Casas de Embajada en Washington D.C.

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Del editor

Texto de: Benjamín Villegas

Este libro puede interpretarse como un tributo colombiano al soberbio patrimonio cultural y arquitectónico que albergan las casas de embajada de Washington, D.C. También puede traducirse como una expresión de admiración y respeto por la imponente capital del país al cual este libro rinde homenaje: ese polo mundial, cuya confluencia de embajadas y misiones diplomáticas simboliza una refinada concreción del principio de la convivencia o, por lo menos, del mejor esfuerzo por aplicarlo.

Es también un homenaje de la Embajada de Colombia a las misiones que ocupan esas casas, no sólo por haber hecho posible su perduración y su conversación en el regio estado en que se encuentran sino por haber atendido los oficios de sus colegas de nuestra embajada, abriéndonos sus puertas con gusto, generosidad y orgullo, para permitirnos llegar hasta donde my pocos han llegado alguna vez. Y con ese gesto de buena voluntad, abriéndonos también el camino hacia la historia de las casas, a través de ella, hacia la de la vida diplomática de la ciudad.

No es poca cosa haberlo conseguido. Estas casas no están abiertas al público. Para entrar a ellas se requiere de una invitación expresa. El visitante, el turisa, debe conformarse siempre con la vista exterior de sus fachadas, con la lejana mirada a los espléndidos jardines que se asoman tras las rejas o a las lujosas estancias que se adivinan desde fuera. Las casas de embajada son, en cierta medida, uno de los secretos mejor guardados de Washington.

Y es una lástima. Porque estas residencias de embajada son, en su mayor parte, ejemplos vivos e irrepetibles de la mejor arquitectura norteamericana de comienzos del siglo xx y, en otros casos, de la mejor y más osada arquitectura contemporánea o de la más tradicional y propia, como es el caso de los edificios construidos no hace mucho por Alemania y Corea.

Pero, además, estas casas son un delicioso dechado mundial de estilos y personalidades nacionales. Cada país ha puesto allí lo mejor de su legado, lo más diciente de su historia, lo más representativo de su cultura.

Y es que dificílmente podemos imaginar en el planeta un centro de poder más atractivo para desplegar cada una de ellas sus mejores galas.

Finalmente, como resultado del sincronizado equipo de colombianos entusiastas que para hacerlo conformaron nuestros embajadadores en Washington, el editor y director del proyecto, la autora de los textos, el fotógrafo y la traductora de la versión inglesa, este libro es también sin proponérselo, una impresionante muestra de lo que puede lograr el talento colombiano.

Todo ello hace de él un libro interesante, deleitable y bello.

Todo ello nos enorgullece y estimula.

 

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