias a la claridad en la definición de cada uno de los elementos del l’mite: los muros, los pisos y la cubierta. Vista como abstracción, la casa se entiende como una composición de líneas rectas y curvas, de planos sólidos y transparentes, de texturas distintas y de sutiles 
cambios de coloración. La luz circunstancial resalta la composición lineal de una baranda. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. El aumento de la escala del espacio le da mayor protagonismo y disminuye la importancia del amoblamiento. La partición casi simétrica del plano de fondo en dos mitades, una transparente y otra sólida, determina el sentido y el carácter de dos zonas. El cielo raso, trabajado en forma de un complejo ensamble de superficies, orienta la espacialidad hacia el gran ventanal que mira al jardín. Medellín, Antioquia. Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña.
 Existe una relación evidente entre la proporción alargada de la ventana y la horizontal lejana del borde del lago. El plano transparente se llena con la textura del paisaje y la conduce al interior. La pendiente inclinada de la cubierta y la menor altura en la ventana dirigen la mirada hacia esa franja y la conducen a la lejanía. El efecto es poético. / Paipa, Boyacá.  Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. Existe una relación evidente entre la proporción alargada de la ventana y la horizontal lejana del borde del lago. El plano transparente se llena con la textura del paisaje y la conduce al interior. La pendiente inclinada de la cubierta y la menor altura en la ventana dirigen la mirada hacia esa franja y la conducen a la lejanía. El efecto es poético. / Paipa, Boyacá.  Arquitecto, Guillermo Bermúdez Umaña. El gusto por los materiales naturales ha sido una constante en la arquitectura de la casa moderna en Colombia durante décadas. La baldosa cerámica, la madera y los muros lisos, pintados de blanco, fueron y son signo de sobriedad. La manera como se trabajan las formas en el espacio y los cambios de dirección dan carácter al interior de la casa y acentúan el interés puramente arquitectónico del proyecto. / Bogotá, D.C. Arquitecto, Rafael Obregón. Las dos caras del espacio muestran un tratamiento diferente. Hacia el frente las líneas verticales rítmicamente dispuestas de las ventanas y de la chimenea enfatizan su altura. Hacia el fondo, las superficies cerradas de los muros forman cavidades que se yuxtaponen y cuyo uso y amoblamiento provee texturas y colores diferentes. / Bogotá, D.C.  Arquitecto, Enrique Triana Uribe. Un pequeño patio inserto en la mitad de la casa provee vista, iluminación y transparencia que permite ver otros recintos. Su espacio reducido favorece un estudio cuidadoso de aperturas y cerramientos.  En el interior, el juego con las líneas oblicuas de las barandas y el cielo raso mediatiza la ortogonalidad generadora de toda la casa. / Bogotá, D.C. Arquitecta, Cecilia Cifuentes de Caro.

Texto de: Alberto Saldarriaga

El problema de la forma es esencial en el entendimiento de la casa moderna. Al contrario de la casa tradicional, cuyas formas estaban legitimadas por la validez cultural y por la utilidad de una tipología, en la casa moderna la forma surge de la racionalidad y de la imaginación del arquitecto. No hay –o no debe haber– formas preestablecidas; sólo se dispone de una geometría que permite configurar todo aquello que la razón y la imaginación determinen. En la aproximación racionalista, la malla cartesiana define todas las posibilidades formales y de subdivisión del espacio. En la aproximación orgánica, esa malla se elimina y se crea una secuencia de formas yuxtapuestas en el espacio. Lo primero es evidente y como tal se propone. Lo segundo es complejo y requiere movimiento y recorrido para captar la riqueza del espacio propuesto.

La casa moderna como problema de forma y de espacio tuvo una de sus mejores expresiones en la arquitectura doméstica del arquitecto Fernando Martínez Sanabria construida en Bogotá entre 1960 y 1970. Su base fue un sentido de apropiación del predio para captar todo aquello que podía representar un valor para el espacio interior. Este se concibió como una consecuencia de todo aquello asumido como premisa de diseño: niveles dados por la topografía, vistas cercanas o lejanas, interrelaciones entre los espacios, direcciones intencionalmente buscadas. La envolvente externa de la casa, configurada con un claro sentido de unidad volumétrica, alberga un espacio interior rico en perspectivas, recorridos y visuales. Una geometría especial, manejada diestramente, permitió consolidar esas intenciones.

Varias casas construidas en Bogotá entre 1959 y 1965 forman lo que puede considerarse el manifiesto arquitectónico de Fernando Martínez. Cada una de ellas, en terrenos y condiciones diferentes, planteó y resolvió una serie de problemas de espacialidad interior, de relación con el sitio y de volumetría. Sin abandonar el cuidadoso ordenamiento espacial de las áreas funcionales de la vivienda, herencia de su período racionalista anterior, Martínez exploró en esas casas recursos espaciales tales como los muros curvos y sinuosos, los cambios de nivel, las cubiertas fuertemente inclinadas, vanos interiores de intercomunicación, aberturas dispuestas en función de visuales cercanas y lejanas, y de las posibilidades estéticas de unos pocos materiales: ladrillo en el exterior, pañete pintado de blanco y madera en el interior. El ladrillo, en sus propias palabras, era especialmente apto para formar los grandes planos cerrados exteriores, carentes de toda ornamentación y perforados por unas pequeñas aberturas hacia la calle. El estudio de los detalles era una parte indispensable de la originalidad de cada casa. La arquitectura de las casas de Fernando Martínez, un caso especial en la arquitectura moderna colombiana, es excepcional desde todo punto de vista. Dos aspectos merecen la pena destacarse. El primero de ellos es la voluntad de integración del espacio interior mediante el juego de niveles, vacíos, perfiles de cielos rasos y vanos abiertos en los muros a manera de ventanas. El segundo es la ruptura de los esquemas geométricos convencionales y el manejo libre de líneas poco usuales –curvas y diagonales– que apoyan la voluntad de integración y que actúan como indicadores de las direcciones de los recorridos interiores y de las visuales hacia el exterior. Todo esto realizado dentro de un manejo más bien ascético de los materiales y del color.

La arquitectura de las casas de Fernando Martínez es diferente, conceptual y estéticamente, a la arquitectura doméstica proyectada por Rafael Obregón y realizada por medio de su firma Obregón Valenzuela y Cía. El hecho de haber trabajado siempre con su firma ha desdibujado la figura de este eminente arquitecto, uno de los más sólidos en su concepción de la arquitectura y de los más rigurosos en su ejecución. Germán Téllez se refirió así a Obregón: “Formado en los Estados Unidos, Obregón y otros compañeros de generación, trajeron a Colombia una arquitectura nueva, diáfana, y clara, pero sin misterio ni malicia estilística, y tan ajena como se quiera a las duras realidades del país. Suavizándola hábilmente, la implantaron en nuestro medio, y floreció en Colombia el evangelio predicado en otras latitudes por los maestros europeos exiliados en los Estados Unidos: Gropius, Breuer, Neutra y otros. Poco a poco la arquitectura colombiana se internacionalizaba, abandonando el eclecticismo de años anteriores”.1.

Rafael Obregón exploró fuentes diferentes de las de Fernando Martínez. Sus paradigmas fueron, como lo dice Germán Téllez, los grandes maestros de la corriente funcionalista y racionalista que se había afianzado en los Estados Unidos en la década de los años 50. Su interés por el estudio de la arquitectura japonesa influyó en la concepción de su propia casa, con amplios espacios dispuestos en secuencia y comunicados entre sí mediante mamparas de vidrio o puertas deslizantes, como un ejemplo perfecto de simplicidad y de sobriedad. Esta casa, por su contundente modernismo, fue una de las primeras obras de la arquitectura colombiana en conquistar espacio en publicaciones extranjeras.

En la misma década de los años 60 el arquitecto Guillermo Bermúdez Umaña proyectó y construyó una serie de casas en las que planteó su propia concepción de lo orgánico: composición asimétrica de las plantas, volumetría diferenciada para cada una de las zonas de la casa y, sobre todo, ese sentido de espacio interior y de relación con el entorno propio de la idea del lugar. Su propia casa de habitación, proyectada en 1952, fue una anticipación de esas ideas, planteada en un lenguaje muy cercano al del racionalismo. La arquitectura doméstica de Guillermo Bermúdez tuvo un desarrollo propio, especial, marcado por su claro sentido del detalle y por la creencia en una arquitectura total.

El historiador Carlos Niño se refiere a la arquitectura doméstica de Bermúdez de la siguiente forma: “En el primer caso (la vivienda individual) el partido adoptado por el arquitecto es el de un desarrollo introvertido hacia un espacio propio interior y una negación drástica de la calle pública, fuente generalmente de toda clase de servidumbres enojosas. Las fachadas hacia la calle son muros cerrados, apenas horadados en los sitios de ingreso y con aperturas estrictamente indispensables. Hacia el interior el concepto es totalmente inverso, con fachadas tratadas a base de grandes ventanales que establecen esa permeabilidad interior-exterior con terrazas de transición, que es una constante en sus obras. El plan es centrífugo a partir de un espacio nuclear de ingreso. En los casos de terrenos relativamente pequeños rige un concepto de organización ortogonal”.2.

Las casas proyectadas por Fernando Martínez y por Guillermo Bermúdez marcaron una separación conceptual y práctica de la aproximación racionalista que había marcado el espíritu de los años 50 y que había sido ejemplificado en las casas proyectadas por Rafael Obregón, por Bruno Violi y por otros arquitectos. A partir de esa separación hubo opciones diversas, unas más, otras menos cargadas a uno de los dos bandos en oposición. Una tercera opción se dio y se da todavía en una arquitectura doméstica que opta por cierto equilibrio entre esos extremos. La arquitectura de Enrique Triana Uribe, quien trabajó durante varios años asociado con Santiago Vargas Rocha, muestra la transición entre el sobrio racionalismo inicial y una síntesis posterior en la que incidentes deliberados alteran el riguroso trazado geométrico del proyecto.

La coexistencia de diversas propuestas y en especial la de los polos conceptuales, la abstracción y el lugar, que se han definido como los orientadores principales de la casa moderna colombiana, ha perdurado hasta el presente. En el contrapunto establecido entre propuestas se han desarrollado las respuestas a muchas de las inquietudes individuales acerca del tema de la casa.

Notas

  1. TELLEZ, Germán. “Perfil de un arquitecto”. En Crítica e imagen. Escala, Bogotá, s.f., p. 245.
  2. MONTENEGRO, Fernando y Niño, Carlos. La vivienda de Guillermo Bermúdez. Escala, Bogotá, s.f., p. 15.

 

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