Casa Moderna

Medio siglo de arquitectura doméstica colombiana

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Preámbulo

Cada una de las partes de la casa posee un sentido, dado por su uso y contenido en sus formas. La intención de hacer de una casa algo œnico se refleja precisamente en el manejo de las formas que definen el espacio como uno de sus principales personajes. / Bogotá, D.C.  Arquitectos, Fernando Mart’nez, Guillermo Avendaño.

Texto de: Alberto Saldarriaga

La primera casa moderna apareció en Colombia en algún momento entre 1930 y 1940. Nadie sabe cuál fue ni dónde se construyó. Su presencia hipotética, como la de muchos hechos de ayer, sirve para trazar una línea de demarcación entre el pasado y el presente. A partir de su aparición, la vivienda colombiana cambió su orientación, abandonó sus raíces y se volcó hacia todo aquello que la modernidad podía ofrecer en el país.

¿Cómo se diferencia una casa moderna de una tradicional? En su trazado se debe manejar una geometría pura y escueta. Los materiales de su construcción tienen que ser distintos, sus ventanas mucho más amplias y deben permitir el ingreso de la luz y del sol a los espacios interiores. Su espacialidad se impone también diferente. En vez de una subdivisión excesiva en pequeños recintos, se favorecen espacios amplios e intercomunicados. En vez de las ornamentaciones y de los detalles curiosos, se buscan superficies limpias dentro de un sentido general de sencillez y sobriedad. Forma y espacio, técnica y materiales, eficiencia y simplificación, todo ello debe estar presente en la casa moderna.

La casa moderna fue y es un fenómeno especial. Ha sido por décadas la realización tangible de la modernización de la vida doméstica. Ha sido también el lugar donde se han puesto a prueba muchos de los principios ordenadores de la existencia cotidiana impuestos por las condiciones de la vida moderna. Sus virtudes cardinales fueron –o debieron ser– la higiene, la funcionalidad, la eficiencia, la claridad y la ausencia de ornamentos superfluos. Nada en ella de espacios inútiles o de rincones oscuros. Todo debe estar claramente dispuesto para que la vida sea lo más fácil y simple posible. La sinceridad en la arquitectura debe corresponder con la sinceridad en los modos de vida. Un orden abstracto se impone sobre la vida cotidiana.

La casa moderna como una unidad independiente cuenta hoy con un rival muy fuerte, el apartamento, ese espacio funcionalmente incorporado en el interior de un edificio, suspendido en el aire. Sin embargo todos hablan de “la casa” para referir el lugar donde se habita. La casa moderna no es una sola, asume muchas formas diferentes: la casa aislada que se rodea por un entorno propio, en la ciudad o en el campo, la casa delimitada por muros medianeros que la separan de otras, la casa construida en serie en urbanizaciones y conjuntos. La casa es un lenguaje social. En Colombia existen todas ellas. Este libro es apenas uno de sus capítulos.

 

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