Museos de Bogotá

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Museo de Arte Colonial

Patio interior del claustro construido en 1604. En el centro de este antiguo “patio de las aulas” del claustro de San Bartolomé, se encuentra el mono de la pila.
El Museo cuenta con grandes 
	colecciones de arte que exhibe seleccionadamente en las distintas salas.
El Museo cuenta con grandes 
	colecciones de arte que exhibe seleccionadamente en las distintas salas.
Vista general de la sala de escultura en 
	la que se exhibe la iconografía religiosa conformada por obras españolas, 
	quiteñas, mestizas y el pesebre colonial.
Sala Vásquez y Ceballos donde se exhibe en un solo recinto la más grande
	colección pictórica del artista, con temas religiosos y civiles.
Portada Tipo Dosel. Siglo XVII 
	Madera tallada, dorada y pintada.
	407 x 142 x 176 cm.
El claustro del edificio está levantado 
	sobre columnas monolíticas que 
	sostienen los arcos, nos ofrece una idea 
	de la arquitectura colonial.
Gregorio Vásquez.
	Santa Rosa de Lima. Siglo XVII.
	Oteo sobre tela. 45 x 31 cm.
Gregorio Vásquez.
	Adoración de los Pastores. Siglo XVII.
	Oteo sobre tela. 84 x 67 cm.
Gregorio Vásquez.
	Jesús Flagelado. Siglo XVII.
	Oteo sobre tela. 124 x 90 cm.
Gregorio Vásquez.
	La Inmaculada Concepción. Siglo XVII
	Oteo sobre tela. 141 x 97 cm.
Gregorio Vásquez.
	San José con el Niño. 1704.
	Oteo sobre tela. 163 x 106 cm.
Gregorio Vásquez.
	San Francisco Javier. Siglo XVII.
	Oteo sobre tela. 154 x 106 cm.
Juan Pérez Mejía.
	Nuestra Señora de Monguí. 1709.
	Oteo sobre lienzo brocateado.
	85 x 62.5 cm.
Gregorio Vásquez. 
	Adoración de los Pastores. Siglo XVII. 
	Oteo sobre tela. 0,71 x 0,48 cm.
Anónimo.
	Nuestra Señora de la Antigua. Siglo
	XVII Oteo sobre lienzo brocateado.
	163 x 90 cm.
Joaquín Gutiérrez.
	Virrey Don Alfonso Pizarro. Siglo XVIII.
	Oteo sobre tela. 145 x 107 cm.
Joaquín Gutiérrez.
	Virrey Manuel Guirior. Siglo XVIII.
	Oteo sobre tela. 146 x 106 cm.
Joaquín Gutiérrez.
	Virrey Eustaquio Galavis. Siglo XVIII. Oteo sobre tela. 144 x 104 cm.
Joaquín Gutiérrez.
	Virrey José Solís Folch de Cardona.
	Siglo XVIII.
	Oteo sobre tela. 144 x 103 cm.
Atribuida a Taller Quiteño .
	Inmaculada Concepción. Siglo XVIII.
	Manto de tela encolada. Aureola en plata
	repujada. Talla en madera policromada.
	Ojos de vidrio.
	64.5 x 37 x 20 cm.
Atribuida a Taller Quiteño.
	Virgen María. Siglo XVIII.
	Talla en madera policromada. Ojos de
	vidrio. 59 x 26 x 14 cm.
Pedro Laboria.	
	San Joaquín y la Virgen Niña. Siglo 
	XVIII. Madera tallada, estofada y policromada. 160 x 81 x 67 cm.
Taller Quiteño.
	Los Tres Reyes Magos. Siglo XVIII.
	Tallas en madera policromada.
	Reyes 26 x 20 x 12 cm.
	Caballos 25 x 12 x 14 cm.
Anónimo.
	Santa Bárbara. Siglo XVIII.
	Talla en madera policromada.
	Ojos de vidrio. Rostro de estaño.
	64 x 39 x 24 cm.
Atribuido a Taller Neogranadino.
	San Roque.
	Talla en madera policromada.
	71 x 41 x 23 cm.
Atribuido a Pedro Laboria.
	San Francisco de Paula. Siglo XVIII.
	Terracota policromada.
	Ojos de vidrio. Rostro de estaño.
	64 x 39 x 24 cm.
Pedro Laboria.
	Niño Jesús sobre Querubines.
	Siglo XVIII.
	Talla en madera policromada.
	70 x 32 x 23 cm.
Anónimo.
	Consola mestiza.Siglo XVIII.
	90.5 x 107 x 57 cm.Anónimo.
	Sillón doble para misa. Siglo XVIII.
	130 x 121.5 x 74 cm.
Anónimo.Sillón de Misa Mayor. Siglo XVIII.125 x 171.5 x 69 cm.
Atribuido a Taller Quiteño.
	Retablo de la Inmaculada Concepción.
	Siglo XVIII.
	Talla en madera estofada y policromada,
	con imágenes menores de San Antonio
	de Padual Santo Domingo, Santa Rita y
	Santa Bárbara.Detalle de Bargueño. Estilo Napoleón III. Madera de pino y palo de rosa con incrustaciones en carey, marfil y hueso.
Detalle de Bargueño. Siglo XVII
	Madera de pino, palo de rosa y ébano.
Bargueño de viaje . Siglos XVI‑XVII.
	57 x 95 x 42 cm.
Detalle de Bargueño Contador. Siglo
	XVII.

Texto de: Enrique Pulecio Mariño

En las estrechas calles del barrio de la Candelaria a la altura de la calle décima con la carrera sexta, el Museo de Arte Colonial levanta sus muros de fortaleza. Es el viejo claustro de la llamada Casa de las Aulas, construida por el arquitecto italiano Juan Bautista Coluccinni para la Academia Javeriana en 1604. Casa histórica como pocas en Bogotá ya que allí se dieron cita acontecimientos capitales para la vida política y cultural de la ciudad. Construida en forma de una gran “C”, en la primera planta los arcos de medio punto que recorren la geometría cuadrangular del edificio, van apoyándose en columnas monolíticas, dando a la casa un aire de serenidad, equilibrio perfecto y hermosa sencillez. El claustro se abre, hacia el jardín que pone una nota de luz y de color en el ambiente y en cuyo centro se encuentra el conocido Mono de la Pila. Hacia el occidente la cúpula de la iglesia de San Ignacio crea una imperecedera estampa de la arquitectura auténticamente colonial de Bogotá. Paralelos a las arcadas, en la planta superior, los lustrosos y amplios corredores recorren los 3 costados de las casas, llevándonos sucesivamente de un recinto a otro y creando sobre el jardín la austera amplitud arquitectónica del clásico estilo castellano. Desde las primeras décadas del siglo XVII hasta la expulsión de los jesuitas del Imperio Español, en 1767, esta casa fue claustro universitario. A partir de entonces, pasó el edificio a manos del gobierno civil. En adelante se verán discurrir aquí hechos de notable importancia. En esta casa, en 1812, el precursor Antonio Nariño fue elegido presidente. Más adelante, en 1823, el Congreso destina el edificio para la sede de la Biblioteca Nacional. Al año siguiente se instala, conviviendo con la biblioteca, el Museo de Historia Natural. Es sabido cómo en esa biblioteca el General Santander pasó sus pacientes horas en la espera del veredicto que lo iría a librar de toda inculpación frente a los hechos de la noche septembrina de 1828. Allí también estuvo el Libertador Simón Bolívar inaugurando en la ilustre casa, el Congreso Admirable. En los vaivenes de las guerras civiles fue cárcel de presos políticos. Posteriormente sirvió de sede de la Asamblea Nacional y en 1867 fue asiento de Senado de la República, en donde el General Tomás Cipriano de Mosquera, fuera juzgado por actos dictatoriales. Allí en el año de 1886 don Miguel Antonio Caro leyó la Constitución de ese año y apenas unos meses más tarde en esta casa se escuchaban por primera vez los acordes del Himno Nacional. En 1912 restaurado en edificio sirvió una vez más de sede para la Biblioteca Nacional, y luego la Academia Colombiana de Historia fue también acogida en la Casa de las Aulas.

Siendo uno de los recintos ilustres del centro histórico de Bogotá, la Casa de las Aulas fue señalada como la sede más apropiada para el Museo de Arte Colonial que doña Teresa Cuervo estaba creando hacia 1942. El Museo sería destinado a guardar en su interior los testimonios artísticos, cargados de historia, de nuestra época colonial. La producción artística de los siglos XVI, XVII y XVIII fue pacientemente reunida con el fin de ser preservada y exhibida allí con carácter de un museo cerrado sobre una época. El 6 de agosto de 1942 y bajo los auspicios del entonces presidente Eduardo Santos, el Museo de Arte Colonial abrió sus puertas a la ciudadanía.

Los más antiguos testimonios artísticos de este Museo se remontan a la segunda mitad del siglo XVI, prolongándose la colección cronológicamente hasta las obras fechadas a finales del siglo XVIII, o sea justo antes del nacimiento de la República. Pero el Museo de Arte Colonial no ha sido organizado en forma de rigurosa cronología. Según los principios de la museología contemporánea, la división de la colección por áreas temáticas adquiere un mayor valor pedagógico, porque se centra la comprensión en un objeto específico. El arte del virreinato está recreado en orden de recuperar el ambiente de la vida cotidiana, no ya con el testimonio artístico, que en su sentido profano el de la Colonia fue casi inexistente, sino más bien con los elementos domésticos que acompañaron a la sociedad de la época. Así los muebles, de estilo barroco, tallados y dorados, los bargueños, muebles portátiles provistos de numerosos y pequeños cajones, tapetes, arcones, textiles, espejos, etc., han sido dispuestos en orden de detener, por así decir, el tiempo en esos espacios. La producción de arte mestizo está representada en las esculturas, tallas y pinturas. Producción artesanal y a la vez artística, ya que entre estas dos formas de creación las fronteras en la Colonia han borrado sus distinciones. Muestra espléndida de esto es la Sala de Mestizaje y Expresión Popular, en donde las imágenes mestizas tienen la particularidad de mezclar las fisonomías de tipo europeo con el gusto indígena que denotan los adornos, como en el San Roque, la Virgen de Chiquinquirá, o la Virgen del Rosario de la Pomata perteneciente a la escuela de Cuzco, en donde se encuentra imbrincado el exotismo tropical con la serena expresión europea.

Entre 1580 y 1667 Baltazar de Figueroa, el viejo, su hijo Gaspar y su nieto Baltazar, el joven, crean una de las obras pictóricas más representativas del arte religioso de la época colonial. Del manierismo post?renacentista de Baltazar el viejo, el trazo barroco de su nieto, hay un tránsito estilístico que refleja los cambios en la concepción pictórica en Europa y que los artistas hispanoamericanos imitan. El Museo de Arte Colonial en su colección pictórica guarda importantes lienzos de los Figueroa, que ilustran este proceso. Pero sin duda en cuanto a pintura sagrada se refiere, la mayor riqueza del Museo se encuentra en la colección de los 74 cuadros de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Es la mayor colección de este pintor egregio con que se cuenta en el país. En otra sala el arte colonial está representado por las esculturas y tallas de la escuela quiteña. Es un arte popular piadoso proveniente de pequeños maestros anónimos y artesanos que dan a las imágenes del culto toda una personalidad como resultado del encuentro de la cultura hispánica y la nativa. El Pesebre Santafereño es un caso excepcional, ya que con la iconografía sagrada conviven comparsas de personajes populares, desacralizando por momentos, con temas profanos, la gravedad de la representación cristiana. Quizás son 20 de las 64 figuras que están talladas según modelos de personajes populares y que sirven, como pocos, de testimonio social de la época.

Hacia 1740, con la instauración del virreinato, el arte se hace más mundano. La ostentación, la riqueza, la elegancia, el gusto por la decoración y el lujo aparece en los cuadros. La colección de la Galería de los Virreyes, casi en su totalidad ejecutada por joaquín Gutiérrez, es fiel reflejo de un arte realista cuya expresión más acabada es el retrato. En el cuadro se destaca la figura del virrey, en el fondo, el escudo de la familia, cortinajes y algún mueble como punto de apoyo para dejar sobre él consignado un símbolo referente a la personalidad del virrey, y aquí y allá, la emblemática flor de lis como símbolo de la casa de los Borbones. De los quince lienzos, 12 son de Joaquín Gutiérrez, dos atribuidos, otros dos son de autor anónimo y el perteneciente al virrey Antonio Caballero y Góngora está firmado por Pablo Antonio García del Campo.

Puede decirse que los 1.300 objetos expuestos en el Museo de Arte Colonial distribuidos en las siete salas, constituyen el más amplio legado de la Colonia. Esta muestra artística ha sido exhaltada con una disposición museográfica moderna en donde el énfasis pedagógico hace posible al visitante comprender el período histórico de la Colonia en la Nueva Granada.

 

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