Luis Caballero

Homenaje

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Presentación

1967 / Óleo sobre lienzo / Políptico, 195 x 430 cm 1974 / Óleo y carboncillo sobre papel / 195 x 260 cm 1970 / Óleo sobre papel / 195 x 130 cm 1970 / Óleo y carboncillo sobre papel / 195 x 130 cm Autorretrato / s. f. / Carboncillo sobre papel / 28 x 22 cm 1988 / Óleo sobre papel / 105 x 75 cm

Texto de: Efraín Enrique Forero Fonseca
Presidente Banco Davivienda S. A.

Este año en que Davivienda celebra 35 años de existencia, su gran libro anual —destinado siempre a exaltar figuras sobresalientes del arte colombiano— está dedicado al pintor Luis Caballero (Bogotá 1943-1995).

Es la primera vez que Davivienda rinde homenaje a un pintor ya desaparecido. Pero es que el caso de Caballero es especial. En pocos artistas como en él confluyen un talento y una intuición tan desbordantes, una capacidad tan inagotable de trabajo y un conocimiento tan profundo de su oficio. En pocos igualmente, su trabajo recibe un reconocimiento tan temprano de la crítica y una admiración tan fervorosa del público. En 1966, a los 23 años, Luis Caballero cuelga su primera exposición individual en la Galería Tournesol de París y en 1968 obtiene el primer premio en la Primera Bienal de Arte de Coltejer, en Medellín. De ahí en adelante su obra, a título personal o en representación de Colombia, será exhibida y en varias ocasiones premiada en los grandes escenarios del arte internacional: las bienales de París, Montevideo, Sao Paulo, Venecia, entre otros.

Radicado en Francia a partir de 1968, el trabajo de Caballero, centrado cada vez más en el cuerpo humano, se va desarrollando hasta adquirir las dimensiones y características que lo convierten sin duda en el artista colombiano más importante de su generación.

“El cuerpo es el eje donde se articula toda mi búsqueda como pintor. Cuerpo como objeto y cuerpo como signo: porque el cuerpo lo dice todo. Los sentimientos y la tensión, la fuerza, el placer…”. Y será ese cuerpo humano –explorado al infinito, proyectado y apropiado, integrado parcial o totalmente en cada trazo, en cada pincelada– el que dará sentido a su búsqueda artística y humana, a la búsqueda de su “propia existencia corporal”.

Es entonces con enorme placer que Davivienda entrega este extraordinario volumen sobre la obra del pintor colombiano tal vez más lamentable y prematuramente desaparecido.

 

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