Ricardo Gómez Campuzano

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Críticas y Crónicas

Inés años 40. 1943
Ricardo y sus nietos. 1959Reunión de familia. 1937Calentanita. 1968Anciano. 1919La niña de la piña.  1928El paso. 1948Bueyes. 1944Villeta. 1979Bailarinas. 1961Río Cauca. 1930Atardecer. 1980Crepúsculo. 1960Villeta. 1979Inés de Gómez. 1957Paisaje sabanero. 1974El mercado de Santa Bárbara. 1970Calle colonial. 1945Paisaje sabanero. 1974Paisaje de La Ceja. 1970Mercado. 1970Arrieros. 1970

La recopilación de críticas y crónicas sobre la obra del Maestro Gómez Campuzano se realizó en el archivo de la Casa Museo Ricardo Gómez Campuzano.

Alrededor de una exposición de pintura

Daniel Samper Ortega

Gómez dibuja hoy con pulso firme, pero con la discreción necesaria para que el dibujo no abrume los elementos restantes de la obra, sino antes bien se acuerde armoniosamente con sus grandes aciertos coloristas y una bien estudiada valoración. Y aun cuando no siempre fije con la misma exactitud los caracteres de sus modelos, Gómez es hoy uno de nuestros mejores retratistas y un afortunado intérprete de tipos populares.

En el paisaje se distingue este exquisito pintor en primera línea, porque sabe infundirle su alma, recordando acaso el precepto del crítico inglés la naturaleza es lira inanimada que sólo resuena cuando el hombre le arranca de sus profundidades su propia humana música; Gómez Campuzano sabe encontrar un eco de su espíritu en cada rincón que pinta, dándole por ello una fisonomía tan personal que, con ser tan extensa y tan variada su gama, nadie necesita mirar la firma de uno de sus paisajes para saber que es de él. Y es porque acomete este género a conciencia, sobre todo en tratándose de la Sabana, que justiprecia a cabalidad en sus lienzos no obstante ser ella tan esquiva para quienes no aciertan a mirarla entrañablemente; porque a los finísimos matices que hacen de ella un lugar sui generis, tan distinto de los de otras mesetas, el que pretenda copiarla, si no quiere ser el simple espejo que la refleje inexpresivamente, ha de añadir un conocimiento a fondo del sentido, no por impreciso menos cierto, de cada uno de sus elementos; en todo retazo de la naturaleza hay un AMBIENTE que es necesario fijar; en la Sabana existe además SENTIMIENTO que no sabrá penetrar sino quien la haya vivido profundamente, como Gómez Campuzano o como Tomás Rueda Vargas.

Un paisaje se ha dicho es un estado de alma. En el paisaje, como en la música, el artista ha de despertar con las vibraciones de color o de sonido todo un informe mundo de sensaciones que los meros accidentes del terreno, del horizonte y de la luz, no contienen en sí. Huyendo del ultramodernismo, que finca toda la importancia del paisaje en los efectos cromáticos, Gómez sabe dar a los suyos una razonada arquitectura, donde se asigna igual importancia al dibujo exacto de algunos términos al concienzudo desdibujo de otros.

Gómez Campuzano llega desde Colombia

Tomado de The Art News - Nueva York

Juzgando por los paisajes que dominan en número la exposición, Colombia debe ser, sin duda, un país de una rara belleza, que canta con un color brillante una tierra de crepúsculos dramáticos y visiones fascinantes de los valles, de los ríos y montañas. Como se puede observar, en paisajes como Crepúsculo del Valle del Cauca, la atmósfera colombiana está cargada de vivas notas de color, que cambian con gran rapidez, y por ello el artista debe trabajar en rápidos apuntes, hechos al momento. Un crepúsculo en Colombia, dice Gómez Campuzano, dura menos de cinco minutos. Evidencia del intenso brillo de un país en donde los árboles florecen con un rojo suave y un azul aéreo, es la obra Sol de Venados, una gran escena ribereña.

...A primera vista, esta exposición parece el resultado de un trabajo académico con un colorido tan exótico y poco familiar, que llega a ser casi distante. Sin embargo la impresión por el brillo del cielo amarillo del Crepúsculo de la Sabana, con sus solitarias siluetas de árboles, casi a la manera de Blakelock, y la impresionante luminosidad de otros, capta nuestra atención, y con ella seguimos el magnífico dibujo del pintor. La soltura en el tratamiento del follaje, el movimiento en las pequeñas figuras que son introducidas ocasionalmente, la suave luz violeta del Río Cauca, o la luz fuerte de las flores en la cima de las ramas de los árboles, nos van diciendo, la calidad de su pintura.

Jardinero, una robusta caracterización a la manera de Hals, es el único ejemplo de retratos en esta pictórica. Quisiéramos ver mas.

Nueva York, noviembre 9 de 1940

Danza de las horas

Texto de Calibán

Ayer visité la exposición que ha inaugurado en la Biblioteca Nacional, el Maestro Gómez Campuzano. Setenta y tres obras maestras. Los apuntes del Magdalena y del mar forman el fondo de la exposición. Yo tengo cierta parte en este certamen de belleza y arte. Subí el Magdalena con el artista y fui testigo de su labor gigantesca. Levantado desde el alba, para captar todos los matices del sol naciente. En aquella línea uniforme y casi monótona del río, Gómez Campuzano sacaba milagros de colorido; expresiones maravillosas de nuestro Magdalena, que los ojos del profano no perciben. Con el pincel en la mano, trabajaba él sin descansar. Sin importarle el calor infernal del mediodía. Y sólo terminaba su labor cuando había dejado en la paleta la última luz del crepúsculo. Verdadero mago del colorido y de la luz, Gómez Campuzano ha presentado con su colección de apuntes de Salgar y el Magdalena una obra de extraordinario valor artístico.

El Tiempo, Bogotá, marzo 23 de 1941

Dos exposiciones de pintura

Texto de Roberto Suárez Costa

La pintura espontánea de Ricardo Gómez Campuzano derivada de los grandes españoles contemporáneos, adquiere, año tras año, mayor vigor y luminosidad. Ese rayo de sol vibrante, reforzado por todos los matices imaginables, que encierra cada uno de sus cuadros, esa precisión propia de un gran virtuoso, parecería que no pudiera superarse. Un artista menos consagrado y apasionado que él habría, desde tiempo atrás, caído en la rutina. Y, sin embargo, Gómez Campuzano nos sorprende en cada tina de sus exposiciones con alguna revelación que resume su obra anterior y abre nuevas y lejanas perspectivas.

El arte clásico, con injerto de impresionismo, como lo practica Gómez Campuzano, es maduro y completo.

El Tiempo, Bogotá, septiembre 20 de 1942

En el Museo Nacional

Texto de Walter Engel

Ricardo Gómez Campuzano suministra, entre otras, pruebas concluyentes en dos aspectos cuando pinta retratos con cariño, como Inés y Clarita, puede competir con lujo de propiedad y superioridad con artistas visitantes precedidos y acompañados muchas veces por un gran despliegue de publicidad. Y con su composición Ballet, ella sí de inspiración impresionista, demuestra lo pobre insubstancial de las exposiciones que con alguna regularidad nos llegan de ultramar, de un impresionismo falsificado, tergiversado y puramente mercantil.

El Tiempo, Bogotá, agosto 9 de 1953

La exposición del Maestro Gómez Campuzano

Texto de Dolly Mejía

En el retrato, lo mismo que en el paisaje, el Maestro Gómez Campuzano, es un catalizador humano, exaltando la verdad interior en toda su pujante verdad. Sus retratos son retratos con alma. El detalle psicológico pone un sello de naturalidad y da carácter a la figura representada. La luz que iriza las pupilas, la humedad que refresca los labios, la docilidad de los miembros, la ejecución anatómica ceñida a la realidad, hacen de la figura un ser que vive y respira, por la milagrosa paleta de su ejecutante.

El Tiempo, Bogotá, septiembre 25 de 1954.

Bueno y sabio ejecutor

Texto de Manuel Sánchez Camargo

En la sala Goya del Círculo de Bellas Artes se expone la obra de este pintor colombiano, patriarca y buen representante de un tiempo en la buena historia. Gómez Campuzano nos trae a la memoria paisajes que un día recorrimos en ese trópico que siempre deja en el alma una huella difícil de borrar. El buen viajero por los caminos del llano y de los valles de paraíso de Colombia traslada fielmente la belleza de la naturaleza creyendo que ninguna otra interpretación la puede mejorar.

En la colección expuesta, la cabeza de una niña indica al bueno y sabio ejecutor, y en sus paisajes nos trae nostalgias y hasta melancolías de unas tierras que un día recorrimos y que ya jamás podremos olvidar.

Su obra es la bella lección de una época, de un estilo, de un modo de ver y de entender la vida y sus formas.

Hoja del Lunes de Madrid. Madrid, enero de 1964.

Maestro de la Luz

Texto de Sebastián Arbó Balleste

Gómez Campuzano cultiva con igual fortuna el paisaje y el retrato, pero su especialidad es la pintura a cielo abierto. En esta exposición ha reunido trabajos realizados entre 1948 y 1963. La luz es el protagonista de todos ellos. Sabe Campuzano usar este recurso con sentido de la medida. Al correr de los años, su paleta ha ganado calidad y vigor su dicción. Paradójicamente, las últimas obras revelan un espíritu más juvenil que las anteriores.

ABC de Madrid. Madrid, enero de 1964

Idealizador de la Naturaleza

Tomado de Gova, Revista de Arte

Entre la pintura que ha aportado ya sus soluciones y cultiva su oficio frente a temas representativos, se encuentra la realizada por GOMEZ CAMPUZANO. La exposición de sus obras incluye muy diferentes motivos, todos ellos tratados con igual dominio de su conocida técnica pictórica. Es, quizá, en el paisaje donde queda matizada la idealización de la naturaleza a que propende la visión del pintor. Fruto de la dedicación y de la entrega, sus composiciones y paisajes le revelan como un pintor que no ha pactado con el signo cambiante del arte precipitado por urgencias de temporalidad inmediata.

Madrid, enero de 1964

Autorretrato

Texto de María Victoria Aramendia

A partir del autorretrato, realizado a los ochenta y ocho años, dos antes de su muerte, en el que su personalidad se hace puro color, entramos a saltos de avance retroceso en diversos estratos de su obra. La luz artificial es el personaje en el cuadro del mismo nombre. Enamorado el artista de no es la luz solar la que trata, sino el violento contraste que parece martirizar el color que envuelve, en patente arritmia, el cuerpo de la mujer reclinada y el entorno en que se sitúa. Las telas se acusan bajo esta luz con indecible finura, y el modelado del cuerpo es suave, acusado apenas hábilmente a pesar del fuerte claroscuro. Una gran poesía se desprende de este cuadro que fue ejecutado, sin duda, con gran amor.

Calendario de la Compañía Central de Seguros. Bogotá, 1986.

 

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