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Contenido:

Jacanamijoy

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Contexto: Los Ingas

Del árbol de los sueños. 2001.  	Óleo sobre lienzo. 1,10 x 1,20 m. Atuendo de un sueño, 1996. 	Óleo sobre lienzo. 1,20 x 1,00 m. Mujer inga luce corona adornada de chumbes.El artista participa en el Atunpuncha, fiesta inga en honor del arco iris.El artista y su padre, el Taita Antonio, en el Atunpuncha.El artista en la tulpa con una curandera inga.Valle de Sibundoy. Putumayo, Colombia.

Texto de: Eduardo Serrano

En la actualidad, después de muchas definiciones y redefiniciones del concepto “arte”, se ha entendido cabalmente que una obra no puede ser comprendida y juzgada sino devolviéndola a los elementos de los cuales resulta, puesto que lo contrario equivaldría a separarla del complejo histórico al que pertenece y a despojarla de su verdadero significado. Pues bien, la obra de Carlos Jacanamijoy hace parte de un complejo histórico diferente a los reconocidos, y aunque su producción no se halla dirigida de manera exclusiva a su pueblo, de todas maneras su causa, su fuente, su gestación, están íntimamente ligadas con su cultura. Sería tan equivocado aproximarse a su trabajo sólo con los argumentos que se emplean para apreciar la producción artística de la cultura hegemónica, como sería imposible captar a plenitud sus contenidos sin considerar los valores, la visión, la cosmogonía, de los ingas, una comunidad indígena que se halla asentada desde finales del siglo xv o comienzos del xvi en el Valle de Sibundoy en el departamento del Putumayo, al sur de Colombia.

Carlos Jacanamijoy nació en 1964 y permaneció al lado de su familia hasta 1982, es decir hasta cuando, a los dieciocho años de edad, decidió trasladarse a Bogotá para iniciar estudios universitarios. Para ese entonces, como es apenas natural, el artista ya había asimilado las peculiaridades de su sociedad, se había impregnado de mitos y leyendas que le enseñaron a diferenciar el bien del mal, se había acoplado con las costumbres y la particular organización social de los ingas, había asumido el singular sincretismo cultural y religioso propio de su comunidad, y se había compenetrado con un sistema de valores éticos y estéticos que no necesariamente están en concordancia con los de la cultura dominante en la sociedad colombiana.

Los ingas descienden de comunidades que hicieron parte del imperio inca y pertenecen por consiguiente al grupo lingüístico quechua. Guerras entre etnias indígenas que tuvieron lugar antes del descubrimiento de América, sin embargo, separaron a los ingas de otras comunidades de lengua quechua de Ecuador, Perú y Bolivia, razón por la cual su cultura fue adquiriendo algunos rasgos distintivos relacionados con sus experiencias, su entorno y sus particulares relaciones con la cultura occidental. Tal vez estos hechos tengan alguna relación con la tradición de viajeros en constante búsqueda de conocimientos en otros pueblos indígenas que distingue a los ingas, aunque en los últimos tiempos se ha presentado también un considerable desplazamiento hacia las grandes ciudades del país.

En lo relativo a su entorno es importante resaltar que el Valle de Sibundoy, que alguna vez fue un lago, es una meseta que cruzan varios ríos, y que se encuentra rodeado de montañas circundadas a su vez por una naturaleza variada y opulenta que ha sido estudiada con insistencia por etnobotánicos de distintos países, la cual constituye la principal reserva tanto ambiental como económica de sus habitantes. Son bastante numerosas las variedades de plantas que han sido bautizadas en las selvas húmedas tropicales cercanas a Sibundoy, como son variadas y abundantes las propiedades alimenticias, medicinales y alucinógenas que las caracterizan. Es tan notable la riqueza de la zona en esta materia, que algunos profesionales han sostenido que “uno no puede realmente decir que es botánico hasta que no haya trabajado en Sibundoy”.

No es extraño, por consiguiente, que muchos ingas sean yerbateros o curanderos, ni que la naturaleza, vegetal y animal, desempeñe un papel preponderante en las costumbres, los rituales y en general en la vida cotidiana de la comunidad. Para los incas la Pachamama, es decir, la madre tierra, origen de la vida, era digna de toda veneración, al igual que para los ingas son merecedores de una consideración con connotaciones místicas algunos productos de la tierra, y en particular, el llamado “bejuco del alma”, la planta alucinógena más afamada de la región del Amazonas: el yagé.

El padre del artista es un curaca, es decir una especie de chamán acatado y respetado por su pueblo, quien, al tiempo que profesa con plena convicción la fe católica, también conduce rituales y ceremonias ancestrales que ayudan a los participantes a liberarse espiritual y físicamente de los males o equivocaciones que puedan padecer. No hay que olvidar, sin embargo, que en la cultura inga son las mujeres quienes hacen más explícitos los símbolos identitarios a través de elementos como el chumbe, una especie de faja tejida por ellas con diseños básicamente romboidales que para esta comunidad evocan el vientre, el lugar donde se gesta la vida, las cuales constituyen simultáneamente, la prenda de vestir más llamativa y distintiva de los ingas, y la vía más reconocida de su expresión artística. La mujer, además es la encargada de transmitir los valores de la etnia a sus hijos.
Entre los ingas, por otra parte, las relaciones familiares no se conducen por los mismos rumbos que en la mayoría de las sociedades que conforman la nación colombiana. Entre ellos, por ejemplo, todos los hombres mayores son considerados y tratados como tíos y, por ende, todos los menores son designados como sobrinos. Así mismo, el compadrazgo es una relación que se establece de muy diversas formas y que implica derechos y deberes que no aplican en el resto del país.

Pues bien, en ese entorno social y natural tan particular y diferente del que han experimentado la inmensa mayoría de los artistas plásticos en esta era de globalización creativa y homogeneidad crítica, es decir, en el seno de un pueblo donde a pesar del mestizaje impuesto con la llegada de los europeos a América han sobrevivido infinidad de costumbres, tradiciones y valores autóctonos, se formó humana y culturalmente Carlos Jacanamijoy y brotaron las raíces de su arte.

 

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