Casa Moderna

Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana

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Epílogo

La imagen de la casa con sus formas apenas insinuadas y sus habitaciones iluminadas, abiertas hacia las sombras de la noche, retrata perfectamente el sentido ancestral del refugio y del hogar. / Tunja, Boyacá. Arquitectos, José María Rodríguez, Ivonne Valencia.

Texto de: Alberto Saldarriaga

¿Habrá alguna vez una última casa moderna? Su presencia hipotética marcará el fin de otra era y el comienzo de algo todavía impredecible. No se sabe si habrá alguna vez una casa futurista.

La casa es una especie en vía de extinción. Al finalizar el siglo XX la humanidad urbanizada tiende a vivir en las grandes y densas concentraciones urbanas y en ellas predominan los edificios de apartamentos. La casa es todavía un privilegio del que pueden disfrutar, paradójicamente, los muy ricos o los pobres. Casas de campo, casas de recreo, son muchas veces alternativas para ciudadanos que se recluyen en sus apartamentos durante la semana –rodeados de vecinos por todas partes– y que buscan en el paisaje la experiencia de la vida en una casa.

A lo largo del siglo, la casa moderna colombiana ha retornado a esa condición de objetividad que dirigió la arquitectura de los primeros ejemplos construidos hace ya sesenta años. En un principio, la casa era una “máquina” o un objeto abstracto de arte; hoy puede ser una escultura, un objeto bello dispuesto en el paisaje para ser visto y apreciado desde cierta distancia. Entre esas dos aproximaciones objetivas se sitúa la otra, la de la casa como lugar, guiada por una sensibilidad particular, existencial, que la dota de espíritu, que la anima. Todo ello se encuentra amparado bajo el manto de múltiples capas de una modernidad que, a pesar de parecer evidente y precisa, sigue siendo enigmática.

En Colombia, en la última década, se ha dado un auge de construcciones domésticas y especialmente de casas suburbanas. Al mismo tiempo, el interior de las ciudades se densifica con enormes edificios de apartamentos. El auge de la casa, en las circunstancias actuales, puede ser el canto del cisne de una manera de habitar que bien puede estar al borde de una forzosa desaparición. O, por el contrario, puede ser la ratificación de la vigencia de una forma de habitación nacida a la par con la cultura humana que perdurará mientras ella exista.

Las primeras casas modernas fueron concebidas como parte de un cambio radical en los modos de vida. En ellas se puso a prueba la voluntad de los arquitectos quienes, en contra de las corrientes tradicionalistas, impusieron sus ideas. Esas casas son ya parte del pasado de la arquitectura colombiana, hoy muchas son memorias registradas en fotografías y dibujos. El progreso visto como una carrera en pos de lo nuevo ha pasado por encima de aquellas que una vez fueron sus señales inequívocas. Lo moderno prueba ser tan efímero como el pasado que intentó desaparecer.

 

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