Fiestas

Celebraciones y Ritos de Colombia

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El Corpus Christi

Catedral de Bogotá. Dibujo de Riou. 16 x 12 cm. L’Amérique Equinoxiale. M. André. París, 1877. Academia Colombiana de Historia, Bogotá.
La Plaza Mayor de la ciudad de Bogotá fue el escenario de los primeros encuentros festivos sagrados entre españoles e indios, durante el Corpus Christi del catolicismo y el culto al sol.En las fiestas de carnaval de los indios Camtzá, en Sibundoy, Putumayo, arrodillarse frente al sacerdote católico ha sido señal de poder religioso sobre las comunidades indígenas. Indios Camtzá Sibundoy, Putumayo.Carnaval de indios Camtzá en Sibundoy, Putumayo. El traje de sombrero y corona y la dulzaina de este indio expresan la permanencia de su encuentro cultural con OccidenteLa dulzaina, de origen europeo, se llama también armónica, en Boyacá es riolina.La dulzaina, de origen europeo, se llama también armónica, en Plato, Magdalena, es violina. Las máscaras negras de la danza de los Sanjuanes de los indios Camtzá, Putumayo, con desordenadas cabelleras de fique o pieles de animales, representan la resistencia de los indios Pastos a los Incas. Miles de Pastos murieron en Yahuarcocha, o “Laguna de sangre”. La rebeldía india frente a los “blancos” permeó también la expresión agresiva de las máscaras. Las máscaras negras de la danza de los Sanjuanes de los indios Camtzá, Putumayo, con desordenadas cabelleras de fique o pieles de animales, representan la resistencia de los indios Pastos a los Incas. Miles de Pastos murieron en Yahuarcocha, o “Laguna de sangre”. La rebeldía india frente a los “blancos” permeó también la expresión agresiva de las máscaras.Danzantes de Males, en el municipio de Córdoba, Nariño. La tradición oral narra que fueron indios del valle del Guamués quienes originaron el poblado, y que una invasión Inca precolombina enriqueció el baile que, al son de flauta y tambor, tiene una compleja estructura.Curandero en Putumayo.Indios Yukuna. Río Mirití-Paraná, Amazonas. Baile de chontaduro o baile de muñeco. 
Danza teatral que invoca espíritus acuáticos de sus antepasados.Indios Yukuna. Río Mirití-Paraná, Amazonas. Baile de chontaduro o baile de muñeco. 
Danza teatral que invoca espíritus acuáticos de sus antepasados.

Texto de: Nina S. de Friedemann

Sin embargo, para los propósitos de evangelización de la Iglesia Católica, debió ser útil encontrar que en América en el momento cósmico del solsticio de verano, que señala la época de siembra y cosechas, los indios tenían cultos ancestrales al sol y a la luna. Siguiendo la costumbre de la Edad Media cuando alrededor de los autos sacramentales y las obras de misterio popular, a los iletrados se les enseñaba la doctrina católica, se introdujo la fiesta de Corpus Christi coincidente con el movimiento anual del sol sobre el horizonte y su regreso al Sur.

La festividad que desde el siglo XIII había sido acogida en España, y en el siglo XV era consagrada como la fiesta principal del catolicismo, poco a poco recreó en el Nuevo Mundo el aire de espectáculo que había alcanzado en la España renacentista. En 1513 y en 1575 allí habían aparecido personajes como el Gigante y la Gigantona, la enorme culebra Tarasca, el Aguila y los Dragones, disfraces de moros, cabezudos y animales que personificaban el mal.

En la Nueva Granada –de acuerdo con la estudiosa Susana Friedmann– la crónica de Fray Cristóbal de Torres, arzobispo y fundador del Colegio Mayor del Rosario, cuenta cómo se celebró por primera vez en 1564 un Corpus Christi en el marco de la Plaza Mayor de la ciudad de Santa Fe, más adelante conocida como Bogotá. A la descripción de la pomposa procesión del clero y de dignatarios de la Corona empuñando varas de plata repujada, se añadió la de la presencia de los aborígenes vestidos de mantas, quienes luciendo tocados de plumas y adornos de abalorios, brazaletes y candongas, danzaban con la música de sus tambores y pitos alrededor del palio de la Eucaristía. Con el tiempo, la fiesta integró comparsas de disfraces, danzas y la evocación bíblica de una naturaleza pródiga. Los mejores productos de la tierra: turmas, arracachas, chuguas, cubios, hibias; las más frescas frutas: piñas, pitahayas, granadillas, aguacates, curubas; las gallinas más gordas, los gallos de más vistosas plumas, y los mejores ejemplares de cacería en los montes cercanos convertían a la plaza mayor, alrededor de la Pila del Mono, en el paraíso terrenal. Entre la fauna de cartón, una enorme culebra verde, engendro de la Tarasca ­–la serpiente española– se arrastraba volteando los canastos de manzanas y de papas convirtiéndose en estrepitosa diversión. Pero el asombro lo provocaba una ballena negra, el monstruo marino del Antiguo Testamento que llevaba en su estómago a Jonás.

Del mismo modo que en Bolivia o en México, esta fiesta atrajo la curiosidad y el gozo de la población indígena desempeñando un papel de adoctrinamiento similar al de los autos sacramentales de la Edad Media. Así mismo, para ese tiempo en España ya existían las cofradías de negros africanos o descendientes de africanos, que participaban en las fiestas del Corpus Christi con representaciones fantasmales de sus antepasados muertos. Algunos de esos personajes tenían aspecto de negros, o por lo menos llevaban carátulas de negros. Ello dio motivo a que se les llamara “diablitos negros”. Uno de ellos obtuvo tanto éxito con su actuación burlesca en la procesión eucarística, que de ahí saltó al escenario del teatro español, como la mojiganga, figura memorable en el Siglo de Oro.

 

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