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Arte Colombiano : La Afirmación Académica y el Paisajismo

Arte Colombiano: La Afirmación Académica y El Paisajismo

Articulo por: Santiago Londoño Velez

Portada Artículo: Gonzalo Ariza

del libro: ARTE COLOMBIANO 3.500 años de historia

Mientras los bachués y los pedronelistas encabezaron la vanguardia del arte colombiano, un conjunto de artistas reaccionó contra lo que consideró un indigenismo excesivo y contra la inclinación hacia un arte revolucionario y político. Retomaron temas como el retrato, el paisaje, el bodegón y las escenas de costumbres, reinterpretándolas con recursos tomados de la pintura francesa y española convencional, adecuando así los viejos géneros pictóricos al gusto de los sectores más conservadores del momento. Tal como escribió en 1920 el comentarista Rafael Tavera, para explicar la preferencia en boga por la pintura ibérica,“...nuestras cosas son cosas de España”.

“...nuestras cosas son cosas de España”.

- Rafael Tavera

Miguel Díaz Vargas (1886-1956), con sus acumulaciones de objetos domésticos y productos del campo presentes en los mercados populares, como en Bodegón (ca. 1935) y Bodegón (1953), canta de manera idealizada a los frutos de una bucólica tierra fértil. Según sus propias palabras, gustaba pintar “...las escenas domésticas de las gentes pobres”, sin que se trate por ello de una pintura comprometida con problemáticas sociales. Contemporáneo suyo fue el santandereano Domingo Moreno Otero (1882-1948), quien compartió el mismo interés temático de Díaz y, como él, egresó de la Academia de San Fernando en Madrid.

Ricardo Gómez Campuzano (1893-1981) estudió en Bogotá y Madrid; además de paisajista que prolongó en el tiempo la tradición finisecular del género, fue también un consumado pintor de retratos de sociedad, refrescados con un tratamiento modernizante dentro de la llamada “españolería”, inclinación estilística que supo imponer a partir de las enseñan- zas que recibió en la Academia de San Fernando en Madrid, como se aprecia en El pintor Eugenio Peña (1930). José Rodríguez Ace- vedo (1907-1981), dentro de la renovación del retrato académico, empleó una paleta de vivo colorido y se interesó por tipos humanos mestizos, representados con fidelidad y gusto por elementos decorativos, como en Dos mujeres (1951) y Rostro de niña (1951), en las que se encuentran preguntas por los enigmas de la psicología femenina.

En Antioquia, Eladio Vélez encabezó la reacción contra los pedronelistas. Con sus seguidores, se empeñó en una pintura aislada de la problemática social y concentrada en asuntos plásticos y en temas clásicos como el retrato, el paisaje y las naturalezas muertas. Marina (Viareggio, Italia) (1928), pintado durante su época de formación en Europa, y Paisaje (1939), realizado en Antioquia, ejemplifican su propuesta académica y colorística, que resulta ser un desarrollo de los postulados de la escuela del maestro Cano, y una oposición a la estética al servicio de los menos favorecidos, preconizada por Pedro Nel Gómez y sus seguidores.

 Ignacio Gómez Jaramillo (1910-1970), formado en España, en un principio pareció alinearse con los seguidores de Eladio Vélez, pero luego optó por un estilo personal de calidad no siempre consistente. En la temática de sus polémicos murales se acercó a los bachués y a los pedronelistas. En sus dibujos y óleos representó paisajes y, con preferen- cia, la figura femenina, caracterizada por su sólida volumetría, dispuesta generalmente en un contexto que a pesar de sus referencias naturalistas, con frecuencia resulta onírico. preocupado por las modas artísticas, en- sayó en la década de 1960 temas como gallos y payasos, muy del gusto del momento, bajo la influencia del francés Bernard Buffett, así como composiciones de intención abstracta. Espalda (ca. 1940) ilustra bien sus prototipos femeninos, de recia construcción corporal, piel cobriza y fría sensualidad contemplativa.

 Ignacio Gomez Jaramillo
Ignacio Gómez Jaramillo - Espalda / 1940/ Óleo sobre lienzo

 

Siendo joven, Gonzalo Ariza (1912-1995) viajó a estudiar al Japón durante cuatro años, quizá como una forma de escapar de la atracción que ejercían entonces las vanguardias europeas y los dictados ideológicos de los bachués y los pedronelistas. hasta entonces, había producido una descollante serie de ilustraciones en linóleo, que representa asuntos populares con evidente influencia mexicana. Al regresar a Colombia, desarrolló una extensa obra que es un sensible homenaje al paisaje patrio. Ella está tipificada en las atmósferas, ya sea veladas por la bruma, densas o transparentes, tomadas del natural en los distintos climas del país; según sus palabras, “personalmente me ha interesado el paisaje como modo de expresión y por ser lo más propio y auténtico que tenemos”. Todo ello se aprecia en Aserríos en el Chocó (1956), una gran vista aérea de la selva, elaborada minuciosamente, y en Noche de luna en Faca (ca. 1960). Ariza también fue pintor de flores y participó en numerosas exposiciones, a pesar de que el auge de las vanguardias como el nacionalismo y el abstraccionismo, lo relegó con intransigencia y sin tregua del escenario artístico colombiano.

 

 Gonzalo Ariza

Gonzalo Ariza
(Bogotá, 1912 - Bogotá, 1995)

Aserríos en el Chocó (detalle).

1956 Óleo sobre tela. 180 x 298 cm

Colección Banco de la República

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