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Contenido:

Palacio de las Garzas

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Presentación

Detalle de consola y espejo en el Salón Amarillo.
Cúpula del Salón Morisco con su lámpara, un bello y delicado trabajo artesanal. 
Panorámicas aéreas de la ciudad de Panamá y el casco viejo donde está localizado el Palacio de las Garzas.
Panorámicas aéreas de la ciudad de Panamá y el casco viejo donde está localizado el Palacio de las Garzas.
Panorámicas aéreas de la ciudad de Panamá y el casco viejo donde está localizado el Palacio de las Garzas.
El señor Presidente de la República de Panamá, Ernesto Pérez Balladares, y su señora doña Dora Boyd de Pérez Balladares, en el Salón Amarillo del Palacio de 
las Garzas.

Texto de: Dora Boyd de Pérez Balladares
Primera Dama de Panamá

Enclavado en uno de los puntos privilegiados del casco viejo de la Ciudad de Panamá, presente desde siempre en la nueva ciudad que surgió en el siglo XVII tras el abandono del primer esfuerzo urbano, con historia e historias a su haber, el Palacio de las Garzas ostenta, con la dignidad característica de los monumentos patrios, los títulos de Casa de los Presidentes de la Nación y Sede del Gobierno, y revela el paso de las diversas épocas que Panamá ha atravesado para llegar hasta donde se encuentra hoy. Este edificio es, ni más ni menos, uno de los símbolos de nuestra nacionalidad, un sitio sin el cual no puede escribirse la historia panameña y un punto obligado de referencia para todo el que nos visita.

Cuando el poeta Ricardo Miró le trajo de regalo al presidente Porras, de las selvas del Darién, una pareja de garzas para adornar el patio de acceso al Palacio, le obsequió, sin proponérselo, un nombre a la presidencia de Panamá, nombre que ha resultado tan perdurable como sus versos en el alma de todos los panameños.

A pocas personas se les brinda el privilegio de habitar el Palacio de las Garzas: cada cinco años el pueblo escoge a los inquilinos del siguiente lustro. Por eso siempre quisimos que estuviera abierto al público la mayor cantidad de tiempo. A pesar de ello, la circunstancia de que, a diferencia de otros palacios –aquellos que se reservan para ceremonias protocolares–, en el nuestro se trabaja a diario, impide el acceso permanente a él. De allí la necesidad de este libro: un recuerdo para los que alguna vez lo visitaron, y para que los que no hayan recorrido sus salones y pasillos puedan, a través de textos, conocer su historia encantadora y única, y, por fotografías, su arquitectura y riqueza artística.

Así, quizás, se podrá sentir esa solemnidad especial que lo llena y esa amalgama de diferentes épocas e influencias que resumen nuestra forma de ser y condensan la nostalgia del pasado, la trascendencia del presente y el futuro que decidamos proyectarle.

 

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