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Contenido:

Colombia Secreta

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Presentación

Volcán nevado del Ruiz, Caldas.

Volcán Cumbal, Nariño.

Paisaje campestre en Monguí, Boyacá.

Atardecer en las sabanas del Guaviare.
Arenales del cabo de la Vela, La Guajira.
Raudal de La Gamitana, río Yarí, Caquetá.
Palmas de cera en La Ceja, Salento, Quindío.Cascada de Las Nereidas, Parque Nacional Natural de los Nevados.

Sierra Nevada del Cocuy.

Islas del Rosario, mar Caribe.
Bahía de Macuaca en el Parque Nacional Tairona, Magdalena.Los imponentes cerros de Mavecure se reflejan en las aguas del río Inírida en el Guanía.

Texto de: Benjamín Villegas

Colombia secreta es un sueño que tardó diez años en cristalizar. Ese fue el tiempo que me tomó convencer a Andrés Hurtado García –ese colombiano que ha sudado el país a pie– de organizar sus mejores fotografías, cederme los derechos respectivos y sentarse a escribir las crónicas de sus osadas y significativas expediciones a los lugares más recónditos y hermosos de Colombia.

Aunque, de alguna manera, él pensaba que sus columnas en El Tiempo y otros medios habían ido divulgando poco a poco sus historias, yo tenía la certeza de que la unidad que había detrás de ellas y la síntesis vital allí representada ameritaban lanzarnos a la aventura de hacer juntos un libro como éste.

Pero es que, además, Andrés Hurtado García, que a los cinco años se inició en el delirio de los extravíos a campo traviesa, cuando al tratar de averiguar dónde nacían los ríos terminó perdido en un páramo quindiano; que perseguía el arco iris para saber dónde empezaba; que alguna vez pasó tres días en una cueva del Ruiz con una fractura abierta; que lleva en su cuerpo las marcas y secuelas de los muchos accidentes que ha sufrido en sus desvelados periplos por el mundo; que nació maestro y hombre de fe; que vive la pasión por la naturaleza y asume la ecología como una buena razón de ser, era sin duda el individuo llamado a testimoniar la belleza de un país que se ha tornado cada vez más inasible, más enajenado, más remoto, aun para sus propios habitantes.

Las sencillas crónicas y el divertido anecdotario que acompañan las imágenes del este libro, humanizan su contexto, nos ubican en la inabarcable geografía del país y nos sintonizan con el alma grande de sus gentes. Cada rumbo de Colombia, cada sendero, cada comunidad caminada en estos textos se deja copiar en recuerdos que nos conmueven y emocionan. En visiones de un país que a veces parecemos haber olvidado; de un país que muchas veces tampoco conocemos.

Sólo por eso este libro sería importante. Sólo por ese rescate de nuestra identidad que su lectura nos propone, este libro sería válido. Pero está, además, su belleza intrínseca, su despliegue de maestría en el arte de fotografiar, su atinada escogencia de lugares.

Acompañemos, pues, la aventura de quien queriendo averiguar dónde nacían los ríos llegó hasta los rincones más secretos de Colombia, captándolos con la infinita paciencia que sólo un delirante perseguidor de arcos iris puede desplegar.

 

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