Museos de Bogotá

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Museo Mercedes Sierra de Pérez El Chico

La antigua casa de hacienda sabanera 
		que hoy es sede del museo conserva sus 
		clásicas fuentes de agua en patios y 
		jardines surtidas por canales que riegan 
		la extensión por fuerza de gravedad.
Profusión de pinos, palmas de cera 
		y otras variedades de plantas, 
		conforman el parque de El Chicó que 
		conserva intacto el ambiente bucólico de 
		la Sabana.
Profusión de pinos, palmas de cera 
		y otras variedades de plantas, 
		conforman el parque de El Chicó que 
		conserva intacto el ambiente bucólico de 
		la Sabana.
Los diferentes salones del museo	están conformados por mobiliario,
	cristalería y otros objetos de diferentes
	países.
Los diferentes salones del museo	están conformados por mobiliario,
	cristalería y otros objetos de diferentes
	países.
Su sala de arte colonial a través de
	pinturas y esculturas, nos ofrece una
	bella muestra del arte religioso.
Anónimo. 
	La Dolorosa. Siglo XVIII. 
	Oteo sobre lienzo. 96 x 66 cm.Anónimo.
	Virgen con el Niño. Siglo XVIII.
	Oteo sobre lienzo. 89 x 66 cm.
Baltazar Vargas de Figueroa.
	Virgen de las Mercedes. 1660.
	Oteo sobre lienzo. 183 x 103 cm.
Gaspar de Figueroa.
	San Cristóbal. Siglo XVII.
Oteo sobre lienzo. 104 x 167 cm.
Taller Quiteño,
	Niños jugando. Siglo XVII
	Madera tallada y policromada.
Taller Quiteño.
	Niño de la Silla. Siglo XVII
	Madera tallada y policromada.
	Taller Quiteño.
	Niño de la silla. Siglo XVII
	Madera tallada y policromada.
Anónimo.
	San Miguel Arcángel. Siglo XVIII.
	Talla en madera estofada y policromada.
	74 x 45 x 59 cm.

Texto de: Enrique Pulecio Mariño

Refugio único dentro del perímetro urbano de la ciudad, la que fuera la casa de la hacienda de El Chicó, es hoy espléndido espacio consagrado a la memoria de quien legara esta propiedad para la constitución de un museo, el Museo de El Chicó. Doña Mercedes Sierra legó a la ciudad su casa de la Sabana de Bogotá y solo 11 años después de su muerte acaecida en Medellín, en 1953, se ven cumplidas por fin sus disposiciones. En la que fuera la Casona de su hacienda se erige, a partir del 11 de diciembre de 1964 un museo bien particular: aquí está celosamente guardada y expuesta para el público esa gran diversidad de elementos que constituyen el inventario de los objetos cotidianos y obras de arte con las cuales convivió la fundadora del Museo. Si la colección expuesta en el Museo de El Chicó denota su gusto particular, sus elementos son también representativos de las preferencias de una clase social que se rodeó de cierta riqueza discreta acumulada a lo largo de los años y en buena parte como resultado de sus viajes, de donde proviene esa tendencia claramente europeísta en la elección del mobiliario, la decoración, las porcelanas, vajillas, floreros, etc. Tendencia que, sin embargo, comparte los espacios plácidamente con los objetos y la imaginería provenientes de la época colonial.

La del Museo de El Chicó es la clásica casa de hacienda sabanera, que hereda de la vivienda castellana y andaluza el plan de su trazado. El patio interior con su fuente central, es el espacio común hacia donde las habitaciones interiores miran. Allí en cada una de estas habitaciones se han dispuesto los diversos ambientes que constituyen el Museo propiamente dicho. El recorrido, que se inicia una vez atravesado el zaguán en el sentido de la izquierda, descubre en primer término el Salón Virreinal, en donde algunas preciosas piezas de plata, la silla virreinal, el retablo de arte santafereño, son muestras de arte del siglo XVIII. Los dos salones franceses están conformados por el mobiliario Luis XVI, tapicería oriental, cristalería francesa y las mesas estilo Imperio. En el Salón Azul, de estilo Imperio se destaca la colección de porcelanas. El Salón Oriental acumula objetos diversos de carácter ornamental, provenientes de China, India y Japón. La cocina que allí se encuentra con los diversos utensilios de uso cotidiano es una réplica tal como se usaba a principios de siglo.

Lienzos de Baltazar de Figueroa, de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, tallas, pequeñas figuras de carácter religioso, columnatas y un pequeño altar tallado en Tunja en el siglo XVIII, conforman una muestra breve pero rica en la memoria del arte religioso que el Museo conserva en su Capilla y en su Salón de Arte Colonial.

La casa se conserva, con su entorno, como originalmente existió, salvo algunas modificaciones emprendidas recientemente que, guardando la lógica arquitectónica y el estilo de la construcción, prolonga el espacio construido con el fin de disponer de ambientes más amplios para las exposiciones temporales.

El enclave de lo que hoy es el Museo de El Chicó está conformado por los terrenos más próximos a la casa de lo que fuera en otro tiempo una gran extensión. Hoy este bello parque conserva intacto el ambiente bucólico de la Sabana. El sistema de riego con el fluir del agua por los canales que recorren la extensión por la pura fuerza de la gravedad, han sido conservados según su plan original. Es una obra de delicadeza y de tecnología elemental que trae como vertientes el agua de los cerros para anegar sus pequeños lagos. El conjunto del Museo del Chicó, es en verdad un rincón privilegiado, testimonio de otro tiempo, defendido con honor, ante la indiscriminada avalancha urbanística, por quienes tienen a su cargo la conservación del Museo, la Sociedad de Mejoras y Ornato de la ciudad.

 

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