Museos de Bogotá

  AnteriorSiguiente  

Museo de Arte Religioso

Patio interior de la sede del museo a espaldas de la Biblioteca Luis Angel Arango. La casa con sus amplios espacios y corredores de piedra, se construyó en 1927.
Atribuido a Baltazar de Figueroa.
	Adoración de los Pastores. Siglo XVII.
	Oleo sobre tela. 169 x 137 cm.
Anónimo.
	Santa Catalina. Siglo XVII.
	Oleo sobre madera. 35 x 27 cm.
 Ricardo Acevedo Bernal.
	Rostro de Cristo. Siglo XIX.
	Oleo sobre cartón. 39.5 x 34 cm.
Atribuido a Taller de P. P. Rubens.
	Pentecostés. Siglo XVII.
	Oleo sobre metal. 63 x 82 cm.
 José de Galaz. 
	Custodia de la iglesia 
	conocida como La Lechuga. 1707. 
	Oro, piedras preciosas y esmalte. 
	80 cm de altura.
Nicolás de Burgos.
	Custodia Grande de Santa Clara la Real,
	de Tunja. Conocida corno de Las
	Clarisas. 1737. Oro, piedras preciosas.
	63.5 cm de altura.
Atribuido a Bernardo de Legarda.
	Alegoría del Triunfo de la Virgen
	Inmaculada. Siglo XVIII. Talla en
	madera estofada y policromada con
	accesorios de plata repujada.
	79 x 57 x 35 cm.

Texto de: Enrique Pulecio Mariño

El patrimonio del arte colonial con que cuenta el país es en Verdad muy amplio. Está diseminado a lo largo y a lo ancho del país. Se encuentra en las iglesias y conventos, en las capillas y en las colecciones particulares, en los museos y en las casas de las haciendas. Un legado como éste que se conserva aún sin escrutinio preciso y exhaustivo, requiere la puesta en marcha de una labor de evaluación, rescate y preservación. Esta fue la constatación que se hizo en el Banco de la República cuando frente al patrimonio artístico heredado de la Colonia, se comprende la importancia que comporta este tesoro histórico. Entonces el propósito del Banco fue crear un Museo pero con características muy particulares. Un museo que no poseyera en sí mismo las colecciones, para ser exhibidas o mantenidas en bodegas. Más bien, se trataba de acercar la idea de museo a la del taller. De ahí surgió la inquietud de hacer de éste un lugar de paso para el arte religioso del país. Entonces, los cuadros son recibidos en préstamo para ser sometidos a estudio, catalogación y restauración por parte de los expertos. Una vez terminada esta labor, los lienzos son colgados en el Museo en su programa de exposiciones temporales abiertas al público. Como ente divulgador el Museo de Arte Religioso realiza así la tarea propia de los museos, pero también, como en la moderna museología, el Museo crea en torno a las piezas expuestas toda una infraestructura de información: conferencias, proyecciones y publicaciones acerca de los diversos temas que se derivan del arte religioso. Estas colecciones, una vez restauradas y expuestas, son devueltas a su lugar de origen, acompañadas de inventarios, fichas de catalogación y un pequeño manual de instrucciones relacionado con las condiciones óptimas para su mejor conservación.

Esta actividad tiene como objeto buscar que las iglesias y las instituciones que poseen estas colecciones se conviertan en pequeños museos donde se preserva esta parte del patrimonio artístico del país proveniente del período colonial.

Aunque no ha sido el propósito del Museo de Arte Colonial acopiar colecciones, ha querido sin embargo retener algunas piezas significativas de la producción artística de la Colonia: pintura, escultura y orfebrería, como testimonio de la actividad realizada por artistas y orfebres de la Nueva Granada.

A esta reducida pero valiosa colección pertenece la custodia grande de Santa Clara la Real de Tunja y la famosa custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá, llamada «La Lechuga» porque en ella las incrustaciones proliferantes de esmeraldas le dan un efecto de ricos reflejos de un color verde intenso. Otras piedras preciosas como rubíes, diamantes y perlas engastadas en la custodia, hacen de ésta una de las joyas más apreciadas en el conjunto del arte religioso que hemos recibido como legado artístico y religioso de la época colonial.

 

  AnteriorSiguiente  

Comentarios